[...] El origen cumple primordialmente una función discriminadora, la de optar entre unos y otros: aún mejor, legitima a unos para excluir a otros. El origen es un requisito que algunos tienen frente a quienes no lo poseen, por defecto de linaje o falta de fe. El origen es una señal distintiva, el índice de una pertenencia compartida: determinado parentesco nacional o racial, un agravio fundacional común, la pertenencia a determinada iglesia que administra la revelación divina contra incrédulos y herejes. Lo universal no sirve como origen porque cualquiera lo alcanza y no funciona como factor de discriminación. Los derechos humanos, por ejemplo, son la negación de lo originario, porque dicen provenir del reconocimiento antidiscriminatorio de la actualidad efectiva de la humanidad; pasando por alto la peculiaridad de su origen. (...) recurrir al origen es lanzar sobre el tapete el comodín irrefutable que zanja toda discusión subjetiva, porque es previo a la configuración de las subjetividades. (...)
A estas alturas, convertir el origen en fundamento exclusivo y excluyente de una sociedad suena a tiranía.
Fernando Savater.

Desde siempre, el nacionalismo, que se presenta como solución, acaba siendo el problema: Los Balcanes, Euskadi, Cataluña... Casi todas las guerras de la historia han sido provocadas por el nacionalismo centrífugo d elas pequeñas comunidades respecto d elas grandes o, por el contrario, por los nacionalismos imperialistas que quieren absorber a los pequeños. Al final es el territorio y lo que este significa (minerales, riqueza...)lo que determina la violencia de unos grupos humanos contra otros.
Gracias por comentar en mi blog, Emilio G.