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Novedades en la categoría Momentos

arboles.jpgSe acabó. Fue corto pero intenso, no te olvidaré nunca, bla bla bla.
Adios a las luces cegadoras, a los árboles de Navidad inmensos, a la calle Preciados masificada, al calor oloroso del Corte Inglés, al mercado navideño de la Plaza Mayor (que este año no visité), a las compras compulsivas tirando de la Visa... Bye, bye. Sayonara. Au revoir. Hasta el año que viene.
Ahora cambio el bocadillo de calamares por el racing de lomo, el metro por el coche, la psoriasis psicosomática por agradables mañanas de estudio... Un negocio, vamos.
Eso sí, el trauma que me va a suponer ver la Plazuela de Arrecife coronada por osos polares, ciervos, ardillas y abetos, no va a tener precio. Pero sobreviviremos.

Apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista:¿Alguien se sigue creyendo, a estas alturas de la película, que Willy Díaz es diseñador? Señores, por ser gay no se tiene buen gusto, y este sujeto demuestra día a día que de combinar colores y formas, de dar estilo y clase a espacios y esos menesteres no tiene ni idea. Eso sí, polivalente es un rato. Igual te diseña un traje de Reina del Carnaval, que te dirigie una gala artística o te diseña vestiditos para Tamara-Ámbar-Yurena. Parrilla, Parrillita, para la próxima, haces un concurso público, que se presenten nuevos valores de la isla y así matas dos pájaros de un tiro: le das un poco de aire fresco a las casposadas navideñas de todos los años y evitas la fuga de cerebros, de diseñadores de verdad, hacia otros lugares donde se sientan más valorados. Alguien dijo en alguna película, no recuerdo cual, que cuando alguien es tan evidentemente gilipollas, a menudo se piensa que es un genio. Y eso es lo que le pasa a los apoltronados de esta isla. Que venga alguien y les bajen los humos, por favor. Fin del apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista.

Lo dicho, regreso a tierras más cálidas. Migro buscando humedad, grados en positivo de mercurio y un acento amigable que no te hace sentir deudor de grandes cantidades de eurillos. Dejo atrás Chueca y mis aventuras a hurtadillas en los dormitorios ajenos. Dejo atrás, momentaneamente, la apestosa brisa nocturna madrileña de pota, pis y melopeas.
¿Cómo estará el ambiente conejero? ¿Habrá recusitado de sus cenizas? ¿Habrá desaparecido, como Troya? ¿Y el ambiente lésbico? ¿Habrá encontrado ya un punto de reunión y cortejo? ¿Alguien puede responderme?

Y con esto y un bizcochón, hasta la próxima.

P.D: Siento el mal arte de hoy, pero se me acumulan los pensamientos en la cocotera y no atino a encontrar palabras dignas de posarse aquí. La próxima vez será.

No se si fue casualidad, pero el otro día me topé con dos cosas que me hicieron pensar. Por un lado me llegó un correo electrónico, de un calamarcillo al que adoro, que recordaba todas las chorraditas que haciamos de pequeños (si es que hemos crecido) los de mi generación. Por otro, nuestro showman preferido escribía en su tuenti (que gran invento) sobre los años que lleva estudiando y el miedo que le da su inclusión en el mundo laboral.

Y no sé si fue melancolía o un acto reflejo, pero me metí en el Youtube (otro gran invento) a buscar los oppenings de las series que veía de chinija (y no tan chinija y como me gustan los paréntesis): Alf, California Dreams, Alfred J. Cuak, Caballeros del Zodiaco, Oliver y Benji, Salvados por la Campana , Power Rangers, Los Fruitis y un largo etcétera.

game boy.jpgLo reconozco, estoy melancólica. Creo que no voy a olvidar nunca la sensación insoportable que me producía que se me cayeran los pantalones, primero, por el peso de la Game Boy y luego, por el del Alcatel mastodóntico que tuve por primer móvil.
Y mi primer día de guardería, que aunque mi madre no se lo crea aún recuerdo, cuando me vomité encima de lo mucho que lloraba, me parece ahora hasta gracioso a la par que terrorífico. ¿Por qué nos hacen eso desde pequeños con lo felices que somos con la abuela? O mi primer entrenamiento de balonmano, en el que fui una niña llamada torpeza. Y un sin fin de primeras veces...

No me gusta nada este pasteleo de melancolía, nostalgia y tiempos mejores, por lo que recurriré a mi temática habitual de sexo, drogas y demás vicios. Como mi primer cigarro, un Kruger entre las aulagas de un solar perdido, o mi primer Malibú con SevenUp en la verbena de Fariones. Qué cosas, ahora no puedo oler ni el Kruger ni el Malibú. E irrisoria fue mi primera incursión en las discotecas, aún menor, camelándome al portero de la Papagayo para que me dejara entrar. Y lo conseguí.
De sexo heterosexual no hablaré, porque me entra una mezcla extraña de rechazo y dolor que me puede, pero del lésbico, si quiere el querido público, hablaré otro día. Eso sí, mi primera vez fue... indescriptible.

Qué generación la nuestra, a caballo entre los caramelos Pez y las televisiones de plasma HD con resoluciones casi mágicas. Fuimos los últimos en enterregarnos en la calle hasta las diez de la noche y los primeros en ver el comienzo de Dawson Crece. Los últimos en comprar las pipas en pesetas y los primeros en hacer la ESO. Conejillos de indias del sistema educativo, portadores de molestas varicelas, pioneros en el uso del ratón y el teclado, afectados todos por las ondas maléficas de la telefonía movil y supervivientes al efecto 2000 (y al 90). Y aquí estamos, en los albores de dominar el mundo, de dirigir empresas, de cortar grandes rodajas de bacalao y, los menos suertudos pero no por eso peores, seguir limpiando la mierda de los demás.

Ni Obama ni Bibiana Aído ni la compra de Repsol por los rusos deciden nada. Nosotros, los que nos criamos en los 90 (y finales de los 80) tenemos la sartén por el mango. Si la crisis y la ola de frío nos dejan. Por supuesto.

borracha.jpgAcabo de venir del servicio tras dejar en su letrina casi todo el alcohol que me bebí anoche. Y un poco de bilis y ácidos estomacales. Además de eso, me duele la cabeza, el cuello, los hombros y el estómago, tengo la boca más seca que Timanfaya y levantarme de la cama me produce nauseas. Diagnóstico barato: una resaca como un piano.

Me estoy haciendo vieja, ya el cuerpo no reacciona igual a las noches locas. Tan vieja que me estoy planteando seriamente no salir esta noche. Un jueves y Anita en casa. ¿Qué será lo próximo? ¿Que la UD Las Palmas suba a primera?... seguro. O eso, o la vejez, o anoche me endosaron el peor garrafón del mundo sin yo darme cuenta, cosa que dudo mucho, que yo para eso soy muy cuca. Pero vayan a saber.

El caso es que yo pretendía contar hoy la fiesta petarda "Escándalo" que anoche inundó el Escape, con sus drag queens malas (por estas tierras todas las reinonas son pésimas), su música bochornosa (hasta Oliver y Benji hicieron presencia) y sus heteros buscones cual halcones descarriados. Pero tan mal cuerpo y tan mala cabeza tengo que creo que me voy a enrollar en mi nórdico, como una crisálida, y voy a hibernar hasta que mi cuerpo y mente se aclaren. Y deje de pensar gilipolleces, también.

Ustedes aprovechen que no tienen mucho que leer por aquí para que escriban la carta a los Reyes Magos, que este año con la crisis solo aceptan las 100.000 primeras cartas. Corran.

Fetén, fetén. Como diría cualquier madrileño de nacimiento que toma su copita de anís en plena pradera de San Isidro. Y es que esas noches en las que sales solo en plan tranqui, sin más pretensiones, son las que al final acaban siendo realmente LEGENDARIAS. Y como en la Biblia, comencemos por el génesis:

Los jueves siempre me parecieron tediosos, largos e insoportables. Además de ser la antesala de un fin de semana que cada vez tarda más en llegar, coincide con que, desde que empecé la carrera, son los días que más horas de clase tengo. Este jueves llegué a casa literalmente rendida, entre los nervios que me hacen coger los señores que mandan en el transporte público y los rebotes que me provocaron los niñatos perroflautas antibolonia que no me dejaban entrar a la facultad, tenía la cabeza dando vandazos. Y aquí tengo que abrir un paréntesis: Me encanta todo lo público salvo el transporte de Madrid. La universidad pública también me gusta, pero es tarde para protestar y, sinceramente y sin ánimos de ofender, entiendo que la Ministra pase del culo de cuatro punkies que solo pisan la facultad para fumar porros en los pasillos. Fin del paréntesis.

calzoncillos!.jpgCentrémonos. Jueves odioso, cansado e insoportablemente largo. Al llegar a casa lo único que me apetecía era una duchita, una película acompañada con una cerveza y dormir hasta que me aguantara el cuerpo. Pero antes de todo eso, encendí el portatil y fui a mirar el correo. Borré los spams, las estúpidas cadenas y los correos de infojobs. Quedaban dos correos más. Uno de la señorita que gestiona los blogs de Canarias7 comunicándome las estadísticas de Octubre, en el cual "No está el horno para bollos" ha duplicado sus visitas. Y otro de un señorito que me invitaba a una fiesta de no se qué pagina web, donde me aseguraba copas baratas, regalitos y demás diversiones. Y no sé si fue la intuición femenina o las ganas de olvidar el asqueroso jueves, pero llamé al señorito en custión, me duché y corrí hacia la plaza de Chueca, donde habíamos quedado.

Tiramos a la sala donde se celebraba la fiesta, la sala Polyester, a caballo entre Chueca y Tribunal. Nada más entrar al garito, aquello rezumaba homosexualidad por cada uno de los poros de cada uno de los osos que allí se concentraban. Nos recibieron con el "Kit Chapero", compuesto por condones, chapas varias, un calendario de bolsillo y una camiseta muy ilustrativa. Hicimos acto de presencia y los saludos de rigor, nos tomamos unas copas, nos sacamos las fotos para la web y como pudimos, nos escurrimos hasta la puerta y desaparecimos misteriosamente.

fiesta.jpgFuera todo ya me daba vueltas, entre el calor, los chupitos y las copas se me hacía complicado caminar en línea recta, pero aguanté el tipo y nos decidimos ir al centro neurálgico de la homosexualidad madrileña. Chueca, como siempre, nos esperaba llena de lentejuelas y mentes perversas. Entramos en el Medaigual, en la calle San Bartolomé (ese pueblo y olé). Se nos arrimaron un mexicano, y su amiga hetero. Hicimos bastante el payaso, proclamamos, como es costumbre, a alguna reina del Carnaval y nos tomamos alguna copita. Pero no, el flamenco de lata que nos estaban poniendo y la insistencia del mexicano en liarse con mi amigo, no nos estaba resultando del todo divertido. Así que pedimos permiso al señor cámara y nos mandamos a mudar, como diría ese protagonista de la televisión en Canarias como es Paco Martel.

Callejeamos un poco en busca de algo abierto y gratis. En una esquina nos encontramos con un personaje que se sabía mi nombre y apellidos, aún no se muy bien de qué, y que a su vez, nos presentó a más gente. Y allí mismo, como mi amigo está muy bueno y el acento canario nos hace ganar puntos, se nos acercó un grupito más de chicos. Y todos juntos hicimos piña, como si nos conocieramos de toda la vida fuimos en busca de la discoteca perdida. ¡Espartanos, adelante!

bragas.jpgY por cosas de la vida entramos al Polana, la joya de la calle Barbieri, que era gratis y estaba bien de gente. ¡Y qué gente! Mermelada, ese titiritero del tomate televisivo hasta las narices (y nunca mejor dicho) de cochinadas (esto puede ser material de demanda, pero como nadie lo va a leer, me la suda mucho, además, que hay testigos de que ese hombre estaba perjudicado), concursantes recién salidos de Factor X ensimismados porque la gente los reconocía, la señora que a nuestro parecer, iba a la misma peluquería que María Teresa Campos y hacía las coreografías de los politonos del programa de AR y un largo etcétera de personajes habituales de las noches maricas y fetenes.

Nosotros a lo nuestro, a bailar mucho, a humillar a las divas de discotecas y a beber. Como si fueramos hermanos, como si nuestra amistad fuera traspasar las paredes del Polana, como si de verdad nos importaramos los unos a los otros. La típica hipocresía, reconfortante hipocresía chuequera.

Y anoche hubo más, y esta noche habrá más. Pero se me acumula el trabajo, los apuntes y las compras. Prometo actualizar pronto, hasta entonces, ríanse mucho y rindan pleitesías al alcohol, que quema las penas y desinfectas las almas.

Soy atea. No tengo ningún dios ni falta que me hace. Pero si tengo que definirme diré que soy culturalmente cristiana. Hice la comunión, celebro la navidad y la semana santa y pago mis impuestos. Eso sí, a dios ni me lo nombres porque me irrito. Sin embargo, en el cine sí que tengo algún dios. Venero a ciertos personajes y guardo pleitesía a mis ídolos del celuloide (¿no les parece que esta palabra tiene cierto parecido a celulitis?). Me encanta, simplemente me encanta adentrarme en el séptimo arte como si fuera una séptima dimensión. Enciendo el DVD y dejo que los protagonistas hasta respiren por mí.
Uniendo mi cinefilia con el cristianismo obtenemos un sinfín de películas, unas mejores que otras, en el universo de las imágenes en movimiento. La pasión de Cristo, La vida de Brian, Amén, Hijos de un mismo Dios, Camino, etc, etc, etc. Pero la más inquietante, la más pérfida y quizás la que tiene el peor final es Seven. Y por eso me gusta tanto. Siete. Los siete pecados capitales. Las siete antítesis de las virtudes católicas. Los siete placeres de la vida.

Luces, cámaras, acción:

lujuria.jpgLujuria: Para Dante era el "amor excesivo por los demás". Sin embargo, y como ya hemos dejado claro en algún post anterior, todos sabemos que la lujuria poco tiene que ver con el amor. Más bien nada. Como animales que somos, estamos predispuestos al placer por encima de todas las cosas. Nos encanta intentar reproducirnos sin tener fruto alguno, nos encanta poner en entredicho las leyes divinas de la fecundidad y ponerle barreras a la reproducción. Nos encanta llevarnos el gusto sin tener el posterior disgusto y, por supuesto, nos morimos por innovar en esto de las artes amatorias. Vouyerismo, orgías, bondage, preliminares maratonianos... los límites solo los pones tú.

Gula: ¿A quién no le gusta poner a prueba la rentabilidad de los buffet libres? ¿Quién no ha intentado comer más por menos? ¿Quién, en la sagrada festividad de la Navidad, no ha sufrido una indisgestión de langostinos? ¡Qué bueno es comer cuando uno tiene ganas!. Anoche mismo pecamos como pecan los grandes, desvalijando un buffet oriental como si nos fuera la vida en ello. No voy a enumerar todo lo que comimos porque aún estoy agitada. Solo diré que bendita sea la comida, la bebida, lo dulce y lo salado. Y comer después de hacer gala de tu lujuria es algo superior. Como perros de Pavlov están ustedes ahora pensando en unas buenas papas con mojo. Que se les ve.

Avaricia: La búsqueda y acumulación de objetos, la preferencia por las cosas materiales sobre las espirituales. Todo para mí, y nada para tí. Y tonto el último. Porque vamos yo, personalmente, (y ustedes también aunque se lo nieguen a sí mismos) prefiero tener casa, coche, ordenador, móvil, ropa y dinero para copas que una vida espiritual plena y gozosa. Seamos serios, eso no da de comer por mucho que nos digan que Jesucristo multiplicó los panes y los peces. Y si a pensar así, Tomás de Aquino lo llamaba avaricia, yo soy una avariciosa. Y, a no ser que seas un dominico o un cura amigo del Obispo de Tenerife (que vivan los niños, creo que dijo), tú también eres un avaricioso o avariciosa.

ira.jpgIra: ¡Repinche pendejo no te enojes! ¿Pero como no me voy a enojar, señor licenciado, si se acuesta con mi Lupita? Y entonces el repinche, mata de un culatazo en la sien al señor licenciado sin carrera. Eso es la ira, el odio descontrolado, pero según yo y mis circunstancias, justificado, hacia un semejante. O no tan semejante. Y vale que un culatazo no es la mejor forma de canalizar ese odio, pero ¿acaso no es normal? Y anda que no sienta bien decir cuatro cosas bien dichas a quien te hace daño. Tomarse la justicia por nuestra propia mano a veces no es lo adecuado, pero siempre he defendido que, salvo en exepciones, el fin justifica los medios, y si el fin es justo, bendita sea la ira.

Envidia: Vale, así como suena, suena mal. Pero cambiemosle el nombre y digamos "celos". Sin caer en la excesividad, los celos son una forma más de amar, la forma quizás más fea, pero una forma más. Nos jode ver a nuestra pareja tonteando con otra persona, y nos fastidia imaginarnosla frotandose con algún buscón o buscona. Esos son celos... ¿Acaso debemos, por eso, ser sumergidos en agua helada como manda la leyenda? ¿Es eso un verdadero pecado mortal? Pues que quieren que les diga, yo quiero que mi novia (cuando me decida a tenerla) sea celosa, que se enfade cuando le mire el culo a otra, para luego, básicamente, hacer las paces.

Soberbia: Yo sí que soy soberbia. En casi todas las fuentes consultadas, afirman que Lucifer cometió este pecado al pretender ser igual que Dios. Pues yo peco, al querer parecerme a Lucifer. Una Lucifer, eso sí, de buen rollo. ¡Ríndanme pleitesía, hijos de Satán!

pereza.jpgPereza: No hacer nada. El sueño de toda persona con dos o más dedos de frente. Siempre dije que me quiero dedicar a la vida contemplativa, a meditar desde mi cama el porqué de las cosas, luego encender el ordenador y publicarlas para que alguna mente preclara las lea. Y entre pensamiento y pensamiento, seguir pecando de lujuria, gula, avaricia, ira, envidia y soberbia. Y por supuesto, seguir alimentando de polémica, vicio y perversión a esta, mi casa de citas.

You want me?
Fucking well come and find me
I'll be waiting
With a gun and a pack of sandwiches
And nothing

Talk show host - RadioHead

Y el viernes más, compañeros de cubatas.

No, no he muerto para vuestra desgracia. Me he tomado dos semanas sabáticas, como buena sibarita que soy, en plena crisis financiera y dandole la espalda a eso de apretarse el cinturón. Y como siempre, mi destino fue Lanzarote, siempre fiel, siempre eterna, aunque tengo la sensación de que perdí un poco el tiempo. Pero tuve mis momentos de gloria y excesos, en concreto dos noches, dos enormes noches de esas que dentro de unos siglos, cuando escriba mis memorias, pasarán a formar parte del temario de la Historia de Canarias en la Universidad de La Laguna. Antes no se impartirá pues es solo apta para mayores de edad.

En una de esas noches aconteció un asadero en "La casa porno". Hidratados casi exclusivamente a base de Guarapita (para mí siempre será Bisolvón) y alimentados por papas de tamaños extraplanetarios empapadas en alioli, compusimos un recital de risas, burlas, frases magistrales e ironías ebrias. Que si la jaca, que si el Comando G, que si los senos, que si los tetapléjicos, que si los senopléjicos, que si Jose María, que si Avenchara, que si el chocho gordo, que si tú no tienes caballo que tienes un pony, que si las pelucas, que si las fotos bochornosas, que si el confesionario, que si la botella, que si un pico, que si un muerdo, que si veo borroso, que si la cabeza, que si hay niebla, que si nos vamos... que si la resaca. ¿Menudo resumen no?

La segunda noche, separada de la primera por 5 aburridos días, fue la apoteosis de mi crueldad. Llevaba tiempo encerradita y eso se notaba. Salimos solos Chucho y yo. El resto de amigos y compañeros de cubatas, traidores e infinitamente sosos, habían decidido hibernar. Ya no se como decirles que los jueves no se hiberna, que dejen esa estúpida práctica para los lunes resacosos y, como mucho, los martes post-resaca. Pero nada, no hay nada que hacer con semejante panda de vagos y maleantes... ¡Ay si Franco levantara la cabeza!
Una cenita y un daikiri mal triturado fueron los entrantes y unas cervezas y una humillación pública, los salientes. Lo siento, diva de segunda división, pero cuanto más te crees que vales más carne de cañón eres para mí. Y algunos dirán que es una armadura que tengo para esconder mis entrañas pero ¿y lo bien que me lo paso qué?. ¡Ja!. Entre medias de los entrantes y los salientes, un tema Spice, un profesor de la cárcel, drogas en el baño (no eran mías, que me estoy quitando), bailes regionales, un "por qué siempre soy la única tía de este garito", unos gays gitanos con el pecho palomo, un cuarto oscuro, un "aquí hay algún mago porque ha desaparecido la droga del baño", un temblorcillo de mandíbula tipo drag queen, un "veo raro", un control de la guardia civil, un poco de house y una resaca. En definitiva, el alfa y el omega de los jueves conejeros.

Y ahora las clases, el estrés, los apuntes y Chueca.
Bienvenida la rutina. Bievenido el Prozac.

Después de varios días con un terrible insomnio he decidido tirar la toalla. No voy a intentar dormir en la vida, porque haga lo que haga me resulta imposible. Y por eso, solo por eso, me voy a convertír por un día en una crítica universal de muchas artes a la vez. Sin que sirva de precedente, voy a recomendar a aquellos que se aburren mucho y tienen tanto tiempo libre como yo, una serie de obras maestras con las que matar el tiempo y, además, disfrutar.

Un poema:
Sin duda, sin la menor duda, me quedo con "La elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández. Definida como "La elegía" (por definición) por mi profesor de lengua de bachillerato. Tierna y feroz a la vez, nunca ví mejor forma de rendir un homenaje póstumo. No se complicó la vida con las rimas y eso lo dota de la magia de la espontaneidad que contrasta con su estructura en tercetos, tan renacentista ella. Si alguien me dedica algo parecido, no me importaría morir mañana.

Un libro:
¿Sólo uno? Complicada tarea para una sibarita del lenguaje (un guiño para mi lectora más devota). Si me pusieran una pistola en la boca y mi única opción de sobrevivir fuera eligiendo un solo libro, me quedaría con "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano. America en estado puro. La metáfora de la vida transformada en prosa. Dicen que si lees una historia por día, tu estado de ánimo cambiará tanto que le dirás adios a la rutina de forma radical. Y es cierto, yo lo he comprobado... ocho veces.
Lo reconozco, soy débil, no me resisto a nombrar más catedrales literarias como "Cien años de soledad", "La conjura de los necios", "Un milagro en equilibrio","Cuando comer es un infierno", "Memoria de mis putas tristes" o "El guardián entre el centeno".

Sobre cine, música, pintura, escultura, mujeres y demás artes también entiendo mucho (mi abuela bien, gracias) pero me está entrando el sueño y creo que voy a aprovechar a ver si engancho a Morfeo unas horillas. Después de tanta juerga canario-chuequera, merezco un descanso.


P.D: Como es la vida... tú compartiendo tardes con quien a mí me gustaría y yo viviendo noches con quien tú deseas. ¿Hacemos un cambio?

Es una sensación extraña. Una mezcla de euforia, ansiedad y bienestar a partes idénticas. Algo por lo que toda persona debería pasar para conocer los límites de su cuerpo y mente.

El sol de mayo se hacía notar en los ceños fruncidos de los paseantes de Arrecife. El olor a mar, que tanto echaba de menos en Madrid, se mezclaba con los aromas matutinos de los desayunos servidos en las cafeterías y bares de la zona. Churros, café, pan, chocolate y mar. Para que luego digan que no hay paraísos en la tierra. Me sentía tranquila, relajada y bien acompañada. Disfrutaba de mis churros con chocolate como si me fuera la vida en ello. Los viajes en avión siempre me dejaban con un hambre canina y ahí estaba la muestra. Fuera, tras la ventana, el sol. Brillante. Majestuoso. Como sus ojos.

En unas pocas horas me enfrentaría a mi primer tatuaje. Llevaba años decidiéndome. El dibujo, la forma, el color, la zona, el estudio. Y es que inseguridad es mi segundo nombre. Y el momento era ese. El fin de una época, en los albores de mi primera madurez (a los 21 años y es que algunas tardamos en madurar). Era como un impulso, una llamada de atención a mi presente. Se me iba todo de las manos esos meses y necesitaba un algo. Ese algo. Fuerzas. Y nada me daba más fuerza que mi tierra, mi gente, mis raices, mis primeros pasos en todo.

Y allí entré. En un angosto estudio en el centro de Arrecife, famoso porque el tatuador que lo regenta lleva más de diez años en el oficio y hoy por hoy, es lo único decente de la isla. Ya estaba todo hablado. El sitio, el dibujo, la forma, el color y el tamaño. No hizo falta casi mediar palabra.

Me senté en una silla y apoyé el brazo, mirando hacia arriba en la camilla. El tatuador me agarró la mano con firmeza e inspeccionó la fina piel de mi muñeca, blanca, atravesada por azules vasos sanguíneos y tendones fuertes. Entonces agarró la máquina, la puso a funcionar y sin que casi pudiera reaccionar atravesó mi piel con un primer pinchazo, agudo, directo, fuerte y doloroso. Y vino un segundo pinchazo, y un tercero y un cuarto. Y dejaron de ser pinchazos para convertirse en cosquillas ardientes. Me concentré en la música y disfruté del momento.

-¿Por qué una pintadera?- preguntó él, supongo que por darme un motivo para olvidarme del dolor.
-Porque necesitaba un algo, y no hay mejor algo que la tierra que me vió nacer.
-¿Vives fuera?
-Sí, estudio en Madrid una carrera vocacional que ha sido una de las mayores decepciones de mi vida. Pero no es solo eso. Necesitaba un aliciente, un cambio. Algo que representara una ruptura con una época que solo quiero superar. Necesitaba eso, un algo.

Me dedicó una sonrisa cómplice y sigió castigando con tinta eterna mi piel. De los altavoces empezaron a sonar unos acordes inconfundibles: System of a down. No existía en todo el universo musical canciones que necesitara escuchar más en esos momentos. Noté como en un segundo mi cuerpo liberó adrenalina como para alterar a un centenar de adictos a las atracciones extremas. Mi sangre, la misma que salía en hilillos por las heridas que dejaba a su paso las agujas cargadas de tinta, estaba inundada de hormonas.

Imagen Thumbnail para Tatuaje.jpgEn mi muñeca se quedó para siempre una pintadera en relieve sobre una piedra negra de volcán conejero, en mi sangre esas hormonas y en mí misma se quedó un algo.

Espero que para siempre también.


(Sí, un post donde no buscaba ni la polémica ni los aplausos, pero tenía que escribirlo. Que no sirva de precedente)

Torremolinos, Torroles o como se llame aquel guetto de látex y lentejuelas.