Soy atea. No tengo ningún dios ni falta que me hace. Pero si tengo que definirme diré que soy culturalmente cristiana. Hice la comunión, celebro la navidad y la semana santa y pago mis impuestos. Eso sí, a dios ni me lo nombres porque me irrito. Sin embargo, en el cine sí que tengo algún dios. Venero a ciertos personajes y guardo pleitesía a mis ídolos del celuloide (¿no les parece que esta palabra tiene cierto parecido a celulitis?). Me encanta, simplemente me encanta adentrarme en el séptimo arte como si fuera una séptima dimensión. Enciendo el DVD y dejo que los protagonistas hasta respiren por mí.
Uniendo mi cinefilia con el cristianismo obtenemos un sinfín de películas, unas mejores que otras, en el universo de las imágenes en movimiento. La pasión de Cristo, La vida de Brian, Amén, Hijos de un mismo Dios, Camino, etc, etc, etc. Pero la más inquietante, la más pérfida y quizás la que tiene el peor final es Seven. Y por eso me gusta tanto. Siete. Los siete pecados capitales. Las siete antítesis de las virtudes católicas. Los siete placeres de la vida.
Luces, cámaras, acción:
Lujuria: Para Dante era el "amor excesivo por los demás". Sin embargo, y como ya hemos dejado claro en algún post anterior, todos sabemos que la lujuria poco tiene que ver con el amor. Más bien nada. Como animales que somos, estamos predispuestos al placer por encima de todas las cosas. Nos encanta intentar reproducirnos sin tener fruto alguno, nos encanta poner en entredicho las leyes divinas de la fecundidad y ponerle barreras a la reproducción. Nos encanta llevarnos el gusto sin tener el posterior disgusto y, por supuesto, nos morimos por innovar en esto de las artes amatorias. Vouyerismo, orgías, bondage, preliminares maratonianos... los límites solo los pones tú.
Gula: ¿A quién no le gusta poner a prueba la rentabilidad de los buffet libres? ¿Quién no ha intentado comer más por menos? ¿Quién, en la sagrada festividad de la Navidad, no ha sufrido una indisgestión de langostinos? ¡Qué bueno es comer cuando uno tiene ganas!. Anoche mismo pecamos como pecan los grandes, desvalijando un buffet oriental como si nos fuera la vida en ello. No voy a enumerar todo lo que comimos porque aún estoy agitada. Solo diré que bendita sea la comida, la bebida, lo dulce y lo salado. Y comer después de hacer gala de tu lujuria es algo superior. Como perros de Pavlov están ustedes ahora pensando en unas buenas papas con mojo. Que se les ve.
Avaricia: La búsqueda y acumulación de objetos, la preferencia por las cosas materiales sobre las espirituales. Todo para mí, y nada para tí. Y tonto el último. Porque vamos yo, personalmente, (y ustedes también aunque se lo nieguen a sí mismos) prefiero tener casa, coche, ordenador, móvil, ropa y dinero para copas que una vida espiritual plena y gozosa. Seamos serios, eso no da de comer por mucho que nos digan que Jesucristo multiplicó los panes y los peces. Y si a pensar así, Tomás de Aquino lo llamaba avaricia, yo soy una avariciosa. Y, a no ser que seas un dominico o un cura amigo del Obispo de Tenerife (que vivan los niños, creo que dijo), tú también eres un avaricioso o avariciosa.
Ira: ¡Repinche pendejo no te enojes! ¿Pero como no me voy a enojar, señor licenciado, si se acuesta con mi Lupita? Y entonces el repinche, mata de un culatazo en la sien al señor licenciado sin carrera. Eso es la ira, el odio descontrolado, pero según yo y mis circunstancias, justificado, hacia un semejante. O no tan semejante. Y vale que un culatazo no es la mejor forma de canalizar ese odio, pero ¿acaso no es normal? Y anda que no sienta bien decir cuatro cosas bien dichas a quien te hace daño. Tomarse la justicia por nuestra propia mano a veces no es lo adecuado, pero siempre he defendido que, salvo en exepciones, el fin justifica los medios, y si el fin es justo, bendita sea la ira.
Envidia: Vale, así como suena, suena mal. Pero cambiemosle el nombre y digamos "celos". Sin caer en la excesividad, los celos son una forma más de amar, la forma quizás más fea, pero una forma más. Nos jode ver a nuestra pareja tonteando con otra persona, y nos fastidia imaginarnosla frotandose con algún buscón o buscona. Esos son celos... ¿Acaso debemos, por eso, ser sumergidos en agua helada como manda la leyenda? ¿Es eso un verdadero pecado mortal? Pues que quieren que les diga, yo quiero que mi novia (cuando me decida a tenerla) sea celosa, que se enfade cuando le mire el culo a otra, para luego, básicamente, hacer las paces.
Soberbia: Yo sí que soy soberbia. En casi todas las fuentes consultadas, afirman que Lucifer cometió este pecado al pretender ser igual que Dios. Pues yo peco, al querer parecerme a Lucifer. Una Lucifer, eso sí, de buen rollo. ¡Ríndanme pleitesía, hijos de Satán!
Pereza: No hacer nada. El sueño de toda persona con dos o más dedos de frente. Siempre dije que me quiero dedicar a la vida contemplativa, a meditar desde mi cama el porqué de las cosas, luego encender el ordenador y publicarlas para que alguna mente preclara las lea. Y entre pensamiento y pensamiento, seguir pecando de lujuria, gula, avaricia, ira, envidia y soberbia. Y por supuesto, seguir alimentando de polémica, vicio y perversión a esta, mi casa de citas.