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poker.jpgNerviosa, alcancé el mechero y encendí el último Cohibas Mini que quedaba en la cajetilla. Miré una vez más mis cartas. No me lo podía creer. Una pareja de ases es demasiada buena jugada como para ganar. El póker es imprevisible. Tomé un trago corto de mi gintonic y me quedé mirando los hielos redondeados que amenazaban con terminar de derretirse en cuestión de minutos. Las cartas en la mesa no podían ser mejores... había salido otro as. La mano era mía. El perroflauta que tenía enfrente debía tener un proyecto de color o similar, porque no paraba de mover los ojos sobre las cartas de la mesa. Es un novato torpe que aún no sabe que este juego es mío. A este lado del Manzanares nadie se ha atrevido a retarme. Al otro lado, tampoco. Se levanta otro as. Tengo un puto póker de ases, un Cohibas entre los dedos y un trago de Hendriks en la copa. La vida me sonríe, sin lugar a dudas. El desgraciado que ha osado entrar en el juego no tiene nada. Lo noto en la gota de sudor que amenaza con emerger en su frente. Tenía un proyecto, y se quedó en eso. Aún así quiso marcarse el farol. Pobre imbécil. La cara que puso al ver mis cartas me ofreció un placer semejante al sexo. Me estaba follando su triunfo.

Las noches que empiezan así, no pueden acabar mal. Tiramos de la guagua para que nos dejara en el centro y culminar allí la noche entre puros, copazos, las putas de la Gran Vía y los chinos de las esquinas. ¿Cerveza? ¿A las 4 de la mañana? Mandarín, se te fue el baifo. ¿Dónde hay un garito en condiciones? La sala Sol es un antro. El Larios con el nombre lo dice todo. En la Wind los jueves solo hay pasados de rosca. En la Boite, demasiado marica pepero. Sí, nos ponemos exigentes, pero por Dios, ¡esto es Madrid! Si es que no me extraña que siempre acabemos en Chueca. Antros, antros, antros y más antros. Qué mal trata esta ciudad a alguien que acaba de ganar una partida de póker con cuatro ases.

¿Amanecemos en un parque? Si no hay más opciones... Total, la vida son estas pequeñas cosas. Que sí, que mucho Cohibas, mucha ginebra de 30 euros pero al final todos acabamos iguales. Amaneciendo.

P.S: Antes de entrar al trapo a criticar mi tipo de vida pregúntate, ¿esto es culo o codo?

Ey, ey, sin gritar ¿eh?
¿Qué pasa? ¿Qué una no se puede hacer de rogar? Lo que faltaba ahora...

Empiecen a salivar mujeres del mundo, porque aquí llega, una vez más, Ana de Lesbos. Tirada en su cama, devorando anacardos y nadando en agua de marca vuelve dando guerra en el nuevo curso político. Cabreada con Bibiana Aído y con ganas de pegarle un puñete en el tronco del oído a Carlos Espino pisa el ring nuevamente esta boxeadora sin pelo en el pecho.

Ha estado leyendo a Saramago y a Julio Cortázar, se ha visto todas las películas de Tarantino y Scorcese y ha revisado todos sus manuales de economía política durante su retiro intelectual. Llega dando voces y el gobierno español (Paulino sigue de vacaciones) prepara un gabinete de crisis para atajar su presencia.


¡Ana de Lesbos problema de estado como la Kale Borroka!


Pero ya es tarde amigos, esta lesbiana sin escrúpulos ya tiene todo calculado. Y viene sin plan B porque el A nunca le falla. Hace lustros que no suspende una asignatura de la vida, hace meses que no se coje una tranca sin que nada tenga que ver las benzodeacepinas y hace días que a la luz del sol la pierde en las esquinas. Siempre disfrutando de su mala vida, siempre escondida en callejones, apenas duerme y exhala vapor de ginebra con olor a limón.

Es Ana de Lesbos. Es la auténtica campeona. Y está aquí para seguir jodiendoles la vida a más de uno con más misterio que la maleta de Pulp Fiction.

Yo que tú me tiraba por la ventana.suicida.jpg


Salúdame.

P.S: No regresé ayer para no quitarle protagonismo a Txeroki.

Estaba yo buscando un motivo para no arrojarme por la ventana (tranquilidad que vivo en un primero) porque parecía que esta no iba a ser mi semana y un absurdo spam, un correo publicitario de una web de viajes (es de Atrápalo, venga va, publicidad gratuita que me siento generosa), consiguió sacarme una sonrisita. No me puedo permitir ninguna de las supuestas ofertas que me ofrecían y aún así el correito de marras me iluminó la cara. Consiguió mitigar (al menos parcialmente) el cambio drástico de un plan maravilloso que tenía para mañana, la llegada de una regla que cada día me sorprende más y el amago de muerte súbita que sufrió este, mi hogar, por culpa de una caldera defectuosa que superaba los límites máximos de expulsión del CO2. Para que luego digan que mi generación ha sido tan expuesta a la publicidad que se ha hecho inmune. Hah!.

El correo del que hablo dice lo siguiente:

"Hoy ha amanecido un día de primavera reluciente. A lo largo de la mañana mis compañeros me han ido pasando todos los hallazgos que he ido añadiendo a este email con la sensación de que esta semana nos salimos con la newsletter. En el bar donde suelo ir a desayunar estaba libre la mesa que más me gusta y, allí, he leído que según el filósofo y científico chileno John Baines `basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho y la victoria muy cercana´.

Disfrutando de mi mesa favorita en una mañana tan chula he pensado que, como basta ser optimista para que las cosas salgan bien, te ibas a llevar una alegría al recibir este puñado de escapadas y planes estupendos de primavera, porque sólo tienes que creer en que puedes estar allí para comprobar que la vida te sonríe".

Ya se que el redactor del mail no es precisamente poeta, ni siquiera hace un uso medianamente mediocre del idioma de Cervantes pero, coño, cumple con su cometido ¿no? Pues a esto me refiero. No necesitamos grandilocuencias para sonreir. No necesito leer a Neruda para saber qué es el amor. No necesito a una Ariadne Artiles para abandonar mi codiciada soltería. Al menos a mí, aunque a veces peque de sibarita, me suele bastar con cosas mucho más terrenales y, por eso, más especiales

Quizás esta filosofía barata que más bien parece una reflexión de WC no tenga ni cabida en este blog ni sentido en la vida que parece que llevo, pero me da igual. Esto tiene un destinatario claro y en cuanto lo lea, lo sabrá.

Lo siento, tengo una temporada reflexiva y demasiado introspectiva como para escribir aquí dejando mis tripas sobre la mesa. Ya volverán tiempos en los que las musas no me tengan tan abandonada y volveré a coger el blog con fuerza. Denme tiempo que Ana de Lesbos no defrauda.

Por lo pronto el cometido del mail se ha cumplido porque yo me voy de retiro espititual a una entrañable casita rural, no a través de esa página, pero reactivo igual la economía destrozada de este país que me hospeda. Y la casita rural, con su cama y su dosel es el pequeño detalle que momentáneamente me saca la sonrisita. ¿A tí no? No me lo creo.

Señores, sonrían que disparo (con la cámara de fotos, por supuesto).

Camino a Famara peque.jpg

Tú sigue, que son solo curvas.

Nunca es tarde cuando la dicha es buena, que dice el refrán. Y yo no sé si es buena dicha, pero tarde es un rato largo. Solo puedo pedir disculpas por mi ausencia, aunque en realidad no me he ido nunca, al menos no del todo.
Esta navidad y este inicio de año han sido raros, con desánimo, con mucha torpeza. Nunca Lanzarote había estado tan fría, tanto en el sentido literal como en el metafórico. Mi madre se cree que soy un pingüino y no pone calefacción en esta gélida casa; y las mujeres, en general, piensan que soy de piedra. Pero bueno, que los lamentos ya los dejé en una hoja que puse en una cajita llena de bombones que entregué a la única persona que, aunque no sea mutuo, me merece la pena.

Ahora toca hablar de los exámenes de febrero porque le veo los cuernitos al toro desde hace semanas pero soy incapaz de ponerme a ello. Al final me las ingeniaré, como siempre, para sacar las cosas adelante. Dejaré la vida canalla a un lado y me recluiré entre complejos vitamínicos, cápsulas de fósforo, manzanas, cafés, coca colas e incluso red bulls y sucedáneos. Larga vida a los apuntes ilegibles. Por suerte, este año todas mis asignaturas, menos una optativa, son anuales y ahora en febrero tengo pocos exámenes, aunque muy cargaditos. Al resto de los estudiantes del mundo que se lo merezcan: mucha fuerza y poco sueño. Y si no sale como tiene que salir, ya saben, el curso acaba en septiembre.

Yo no soy una reina maga, pero si una princesa estúpida y como me han dicho mis pequeños informadores que por aquí la gente ha sido buenecita, en unos días les cuelgo un regalito sorpresa. Aún está en proceso técnico (corrigiendo las ortografía, maquetando, pasando a PDF...) pero en menos de una semana, lo tienen por aquí. Palabrita de Ana de Lesbos.

Hasta entonces, abríguense mucho, déjense querer y, por supuesto, sean felices.

arboles.jpgSe acabó. Fue corto pero intenso, no te olvidaré nunca, bla bla bla.
Adios a las luces cegadoras, a los árboles de Navidad inmensos, a la calle Preciados masificada, al calor oloroso del Corte Inglés, al mercado navideño de la Plaza Mayor (que este año no visité), a las compras compulsivas tirando de la Visa... Bye, bye. Sayonara. Au revoir. Hasta el año que viene.
Ahora cambio el bocadillo de calamares por el racing de lomo, el metro por el coche, la psoriasis psicosomática por agradables mañanas de estudio... Un negocio, vamos.
Eso sí, el trauma que me va a suponer ver la Plazuela de Arrecife coronada por osos polares, ciervos, ardillas y abetos, no va a tener precio. Pero sobreviviremos.

Apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista:¿Alguien se sigue creyendo, a estas alturas de la película, que Willy Díaz es diseñador? Señores, por ser gay no se tiene buen gusto, y este sujeto demuestra día a día que de combinar colores y formas, de dar estilo y clase a espacios y esos menesteres no tiene ni idea. Eso sí, polivalente es un rato. Igual te diseña un traje de Reina del Carnaval, que te dirigie una gala artística o te diseña vestiditos para Tamara-Ámbar-Yurena. Parrilla, Parrillita, para la próxima, haces un concurso público, que se presenten nuevos valores de la isla y así matas dos pájaros de un tiro: le das un poco de aire fresco a las casposadas navideñas de todos los años y evitas la fuga de cerebros, de diseñadores de verdad, hacia otros lugares donde se sientan más valorados. Alguien dijo en alguna película, no recuerdo cual, que cuando alguien es tan evidentemente gilipollas, a menudo se piensa que es un genio. Y eso es lo que le pasa a los apoltronados de esta isla. Que venga alguien y les bajen los humos, por favor. Fin del apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista.

Lo dicho, regreso a tierras más cálidas. Migro buscando humedad, grados en positivo de mercurio y un acento amigable que no te hace sentir deudor de grandes cantidades de eurillos. Dejo atrás Chueca y mis aventuras a hurtadillas en los dormitorios ajenos. Dejo atrás, momentaneamente, la apestosa brisa nocturna madrileña de pota, pis y melopeas.
¿Cómo estará el ambiente conejero? ¿Habrá recusitado de sus cenizas? ¿Habrá desaparecido, como Troya? ¿Y el ambiente lésbico? ¿Habrá encontrado ya un punto de reunión y cortejo? ¿Alguien puede responderme?

Y con esto y un bizcochón, hasta la próxima.

P.D: Siento el mal arte de hoy, pero se me acumulan los pensamientos en la cocotera y no atino a encontrar palabras dignas de posarse aquí. La próxima vez será.

Cierto, la temática del blog no es hablar de estas cosas pero por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a escribir sobre algo con mucha clase: el gin tonic.

Conocer los orígenes no hará que la saborees y la aprecies mejor, pero te servirá para fardar en las charletas intelectualoides con tus amigos gafapastas. Como curiosidad les contaré que se ideó como bebida de celebración de los soldados británicos que hacían campañas asesinas (no voy a entrar más en esto) en África. Necesitaban alta graduación de alcohol para celebrar las victorias con fundamento y también Quinina, componente de la tónica, eficaz remedio contra la malaria. Así, de una historia de soldados, enfermedades y burbujas nació el cocktail (cola de gallo, toma ya) más antiguo del mundo. Incluso más que el cubalibre.

Supongo que el gin tonic perfecto será aquel que más nos guste, sin más esnobismos, pero lo cierto es que la diferencia entre un mal gintonic y un gintonic con clase es tan abismal que se necesitan marcar unos parámetros.

gintonic.jpgEl vaso: No sé quien inventó el vaso de tubo ni quiero saberlo, quizás ya lo hayan castigado por tal aborto ebrio. Ni se les ocurra utilizar uno de estos para un gin tonic y creanme que se nota mucho la diferencia. Lo mejor es usar una buena copa de balón de cristal fino. Al ser de gran capacidad deja espacio para que el combinado respire y, además como la boca es más estrecha, guarda con recelo todos los aromas de la ginebra. Si no tienen una copa de estas, un vaso ancho de sidra, aunque no tiene tanta clase, también nos vale.

El hielo: Ponernos exquisitos con el hielo sí que es una pijada, pero ¿somos sibaritas o no? Lo ideal es hacerlos en casa, con aguita mineral, sin cloro, y ponerlos en la copa recién sacaditos del congelador. Removerlos un poco para que se enfríe bien la copa y escurrir el agua que puede haberse derretido.

El limón: Nada de rodajas, ni mucho menos zumo. El ácido del cítrico se encarga de acabar con las burbujitas de la tónica (todo esto tiene una explicación química, pero yo soy simplemente periodista que sabe de todo un poco pero de nada mucho). Lo recomendable es sacar un trozo de cáscara, solo la parte amarilla, y retorcerla hasta que caiga sobre los hielos un fino rocío ácido (a esto se le llama twist). A continuación, cortar otra cáscara y pasarla bien por el borde de la copa.

La ginebra: Ni Larios ni Rives. España, este país que tan amablemente nos acogió bajo su seno maternal, allá when Christ lost the ligther, sabe hacer muchas cosas bien, como conquistar países, dormir la siesta, hacer paellas, matar toros en público, etc., pero de ginebra no tiene ni zorra idea. La más recomendable por su excelente relación calidad-precio es la Tanqueray. Si quieren un poquito más de exuberancia elijan la francesa Citadelle, la potente Seagram's, la innovadora G-Vine (a base de vino) o la perfeccionista y tradicional Hendriks. Hay muchas opciones, investiguen, prueben y disfruten de todo un mundo por descubrir. Yo lo estoy haciendo y de verdad que merece la pena.

La tónica: Sin duda alguna, Fever-Tree. Ligera, neutra y con unas burbujitas muy delicadas pero increiblemente duraderas. Es complicada de encontrar así que si no queda otra, una Shweppes de toda la vida no está mal. Se restringe, por mediocre y dulzona, la Nordic Mist, y todas aquellas que vengan envasadas en latas. El sabor metálico, por ahora, no combina muy bien con la ginebra.

Curiosidades: Ahora hay una moda muy snob pero increiblemente buena. Se trata de sustituir el limón por pepino. Ponerle unas rodajitas a un buen gin tonic de Hendriks es exquisito. Me acabo de tomar uno y sí, doy fe. Otras innovaciones son: macerar lavanda en la ginebra, añadir ramos de perejil, los pétalos de rosas... Pero sinceramente, exuberancias, las justas.

Remuevela pero no la agites. Mientras se termina de enfriar ponte algo de música clásica, quizás la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, quizás algo de Mendelson. Ponte cómoda, cierra los ojos y dale un sorbo corto. Ahora enciendete un puro, un Cohibas como mínimo, y disfruta. Ni la Reina Madre, oye.

Don Diego, nosotros a coleccionar botellas y a destrozarnos el hígado. ¡Qué buenas compras hacemos, compañero!

P.D: Base de datos, Ministerio del Interior, Ana de Lesbos.

Lo siento, pero hoy me tengo que meter con el lesbianismo internacional. Notaba que faltaba este post desde la primera semana de vida del blog y tengo que saldar esta deuda que tengo conmigo misma.

Si fuera por la bollera media yo, Ana de Lesbos, amante incondincional del género femenino, me haría heterosexual. Por suerte, siempre existe alguna interesante y diferente, que te hace olvidar que la mayoría (que no todas) de las lesbianas son unos seres desagradables y de feminidad difusa.

Esto no es un insulto gratuito, no es un odio injustificado hacia mis semejantes. Por supuesto, todo esto tiene justificaciones y mil argumentos, pero son tan evidentes que me limitaré a resumir mi teoría en diez pasos:

bolleras.jpg1.- Hacer carreras de cubos de basura no es divertido, ni agradable, ni mucho menos higiénico. No prentendas que después de meterte ahí, me lie contigo por muy buena que estés.

2.- No tienes huevos, no te los rasques porque pareces una colonia de ladillas asesinas. Es una actitud no masculina, sino lo siguiente. No se que pretendes con eso, de verdad, pero sea lo que sea, no merece la pena pasar por ese ridículo.

3.- Gritar mucho no hace que te entienda mejor, solo consigues que me aleje para no sufrir una perforación de tímpano. Además, agravar la voz para parecer más... supongo que más macho, tiene consecuencias a corto-medio plazo, en serio.

4.- Los insultos y las palabras malsonantes no son adecuadas a la hora de entrar a ligar. Los "es que me toca toda la raja del coño" o "rehostia puta que buena estás" no me llegan al alma, ni me conquistan, ni me ponen a tono. Más bien me producen el vómito.

5.- ¿Qué haces? Ah! Que estás bailando... Pues mejor apóyate en la barra, mueve un poco la copa y la cabeza y, si pierdes el ritmo, para, observa y continúa.

6.- No le robes la ropa a tu hermano, ni mucho menos a tu padre. ¿Por qué ha dejado de vestirte tu madre?

6.- Las fotos con gafas de sol dentro de casa son realmente ridículas. No te las saques, y si te las sacas NO las cuelgues en el Tuenti y etiquetes a todas tus bolloamigas. Aunque éstas, seguramente, hagan lo mismo...

7.- Llevar el mismo corte de pelo que el resto de bolleritas modernas no es guay. Es mediocre. El flequillo hacia un lado tapando media cara está muy visto, y la cresta está pasada de moda. El pelo con cortes masculinos no te queda bien con esa cara de pan por muy hombre que seas, señorita. ¿Qué hago? ¿Te pongo un espejo delante?

8.- La ropa deportiva queda genial en el gimnasio o en Fama (donde no entrarás por el punto número cinco) pero no en el Escape ni en el Truco. Una cosa es salir en playeras un día y otra llevarte el chándal enterito, con el logo de Nike bien grandote. ¿Quién te crees que eres? ¿Missy Elliot?

9.- Eso no es hip-hop, es reguetón (o como coño se escriba). No intentes convencerme. Además, yo solo escucho música clásica. De marcha, house. ¡Absolutismo musical siempre!

10.- No soy cruel, soy clara. Si eres fea, machona, desagradable, insultante y despreciable, te lo digo. Si te molesta, es problema tuyo. El día que una mujer me responda con un "tienes razón" a una apreciación como éstas, tendrá ganados muchos puntos conmigo. El resto de histéricas, graciosillas, malcriadas, paranoicas y simplonas, se pueden "jincar un tuno".

Y que conste que TODO lo expuesto anteriormente es real y pertenece a momentos reales de mi corta vida lésbica. Real pero no lo único.

Yo no soy precisamente el estandarte de la feminidad, pero una cosa es una cosa, y lo otro, un camión. Nunca mejor dicho.


Ahora, a mis yugulares, representantes pancarteras del bollerismo medio de Chueca.

borracha.jpgAcabo de venir del servicio tras dejar en su letrina casi todo el alcohol que me bebí anoche. Y un poco de bilis y ácidos estomacales. Además de eso, me duele la cabeza, el cuello, los hombros y el estómago, tengo la boca más seca que Timanfaya y levantarme de la cama me produce nauseas. Diagnóstico barato: una resaca como un piano.

Me estoy haciendo vieja, ya el cuerpo no reacciona igual a las noches locas. Tan vieja que me estoy planteando seriamente no salir esta noche. Un jueves y Anita en casa. ¿Qué será lo próximo? ¿Que la UD Las Palmas suba a primera?... seguro. O eso, o la vejez, o anoche me endosaron el peor garrafón del mundo sin yo darme cuenta, cosa que dudo mucho, que yo para eso soy muy cuca. Pero vayan a saber.

El caso es que yo pretendía contar hoy la fiesta petarda "Escándalo" que anoche inundó el Escape, con sus drag queens malas (por estas tierras todas las reinonas son pésimas), su música bochornosa (hasta Oliver y Benji hicieron presencia) y sus heteros buscones cual halcones descarriados. Pero tan mal cuerpo y tan mala cabeza tengo que creo que me voy a enrollar en mi nórdico, como una crisálida, y voy a hibernar hasta que mi cuerpo y mente se aclaren. Y deje de pensar gilipolleces, también.

Ustedes aprovechen que no tienen mucho que leer por aquí para que escriban la carta a los Reyes Magos, que este año con la crisis solo aceptan las 100.000 primeras cartas. Corran.

Fetén, fetén. Como diría cualquier madrileño de nacimiento que toma su copita de anís en plena pradera de San Isidro. Y es que esas noches en las que sales solo en plan tranqui, sin más pretensiones, son las que al final acaban siendo realmente LEGENDARIAS. Y como en la Biblia, comencemos por el génesis:

Los jueves siempre me parecieron tediosos, largos e insoportables. Además de ser la antesala de un fin de semana que cada vez tarda más en llegar, coincide con que, desde que empecé la carrera, son los días que más horas de clase tengo. Este jueves llegué a casa literalmente rendida, entre los nervios que me hacen coger los señores que mandan en el transporte público y los rebotes que me provocaron los niñatos perroflautas antibolonia que no me dejaban entrar a la facultad, tenía la cabeza dando vandazos. Y aquí tengo que abrir un paréntesis: Me encanta todo lo público salvo el transporte de Madrid. La universidad pública también me gusta, pero es tarde para protestar y, sinceramente y sin ánimos de ofender, entiendo que la Ministra pase del culo de cuatro punkies que solo pisan la facultad para fumar porros en los pasillos. Fin del paréntesis.

calzoncillos!.jpgCentrémonos. Jueves odioso, cansado e insoportablemente largo. Al llegar a casa lo único que me apetecía era una duchita, una película acompañada con una cerveza y dormir hasta que me aguantara el cuerpo. Pero antes de todo eso, encendí el portatil y fui a mirar el correo. Borré los spams, las estúpidas cadenas y los correos de infojobs. Quedaban dos correos más. Uno de la señorita que gestiona los blogs de Canarias7 comunicándome las estadísticas de Octubre, en el cual "No está el horno para bollos" ha duplicado sus visitas. Y otro de un señorito que me invitaba a una fiesta de no se qué pagina web, donde me aseguraba copas baratas, regalitos y demás diversiones. Y no sé si fue la intuición femenina o las ganas de olvidar el asqueroso jueves, pero llamé al señorito en custión, me duché y corrí hacia la plaza de Chueca, donde habíamos quedado.

Tiramos a la sala donde se celebraba la fiesta, la sala Polyester, a caballo entre Chueca y Tribunal. Nada más entrar al garito, aquello rezumaba homosexualidad por cada uno de los poros de cada uno de los osos que allí se concentraban. Nos recibieron con el "Kit Chapero", compuesto por condones, chapas varias, un calendario de bolsillo y una camiseta muy ilustrativa. Hicimos acto de presencia y los saludos de rigor, nos tomamos unas copas, nos sacamos las fotos para la web y como pudimos, nos escurrimos hasta la puerta y desaparecimos misteriosamente.

fiesta.jpgFuera todo ya me daba vueltas, entre el calor, los chupitos y las copas se me hacía complicado caminar en línea recta, pero aguanté el tipo y nos decidimos ir al centro neurálgico de la homosexualidad madrileña. Chueca, como siempre, nos esperaba llena de lentejuelas y mentes perversas. Entramos en el Medaigual, en la calle San Bartolomé (ese pueblo y olé). Se nos arrimaron un mexicano, y su amiga hetero. Hicimos bastante el payaso, proclamamos, como es costumbre, a alguna reina del Carnaval y nos tomamos alguna copita. Pero no, el flamenco de lata que nos estaban poniendo y la insistencia del mexicano en liarse con mi amigo, no nos estaba resultando del todo divertido. Así que pedimos permiso al señor cámara y nos mandamos a mudar, como diría ese protagonista de la televisión en Canarias como es Paco Martel.

Callejeamos un poco en busca de algo abierto y gratis. En una esquina nos encontramos con un personaje que se sabía mi nombre y apellidos, aún no se muy bien de qué, y que a su vez, nos presentó a más gente. Y allí mismo, como mi amigo está muy bueno y el acento canario nos hace ganar puntos, se nos acercó un grupito más de chicos. Y todos juntos hicimos piña, como si nos conocieramos de toda la vida fuimos en busca de la discoteca perdida. ¡Espartanos, adelante!

bragas.jpgY por cosas de la vida entramos al Polana, la joya de la calle Barbieri, que era gratis y estaba bien de gente. ¡Y qué gente! Mermelada, ese titiritero del tomate televisivo hasta las narices (y nunca mejor dicho) de cochinadas (esto puede ser material de demanda, pero como nadie lo va a leer, me la suda mucho, además, que hay testigos de que ese hombre estaba perjudicado), concursantes recién salidos de Factor X ensimismados porque la gente los reconocía, la señora que a nuestro parecer, iba a la misma peluquería que María Teresa Campos y hacía las coreografías de los politonos del programa de AR y un largo etcétera de personajes habituales de las noches maricas y fetenes.

Nosotros a lo nuestro, a bailar mucho, a humillar a las divas de discotecas y a beber. Como si fueramos hermanos, como si nuestra amistad fuera traspasar las paredes del Polana, como si de verdad nos importaramos los unos a los otros. La típica hipocresía, reconfortante hipocresía chuequera.

Y anoche hubo más, y esta noche habrá más. Pero se me acumula el trabajo, los apuntes y las compras. Prometo actualizar pronto, hasta entonces, ríanse mucho y rindan pleitesías al alcohol, que quema las penas y desinfectas las almas.

Desde el lunes, desde el maldito lunes llevo sin poner un pie en el asfalto. Tengo unas placas en la garganta que son el rosario de mi aurora particular, mi cita semestral con el enclaustramiento y los antibióticos. Y que me mate mi compañero bloguero de "La reblogtica", pero me parece una estupidez superlativa que me obliguen a pasar por el centro de salud para que me receten amoxicilina y ácido clavulánico. Tanto trámite para unos antibióticos y tanta facilidad para la cocaina... ¡qué España esta, la nuestra!
Pues a falta de antibióticos (los cuales acabo de conseguir hoy a través del mercado negro murciano), me he atiborrado a ibuprofeno, alcohol diclorobencílico, amilmetacresol y agua, mucha agua (no voy a dar marcas comerciales para no hacer publicidad gratuita, que hay crisis, coño). Entre esta mezcla letal, compatible pero letal, y los delirios propios de mis fiebres me han pasado por la cabeza verdaderas locuras en forma de sueños, pensamientos e incluso monólogos en voz alta. Y he llegado a una conclusión: Estoy como una cabra jarta de papeles. En mis delirios he sido una voluntaria de la cruz roja agredida por unos chiflados, madre de dos negritos que querían acabar conmigo, huésped en una casa sin salida, guía turística por una ciudad que no conocía con todo lo que eso conlleva, una nube de humo de una cachimba de agua y hasta un animal raro con ojos enormes que me recordaba a la mascota de esa gran estafa universal que fue la Expo de Zaragoza. Inaudito.

Y ahora un ruego divino: Diosito mío que estás en los cielos (aunque en realidad estás dónde te sale del pito que para eso eres Dios) dale un respiro a mi garganta este fin de semana porque necesito desesperadamente ir a por mi ración semanal de bollos y alegrías por la calles de Madrid. Sabes que nunca te pido nada así que imagínate lo desesperada que puedo llegar a estar. Además, si me haces ese favor, plantaré un árbol. Amén.

Carajo, esto parece una entrada de un blog médico. Bueno, nunca están de más las clases de farmacología, teología y psicoanálisis.


P.D: Bicha, gracias por la visita y el cargamento de medicinitas. Ya te compensaré con una noche "Reckoner"... :D