Estaba yo buscando un motivo para no arrojarme por la ventana (tranquilidad que vivo en un primero) porque parecía que esta no iba a ser mi semana y un absurdo spam, un correo publicitario de una web de viajes (es de Atrápalo, venga va, publicidad gratuita que me siento generosa), consiguió sacarme una sonrisita. No me puedo permitir ninguna de las supuestas ofertas que me ofrecían y aún así el correito de marras me iluminó la cara. Consiguió mitigar (al menos parcialmente) el cambio drástico de un plan maravilloso que tenía para mañana, la llegada de una regla que cada día me sorprende más y el amago de muerte súbita que sufrió este, mi hogar, por culpa de una caldera defectuosa que superaba los límites máximos de expulsión del CO2. Para que luego digan que mi generación ha sido tan expuesta a la publicidad que se ha hecho inmune. Hah!.
El correo del que hablo dice lo siguiente:
"Hoy ha amanecido un día de primavera reluciente. A lo largo de la mañana mis compañeros me han ido pasando todos los hallazgos que he ido añadiendo a este email con la sensación de que esta semana nos salimos con la newsletter. En el bar donde suelo ir a desayunar estaba libre la mesa que más me gusta y, allí, he leído que según el filósofo y científico chileno John Baines `basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho y la victoria muy cercana´.
Disfrutando de mi mesa favorita en una mañana tan chula he pensado que, como basta ser optimista para que las cosas salgan bien, te ibas a llevar una alegría al recibir este puñado de escapadas y planes estupendos de primavera, porque sólo tienes que creer en que puedes estar allí para comprobar que la vida te sonríe".
Ya se que el redactor del mail no es precisamente poeta, ni siquiera hace un uso medianamente mediocre del idioma de Cervantes pero, coño, cumple con su cometido ¿no? Pues a esto me refiero. No necesitamos grandilocuencias para sonreir. No necesito leer a Neruda para saber qué es el amor. No necesito a una Ariadne Artiles para abandonar mi codiciada soltería. Al menos a mí, aunque a veces peque de sibarita, me suele bastar con cosas mucho más terrenales y, por eso, más especiales
Quizás esta filosofía barata que más bien parece una reflexión de WC no tenga ni cabida en este blog ni sentido en la vida que parece que llevo, pero me da igual. Esto tiene un destinatario claro y en cuanto lo lea, lo sabrá.
Lo siento, tengo una temporada reflexiva y demasiado introspectiva como para escribir aquí dejando mis tripas sobre la mesa. Ya volverán tiempos en los que las musas no me tengan tan abandonada y volveré a coger el blog con fuerza. Denme tiempo que Ana de Lesbos no defrauda.
Por lo pronto el cometido del mail se ha cumplido porque yo me voy de retiro espititual a una entrañable casita rural, no a través de esa página, pero reactivo igual la economía destrozada de este país que me hospeda. Y la casita rural, con su cama y su dosel es el pequeño detalle que momentáneamente me saca la sonrisita. ¿A tí no? No me lo creo.
Señores, sonrían que disparo (con la cámara de fotos, por supuesto).
Tú sigue, que son solo curvas.
