Se acabó. Fue corto pero intenso, no te olvidaré nunca, bla bla bla.
Adios a las luces cegadoras, a los árboles de Navidad inmensos, a la calle Preciados masificada, al calor oloroso del Corte Inglés, al mercado navideño de la Plaza Mayor (que este año no visité), a las compras compulsivas tirando de la Visa... Bye, bye. Sayonara. Au revoir. Hasta el año que viene.
Ahora cambio el bocadillo de calamares por el racing de lomo, el metro por el coche, la psoriasis psicosomática por agradables mañanas de estudio... Un negocio, vamos.
Eso sí, el trauma que me va a suponer ver la Plazuela de Arrecife coronada por osos polares, ciervos, ardillas y abetos, no va a tener precio. Pero sobreviviremos.
Apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista:¿Alguien se sigue creyendo, a estas alturas de la película, que Willy Díaz es diseñador? Señores, por ser gay no se tiene buen gusto, y este sujeto demuestra día a día que de combinar colores y formas, de dar estilo y clase a espacios y esos menesteres no tiene ni idea. Eso sí, polivalente es un rato. Igual te diseña un traje de Reina del Carnaval, que te dirigie una gala artística o te diseña vestiditos para Tamara-Ámbar-Yurena. Parrilla, Parrillita, para la próxima, haces un concurso público, que se presenten nuevos valores de la isla y así matas dos pájaros de un tiro: le das un poco de aire fresco a las casposadas navideñas de todos los años y evitas la fuga de cerebros, de diseñadores de verdad, hacia otros lugares donde se sientan más valorados. Alguien dijo en alguna película, no recuerdo cual, que cuando alguien es tan evidentemente gilipollas, a menudo se piensa que es un genio. Y eso es lo que le pasa a los apoltronados de esta isla. Que venga alguien y les bajen los humos, por favor. Fin del apunte político-crítico-social-folclórico-guanchista.
Lo dicho, regreso a tierras más cálidas. Migro buscando humedad, grados en positivo de mercurio y un acento amigable que no te hace sentir deudor de grandes cantidades de eurillos. Dejo atrás Chueca y mis aventuras a hurtadillas en los dormitorios ajenos. Dejo atrás, momentaneamente, la apestosa brisa nocturna madrileña de pota, pis y melopeas.
¿Cómo estará el ambiente conejero? ¿Habrá recusitado de sus cenizas? ¿Habrá desaparecido, como Troya? ¿Y el ambiente lésbico? ¿Habrá encontrado ya un punto de reunión y cortejo? ¿Alguien puede responderme?
Y con esto y un bizcochón, hasta la próxima.
P.D: Siento el mal arte de hoy, pero se me acumulan los pensamientos en la cocotera y no atino a encontrar palabras dignas de posarse aquí. La próxima vez será.


