los blogs de Canarias7

Archivos Noviembre 2008

No se si fue casualidad, pero el otro día me topé con dos cosas que me hicieron pensar. Por un lado me llegó un correo electrónico, de un calamarcillo al que adoro, que recordaba todas las chorraditas que haciamos de pequeños (si es que hemos crecido) los de mi generación. Por otro, nuestro showman preferido escribía en su tuenti (que gran invento) sobre los años que lleva estudiando y el miedo que le da su inclusión en el mundo laboral.

Y no sé si fue melancolía o un acto reflejo, pero me metí en el Youtube (otro gran invento) a buscar los oppenings de las series que veía de chinija (y no tan chinija y como me gustan los paréntesis): Alf, California Dreams, Alfred J. Cuak, Caballeros del Zodiaco, Oliver y Benji, Salvados por la Campana , Power Rangers, Los Fruitis y un largo etcétera.

game boy.jpgLo reconozco, estoy melancólica. Creo que no voy a olvidar nunca la sensación insoportable que me producía que se me cayeran los pantalones, primero, por el peso de la Game Boy y luego, por el del Alcatel mastodóntico que tuve por primer móvil.
Y mi primer día de guardería, que aunque mi madre no se lo crea aún recuerdo, cuando me vomité encima de lo mucho que lloraba, me parece ahora hasta gracioso a la par que terrorífico. ¿Por qué nos hacen eso desde pequeños con lo felices que somos con la abuela? O mi primer entrenamiento de balonmano, en el que fui una niña llamada torpeza. Y un sin fin de primeras veces...

No me gusta nada este pasteleo de melancolía, nostalgia y tiempos mejores, por lo que recurriré a mi temática habitual de sexo, drogas y demás vicios. Como mi primer cigarro, un Kruger entre las aulagas de un solar perdido, o mi primer Malibú con SevenUp en la verbena de Fariones. Qué cosas, ahora no puedo oler ni el Kruger ni el Malibú. E irrisoria fue mi primera incursión en las discotecas, aún menor, camelándome al portero de la Papagayo para que me dejara entrar. Y lo conseguí.
De sexo heterosexual no hablaré, porque me entra una mezcla extraña de rechazo y dolor que me puede, pero del lésbico, si quiere el querido público, hablaré otro día. Eso sí, mi primera vez fue... indescriptible.

Qué generación la nuestra, a caballo entre los caramelos Pez y las televisiones de plasma HD con resoluciones casi mágicas. Fuimos los últimos en enterregarnos en la calle hasta las diez de la noche y los primeros en ver el comienzo de Dawson Crece. Los últimos en comprar las pipas en pesetas y los primeros en hacer la ESO. Conejillos de indias del sistema educativo, portadores de molestas varicelas, pioneros en el uso del ratón y el teclado, afectados todos por las ondas maléficas de la telefonía movil y supervivientes al efecto 2000 (y al 90). Y aquí estamos, en los albores de dominar el mundo, de dirigir empresas, de cortar grandes rodajas de bacalao y, los menos suertudos pero no por eso peores, seguir limpiando la mierda de los demás.

Ni Obama ni Bibiana Aído ni la compra de Repsol por los rusos deciden nada. Nosotros, los que nos criamos en los 90 (y finales de los 80) tenemos la sartén por el mango. Si la crisis y la ola de frío nos dejan. Por supuesto.

borracha.jpgAcabo de venir del servicio tras dejar en su letrina casi todo el alcohol que me bebí anoche. Y un poco de bilis y ácidos estomacales. Además de eso, me duele la cabeza, el cuello, los hombros y el estómago, tengo la boca más seca que Timanfaya y levantarme de la cama me produce nauseas. Diagnóstico barato: una resaca como un piano.

Me estoy haciendo vieja, ya el cuerpo no reacciona igual a las noches locas. Tan vieja que me estoy planteando seriamente no salir esta noche. Un jueves y Anita en casa. ¿Qué será lo próximo? ¿Que la UD Las Palmas suba a primera?... seguro. O eso, o la vejez, o anoche me endosaron el peor garrafón del mundo sin yo darme cuenta, cosa que dudo mucho, que yo para eso soy muy cuca. Pero vayan a saber.

El caso es que yo pretendía contar hoy la fiesta petarda "Escándalo" que anoche inundó el Escape, con sus drag queens malas (por estas tierras todas las reinonas son pésimas), su música bochornosa (hasta Oliver y Benji hicieron presencia) y sus heteros buscones cual halcones descarriados. Pero tan mal cuerpo y tan mala cabeza tengo que creo que me voy a enrollar en mi nórdico, como una crisálida, y voy a hibernar hasta que mi cuerpo y mente se aclaren. Y deje de pensar gilipolleces, también.

Ustedes aprovechen que no tienen mucho que leer por aquí para que escriban la carta a los Reyes Magos, que este año con la crisis solo aceptan las 100.000 primeras cartas. Corran.

Fetén, fetén. Como diría cualquier madrileño de nacimiento que toma su copita de anís en plena pradera de San Isidro. Y es que esas noches en las que sales solo en plan tranqui, sin más pretensiones, son las que al final acaban siendo realmente LEGENDARIAS. Y como en la Biblia, comencemos por el génesis:

Los jueves siempre me parecieron tediosos, largos e insoportables. Además de ser la antesala de un fin de semana que cada vez tarda más en llegar, coincide con que, desde que empecé la carrera, son los días que más horas de clase tengo. Este jueves llegué a casa literalmente rendida, entre los nervios que me hacen coger los señores que mandan en el transporte público y los rebotes que me provocaron los niñatos perroflautas antibolonia que no me dejaban entrar a la facultad, tenía la cabeza dando vandazos. Y aquí tengo que abrir un paréntesis: Me encanta todo lo público salvo el transporte de Madrid. La universidad pública también me gusta, pero es tarde para protestar y, sinceramente y sin ánimos de ofender, entiendo que la Ministra pase del culo de cuatro punkies que solo pisan la facultad para fumar porros en los pasillos. Fin del paréntesis.

calzoncillos!.jpgCentrémonos. Jueves odioso, cansado e insoportablemente largo. Al llegar a casa lo único que me apetecía era una duchita, una película acompañada con una cerveza y dormir hasta que me aguantara el cuerpo. Pero antes de todo eso, encendí el portatil y fui a mirar el correo. Borré los spams, las estúpidas cadenas y los correos de infojobs. Quedaban dos correos más. Uno de la señorita que gestiona los blogs de Canarias7 comunicándome las estadísticas de Octubre, en el cual "No está el horno para bollos" ha duplicado sus visitas. Y otro de un señorito que me invitaba a una fiesta de no se qué pagina web, donde me aseguraba copas baratas, regalitos y demás diversiones. Y no sé si fue la intuición femenina o las ganas de olvidar el asqueroso jueves, pero llamé al señorito en custión, me duché y corrí hacia la plaza de Chueca, donde habíamos quedado.

Tiramos a la sala donde se celebraba la fiesta, la sala Polyester, a caballo entre Chueca y Tribunal. Nada más entrar al garito, aquello rezumaba homosexualidad por cada uno de los poros de cada uno de los osos que allí se concentraban. Nos recibieron con el "Kit Chapero", compuesto por condones, chapas varias, un calendario de bolsillo y una camiseta muy ilustrativa. Hicimos acto de presencia y los saludos de rigor, nos tomamos unas copas, nos sacamos las fotos para la web y como pudimos, nos escurrimos hasta la puerta y desaparecimos misteriosamente.

fiesta.jpgFuera todo ya me daba vueltas, entre el calor, los chupitos y las copas se me hacía complicado caminar en línea recta, pero aguanté el tipo y nos decidimos ir al centro neurálgico de la homosexualidad madrileña. Chueca, como siempre, nos esperaba llena de lentejuelas y mentes perversas. Entramos en el Medaigual, en la calle San Bartolomé (ese pueblo y olé). Se nos arrimaron un mexicano, y su amiga hetero. Hicimos bastante el payaso, proclamamos, como es costumbre, a alguna reina del Carnaval y nos tomamos alguna copita. Pero no, el flamenco de lata que nos estaban poniendo y la insistencia del mexicano en liarse con mi amigo, no nos estaba resultando del todo divertido. Así que pedimos permiso al señor cámara y nos mandamos a mudar, como diría ese protagonista de la televisión en Canarias como es Paco Martel.

Callejeamos un poco en busca de algo abierto y gratis. En una esquina nos encontramos con un personaje que se sabía mi nombre y apellidos, aún no se muy bien de qué, y que a su vez, nos presentó a más gente. Y allí mismo, como mi amigo está muy bueno y el acento canario nos hace ganar puntos, se nos acercó un grupito más de chicos. Y todos juntos hicimos piña, como si nos conocieramos de toda la vida fuimos en busca de la discoteca perdida. ¡Espartanos, adelante!

bragas.jpgY por cosas de la vida entramos al Polana, la joya de la calle Barbieri, que era gratis y estaba bien de gente. ¡Y qué gente! Mermelada, ese titiritero del tomate televisivo hasta las narices (y nunca mejor dicho) de cochinadas (esto puede ser material de demanda, pero como nadie lo va a leer, me la suda mucho, además, que hay testigos de que ese hombre estaba perjudicado), concursantes recién salidos de Factor X ensimismados porque la gente los reconocía, la señora que a nuestro parecer, iba a la misma peluquería que María Teresa Campos y hacía las coreografías de los politonos del programa de AR y un largo etcétera de personajes habituales de las noches maricas y fetenes.

Nosotros a lo nuestro, a bailar mucho, a humillar a las divas de discotecas y a beber. Como si fueramos hermanos, como si nuestra amistad fuera traspasar las paredes del Polana, como si de verdad nos importaramos los unos a los otros. La típica hipocresía, reconfortante hipocresía chuequera.

Y anoche hubo más, y esta noche habrá más. Pero se me acumula el trabajo, los apuntes y las compras. Prometo actualizar pronto, hasta entonces, ríanse mucho y rindan pleitesías al alcohol, que quema las penas y desinfectas las almas.

Y se fue. Y son su partida, una tranquilidad abrumadora se ha hecho en mi casa. Quien dice tranquilidad, puede decir tristeza y apatía. Porque aunque es cierto que es un "desinquieto", un "golisnión" y un "perretoso", no es menos cierto que su risa se echa en falta pues te contagiaba casi sin querer de su alegría embriagadora.
No tardaremos en vernos, apenas un mes, y así poder pelearnos diciendonos "nos tenemos cogidos por los huevos mutuamente, así que no tiremos mucho..." y gritarnos a la cara como dos hermanas, que diría Ivan Ferreiro. Extraña relación de amor y odio, de una de cal y otra de arena, relación filial irreconciliablemente férrea.

canariedad2.jpgSu visita ha sido extraña, larga, musical, cansada, alcóholica, con mucho pollo y poco queso. Hemos ido de vicio en vicio, proclamando la independencia de las islas en plena metrópolis, conociendo a "Tacones Lejanos", proclamando reinas del carnaval a mansalva, metiendonos en peleas de navajeros brasileños, intentando no armar escándalo al llegar a casa, metiendonos palizas al "Super Smash Bros", haciendo fotomontajes con el bendito "Photoshop" (porque nuestra vida es más complicada que Queer as Folk), enamorándonos de los dependientes de Zara (él) y de las amigas de nuestras amigas (yo) y bebiendo ron barato venezolano para acabar culminando una visita más que esperada en un decadente bingo rodeados de humo de tabaco negro y ludópatas viudas jugándose su exigua pensión.

Y que noche la de anoche. Cervezas y cartones entre cinco inocentes jóvenes semivírgenes en eso de los juegos de azar. Después de subir a pelo todo el paseo de Extremadura imaginándonos como sería nuestra vida al salir con 14.000 € bajo el brazo, llegamos al bingo más cutre del Imperio Español (y parte del extranjero) dispuestos a llevarnos el acumulado. Una voz sumamente erótica, como de línea caliente, cantaba las bolas mientras mi visita replicaba su mala suerte: "Chacha, sacude bien la talega porque me levanto con la chola y te doy por las canillas". Y así, entre risas, miradas de odio del fumador vicioso de atrás, comentarios hilarantes y cervezas gratuitas nos quedamos sin acumulado, sin los 14.000 € y sin baile de la victoria a lo Mauricio Colmenero.

Y ahora, recién llegadita del aeropuerto, después de que una viajera del Metro de Madrid (el metro que toda ciudad quisiera tener cuando sea mayor) me cantara a grito pelado "Wonderwall" de Oasis, solo pienso en Lanzarote. Because maybe, you're gonna be the one that saves me, and after all, you're my wonderwall...

Brian Sílfide, te llamo esta noche.

Reciclamos, pagamos impuestos, estudiamos (o hacemos que), nos bebemos todo lo que nos ponen en el vaso, intentamos trabajar, leemos libros de más de cien páginas, matamos mosquitos con las manos y nos vemos películas para gafapastas. Y ni por esas nos conseguimos echar una pareja en condiciones.

Vale, empecemos por reconocer que no somos tan frívolos. Las ganas nuestras. Entre las tetas y la espalda se nos ha alojado un órgano, que late, que bombea sangre incansablemente y que, no sabemos por qué, nos hace sentir mierdas que no nos gustan. Pero ahí están. E intentando ser consecuentes con eso que el puto órgano nos quiere hacer sentir, nos hemos topado con seres que no merecen ni un solo calificativo. Ni malo, ni mucho menos bueno. Arpías, sanguijuelas emocionales, locas cínicas, esquizoides, hérmetic@s, ranci@s profesionales, maniacos depresivos sin cura conocida y suicidas amorosos. (Siempre acabo calificando, el alma periodística, ya saben).

Y nos hemos hartado. Brian Sílfide y una servidora, la siempre estupenda Ana de Lesbos, se han puesto como objetivo buscar candidatos (caballeros para él y señoritas para ella, aunque esto no necesitaba explicación). Tenemos la necesidad vital de llevar a la más profunda depresión a algún alma inocente dispuesto a corromper su castidad sentimental. Porque nos da la gana. Eso sí, hasta para eso, para humillar y despellejar corazones, nos ponemos exigentes.

gay.jpg
Brian Sílfide: Precisa un hombre atractivo (abstenerse tíos difíciles de ver o de belleza distraída), jóven, con una nómina jugosa, sano para que lo mantenga durante muchos años, bien dotado (pezqueñines los justos), versátil, excelente e incansable en la cama y que sepa cual es su función. Brian no tiene muy claro lo que quiere en la vida, pero sí lo que no quiere. Y no quiere pasarse sus días encerrado (a no ser que ese encierro conlleve sexo) entre cuatro paredes ni soportar la monotonía de un aburrido y simple hombre sin conversación. Tampoco quiere acomplejarse aún más viendose al lado de un "Madelman" o "musculoca" enpaquetada cuyo único tema de interés sean los anabolizantes. Él ofrece fidelidad (solo sentimental, que lo sexual es muy débil), emociones fuertes, la satisfacción de ser mantenido y muchas, muchas, muchísímas horas de infatigable erección. Vamos, un partidazo.
lesbiana.jpg

Ana de Lesbos: Conocida por todos ya, es una exigente nata. Necesita, sin opciones a la excepción, una mujer paciente, que le aguante veinticuatro horas de burlas y humillación y sexualmente muy activa. Se valorará experiencia en el tráfico de estupefacientes y/o contactos con redes narcotraficantes a fin de conseguir descuentos en el consumo semanal de alucinógenos. Por supuesto, no acepta bajitas, pechos desproporcionados (por exceso o defecto), caras de gárgola, testosteronas con patas, minusválidas ni pobretonas. En el pack de Ana, viene incluida su mascota Perkins, sus dos compañeros de piso y una baraja de póker. Además ofrece horas de sexo y conversación (o sexo conversado, como prefieran), masajes relajantes, cosquillitas varias y sesiones interminables de cinefilia. Resumiendo, una salida, yonqui y lesbiana perdida (que es lo que algunos quieren leer, pero lo que pocos saben).


Para participar en el casting, solo es necesario dejar un comentario con los datos personales y la fotocopia de la nómina. Si lo especifican, el comentario no se hará público, así que no teman por su privacidad. Por supuesto, la autora se reserva el derecho de modificar las historias sosas, insípidas y frías. También aceptamos personajes ficticios con la única condición de que no sean horripilantemente espeluznantes.

Nota aclaratoria de la autora: Obviamente, nuestras descripciones y exigencias son hiperbólicas y exageradas, pues mi uso de la ironía siempre lleva a equivocaciones.