los blogs de Canarias7

Archivos Octubre 2008

Soy atea. No tengo ningún dios ni falta que me hace. Pero si tengo que definirme diré que soy culturalmente cristiana. Hice la comunión, celebro la navidad y la semana santa y pago mis impuestos. Eso sí, a dios ni me lo nombres porque me irrito. Sin embargo, en el cine sí que tengo algún dios. Venero a ciertos personajes y guardo pleitesía a mis ídolos del celuloide (¿no les parece que esta palabra tiene cierto parecido a celulitis?). Me encanta, simplemente me encanta adentrarme en el séptimo arte como si fuera una séptima dimensión. Enciendo el DVD y dejo que los protagonistas hasta respiren por mí.
Uniendo mi cinefilia con el cristianismo obtenemos un sinfín de películas, unas mejores que otras, en el universo de las imágenes en movimiento. La pasión de Cristo, La vida de Brian, Amén, Hijos de un mismo Dios, Camino, etc, etc, etc. Pero la más inquietante, la más pérfida y quizás la que tiene el peor final es Seven. Y por eso me gusta tanto. Siete. Los siete pecados capitales. Las siete antítesis de las virtudes católicas. Los siete placeres de la vida.

Luces, cámaras, acción:

lujuria.jpgLujuria: Para Dante era el "amor excesivo por los demás". Sin embargo, y como ya hemos dejado claro en algún post anterior, todos sabemos que la lujuria poco tiene que ver con el amor. Más bien nada. Como animales que somos, estamos predispuestos al placer por encima de todas las cosas. Nos encanta intentar reproducirnos sin tener fruto alguno, nos encanta poner en entredicho las leyes divinas de la fecundidad y ponerle barreras a la reproducción. Nos encanta llevarnos el gusto sin tener el posterior disgusto y, por supuesto, nos morimos por innovar en esto de las artes amatorias. Vouyerismo, orgías, bondage, preliminares maratonianos... los límites solo los pones tú.

Gula: ¿A quién no le gusta poner a prueba la rentabilidad de los buffet libres? ¿Quién no ha intentado comer más por menos? ¿Quién, en la sagrada festividad de la Navidad, no ha sufrido una indisgestión de langostinos? ¡Qué bueno es comer cuando uno tiene ganas!. Anoche mismo pecamos como pecan los grandes, desvalijando un buffet oriental como si nos fuera la vida en ello. No voy a enumerar todo lo que comimos porque aún estoy agitada. Solo diré que bendita sea la comida, la bebida, lo dulce y lo salado. Y comer después de hacer gala de tu lujuria es algo superior. Como perros de Pavlov están ustedes ahora pensando en unas buenas papas con mojo. Que se les ve.

Avaricia: La búsqueda y acumulación de objetos, la preferencia por las cosas materiales sobre las espirituales. Todo para mí, y nada para tí. Y tonto el último. Porque vamos yo, personalmente, (y ustedes también aunque se lo nieguen a sí mismos) prefiero tener casa, coche, ordenador, móvil, ropa y dinero para copas que una vida espiritual plena y gozosa. Seamos serios, eso no da de comer por mucho que nos digan que Jesucristo multiplicó los panes y los peces. Y si a pensar así, Tomás de Aquino lo llamaba avaricia, yo soy una avariciosa. Y, a no ser que seas un dominico o un cura amigo del Obispo de Tenerife (que vivan los niños, creo que dijo), tú también eres un avaricioso o avariciosa.

ira.jpgIra: ¡Repinche pendejo no te enojes! ¿Pero como no me voy a enojar, señor licenciado, si se acuesta con mi Lupita? Y entonces el repinche, mata de un culatazo en la sien al señor licenciado sin carrera. Eso es la ira, el odio descontrolado, pero según yo y mis circunstancias, justificado, hacia un semejante. O no tan semejante. Y vale que un culatazo no es la mejor forma de canalizar ese odio, pero ¿acaso no es normal? Y anda que no sienta bien decir cuatro cosas bien dichas a quien te hace daño. Tomarse la justicia por nuestra propia mano a veces no es lo adecuado, pero siempre he defendido que, salvo en exepciones, el fin justifica los medios, y si el fin es justo, bendita sea la ira.

Envidia: Vale, así como suena, suena mal. Pero cambiemosle el nombre y digamos "celos". Sin caer en la excesividad, los celos son una forma más de amar, la forma quizás más fea, pero una forma más. Nos jode ver a nuestra pareja tonteando con otra persona, y nos fastidia imaginarnosla frotandose con algún buscón o buscona. Esos son celos... ¿Acaso debemos, por eso, ser sumergidos en agua helada como manda la leyenda? ¿Es eso un verdadero pecado mortal? Pues que quieren que les diga, yo quiero que mi novia (cuando me decida a tenerla) sea celosa, que se enfade cuando le mire el culo a otra, para luego, básicamente, hacer las paces.

Soberbia: Yo sí que soy soberbia. En casi todas las fuentes consultadas, afirman que Lucifer cometió este pecado al pretender ser igual que Dios. Pues yo peco, al querer parecerme a Lucifer. Una Lucifer, eso sí, de buen rollo. ¡Ríndanme pleitesía, hijos de Satán!

pereza.jpgPereza: No hacer nada. El sueño de toda persona con dos o más dedos de frente. Siempre dije que me quiero dedicar a la vida contemplativa, a meditar desde mi cama el porqué de las cosas, luego encender el ordenador y publicarlas para que alguna mente preclara las lea. Y entre pensamiento y pensamiento, seguir pecando de lujuria, gula, avaricia, ira, envidia y soberbia. Y por supuesto, seguir alimentando de polémica, vicio y perversión a esta, mi casa de citas.

Podría vivir en un piso normal, de estudiantes, pero normal. Con su cafetera, sus flexos, su nevera dividida por estantes, sus normas para limpiar y sus broncas por el baño. Pero no. Vivo en un piso de estudiantes que no es normal. Ni broncas por el baño, ni cafetera, ni nevera devidida. Flexos si que hay, pero son conocidos como "lámparas para follar".
En esta guarida del suroeste de Madrid, cada noche es un mundo, y cada mundo es más emocionante que las aventuras de Majoria. Algunas noches, se convierte en la casa fantasma, completamente vacía y con sus habitantes vagando por la ciudad en busca de música decente y un copazo a buen precio. A la vuelta, todos son momentazos, carillas de felicidad y comentarios cómplices sobre como ha ido la noche. Otras veladas nocturnas, Majoria se traslada al Paseo de la Ermita del Santo y conquista mi casa, instalándose en cada uno de los cubitos de hielo que enfrían nuestros cubatas. Transformamos la monotonía de una noche insulsa, en una sinfonía de carcajadas a base de chistes malos, música mala, partidas de póker malas y combinados en vasos de nocilla (malo no, nefasto). Y anoche fue una de esas composiciones felices.
vicio.jpgPor una serie de inafortunadas coincidencias, decidí quedarme en casa con la esperanza de que alguna alma cándida se viniera a pasar las horas a mi cómodo sofá a cambio de palomitas y una buena película de culto. Pero mi compañero de lazos convivenciales tenía un plan redondo de pisito y birras: se venía su novia y una amiga cargadas con mucho alcohol y una baraja nueva. Se lo comenté también a Don Iosif Perera y acabamos los cinco alrededor de la mesa del salón, jugando a no recuerdo bien qué y bebiendo mucho. Vodka negro, ron amarillo, vodka (del transparente, vamos) y amarga ginebra. Y claro tanto alcohol a lo largo de la noche, da hambre. Y yo, envalentonada me metí en la cocina, me coloqué un delantal imaginario y me puse a cocinar macarrones a las cuatro de la mañana. Con dos ovarios.
Desaparecidos los macarrones, las caras de sueño y atontamiento comenzaron a surgir de entre los cojines. Últimos chistes malos, alguna última copa de los más valientes y un vómito en el baño fueron los últimos atisbos de vida entre los presentes.
Y sí, tuvo algún momento bolleril, porque la curiosa amiga de la novia de mi compañero de piso (que lío) se empeñó en que le contara como era una relación sexual entre dos mujeres. Quizás algún que otro lector quiere hacer la misma pregunta...
Y sé que no les interesa mi vida, pero fue una noche tan especial y diferente que de alguna manera quería hacerles partícipes. Sin más.

Oh my fucking dog, casi me olvido de hablar del kilo de pipas que nos ventilamos... Bendito vicio salado.

Me apetecía escribir de sexo, destripar la espuma roja del vicio más hormonal para meterles a todos la envidia sana que despierta una persona que, hablando en claro, folla. Pero que folla sin más, sin carantoñas, sin susurros y sin caricias fuera de lugar. Porque hoy por hoy, no le apetece hacer el amor, ni follar con cariño. Y para eso sentía que yo no era la persona adecuada porque, como dice un elemento cansado, eso de "solo follar" es una excusa para parecer fría y siempre soy la primera que cae en ñoñerías. Y que razón tiene. Por eso hablé con Brian Sílfide, que para que nos entendamos es mi amigo marica. Bueno uno de ellos. Y se puso a crear, a sacar poesía de donde solo habían gemidos. Él puso las ideas, el desarrollo y la ingeniería del látex, yo puse la literatura, el estilo y la clase. ¡Qué trabajo el nuestro!... Allá va: sexgirls.jpg

¿Follar o hacer el amor?

Quizás uno de los temas más candentes donde los haya, donde conceptos tan vinculados como discrepantes se entrelazan para darnos una distorsión equivoca de la realidad. Si nos centramos en el acto en sí, sin tapujos ni medias tintas, follar es una actividad placentera donde las haya. Más que cagar cuando tienes ganas y sinceramente, todos alguna vez hemos necesitado echar una canita al aire, o dos. Y como en misa, quien esté libre de pecado que hable ahora o calle para siempre. Y se hizo el silencio...

Nos encontramos ante dos opciones, sexo con amor o simplemente sexo, y no quiero entrar en el debate fácil, de cuál es más lícito o cual es más pulcro, señores hablamos de sexo, cochinadas, guarrerías, gediondeses y sobre todo diversión mucha diversión. Así que dejemos la moral y la ética social en el paragüero.

Y yo me hago una pregunta ¿Hay mejor manera de fomentar la amistad que follando? Es decir, ¿No es genial eso de tener folla-amigos? Pero...y como en toda historia de dos, tres o más, compañeros sexuales, cada uno tiene su propia versión de lo vivido y disfrutado, y en el más del 60% de los afectados (la precisión ante todo), uno de los partícipes caerá en las garras de mezclar el amor con el sexo. Incauto y desprevenido, se dará de bruces contra la crueldad humana del otro, que simplemente quería disfrutar. Y el resultado obtenido, obviamente: el desastre.

dado.jpgY nos preguntaremos ¿Por qué? ¿Por qué? Pues muy sencillo, poca compresión lectora, o mejor dicho, nula capacidad de leer entre líneas. Sí señores, aunque nuestra infancia haya estado saturada de esos cuadernillos de lectura, nadie nos enseña nunca a leer entre renglones, a descifrar no lo que dice, sino lo que quiere decir.
Creemos que conocemos las condiciones del contrato, nos la damos de sabidos y entendidos en el tema y como siempre y como diría una gran mujer como lo es mi abuela (la de Brian, que la de Ana no habla de estas cosas): "nos cagamos el peo más grande que el culo" y así, los desgarros anales nos salen a pares.
Y no por las condiciones del "contrato" que en este caso se han dejado claras desde el principio, sino por la soberanía de lo sentimental a lo pasional, al fin y al cabo somos humanos, por mucho que intentemos comportarnos como animales. El anhelo de posicionarse, y de adueñarse de algo que ya no es nuestro sino compartido nos puede más que el disfrute en sí de la situación, del buen sexo, y sobre todo de la exploración de los miles de cuerpos que buscan sentirse vivos, dejándose llevar por el desenfreno, la pasión y la fornicación.

Necesitamos marcar nuestro territorio como nuestro y algo que comienza como un placer mutuamente acordado como tal, termina convirtiéndose en una obra melodramática inimaginable ni para el mismo Shakespeare. Y somos nosotros mismos, los entregados protagonistas de esa historia de llantos los que otorgarnos la culpa al no poder entender en sí las maravillas y opciones que presenta el sexo y todas sus variantes.

Hacer el amor esta bien, sí, en su justa medida, quizás llene más pero satisfaga menos, quizás se sienta más y divierta menos pero follar es otra historia. Follar desata los sentidos, nuestros instintos más animales y como sí de depredadores se tratase, disfrutamos más de cada una de nuestras víctimas, como si esa noche, ese mismo polvo fuera el primero y último.

Y aquí dejo el debate, para que ustedes, animalitos de todos los dioses de guardia, hablen, pataleen y echen espuma por la boca.

El sexo ¿con o sin amor?

Desde el lunes, desde el maldito lunes llevo sin poner un pie en el asfalto. Tengo unas placas en la garganta que son el rosario de mi aurora particular, mi cita semestral con el enclaustramiento y los antibióticos. Y que me mate mi compañero bloguero de "La reblogtica", pero me parece una estupidez superlativa que me obliguen a pasar por el centro de salud para que me receten amoxicilina y ácido clavulánico. Tanto trámite para unos antibióticos y tanta facilidad para la cocaina... ¡qué España esta, la nuestra!
Pues a falta de antibióticos (los cuales acabo de conseguir hoy a través del mercado negro murciano), me he atiborrado a ibuprofeno, alcohol diclorobencílico, amilmetacresol y agua, mucha agua (no voy a dar marcas comerciales para no hacer publicidad gratuita, que hay crisis, coño). Entre esta mezcla letal, compatible pero letal, y los delirios propios de mis fiebres me han pasado por la cabeza verdaderas locuras en forma de sueños, pensamientos e incluso monólogos en voz alta. Y he llegado a una conclusión: Estoy como una cabra jarta de papeles. En mis delirios he sido una voluntaria de la cruz roja agredida por unos chiflados, madre de dos negritos que querían acabar conmigo, huésped en una casa sin salida, guía turística por una ciudad que no conocía con todo lo que eso conlleva, una nube de humo de una cachimba de agua y hasta un animal raro con ojos enormes que me recordaba a la mascota de esa gran estafa universal que fue la Expo de Zaragoza. Inaudito.

Y ahora un ruego divino: Diosito mío que estás en los cielos (aunque en realidad estás dónde te sale del pito que para eso eres Dios) dale un respiro a mi garganta este fin de semana porque necesito desesperadamente ir a por mi ración semanal de bollos y alegrías por la calles de Madrid. Sabes que nunca te pido nada así que imagínate lo desesperada que puedo llegar a estar. Además, si me haces ese favor, plantaré un árbol. Amén.

Carajo, esto parece una entrada de un blog médico. Bueno, nunca están de más las clases de farmacología, teología y psicoanálisis.


P.D: Bicha, gracias por la visita y el cargamento de medicinitas. Ya te compensaré con una noche "Reckoner"... :D

Bienvenidos a la casa de citas que es este, mi blog. El paño de lágrimas de una lesbiana salida que promociona gratuitamente el "bollerío". Los directivos de este prestigioso periódico deberían pensarse bien si les conviene que una drogadicta como yo haga publicidad de ciertas conductas mediante eufemismos y una literatura pésima.

¿Lo ven? Si yo lo reconozco. Soy consciente de que mis esquemas vitales no son entendidos por la gran mayoría de una sociedad encorsetada. No están acostumbrados a que alguien relate sus noche tal y como son, sin ambigüedades, sin rodeos. Porque sus hijos, nietos, sobrinos y primos también se drogan, beben, follan, conocen gente y vacilan, con la gran diferencia de que no se lo cuentan a ustedes. Sin más. Yo al menos me subo a este ciber escenario, me pongo la mantilla y la peineta y grito a los cuatro vientos lo que soy, como soy y como hago las cosas. Eso sí, ni todas las lesbianas son como yo, ni yo soy como todas las lesbianas.

Que tengan un buen día.

You want me?
Fucking well come and find me
I'll be waiting
With a gun and a pack of sandwiches
And nothing

Talk show host - RadioHead

Y el viernes más, compañeros de cubatas.

No, no he muerto para vuestra desgracia. Me he tomado dos semanas sabáticas, como buena sibarita que soy, en plena crisis financiera y dandole la espalda a eso de apretarse el cinturón. Y como siempre, mi destino fue Lanzarote, siempre fiel, siempre eterna, aunque tengo la sensación de que perdí un poco el tiempo. Pero tuve mis momentos de gloria y excesos, en concreto dos noches, dos enormes noches de esas que dentro de unos siglos, cuando escriba mis memorias, pasarán a formar parte del temario de la Historia de Canarias en la Universidad de La Laguna. Antes no se impartirá pues es solo apta para mayores de edad.

En una de esas noches aconteció un asadero en "La casa porno". Hidratados casi exclusivamente a base de Guarapita (para mí siempre será Bisolvón) y alimentados por papas de tamaños extraplanetarios empapadas en alioli, compusimos un recital de risas, burlas, frases magistrales e ironías ebrias. Que si la jaca, que si el Comando G, que si los senos, que si los tetapléjicos, que si los senopléjicos, que si Jose María, que si Avenchara, que si el chocho gordo, que si tú no tienes caballo que tienes un pony, que si las pelucas, que si las fotos bochornosas, que si el confesionario, que si la botella, que si un pico, que si un muerdo, que si veo borroso, que si la cabeza, que si hay niebla, que si nos vamos... que si la resaca. ¿Menudo resumen no?

La segunda noche, separada de la primera por 5 aburridos días, fue la apoteosis de mi crueldad. Llevaba tiempo encerradita y eso se notaba. Salimos solos Chucho y yo. El resto de amigos y compañeros de cubatas, traidores e infinitamente sosos, habían decidido hibernar. Ya no se como decirles que los jueves no se hiberna, que dejen esa estúpida práctica para los lunes resacosos y, como mucho, los martes post-resaca. Pero nada, no hay nada que hacer con semejante panda de vagos y maleantes... ¡Ay si Franco levantara la cabeza!
Una cenita y un daikiri mal triturado fueron los entrantes y unas cervezas y una humillación pública, los salientes. Lo siento, diva de segunda división, pero cuanto más te crees que vales más carne de cañón eres para mí. Y algunos dirán que es una armadura que tengo para esconder mis entrañas pero ¿y lo bien que me lo paso qué?. ¡Ja!. Entre medias de los entrantes y los salientes, un tema Spice, un profesor de la cárcel, drogas en el baño (no eran mías, que me estoy quitando), bailes regionales, un "por qué siempre soy la única tía de este garito", unos gays gitanos con el pecho palomo, un cuarto oscuro, un "aquí hay algún mago porque ha desaparecido la droga del baño", un temblorcillo de mandíbula tipo drag queen, un "veo raro", un control de la guardia civil, un poco de house y una resaca. En definitiva, el alfa y el omega de los jueves conejeros.

Y ahora las clases, el estrés, los apuntes y Chueca.
Bienvenida la rutina. Bievenido el Prozac.