los blogs de Canarias7

Archivos Septiembre 2008

"No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya, pero tengo una mujer atravesada en la garganta."

Eduardo Galeano

Y yo suscribo hasta las comillas. ¡Oh! Qué bonita la literatura y que perra la vida real.

Con su permiso (o sin él) me voy a mirar el ombligo de forma descomunal, porque soy una egocéntrica, una lesbiana con mucho ego, una drogadicta, una viciosa y el resto de los mil insultos que me han dedicado mis amigos, los lectores. Y como además de todo eso soy una chula y una prepotente, me voy a dedicar a pasar del mundo, a pensar que absolutamente nadie merece ni un segundo de mi insomnio, ni un examen suspenso, ni el más mínimo quebradero de cabeza. Porque Ana de Lesbos, a pesar de lo que parece, tiene corazoncito y ya está muy dolorido asi que lo menos que necesita ahora es pasarse los días, las noches y las madrugadas en vilo contando latidos.

Esto no es victimismo, es solo el protagonismo que me merezco en mi blog. Porque es MI blog, ¿recuerdan?

La egocéntrica se va a dormir, por fin, a la isla del viento.
Hasta que el alisio me traiga de vuelta a la ciudad de los (malos) humos, sean felices.

P.D: El insomnio no me lo producen los frustradillos, augustos y demás personajes de las cavernas que ya les gustaría... no se hagan ilusiones ni se masturben leyendo esto. No son los únicos que me llaman egocéntrica.

Después de varios días con un terrible insomnio he decidido tirar la toalla. No voy a intentar dormir en la vida, porque haga lo que haga me resulta imposible. Y por eso, solo por eso, me voy a convertír por un día en una crítica universal de muchas artes a la vez. Sin que sirva de precedente, voy a recomendar a aquellos que se aburren mucho y tienen tanto tiempo libre como yo, una serie de obras maestras con las que matar el tiempo y, además, disfrutar.

Un poema:
Sin duda, sin la menor duda, me quedo con "La elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández. Definida como "La elegía" (por definición) por mi profesor de lengua de bachillerato. Tierna y feroz a la vez, nunca ví mejor forma de rendir un homenaje póstumo. No se complicó la vida con las rimas y eso lo dota de la magia de la espontaneidad que contrasta con su estructura en tercetos, tan renacentista ella. Si alguien me dedica algo parecido, no me importaría morir mañana.

Un libro:
¿Sólo uno? Complicada tarea para una sibarita del lenguaje (un guiño para mi lectora más devota). Si me pusieran una pistola en la boca y mi única opción de sobrevivir fuera eligiendo un solo libro, me quedaría con "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano. America en estado puro. La metáfora de la vida transformada en prosa. Dicen que si lees una historia por día, tu estado de ánimo cambiará tanto que le dirás adios a la rutina de forma radical. Y es cierto, yo lo he comprobado... ocho veces.
Lo reconozco, soy débil, no me resisto a nombrar más catedrales literarias como "Cien años de soledad", "La conjura de los necios", "Un milagro en equilibrio","Cuando comer es un infierno", "Memoria de mis putas tristes" o "El guardián entre el centeno".

Sobre cine, música, pintura, escultura, mujeres y demás artes también entiendo mucho (mi abuela bien, gracias) pero me está entrando el sueño y creo que voy a aprovechar a ver si engancho a Morfeo unas horillas. Después de tanta juerga canario-chuequera, merezco un descanso.


P.D: Como es la vida... tú compartiendo tardes con quien a mí me gustaría y yo viviendo noches con quien tú deseas. ¿Hacemos un cambio?

El otro día, en no se que conversación con uno de mis compañeros de piso, se produjo el siguiente diálogo esclarecedor:

Doña Ana de Lesbos: "Pero bueno, que será por mujeres en el mundo..."
Don Diego Vidal de la Rica: "Joder Ana, piensas como un hombre".

Estaría bien, para interpretar del todo su conclusión, conocer el contexto total de la conversación, pero sinceramente no la recuerdo. Don Diego, casi psicólogo él, no se suele equivocarse en estas apreciaciones, así que digamos que por diagnóstico clínico, tengo un cerebro de hombre. Yo, que me consideraba inteligente, compleja y complicada, reducida a la mínima expresión, a un órgano masculino con el tamaño de un garbanzo. Y no, no es ese que se encoge con el frío. Toda una patada en la boca a mi inflado ego. ¿Es esto un síntoma normal del lesbianismo internacional? Pero de eso no quería hablar en este post...

El caso es que hoy por hoy, por mucho que mi boca diga eso de "será por mujeres", siento que no me lo creo ni yo. Hace meses juré en un antro de Chueca, con una copa de ginebra en la mano, que no me volvería a enamorar, que mi mente sería libre y mis orgasmos compartidos. Renegué de la fidelidad, del amor y de todo lo que ello conlleva. Eliminé a base de cubatazos y rimel cualquier vestigio de mi antigua vida de bollera atolondrada que se dejaba el dinero en trayectos de ida y vuelta a un lugar de Castilla y León, de cuyo nombre no quiero acordarme. Le dí un portazo a lo que me podía hacer daño, y el golpe fue tan fuerte que la puerta se ha vuelto a abrir casi por inercia.

Y me da miedo. Me da miedo porque toda esta aventura tiene un tufo a fracaso que echa para atrás y sé de sobra que me tocará, de nuevo, recoger mi autoestima y orgullo del suelo para marcharme con el rabo entre las piernas. Entonces, volveré a ser la Ana de Lesbos del desamor, la desgana y el desprecio. Me da miedo porque en realidad la Ana de Lesbos que quiero ser no es otra que la que sale a pasear el perro de la mano de una mujer inteligente, tranquila, reflexiva y, por qué negarlo, guapa, al menos para mí. De verdad. Aunque no lo parezca, aunque lo niegue mil veces entre los vaivenes de una rave lésbica. La Ana de los calentones en el baño, la de las humillaciones públicas, la de los coqueteos con las drogas, no es más que la Ana que me toca ser entre desamor y desamor.

Y, ahora, en septiembre de 2008, al filo de un nuevo curso (lo que supone otro suicidio académico), Ana de Lesbos dejará aparcada la mala vida momentáneamente para intentar involucrarse en un proyecto que será tan efímero como los anteriores. Pero Ana se arriesga porque los proyectos, aunque no son tan divertidos, son bonitos mientras duran.

Deséenme suerte.

"Luz, maldita la luz que me desvela" Robe Iniesta, Extremoduro.

Y hoy, a eso de las nueve de la mañana (hora peninsular), la luz que me desvela no es otra que la pelada bombilla del salón. Después de toda una noche en vela, acompañada por la siempre grata música de Robe Iniesta y los suyos, puedo decir con seguridad que me sé absolutamente todo el temario de Historia del Cine Informativo. Flaherty, Cine Directo, Movimientos radicales del EE.UU, el cine político francés... Todo. Y mi dolor de espalda, muñecas, cabeza, hombros y ojos me ha costado.

Ahora, con la cafetera en el fuego y el termo calentando el agua de la ducha, con la intimidad que me conceden los obreros que van llegando a la obra del edificio contiguo, les confieso: "Bendita su voz, benditos sus ojos huidízos, bendita su media sonrisa y bendita sea su lentitud casi ceremonial".

Disculpenme este exceso de azúcar matunino, pero mi mente, casi siempre preclara, hoy no da para más. Los apuntes me han hecho un jaque mate y casi no puedo levantar los dedos del teclado... como para ponerme a pensar en otra cosa que no sea ella. Lo mejor de todo es que jamás leerá esto, ni sabrá de mis sentimientos impuros hacia su persona, ni se imaginará que cuando mi mente se colapsa de estupor aparece su figura por mi mente. Que la vida es roja si se va...

Y lo siento pero no me puedo despedir de ustedes sin recomendarles fervientemente (como si se tratara de un anuncio de compresas para los escapes de orina) el nuevo disco de Extremoduro, La ley Innata. Lo reconozco, al principio cuesta digerir un disco tan denso con solo seis cortes, pero dale tiempo, póntelo en el coche, o de fondo en una sesión de retozamiento matrimonial y verás como poco a poco, con vaselina, entra. Y si entra, no lo podrás sacar. Palabrita de Ana de Lesbos.

No me olvido de tí, pequeña gran mujer, no me olvido. Cómo olvidarte... si quiero hacer contigo lo que hace la primavera con los cerezos.

Pablo Neruda

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A la gente le encanta hacerme llorar. Me ven tan fría, tan calculadora, tan impenetrable que les gusta coquetear con la forma de hacerme soltar una lagrimilla que traicione mi carácter. Antes no lo conseguían tan fácilmente, no lloraba ni por pena ni por alegría y rara es la persona que me ha visto llorar antes del verano pasado. Pero, como todo, he ido cambiando. No sé si por madurez, por los desatinos a la orilla del Duero, por los desajustes hormonales que supuso mi salida del armario o por los cambios de la independencia, pero el caso es que me he convertido en una magdalena.

El último episodio lacrimógeno lo protagonizó un personaje casi de cuento, un elemento que solo sabe decir "mue" y "jooooder", un hombrecillo para el que sus amigos no tenemos genitales y que no para de hacer ridículas imitaciones de la ganadora de OT de este año. Es plasta, y casi roza lo ridículo, combina la ropa hasta con el cabestrillo de su codo lesionado, tiene más pluma que una comparsa y solo come pollo. Con o. Pero lo único importante, lo único realmente importante, es que con todos sus fallos, que no tiene pocos, se hace querer y por eso, le echo de menos. Gracias por el fotolog, capullito.

Y fuera de mis lágrimas, lágrimas de alegría esta vez, por sentirme valorada de forma especial por una personita especial, hay novedades en el frente.
Madrid me ha recibido bien, porque es una ciudad que nunca me falla. Aquí y ahora empieza lo realmente bueno. Con más tiempo y más historias que contar el morbo se multiplicará, lo presiento.

Que se abran las puertas de mis sábanas...