Estoy pasando estas semanas entre apuntes y sonrisas amigas. Y quien dice semanas, dice días sueltos de esas semanas. Y así me va.
Nunca me gustó estudiar pero se me da bien, y por eso mi madre me mandó a Madrid a ver si me convertía en una mujer de provecho. Lo que no sabía ella era que estudiando periodismo, eso de enderezarme iba a estar difícil. Y así me va.
En la capital es complicado no estar más fuera que dentro. Me la recorro entera, de punta a punta buscando mi momento de gloria. Cuatro Caminos, el barrio del Pilar, Legazpi, Vallekas (barrio rebelde), La Latina, Sol, Vicálvaro, La Elipa, Salamanca (y no pongo Chueca para que no me digan que hablo siempre de lo mismo). En metro, en guagua, en coche, caminando e incluso nadando. Pero la biblioteca ni pisarla. Y así me va.
Ahora me toca estudiar todo lo que no estudié durante el curso para mantener la milagrosa beca, la cual me gastaré en viajes, fiestas y drogas. Por ese orden. Me toca pringar todo el verano a cambio de tener el resto del año libre para cometer mis fechorías. Y así me va.
Y así, pegada a la pantalla del ordenador con los apuntes en el procesador de textos y el murmullo de las olimpiadas de fondo, pasan mis mañanas. Sin ningún elemento que perturbe mi aburrimiento, sin ningún momento de entretenimiento. Las tardes cambian de color, a veces salgo, a veces no. Y así me va.
Un ritmo como este enloquece a cualquier urbanita que se precie, trastorna en demasía a alguien acostumbrado a trasnochar. Por eso, este último finde pienso volver la isla del revés. Me la pela el coma etílico y la sobredosis. Voy a refrescarme con ron y ginebra, voy a entonar canciones bochornosas, voy a bailar como un Pocoyo epiléptico y voy a reirme como no está escrito. Amén.
Seguramente no me pase por aquí hasta que vuelva a Madrid, aunque intentaré publicar los comentarios. Si me echan de menos y quieren verme el josico, le espero el viernes 29 en la Black&White Lanzarote en la bollofiesta. Por mi pintadera mi conocereis.
