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Archivos Agosto 2008

Estoy pasando estas semanas entre apuntes y sonrisas amigas. Y quien dice semanas, dice días sueltos de esas semanas. Y así me va.
Nunca me gustó estudiar pero se me da bien, y por eso mi madre me mandó a Madrid a ver si me convertía en una mujer de provecho. Lo que no sabía ella era que estudiando periodismo, eso de enderezarme iba a estar difícil. Y así me va.
En la capital es complicado no estar más fuera que dentro. Me la recorro entera, de punta a punta buscando mi momento de gloria. Cuatro Caminos, el barrio del Pilar, Legazpi, Vallekas (barrio rebelde), La Latina, Sol, Vicálvaro, La Elipa, Salamanca (y no pongo Chueca para que no me digan que hablo siempre de lo mismo). En metro, en guagua, en coche, caminando e incluso nadando. Pero la biblioteca ni pisarla. Y así me va.
Ahora me toca estudiar todo lo que no estudié durante el curso para mantener la milagrosa beca, la cual me gastaré en viajes, fiestas y drogas. Por ese orden. Me toca pringar todo el verano a cambio de tener el resto del año libre para cometer mis fechorías. Y así me va.
Y así, pegada a la pantalla del ordenador con los apuntes en el procesador de textos y el murmullo de las olimpiadas de fondo, pasan mis mañanas. Sin ningún elemento que perturbe mi aburrimiento, sin ningún momento de entretenimiento. Las tardes cambian de color, a veces salgo, a veces no. Y así me va.
Un ritmo como este enloquece a cualquier urbanita que se precie, trastorna en demasía a alguien acostumbrado a trasnochar. Por eso, este último finde pienso volver la isla del revés. Me la pela el coma etílico y la sobredosis. Voy a refrescarme con ron y ginebra, voy a entonar canciones bochornosas, voy a bailar como un Pocoyo epiléptico y voy a reirme como no está escrito. Amén.

Seguramente no me pase por aquí hasta que vuelva a Madrid, aunque intentaré publicar los comentarios. Si me echan de menos y quieren verme el josico, le espero el viernes 29 en la Black&White Lanzarote en la bollofiesta. Por mi pintadera mi conocereis.

Vivimos rodeados de estímulos, de caprichos carnales, de vicios sutiles y de invitaciones al pecado. Olores, frenesí, azúcar, erecciones, humedad y sal. Y es normal.
Es normal que con veintipocos años uno se deje llevar por las burbujas del terciopelo. Un enredo por aquí, un mal beso por allá y un descuido un poco más lejos. No hay más. Hoy por hoy nuestras vidas se reducen a eso y nos toca disfrutarlo.
Sabes que esto va para tí, que no se decirte de otra manera que disfrutes de la vida, de los polvos mágicos que quieras que te echen y de las escapadas furtivas a lo alto del volcán. Sabes que soy muda e inutil en cualquier otro idioma que no sea el del papel y las metáforas, que se me atropellan las palabras cuando intento decirte que estás en la flor de la vida y que el resto solo intentamos advertirte y cuidarte. Sabes que pienso igual que tú, que si fuera un poco más lista yo haría lo mismo, que me parece ideal que disfrutes con quien te apetezca. Y sabes que no hay mala intención, que somos tus amigos, y que tú y solo tú sabrás a quien creer.
Todo esto te puede parecer un torbellino, un sinsentido de opiniones y enredos y en realidad lo és. Pero tenemos la edad que tenemos, somos de donde somos y hacemos lo que hacemos. No hay más. Ni hay menos. En nuestra mano está respetarte y en la tuya entendernos.

P.D: Como decía Alejandro Sanz, "Yo quiero regalarte una poesía, tú piensas que estoy dando las noticias" pero tú sabes que "no es que sea mi trabajo es que es mi idioma".

El enemigo está ahí fuera. Se caracteriza por tener una edad media bastante elevada (aunque hay simplones jóvenes, por desgracia), una vida social muy pobre y una actividad sexual más pobre aún. El enemigo grita, suelta esputos por su garganta en cuanto se ve arropado por la nocturnidad, la alevosía o su manada. Jamás ataca solo y de frente. Demasiado cobarde.
El enemigo es simplemente retrógado, prehistórico y muy gilipollas (con perdón).

Una vez me intentó atacar, pero se olvidó que no ataca quien quiere sino quien puede. Era una mañana fría, de enero, gris y oscura. Zamora nos regalaba una tranquilidad que muy pocas veces se veía perturbada por miradas indiscretas o cuchicheos marujientos. Zamora es fría, tan fría que casi por inercia te empeñas en hundir tu nariz en el cuello de la otra persona buscando calor. Y olor. Y lo que no es olor ni calor. Y eso hice, amparada por la tranquilidad que siempre nos había acompañado en nuestras mañanas de olores y saliva.

De pronto de la nada emergió el enemigo. Esta vez enemiga, a juzgar por su voz que surgía escondida tras una ventana de alguno de los edificios que rodeaban el parque cómplice de nuestros secretos nasales.

¡Lesbianas! Gritó. Ni un ápice de originalidad en el "insulto", ni la más mínima muestra de actividad cerebral. Se limitó a describir lo que veía y con eso intentó ofender. Al contrario de lo que sería lógico, me alegré. Me alegré de tener unos enemigos tan dignos de estudio, poseedores de los encefalogramas más planos y autores de frases tan audaces y arriesgadas.

Con enemigos como estos, no necesito amigos, ni apoyos políticos, ni plataformas pro LGTB, ni palabras amables de los movimientos sociales, ni cabalgatas por el orgullo gay. Ellos solitos se deslegitiman, caen por su propio peso. Los homófobos son así: trogloditas, imbéciles y cortos de miras

Nadie daba tanta pena desde la niña de Rajoy.

Llevo días ausente y no pregunten por qué. Supongo que esto va por días, pero lo cierto es que me daba un miedo enorme el ponerme frente al folio virtual en blanco. Y es que a veces enfrentarte a tus propias tripas es el peor de los males. Mis tripas siguen enfermas y mucho. Ponerse la careta del desenfreno y salir a comerse la calle es fácil cuando dejas de ser y sentir para demostrarle a tus amigos que estás bien, que aquello que te pasó hace meses no te ha afectado lo suficiente como para borrarte la sonrisilla maliciosa de fiestera.
No voy a descifrar cual es el motivo de todo este potaje interno para no romper mi fama de insensible. No quedaría bien que el amor le hubiera hecho un jaque mate a unos ojos nocturnos y calculadores.
Hoy tengo el día ese de "juro por la fealdad de Isabel que no me volveré a enamorar nunca", pero confieso desde aquí que estos días he visto una boca que me ha hecho pensar lo contrario. Pero seré la torpe que he sido siempre, de alguna forma u otra la cagaré y todo volverá a la normalidad de las noches infinitas por los antros del lugar donde haya puesto el huevo.
Y se acabó por hoy, que no sé si es el calor que me ablanda las neuronas o por la hora convaleciente de la siesta, pero me estoy poniendo más tierna de lo que me gustaría.


Mensaje cifrado: "Espero que todo te esté llendo bonito. Sabes que aún te deseo lo mejor porque eres la única persona del mundo que se lo merece. Gracias por lo bueno y por lo malo. Gracias por enseñarme todo lo que sé sobre esto del corazón y sus latidos".