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Un algo

Es una sensación extraña. Una mezcla de euforia, ansiedad y bienestar a partes idénticas. Algo por lo que toda persona debería pasar para conocer los límites de su cuerpo y mente.

El sol de mayo se hacía notar en los ceños fruncidos de los paseantes de Arrecife. El olor a mar, que tanto echaba de menos en Madrid, se mezclaba con los aromas matutinos de los desayunos servidos en las cafeterías y bares de la zona. Churros, café, pan, chocolate y mar. Para que luego digan que no hay paraísos en la tierra. Me sentía tranquila, relajada y bien acompañada. Disfrutaba de mis churros con chocolate como si me fuera la vida en ello. Los viajes en avión siempre me dejaban con un hambre canina y ahí estaba la muestra. Fuera, tras la ventana, el sol. Brillante. Majestuoso. Como sus ojos.

En unas pocas horas me enfrentaría a mi primer tatuaje. Llevaba años decidiéndome. El dibujo, la forma, el color, la zona, el estudio. Y es que inseguridad es mi segundo nombre. Y el momento era ese. El fin de una época, en los albores de mi primera madurez (a los 21 años y es que algunas tardamos en madurar). Era como un impulso, una llamada de atención a mi presente. Se me iba todo de las manos esos meses y necesitaba un algo. Ese algo. Fuerzas. Y nada me daba más fuerza que mi tierra, mi gente, mis raices, mis primeros pasos en todo.

Y allí entré. En un angosto estudio en el centro de Arrecife, famoso porque el tatuador que lo regenta lleva más de diez años en el oficio y hoy por hoy, es lo único decente de la isla. Ya estaba todo hablado. El sitio, el dibujo, la forma, el color y el tamaño. No hizo falta casi mediar palabra.

Me senté en una silla y apoyé el brazo, mirando hacia arriba en la camilla. El tatuador me agarró la mano con firmeza e inspeccionó la fina piel de mi muñeca, blanca, atravesada por azules vasos sanguíneos y tendones fuertes. Entonces agarró la máquina, la puso a funcionar y sin que casi pudiera reaccionar atravesó mi piel con un primer pinchazo, agudo, directo, fuerte y doloroso. Y vino un segundo pinchazo, y un tercero y un cuarto. Y dejaron de ser pinchazos para convertirse en cosquillas ardientes. Me concentré en la música y disfruté del momento.

-¿Por qué una pintadera?- preguntó él, supongo que por darme un motivo para olvidarme del dolor.
-Porque necesitaba un algo, y no hay mejor algo que la tierra que me vió nacer.
-¿Vives fuera?
-Sí, estudio en Madrid una carrera vocacional que ha sido una de las mayores decepciones de mi vida. Pero no es solo eso. Necesitaba un aliciente, un cambio. Algo que representara una ruptura con una época que solo quiero superar. Necesitaba eso, un algo.

Me dedicó una sonrisa cómplice y sigió castigando con tinta eterna mi piel. De los altavoces empezaron a sonar unos acordes inconfundibles: System of a down. No existía en todo el universo musical canciones que necesitara escuchar más en esos momentos. Noté como en un segundo mi cuerpo liberó adrenalina como para alterar a un centenar de adictos a las atracciones extremas. Mi sangre, la misma que salía en hilillos por las heridas que dejaba a su paso las agujas cargadas de tinta, estaba inundada de hormonas.

Imagen Thumbnail para Tatuaje.jpgEn mi muñeca se quedó para siempre una pintadera en relieve sobre una piedra negra de volcán conejero, en mi sangre esas hormonas y en mí misma se quedó un algo.

Espero que para siempre también.


(Sí, un post donde no buscaba ni la polémica ni los aplausos, pero tenía que escribirlo. Que no sirva de precedente)

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8 comentarios

1

Aunque no te veo la cara, la verdad que escribir, escribes muy bien.

2

Preciosa pintadera... Suerte en la nueva etapa, espero que te de fuerzas!!
Yo no podría hacerme un tatuaje. Soy demasiado cobarde, creo... ;)

3

Muchas gracias Heriberto.

4

Ya eres toda una habitual en el blog. Me alegro de que te guste.
Algún día te harás un tatuaje y me dirás: "no era para tanto"
;)
Un abrazo foooooooooooooooooooooooooooooooooooortérrimo!

5

Me gusta la forma en que has narrado lo que supone tatuarse. Nada mejor que haberlo vivido en tus propias carnes. A mi personalemte me gustan más los tatuajes que se ponen al final de la espalda o en la cintura a izquierda o derecha del ombligo.

6

Yo ya tengo toda mi espalda diseñada y también un detallito más para la otra muñeca. Tiempo al tiempo.
Ya iré subiendo mis avances.
Saludos

7

jejejej,,ten cuidado con los tatoos que son un vicio y mas cuando les das un sentido!!..por experiencia,tengo 10..jejej..un beso y cuando tengas mas a endeñarlos..besos de colores

8

Me encanta, yo llevo uno parecido también en la muñeca.