Inglaterra está conmocionada: la princesa Ana de Inglaterra, hija de la reina Isabel, ha repetido indumentaria. Oh my god! La señora se puso para la boda de lady Rose Windsor, hace una semana, el vestido que estrenó en el enlace de su hermano el príncipe Carlos con Diana, hace 27 años. Cuando ni siquiera el prometido de Rose había nacido.
Lo que realmente es desconcertante es que se haya podido enfundar el mismo traje que lució tres décadas antes. ¿Es que ha hecho un pacto con el diablo? ¿Esta mujer no ha pasado por la menopausia, embarazos y demás amistades de las féminas? Estoy impresionada con esta información.
La princesa Ana, ni corta ni perezosa, ha dado una lección de reciclaje a la alta burguesía y realeza inglesa, ajena a la preocupación de qué ponerse todos los días para ir a trabajar. (Supongo que ella tampoco...).
El vestido, de la talla 38, fue diseñado por Maureen Bake y combina con un tocado amarillo de John Boyd. Hace tres décadas los expertos en modelaje calificaron este diseño como "sensacional y despanpanante", alabando la elección de la princesa. Esta semana se han sorprendido porque se lo ha vuelto a poner. Ha lo que ella ha respondido que "un buen traje es para siempre. Si es de calidad y tiene un línea clásica, se puede llevar toda la vida. Mis padres me enseñaron a no malgastar las cosas".
A mí lo que me alucina es que quepa en él treinta años más tarde.



