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Archivos Julio 2008

Inglaterra está conmocionada: la princesa Ana de Inglaterra, hija de la reina Isabel, ha repetido indumentaria. Oh my god! La señora se puso para la boda de lady Rose Windsor, hace una semana, el vestido que estrenó en el enlace de su hermano el príncipe Carlos con Diana, hace 27 años. Cuando ni siquiera el prometido de Rose había nacido.

Lo que realmente es desconcertante es que se haya podido enfundar el mismo traje que lució tres décadas antes. ¿Es que ha hecho un pacto con el diablo? ¿Esta mujer no ha pasado por la menopausia, embarazos y demás amistades de las féminas? Estoy impresionada con esta información.

La princesa Ana, ni corta ni perezosa, ha dado una lección de reciclaje a la alta burguesía y realeza inglesa, ajena a la preocupación de qué ponerse todos los días para ir a trabajar. (Supongo que ella tampoco...).

El vestido, de la talla 38, fue diseñado por Maureen Bake y combina con un tocado amarillo de John Boyd. Hace tres décadas los expertos en modelaje calificaron este diseño como "sensacional y despanpanante", alabando la elección de la princesa. Esta semana se han sorprendido porque se lo ha vuelto a poner. Ha lo que ella ha respondido que "un buen traje es para siempre. Si es de calidad y tiene un línea clásica, se puede llevar toda la vida. Mis padres me enseñaron a no malgastar las cosas".

A mí lo que me alucina es que quepa en él treinta años más tarde.


dieta.jpgCreo que todas las mujeres en esta época, donde el bikini (excepto en Irlanda) se convierte en indispensable, nos esforzamos (aunque sea solo unas horas al día) por mantener los kilos a raya.

Al acabar Semana Santa te propones bajar un par de tallas, prometiendo que vas a hacer mucho ejercicio, beber mucha agua y comer verduritas. Pero, como cada año, a los tres días aparcas tales insinuaciones a favor de un buen chuletón con papas fritas.
- Total, por un día. El lunes prometo que voy a ser fiel a la dieta... Son las palabras típicas de todos los fines de semana.

En fín, que este es el pan (integral y bizcochado) de todos los primeros de mes. Y llega de nuevo el verano y los kilos siguen con nosotras. Pero, como dice el dicho español: mal de muchos, consuelo de todos (no sé si es así realmente).

Buceando en Internet he encontrado un blog estupendo de una joven que está haciendo una dieta natural, es decir, sin medicamentos. Leerlo es realmente divertido porque, en ocasiones, parece que lo haya escrito yo misma. La joven relata todos sus pensamientos y sensaciones de forma muy espontánea. La web es: http://www.elmundo.es/yodona/2008/07/17/actualidad/1216289596.html

No sé si conseguiré bajar algún kilito en este país, donde comen muy poco (en comparación con el nuestro) y muy mal. La comida basura es muy popular entre la gente joven, que va comiendo en la guagua y mientras camina. Realmente, después de quince días tengo un cansancio de sandwiches - todos los días para almorzar- ... Bueno, como dicen alguien: VIVA LA DIETA DEL SANDWICH. Ahora, sólo espero que funcione.

Ha todos y todas aquellas que estén intentando llevarse bien con su peso: mucho ánimo, somos muchas las que todos los lunes comenzamos una nueva dieta!
Por cierto, si alguien se anima a contar su experiencia: soy todo oidos.

IMAGEN: Comic de MAITENA, en www.humor-grafico.&k.com

ValentinoLa felicidad son momentos efímeros en la vida, pequeñas partes de esa inmensidad que son los sentimientos. Buceando entre ellos, en un ir y venir entre los recuerdos, respasas las fotografías de épocas pasadas, donde el color puede que haya formado parte de ellos.

Hay etapas oscuras que uno desea que se vuelvan opacas, nulas para la riqueza de la mente. El negro lo invade todo entonces, hasta llega a teñir la ropa. Es como un funeral contínuo que pasa factura en la indumentaria, que no te deja avanzar durante un tiempo.

Símbolo de elegancia, los tonos negruzcos han acaparado las pasarelas a lo largo de la historia de la moda. En invierno, cuando la lluvia retumba en las calles, regresan fugaces para quedarse durante largo tiempo. Es como si nunca desparecieran, como esos momentos sin luz del día a día.

Pero, lejos de tener una connotación negativa, estos pinceles se inmiscuyen en los momentos más importantes del camino. En aquellos que quedaran para la posteridad, como el día en que compraste ese caro vestido, convencida de que forma parte del fondo de armario, para acudir a una importante cita. Esa prenda a la que recurres cuando quieres impresionar, ante la atenta mirada de las demás. Esta tonalidad ha conseguido incluso robar protagonismo al blanco, asociado desde siempre a lo ibicenco y ab lib. Este verano algunos diseñadores se han atrevido a incluirlo en sus propuestas más fresquitas y típicas de la isla balear, como indica la diseñadora Charo Ruiz con este vestido negro. ibicenco.jpg

Algunos quieren llamarlo neutro, expresión en la que también incluyen al blanco. Estoy convencida de que esta denominación no es reflejo de lo que ocurre. Ambos colores van unidos a relevantes circunstancias, por lo que son escogidos para momentos relevantes, como una boda o un funeral.

El proximo otoño - invierno volverán a inundar los escaparates de las boutiques, las presentaciones en las pasarelas, las calles, las sillas del trabajo cargadas de abrigos y rebecas. Como cada año, formarán parte de nuestras vidas, como forman parte los recuerdos. Y es que, los diseñadores se evocan en ellos para recrear las prendas. Utilizan parte de su experiencia, de sus sensaciones, para mostrar sus propuestas.

Los sentimientos están unidos a los colores, donde el blanco y el negro tienen denominación de origen.


* FOTO: 1. Valentino, Alta Costura 2009. (EFE)
2. Charo Ruiz (EFE)


Las miradas son diferentes en cada lugar. Las prioridades en la vida también. En cada rincón del planeta las preocupaciones cambian, al igual que los intereses. Hace apenas dos meses me quedaba impresionada con las necesidades y la forma de vida de los saharauis en los Campos de Refugiados, en Argelia. Recuerdo el colorido de las melhas de las mujeres, los pies descalzos de los más pequeños y los rezos contínuos de los hombres al alba, con su indumentaria típica.

Son las siete de la tarde en Irlanda (la misma hora que en Canarias). El sol asoma por la ventana, después de una semana lloviendo. El paraguas es mi mejor amigo en estas tierras, donde el olor a hierba mojada lo invade todo. Cada lugar tiene un olor característico e Irlanda huele a lluvia, papas y nostalgia. Nostalgia de otros tiempos, menos cosmopolita.

Después de una semana comienzas a entender la forma de pensar de las personas que te rodean, del ambiente de este precioso lugar. Los irlandeses siempre se han caracterizado por su hospitalidad con los recién llegados. Son tremendamente amables y hospitalarios, siempre y cuando no invadas su territorio. Esta tarde mi casera estaba hablando con su vecina porque tienen un importante problema: otra vecina, que no es irlandesa si no de Albania, cuelga su ropa en el tendedero en el fronti de su casa. Algo terrible para estas gentes. Yo, haciendo un gran esfuerzo, intentaba averiguar si ese era el verdadero problema porque era incapaz de entender qué ese fuera el tema de la acalorada conversación. Los vecinos están cabreadísimos porque la señora tiende su ropa allí y los demás pueden ver sus prendas.

Curiosa, fui a comprobar tal dilema. No fue difícil, desde mi ventana veo la ropa de la albanesa. Ha estado en frente de mi habitación durante una semana y ni siquiera había reparado en ella.

Observar el tendedero de los demás es como inmiscuirte en sus vidas, en sus preocupaciones y sus gustos. La ropa de mi vecina es triste, ajena al color y cargada de nostalgia. Mirando el tendedero me vienen a la cabeza mil imágenes de mi viaje a Honduras y a los Campos de Refugiados. Si todas las preocupaciones fueran dónde tender la ropa...

P.D. Intentaré sacar una foto para mostrales el dilema de estos vecinos irlandeses.

Hello! How are you? I´m fine... Bueno, basta ya de hablar en ingles!!!! (o algo parecido). Aquí estoy en medio de mis vacaciones, en este pueblo perdido de Irlanda, donde el paraguas es imprescindible. Hace tiempo que no escribo, pero después de cerrar la maleta (por fin pude hacerlo) y llegar a este lugar, ya estoy sentada de nuevo frente al ordenador. Irlanda es un lugar precioso y la gente encantadora. Como buena irlandesa escribo bebiendo un té y escuchándo esa música típica, que vuelve locos a los turistas.
El tiempo no ha cambiado durante esta semana. Llueve, llueve y vuelve a llover. ¿No están en verano?
En este país todo gira en torno al tiempo: las conversaciones, las decisiones, las excursiones... y, por supuesto, la indumentaria. Como pueden imaginar, ya conozco la mayoría de las tiendas más famosas (por la afluencia de público) de esta ciudad.
El color invade las calles a pesar de que las nubes son grises. Las mujeres aman los tonos flúor, demasiado escandalosos. Después de unos días es fácil entender por qué las turistas parecen un arcoiris en las Islas Canarias. Los escaparates son realmente divertidos y recargados. Ellas no temen el frío y, como estamos en verano, lucen minifaldas, sandalias y una rebeca. Yo parezco un oso polar... Ha sido toda una aventura encontrar un abrigo. Las tiendas son baratas, los precios son similares a los de España. En los grandes almacenes puedes encontrar una camiseta por tres euros y un bolso por dos y medio. La calidad no es la mejor del mundo. Muchas de las prendan están hechas en Japón y China. Los acabados no son perfectos.
Son las seis de la tarde y me llaman para cenar. !Es increíble esta cultura! Prometo seguir escribiendo... Now, I have to go to dinner.

Dentro de unas 48 horas comienzan para mi las vacaciones estivales... y también la preocupación de organizar la maleta. Este año he prometido no llevar exedente de equipaje, pero creo que volveré a ser la dominguera de siempre.

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