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Novedades en la categoría Woody Allen


Suenan las campanas. Cenicienta debe regresar a su vida gris y sin futuro. Pero Woody Allen prefiere pervertir el cuento y convierte esa hora mágica en un puente hacia lo contrario: la luz y la felicidad que se esconden en algún lugar del pasado.

"Midnight in Paris" ha abierto la 64ª edición del Festival de Cine de Cannes. Una canción de amor a París, se oía por los pasillos de la sala Debussy. Vale, me sirve. Un poco obvio, pero me sirve. Allen ama con locura esa ciudad, o mejor dicho, ama con locura la idea, el cliché que muchos tienen (tenemos) de la capital francesa. Y lo deja bien claro desde un prologo que parece subvencionado por la Oficina de Turismo de París. Durante esos minutos iniciales se suceden con precisión de publireportaje diversas imágenes de los lugares más típicos de la ciudad de la luz, al son de la misma suave música que nos acompañará durante el resto del metraje. Una postal preciosista que despierta en la memoria los peores recuerdos de "Vicky Cristina Barcelona", esos que hablan de una Ciudad Condal obvia y excesivamente subrayada en lo que a sus encantos se refiere.


Pero tras el prólogo se disipan nuestros temores. La trama, hay que amar la trama, y a eso se ha agarrado Allen, a una buena historia sobre aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Los lugares por los que transcurre esa historia son los típicos, pero forman parte de una fábula. Y aquí, y en esa forma, son necesarios. ¿Cuántas veces no hemos oído eso de "me hubiera encantado vivir en los 60"? Andar por una callejuela de París, encontrarte con Jean Seberg, irte a dar un paseo con ella, enamorarte locamente... y cuando estás pensándote seriamente abandonar el siglo XXI y quedarte por allí ...la Seberg te suelta que a ella, lo que le gustaría, es vivir en los locos años 20...

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Pues eso, o algo parecido, es lo que le pasa al protagonista de esta película. Y quizás sea lo que le pase a Woody Allen, que cada vez ve más complicado entender el tiempo que le ha tocado vivir y prefiere resguardarse en la trinchera de la nostalgia. Parece un poco cansino decir que "no es de las mejores de Woody Allen" (aunque sea verdad). Pero es que esas "mejores películas de Allen" están sin duda entre las mejores películas de la historia del cine. Ésta es lo suficientemente ligera, divertida e inteligente como para animarte a seguir yendo al cine.


Hay mil maneras de escapar de la realidad con la que cada uno de nosotros se pelea cada mañana. Da lo mismo si es en Manhattan, en Londres o en Las Palmas de Gran Canaria. Los personajes de Allen en esta "Conocerás el hombre de tus sueños" parecen, en general, descontentos con la vida que les ha tocado vivir. O al menos, interesados en cambiar algo de ellas.

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Un médico sin vocación sobrevive y se esconde detrás de un escritor sin talento. Un golpe de mala suerte le brinda la posibilidad de aprovecharse del talento de otra persona. Simultáneamente, una ventana indiscreta le pone en contacto con una musa de piel canela y vestido rojo con la que escapar a ninguna parte.


Una mujer joven, bella e inteligente está peligrosamente cerca de aceptar que va a envejecer junto a un marido indolente y en un trabajo indigno de sus ambiciones. Una aventura con su atractivo jefe llenaría su vida de glamour. Si esto no funciona, siempre quedará el dinero de mamá para arreglarlo todo.


Una dama "de las de antes" vive aterrorizada ante una vejez en soledad. Los tranquilizantes ya no funcionan y el bourbon se acaba. Quizás una falsa clarividente pueda ayudarla a encontrar otra forma de enfrentarse a sus miedos, aunque esto signifique olvidarse de la realidad. Pero ¿a quién le importa la realidad?


Después de superar las crisis de los cuarenta y de los cincuenta, ¿cómo sobrevivir a la de los sesenta? Un coche deportivo, un gimnasio de moda y una rubia, tan despampanante como simple, parecen una buena medicina. O al menos eso piensa él.


Cuando era una adolescente, alguien le dijo que tenía un gran futuro como actriz. Mientras la desnudaba en el asiento trasero del coche, le enseñó cuál era el camino a seguir para ser famosa. Desde entonces, poco ha cambiado. Ha desechado los coches en beneficio de los hoteles de lujo, y la agenda de su teléfono móvil es tan kilométrica como sus piernas. Casarse con un abuelo sirve de remedio temporal, pero si aparece un bello y musculoso efebo...


Está terminando sus estudios universitarios. Es muy bella. Y va a disfrazar el cobrizo origen de su piel con una boda de relumbrón con un representante del Foreing Office. Ese tan manido miedo al matrimonio se intensifica cuando se deja cortejar por un fornido escritor de un solo libro. "¿Y si no me caso?"



No es la mejor película de Woody Allen, algo que castiga cualquier comentario crítico sobre los últimos títulos de Allen. Es una servidumbre con la que tiene que cargar un tipo con una carrera tan extensa como brillante. En este título maneja también muchos resortes que ya antes ha movido con mayor elegancia o brillantez (el sentimiento de culpa, el arribismo social, las relaciones entre hombres maduros y jovencitas, la clarividencia, las crisis de talento, el miedo a la vejez, etc.). Pero hay que ser justos y reconocer que consigue enhebrar una buena historia coral, recurriendo en algunos casos a estupendos y larguísimos planos secuencia (especialmente los que se desarrollan en casa del escritor frustrado) y contando con un sólido reparto del que, como siempre, Allen saca un partido estupendo.


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A la sombra del (discutible) título en su estreno español del "Zombi 2" de Lucio Fulci, procederemos a comentar algunos de los aspectos más reseñables de dos de los títulos actualmente en cartelera, "Rec²" y "Si la cosa funciona", haciendo convivir en psicotrónico programa doble el retorno neoyorquino de Woody Allen y la secuela (nunca fue más apropiado el término) de la odisea zombi de Balagueró y Plaza.

En primer lugar tenemos a quienes retornan de entre los muertos para animar la famélica taquilla otoñal. "Rec", dirigida con poderoso brío a cuatro manos por Jaume Balagueró y el habitualmente ninguneado Paco Plaza (autor no sólo de dos films de notable raigambre clásica, el polanskiano "El segundo nombre", y el hammeriano "Romasanta", sino también de una desopilante aproximación a la infancia ochentera, un delirante cruce entre "Verano azul", "Karate Kid" y "Los Goonies" titulado "Cuento de navidad" y englobado dentro de las "Películas para no dormir" auspiciadas por Chicho Ibáñez Serrador), conseguía encaramarse al tercer puesto de las películas más vistas del 2007 (sólo por detrás de "El orfanato" y la última entrega de "Piratas del Caribe"), propiciando así la singular hazaña de, no sólo generar una continuación, algo prácticamente olvidado por el cine español de terror desde los lejanos tiempos del Conde Waldemar Daninsky y de los templarios sin ojos de Amando de Ossorio, sino de volver a arrasar en los cines, habiendo recaudado ya casi 5 millones de euros.

"Rec²" se alza en un impagable carrusel de emociones fuertes, con constantes vaivenes entre el escalofrío y la hilaridad, que conscientemente se aparta de la condición de secuela/réplica mimética y/o hipervitaminada de su predecesora (como suele ser habitual en el cine de terror contemporáneo, véanse ejemplos recientes como las sagas "Saw" o "Destino final"), para postularse como extensivo catálogo del propio género, desde el subgénero de las posesiones demoníacas (con "El exorcista" como máximo referente) hasta los más descacharrantes artefactos de serie B (como la reivindicable "Hidden" del olvidado Jack Sholder), hollando de paso el territorio de los vídeojuegos de terror extremo (del tipo "Silent Hill" o "Fear", para entendernos) o los shoot 'em ups en primera persona.

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Progresivamente vemos como la etiqueta genérica "zombi" se diluye en una maraña de posibles ramificaciones, en perfecta consonancia con las actuales derivas del cine de terror, que incluyen "infectados", "poseídos" y "colonizados", en un camino de ida y vuelta entre el fenómeno físico y la respuesta espiritual, siempre con el ojo puesto en la religión y las fuerzas del orden como último bastión, pero también puerta de entrada, para las fuerzas del mal.

Si tras "Alien" sólo era posible un "Aliens" que continuase, pero a la vez ampliase, el film original, Balagueró y Plaza son conscientes de que su huis clos precisaba renovar sus cimientos para no morir de éxito, y logran sobradamente su objetivo inyectando el metraje de nuevas propuestas argumentales, divertidas soluciones escénicas y personajes aún más esperpénticos que acaban convirtiendo "Rec²" en una de las más divertidas y terroríficas propuestas de la temporada, en consonancia con el Halloween que prácticamente se nos viene encima.

Valoración: 7/10


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Luego están los que llevan largo tiempo muertos, pero aún no lo saben. Woody Allen lleva lustros cómodamente asentado en su condición de auteur. Quienes acudimos fielmente a nuestra cita anual con su cine, lo hacemos más siguiendo viejas y arraigadas costumbres (iguasl que los zombis de Romero siguen recorriendo los centros comerciales) que impulsados por un verdadero deseo, puesto que su conexión con los espectadores hace tiempo que se viene basando más en el reconocimiento que en la novedad. Desde que empiezan a desfilar en pantalla los títulos de crédito, discretas letras blancas sobre invariable fondo negro, sabemos que nos estamos adentrando en territorio conocido. A nuestros oídos llegan las ajadas notas de Groucho Marx entonando su "Hello I must be going" y somos conscientes de que probablemente no vayamos a encontrarnos sorpresas, sólo la agradable sensación de calzarnos por enésima vez unas cómodas pantuflas.


Siempre es agradable volver a recorrer las calles de Nueva York de su mano, aunque añoremos a Annie Hall en Manhattan. En un puntual retorno de su periplo fílmico por Europa, Allen recupera un guión escrito a mediados de los 70 para el gran Zero Mostel, con quien ya había trabajado en "La tapadera". Estamos, pues, ante una vuelta a los orígenes en toda regla. La muerte de éste hizo que el texto estuviera acumulando polvo durante años en un cajón, hasta que decidiera darle una mano de chapa y pintura (no demasiado profunda, sospecho, vista la caracterización de algunos personajes) y, en una feliz decisión de casting, ponerlo en manos de Larry David. De todo los alter ego que a lo largo de los años han venido encarnado al prototípico antihéroe alleniano (de John Cusack a Kenneth Branagh, pasando por Jason Biggs), quizá sea David quien más se acerque a la imagen que nosotros, como espectadores, tenemos de Woody (divertido, neurótico, algo irritante a ratos). El genial co-creador del mayor fenómeno catódico de finales de siglo, la irrepetible "Seinfeld", y estrella contracorriente de la tele por cable con la brillante serie que aquí toma su nombre, "Larry David / Curb Your Enthusiasm", modela a su medida el personaje, que sin dejar de ser puro Allen, adopta también características de su propia imagen pública.

Argumentalmente, un poco lo de casi siempre. Una chica joven y un hombre mayor. Pudiera parecer que, una vez más, Woody Allen estuviera esgrimiendo justificaciones para su agitada vida sentimental, enarbolando un whatever works ("si la cosa funciona" en la limitada y sesgada traducción castellana) que se erige en un "todo vale", un canto a la tolerancia afectivo-sexual. Recuperamos aquí la ya clásica relación pigmaliónica, acentuada aún más, si cabe, por el creativo doblaje castellano que convierte a la émula de Eliza Doolitle, una sureña encarnada con magnetismo y simpatía por Evan Rachel Wood, en una máquina aspiradora de consonantes, trufando los diálogos de lenguaje coloquial un punto forzado.

Siempre quedan algunos destellos de genio, unos actores notables (especial mención aquí a la nunca suficientemente valorada Patricia Clarkson y al felizmente recuperado Ed Begley Jr.), algunos gags eficaces y una acertada selección musical, pero resulta difícil obviar aspectos como el desaliño formal (¡Gordon Willis, cuánto te echamos de menos!) o una cierta desgana generalizada. En todo caso, una discreta mejoría respecto a la insufrible "Vicky Cristina Barcelona", pero lejos, muy lejos, de sus grandes logros.

Valoración: 6/10


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Para concluir, nuestra habitual recomendación de los martes. Concluye el ciclo "Tal como somos", que Filmoteca Canaria viene programando en los Multicines Monopol, y lo hace con el documental nominado al Óscar "Líbranos del mal", dirigido en 2006 por Amy Berg y que analiza con descarnada crudeza la figura de Oliver O'Grady, sacerdote pedófilo cuyas perversas andanzas fueron encubiertas durante décadas por la jerarquía eclesiástica californiana, a quien la directora presta cámara y micrófono para, a través de sus tentativas autoinculpatorias, contrapuestas con el testimonio de sus víctimas, incidir en la injustificable connivencia entre la iglesia católica estadounidense y los abusos sexuales a menores. Un más que recomendable colofón.

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