
A la sombra del (discutible) título en su estreno español del "Zombi 2" de Lucio Fulci, procederemos a comentar algunos de los aspectos más reseñables de dos de los títulos actualmente en cartelera, "Rec²" y "Si la cosa funciona", haciendo convivir en psicotrónico programa doble el retorno neoyorquino de Woody Allen y la secuela (nunca fue más apropiado el término) de la odisea zombi de Balagueró y Plaza.
En primer lugar tenemos a quienes retornan de entre los muertos para animar la famélica taquilla otoñal. "Rec", dirigida con poderoso brío a cuatro manos por Jaume Balagueró y el habitualmente ninguneado Paco Plaza (autor no sólo de dos films de notable raigambre clásica, el polanskiano "El segundo nombre", y el hammeriano "Romasanta", sino también de una desopilante aproximación a la infancia ochentera, un delirante cruce entre "Verano azul", "Karate Kid" y "Los Goonies" titulado "Cuento de navidad" y englobado dentro de las "Películas para no dormir" auspiciadas por Chicho Ibáñez Serrador), conseguía encaramarse al tercer puesto de las películas más vistas del 2007 (sólo por detrás de "El orfanato" y la última entrega de "Piratas del Caribe"), propiciando así la singular hazaña de, no sólo generar una continuación, algo prácticamente olvidado por el cine español de terror desde los lejanos tiempos del Conde Waldemar Daninsky y de los templarios sin ojos de Amando de Ossorio, sino de volver a arrasar en los cines, habiendo recaudado ya casi 5 millones de euros.
"Rec²" se alza en un impagable carrusel de emociones fuertes, con constantes vaivenes entre el escalofrío y la hilaridad, que conscientemente se aparta de la condición de secuela/réplica mimética y/o hipervitaminada de su predecesora (como suele ser habitual en el cine de terror contemporáneo, véanse ejemplos recientes como las sagas "Saw" o "Destino final"), para postularse como extensivo catálogo del propio género, desde el subgénero de las posesiones demoníacas (con "El exorcista" como máximo referente) hasta los más descacharrantes artefactos de serie B (como la reivindicable "Hidden" del olvidado Jack Sholder), hollando de paso el territorio de los vídeojuegos de terror extremo (del tipo "Silent Hill" o "Fear", para entendernos) o los shoot 'em ups en primera persona.

Progresivamente vemos como la etiqueta genérica "zombi" se diluye en una maraña de posibles ramificaciones, en perfecta consonancia con las actuales derivas del cine de terror, que incluyen "infectados", "poseídos" y "colonizados", en un camino de ida y vuelta entre el fenómeno físico y la respuesta espiritual, siempre con el ojo puesto en la religión y las fuerzas del orden como último bastión, pero también puerta de entrada, para las fuerzas del mal.
Si tras "Alien" sólo era posible un "Aliens" que continuase, pero a la vez ampliase, el film original, Balagueró y Plaza son conscientes de que su huis clos precisaba renovar sus cimientos para no morir de éxito, y logran sobradamente su objetivo inyectando el metraje de nuevas propuestas argumentales, divertidas soluciones escénicas y personajes aún más esperpénticos que acaban convirtiendo "Rec²" en una de las más divertidas y terroríficas propuestas de la temporada, en consonancia con el Halloween que prácticamente se nos viene encima.
Valoración: 7/10

Luego están los que llevan largo tiempo muertos, pero aún no lo saben. Woody Allen lleva lustros cómodamente asentado en su condición de auteur. Quienes acudimos fielmente a nuestra cita anual con su cine, lo hacemos más siguiendo viejas y arraigadas costumbres (iguasl que los zombis de Romero siguen recorriendo los centros comerciales) que impulsados por un verdadero deseo, puesto que su conexión con los espectadores hace tiempo que se viene basando más en el reconocimiento que en la novedad. Desde que empiezan a desfilar en pantalla los títulos de crédito, discretas letras blancas sobre invariable fondo negro, sabemos que nos estamos adentrando en territorio conocido. A nuestros oídos llegan las ajadas notas de Groucho Marx entonando su "Hello I must be going" y somos conscientes de que probablemente no vayamos a encontrarnos sorpresas, sólo la agradable sensación de calzarnos por enésima vez unas cómodas pantuflas.
Siempre es agradable volver a recorrer las calles de Nueva York de su mano, aunque añoremos a Annie Hall en Manhattan. En un puntual retorno de su periplo fílmico por Europa, Allen recupera un guión escrito a mediados de los 70 para el gran Zero Mostel, con quien ya había trabajado en "La tapadera". Estamos, pues, ante una vuelta a los orígenes en toda regla. La muerte de éste hizo que el texto estuviera acumulando polvo durante años en un cajón, hasta que decidiera darle una mano de chapa y pintura (no demasiado profunda, sospecho, vista la caracterización de algunos personajes) y, en una feliz decisión de casting, ponerlo en manos de Larry David. De todo los alter ego que a lo largo de los años han venido encarnado al prototípico antihéroe alleniano (de John Cusack a Kenneth Branagh, pasando por Jason Biggs), quizá sea David quien más se acerque a la imagen que nosotros, como espectadores, tenemos de Woody (divertido, neurótico, algo irritante a ratos). El genial co-creador del mayor fenómeno catódico de finales de siglo, la irrepetible "Seinfeld", y estrella contracorriente de la tele por cable con la brillante serie que aquí toma su nombre, "Larry David / Curb Your Enthusiasm", modela a su medida el personaje, que sin dejar de ser puro Allen, adopta también características de su propia imagen pública.
Argumentalmente, un poco lo de casi siempre. Una chica joven y un hombre mayor. Pudiera parecer que, una vez más, Woody Allen estuviera esgrimiendo justificaciones para su agitada vida sentimental, enarbolando un whatever works ("si la cosa funciona" en la limitada y sesgada traducción castellana) que se erige en un "todo vale", un canto a la tolerancia afectivo-sexual. Recuperamos aquí la ya clásica relación pigmaliónica, acentuada aún más, si cabe, por el creativo doblaje castellano que convierte a la émula de Eliza Doolitle, una sureña encarnada con magnetismo y simpatía por Evan Rachel Wood, en una máquina aspiradora de consonantes, trufando los diálogos de lenguaje coloquial un punto forzado.
Siempre quedan algunos destellos de genio, unos actores notables (especial mención aquí a la nunca suficientemente valorada Patricia Clarkson y al felizmente recuperado Ed Begley Jr.), algunos gags eficaces y una acertada selección musical, pero resulta difícil obviar aspectos como el desaliño formal (¡Gordon Willis, cuánto te echamos de menos!) o una cierta desgana generalizada. En todo caso, una discreta mejoría respecto a la insufrible "Vicky Cristina Barcelona", pero lejos, muy lejos, de sus grandes logros.
Valoración: 6/10

Para concluir, nuestra habitual recomendación de los martes. Concluye el ciclo "Tal como somos", que Filmoteca Canaria viene programando en los Multicines Monopol, y lo hace con el documental nominado al Óscar "Líbranos del mal", dirigido en 2006 por Amy Berg y que analiza con descarnada crudeza la figura de Oliver O'Grady, sacerdote pedófilo cuyas perversas andanzas fueron encubiertas durante décadas por la jerarquía eclesiástica californiana, a quien la directora presta cámara y micrófono para, a través de sus tentativas autoinculpatorias, contrapuestas con el testimonio de sus víctimas, incidir en la injustificable connivencia entre la iglesia católica estadounidense y los abusos sexuales a menores. Un más que recomendable colofón.