Dicen que las modas son cíclicas. Los pantalones de campana son un buen ejemplo. Terrorífico ejemplo. Las cosas que en un momento determinado gozan del favor del público caen con facilidad en el olvido, pero con la misma facilidad vuelven a resurgir, cual ave fénix.
Pero en el mundo del cine no es tan fácil este tipo de resurrecciones. Salvo que te toque la lotería de Tarantino y te quiera remodelar como hizo con John Travolta, David Carradine o Pam Grier, claro. En el cine se da con mucha facilidad eso de pasar de la gloria al destierro con gran facilidad.
Un comentario reciente en este blog sacó a relucir el nombre del director alemán Wim Wenders. De repente se nos encendió la bombillita. ¿Qué fue de Wim Wenders? Es este un magnífico ejemplo de este tema del que hablamos hoy. Wenders se acercó al cine desde su papel de crítico sesudo, pero también como empleado de la United Artist en Alemania, doble vertiente que en cierta forma anticipaba algunos de sus esquemas de futuro. Su fascinación por Hollywood siempre se apoyaría en una pose intelectual no siempre bien definida.

"Alicia en las ciudades" (1974) le hace ganarse el respeto de la crítica alemana, justo antes de que "En el curso del tiempo" (1976) gane el premio de la crítica de Cannes. Empezaban sus días de vino y rosas.
A partir de ahí comienza un camino plagado de elogios, portadas de revistas, premios y mujeres, pero sobre todo fueron casi diez años en los que se le aplaudía todo. Además de brillar con "El amigo americano" (1977) o "Paris, Texas" (1984), tuvo muchas obras arriesgadas y otras fallidas, pero todo se le aplaudía. Y quizás eso ayudó a que poco a poco se sintiese bigger than life y se fuese encerrando en su propio laberinto.
Salvando el inesperado éxito de crítica y público de "Buena Vista Social Club" (1999), lleva más de 20 años sin dar una a derechas, encadenando proyectos cada vez más pretenciosos, cada vez más fallidos. Ya la crítica no le perdona ni una.
¿Regresará algún día?
