La pequeña Hsu Su-chuan se ganaba un dinero extra repartiendo comida a domicilio con su bicicleta. Era una niña pizpireta, a la que apenas se le notaba lo mal que lo había pasado con el divorcio de sus padres. Trabajando o estudiando, no paraba de sonreír y de cautivar con su delicada belleza. Un buen día, poco después de cumplir los 15 años, decidió presentarse a un concurso de belleza llamado "Talented Beautiful Girl", organizado por la cadena de televisión CTS. Soñaba con ganar. Y ganó. La vida de aquella niña taiwanesa cambió totalmente a partir de aquel momento. Occidentalizó su nombre, pasándose a llamar Vivian Hsu, y se unió a un trío de música pop, llamado "Girl´s team", con el que lanzó al mercado dos discos de cierto éxito.

Siempre intentó combinar el mundo de la música y el de la moda. A mitad de la década de los 90 llegó a ser portada de las ediciones japonesa y hongkonesa de la revista Penthouse, provocando un gran escándalo en Taiwán, su país de origen, con sus desnudos. No obstante, Hsu nunca se plegó ante aquellas críticas, y defendió su derecho a mostrar su cuerpo, algo que se convirtió en un símbolo para una gran parte de las adolescentes taiwanesas de la época.

Vivian Hsu estaba decidida a convertirse en la reina de Asia. Era capaz de cantar indistintamente en mandarín, japonés, coreano o inglés, y en 1997 formó una banda de chicas llamada "Black biscuits", creada como un producto de marketing rival de un exitoso grupo japonés ya existente, "Pocket biscuits". Hsu nunca abandonó su papel de estrella, lanzando discos en solitario en los que se movía con igual soltura entre las baladas, el rock o el J- Pop. Gran parte de sus canciones eran escritas por la propia Hsu, un ejemplo más de la versatilidad de una artista que ya se había dejado tentar por el cine en 1994, cuando participa en un gran éxito de taquilla en Taiwán, la comedia "Saholin Popey".

En 2001 comparte cabeza de cartel nada menos que con Jackie Chan en "The accidental spy" (foto anterior). Vivian Hsu ya era una estrella, y eso la convertía en objeto de deseo de todos los productores del cine oriental. Alguien que sabía mucho de lo que significa ser una estrella, el actor y productor Andy Lau, se fijó en ella para protagonizar la película que tenía en mente. Se trataba de un cuento de hadas en el que una niña pasa de ser un patito feo por su incapacidad para caminar, a convertirse en una princesa enamorada compulsivamente de los zapatos que no para de comprar.
Esa película, "The shoe fairy" (2005), fue dirigida por la debutante Yun Chan Lee. Presentada en el prestigioso Festival de Pusan, tuvo una interesante carrera comercial, fundamentada en un llamativo empaque visual y, sobre todo, en la arrolladora personalidad de su protagonista Vivian Hsu. Esta película se proyecta en el CICCA el 11 de julio dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al cine taiwanés más reciente. Los siguientes títulos de este ciclo son:
- 18 de Julio: "Orzboyz"
- 25 de Julio: "Cape nº 7"
