Todavía está en cartel la última de Clint Eastwood, "Invictus". Esta película menor dentro de la filmografía de este veterano actor y director nace entre otras cosas de la fascinación que provocó en Clint la actitud de Mandela tras sus casi tres décadas de cárcel. La venganza, el derecho casi innato a la venganza, está muy presente en su cine, respondiendo de alguna manera a unos valores muy cercanos a lo "intrínsecamente americano".

Después de tantos años encerrado, a Clint quizás le hubiera resultado algo natural que Mandela encabezase una especie de revolución negra, pasando a cuchillo a la minoría blanca reinante en Sudáfrica. Pero precisamente esa negación de la venganza y, por el contrario, su subversiva propuesta de reconciliación es lo que le enganchó. Bueno, esto y la sutil "presión" de su colega y sin embargo amigo Morgan Freeman, quien vio en el personaje de Mandela una gran oportunidad de lucimiento profesional y humano.
La venganza está también muy presente en la película surcoreana "Oldboy", que se proyecta el lunes 8 de febrero en CICCA a partir de las 19.30 horas. Y no sólo la venganza, sino el derecho a la venganza. ¿Qué opinaría Clint de esta estupenda película? Un hombre es secuestrado sin motivo aparente. Quince largos años después, y también sin motivo aparente es puesto en libertad. ("¿Si me hubieran dicho desde el principio que iban a ser quince años, hubiera sido más fácil"?)
Basado en un manga japonés de mismo nombre, "Oldboy" irrumpió con fuerza en el Festival de Cannes de 2003, alcanzando contra el pronóstico de mucho crítico anquilosado el Gran Premio del Jurado. En realidad era la segunda parte de una Trilogía de la Venganza iniciada el año anterior por su director Chan-wook Park, con "Simpatía por Mr. Venganza" y finiquitada en 2005 con "Simpatía por Lady Venganza". Las dos tuvieron cierta transcendencia en circuitos freaks y/o minoritarios, pero no alcanzaron el renombre de la película que nos ocupa.

Después de ver "Oldboy" uno puede tener tal torbellino de sensaciones dentro que difícilmente va a ser capaz de darse cuenta de que no muere tanta gente como parece. El uso vertiginoso del montaje imprime un ritmo desenfrenado, chispeante, más propio de una montaña rusa. El seductor diseño visual terminan por hacer absolutamente irresistible e hipnótico su visionado, incluso para quien pueda sentir ciertos (y lógicos) prejuicios hacia la representación fílmica de la violencia.
"El que tenga sangre AB que levante la mano....."
