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Novedades en la categoría Sopa de ganso

Es otro de esos recuerdos ligados a mi adolescencia en el corazón de La Isleta. Los domingos por la tarde no tenían la carga fúnebre de ahora, cuando se empeñan en anticipar el madrugón rutinario del lunes. Formaban parte de esas vacaciones de formato pequeño que los mayores llamaban fin de semana. Había espacio para mañanas con la Bruja Avería, tardes de Carrusel Deportivo y noches con los amigachos en La Plazoleta. Pero por encima de todo, siempre había un espacio irrenunciable para los programas dobles del Cine Victoria cada domingo por la tarde.



Durante la semana ibas reuniendo peseta a peseta, duro a duro, el montante necesario para pagar el precio de la entrada: cincuenta pesetas. ¡Qué tiempos! Si no te portabas demasiadamente mal durante la semana, en casa contribuían con alguna monedita adicional. Todo un tesoro, sobre todo para poder ir a la vieja dulcería que frente a las puertas del cine abría sus puertas a riadas de chiquillos enfervorecidos ante la posibilidad de ver de una tacada "El mono borracho en el ojo del tigre" y "Mortadelo y Filemón: El armario del tiempo", por poner un ejemplo. Mi ritual comenzaba en aquella dulcería. Después de conseguir el visto bueno de su dueño, mi brazo buceaba en el interior de un inmenso frigorífico, en busca de lo que a mis ojos era el ejemplo máximo de la sofisticación: un cono de cartón, relleno de helado de nata y chocolate, y al que acompañaba de un palito que servía para empujar la parte inferior del cono y hacer subir el helado. Se llamaba Macao, y creo que ya no se fabrica. Una pena.



Aquella vieja dulcería sigue milagrosamente en pie. El Cine Victoria hace tiempo que se fue con el viento, y los programas dobles parecen no tener sentido en este cine tridimensional. Quizás por eso tenga un interés añadido la forma en que la Asociación de cine Vértigo cierra el ciclo que durante junio ha dedicado a los primeros años en el cine de los Hermanos Marx: un programa doble compuesto por "Pistoleros de agua dulce" y "Sopa de ganso".


Poco tiempo después del tremendo éxito de "El conflicto de los Marx", la Paramount les invitó a participar en un mediometraje colectivo con el que celebrar los 20 años de vida del estudio. Su título fue "The house that shadows built" (1931) y en él participaron todas las estrellas que por aquellos momentos tenía la Paramount en nómina. Al tiempo que se glosaban sus trayectorias, se aprovechaba para anticipar futuros proyectos, y eso fue lo que hicieron los Marx, empezar la promoción de su siguiente largometraje, "Pistoleros de agua dulce" (1931), un título singular por varias razones. Entre otras cosas, no se recurrió a una obra teatral previa, rodaron por primera vez en Hollywood (en detrimento de su Nueva York natal), no contaron con la sempiterna Margaret Dumont y, según algunos rumores, Harpo canta en la escena inicial. El argumento, como es habitual, no hay por dónde cogerlo (en medio de una travesía transatlántica, los Marx se enredan hasta el delirio con dos bandas de gánsteres rivales), algo que no impidió que la película fuese un nuevo éxito, a pesar de los esfuerzos de la censura por mutilar sus (supuestos) mensajes anarquistas. Por cierto, otra curiosidad: el padre de los Marx realiza un breve cameo, sentado sobre una pila de maletas en el muelle.


En su siguiente película ("Plumas de caballo", 1932), retomaron una de sus obras de Broadway y alcanzaron ese escalón de la fama al que se accede a través de la portada de la revista "Time". Fue la película Paramount de mayor recaudación en taquilla en ese año, y como los Marx tenían contrato para otro título más, se lanzó el rumor de que ¡Ernst Lubitsch! les dirigiría en una película de título "Oo la la". Sin embargo, las relaciones de los Marx con el estudio eran tormentosas. Problemas en el pago de sus salarios, el fallecimiento del padre de los Marx y otros problemas de índole personal y profesional hicieron resquebrajarse el, hasta ese momento, incuestionable matrimonio entre los hermanos y el estudio. No obstante, y en función de que su acuerdo incluía un quinto largometraje, aceptaron participar en una última producción antes de irse a la Metro: "Sopa de ganso" (1933).


El director elegido fue, sin lugar a dudas, el mejor con el que los Marx trabajaron a lo largo de su trayectoria, Leo McCarey, algo que no fue suficiente para ser igual de exitosos en taquilla que con sus películas anteriores. Aunque no fue lo que se dice un fracaso, no recaudó lo esperado, aunque hay que tener en cuenta que la Gran Depresión afectaba con dureza a las salas de todo el país. Quizás tampoco fue muy entendida la acidez con la que se fustiga el falso mundo de las relaciones diplomáticas y a los mesiánicos líderes tan de moda en el momento (Mussolini prohibió su estreno en Italia), pero lo cierto es que hoy en día es considerada como una de sus mejores películas y ejemplo básico de su peculiar sentido del humor. Recordemos que a partir de esta película los Hermanos Marx nunca tuvieron tanto control sobre sus películas, perdiéndose parte de esa maravillosa locura de sus obras iniciales.


La proyección tendrá lugar el lunes 28 de junio en el CICCA a las 19: 30 horas, en versión original con subtítulos en español y con entrada gratuita.

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