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Novedades en la categoría Robert De Niro

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Cuando Tony el estefanés sale de la cárcel enfermo, después de una condena de cinco años, su amigo Jo el sueco, el hombre al que no quiso delatar, se hace cargo de su cuidado. Su intención es reformarse, pero pronto llega a sus oídos la noticia de que su antigua novia, Mado, se ha convertido en la amante de Pierre Gruter, el gángster propietario del club "La edad de oro". Desesperado, sin dinero, ni donde acudir, planea con Jo y Mario, un amigo italiano de ambos, el atraco a una importante joyería, para el que reclutan a un experto en cajas fuertes, César el milanés. Después de preparar cuidadosamente el golpe hasta el último detalle, utilizan el método del butrón y penetran en el establecimiento por el techo...


Las peripecias profesionales y vitales del cineasta de Connecticut Julius "Jules" Dassin (1911-2008) ejemplifican a la perfección las contradicciones y vicisitudes de una parte significativa de aquellos intelectuales y creadores de izquierdas que se vieron obligados a convivir con el nefando Comité de Actividades Antiamericanas. La pobreza de la infancia en barrios marginales neoyorquinos como Harlem o el Bronx, el mazazo de la Gran Depresión (que sumió en la miseria a millones de norteamericanos), el auge de los fascismos, la educación autodidacta, la vinculación con grupos revolucionarios de teatro (en su caso, el Federal Theatre), el desengaño profesional tras entrar a formar parte del engranaje hollywoodense (como director asalariado para la Metro-Goldwyn-Mayer) o la disyuntiva entre delatar a los compañeros de viaje o el ostracismo. Una suma de circunstancias que lo convertirían en emigrante a su pesar, trotamundos impenitente, cineasta con el arte como única patria.

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Tras iniciar su carrera como actor yiddish, y una etapa de aprendizaje y asentamiento como director en la Metro (de la que acabaría renegando amargamente), sería de la mano del productor Mark Hellinger y el cine negro con toques neorrealistas ("Fuerza bruta" y "La ciudad desnuda") como alcanzaría el prestigio crítico. Sin embargo, el proyecto que acabaría convirtiéndose en "Rififí" (palabra que en argot vendría a significar algo así como "camorra") llegó a las manos de Julie Dassin tras un impasse profesional de cinco años. Su última película, "Noche en la ciudad", había sido enormemente alabada (y muchos años más tarde objeto de un remake por Irwin Winkler y Robert De Niro), pero la Caza de Brujas primero, y posteriormente las desavenencias con sucesivos productores (entre los proyectos en los que estuvo involucrado figuran un vehículo de lucimiento para el gran cómico galo Fernandel, "El enemigo público número 1", y la adaptación de la novela de Giovanni Verga "Mastro Don Gesualdo") marcaron un lustro de silencio. Pero a propuesta de un productor francés, que necesita con urgencia un cineasta que adapte a la gran pantalla el exitoso libro de Auguste LeBreton, inicia su carrera lejos de Hollywood, y además en un idioma que no era el suyo, urgido por la necesidad de mantener a su familia.


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Una vez a cargo del proyecto, decide prescindir de casi la totalidad de la novela (repleta, en palabras del propio Dassin, de chulos y prostitutas, además de un montón de asesinatos y cierto sadismo) y articular el guión alrededor del robo de la joyería (que apenas ocupaba una decena de páginas en el libro), alargando su duración más allá de media hora de metraje, empleando asimismo el novedoso recurso de rodarlo en casi completo silencio, sin música, solo con el sonido sofocado de los propios atracadores. Tras escribir el guión en inglés en apenas seis días (y recabar la colaboración en la traducción al francés de René Wheeler) y con un ajustado presupuesto que no permitía la contratación de estrellas rutilantes o el uso de grandes decorados (obra de uno de los grandes magos del cine, el diseñador Alexandre Trauner), Dassin demostró su maestría con una dirección que evidencia un enorme dominio de la puesta en escena, una cuidada composición y planificación del montaje de las secuencias, un excelente retrato de los ambientes del hampa parisina y una cierta inmoralidad en el tono que hace que nos pongamos del lado de unos personajes marcados por su destino.

Para sorpresa de todos, una película de bajo presupuesto escrita y rodada en poco más de un mes, se convertiría en un descomunal éxito comercial y crítico, no solo en Francia, sino en todo el mundo (excepto los EE.UU., donde su nombre seguía siendo tabú, por lo cual tendría una distribución limitada a una sola sala neoyorquina), provocando toda una avalancha de imitaciones, variaciones y parodias; entre las más recordadas, "Rufufú" de Mario Monicelli, y rififís varios de todo pelaje en Tokio, Amsterdam, en el convento, entre las mujeres y en la ciudad (a cargo del tío Jess Franco), amén de un anunciado remake próximo a cargo de la dupla Harold Becker-Al Pacino. Además, le proporcionaría a Dassin el galardón (compartido) al mejor director en el Festival de Cannes (donde conocería a su desde entonces compañera y musa, la actriz y luego política griega Melina Mercouri), volviendo a situar su nombre en la primera línea del negocio, y posibilitando así una carrera cinematográfica estable hasta su retirada 25 años más tarde. En palabras de François Truffaut, "de la peor novela que he leído, Dassin hizo la mejor película de cine negro que yo haya visto nunca".

"Rififí" pone colofón al ciclo que la Asociación de Cine Vértigo ha venido dedicando al polar en el CICCA, y se proyecta este lunes a las 19:30 horas, en versión original subtitulada y con entrada gratuita.


Decía Bob Marley que las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos. Cuánta razón. ¿Pero alguna vez dejarán de existir? ¿No será un elemento intrínseco más de nuestra naturaleza humana el perseverar en ellas, en afanarnos por perfeccionar los ya de por sí ilimitados mecanismos de destrucción que hemos desarrollado?

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El arte en general, y el cine en particular, ha acompañado al hombre en ese camino de destrucción, encargándose, a veces, del aparato de promoción ideal de quienes con la esperanza de una paz egoísta, nos conducen a la guerra. Siendo cierto que algunas de esas obras de propaganda son incuestionables obras maestras del séptimo arte, no lo es menos el hecho de que de entre las miradas críticas hacia esa problemática surgen también obras de capital importancia en el devenir de la historia fílmica.


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Uno de esos títulos, "El cazador", se estrenó el 8 de diciembre de 1978, uno de esos estrenos "ficticios", en un pequeño cine del área metropolitana de Los Angeles y antes de que acabara el año. Ya saben, las triquiñuelas habituales para entrar en la carrera hacia los Oscar. Se trataba de un feroz alegato contra la guerra de Vietnam. En realidad, contra cualquier guerra, y especialmente contra los perversos mecanismos de manipulación que se realizan antes, durante y después de la misma, ya sea para reclutar a los jóvenes o para tranquilizar las mentes del resto de la sociedad. Si bien la recepción crítica fue casi unánimemente favorable, se levantaron múltiples grupos de opinión contra la película, tachándola de antipatriota, de no respetar la memoria de los veteranos, de tomarse demasiadas licencias sobre lo realmente ocurrido... En la noche de entrega de los Oscar, los vehículos que transportaron a los integrantes de la película al Dorothy Chandler Pavilion recibieron piedras, y sus ocupantes insultos. Poco después recibirían 5 estatuillas, incluidas las de mejor película, mejor director y mejor actor secundario. Quizás no ganaron una guerra, pero al menos sí lo hicieron con aquella batalla.

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Dirigida por uno de esos directores que, inexplicablemente, se diluyeron en la nada cuando parecían predestinados a hacer historia (Michael Cimino) y con un reparto sencillamente descomunal (Robert De Niro, Christopher Walken, Meryl Streep, John Savage y John Cazale), "El cazador" se proyecta el lunes 15 de noviembre a las 19:00 horas en el CICCA, dentro del ciclo organizado por la Asociación de cine Vértigo y titulado "Tres directores y una estrella. Robert De Niro".

Y si empezamos con Marley, les pido que me dejen terminar con el Boss. "La guerra: ¿qué tiene de bueno? Absolutamente nada".

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