La industria del cine americano entrega sus premios y el mundo contiene la respiración. O al menos eso quieren muchos. Mi visión es más distanciada, o eso creo. Con un poco de coña, lo veo como el reconocimiento al empleado del mes o la comisión recibida por vender más coches que tus compañeros de tienda. La industria americana se premia a sí misma. Ni más ni menos.
Pero lo cierto es que la consolidación de su trayectoria, el peso que el cine americano tiene (lo queramos o no) en nuestras vidas (en incluso en nuestra historia) y la descomunal eficiencia de su marketing hace que casi todos terminemos por entrar en el juego. Yo lo hago, claro, pero como eso, como un juego. La película que se alce el próximo 7 de marzo con el premio a la mejor película no es (no va a ser) "La Mejor Película" del pasado año. Como suele ocurrir, ese título debería recaer en alguna otra obra ajena a esos circuitos, algo ciertamente improbable.
Igual que ver un partido de futbol sin apoyar moralmente a uno de los contendientes, me gusta "ir" a favor de algunas películas (y en contra de otras, para qué negarlo). Este año parece que las principales favoritas son "Avatar" y "En tierra hostil. Si todo se redujese a eso, mi apoyo incondicional sería para la segunda. De entrada porque la película (¿?) de Cameron me parece una estupidez, y de salida porque la de su exmujer es muy interesante.
Debo reconocer no obstante que mi preferida de entre las diez candidatas es "Malditos bastardos", mucho más completa, con distintas y enriquecedoras capas de lectura, perfecta en lo técnico y brillante en lo artístico. Pero no le dan muchas posibilidades los especialistas aparte del mejor secundario (incontestable) para Christopher Waltz y quizás algo que rascar en cuanto al guión original. Una pena.
Lo paradójico es que en un año en el que la Academia ha decidido elevar a diez los títulos candidatos a mejor película, sobren muchos de ellos por poco trascendentes. Pero más paradójico es aun que dentro de esa condescendiente categoría que la industria reserva al resto del mundo, se encuentren un puñado de obras con más categoría que algunas de las que van a terminar con una buena colección de estatuillas. "Un profeta", de Audiard, y "La cinta blanca", de Haneke, parecen ser las mejor colocadas frente a la pareja latina que forman "La teta asustada", de Claudia Llosa y "El secreto de sus ojos", de Campanella. La gran tapada podría ser la gran sorpresa, la israelí "Ajami", una historia centrada en la insólita comunidad cristiano musulmana del mismo nombre y ubicada en Tel Aviv. Atentos al poderoso lobby judío de Hollywood, que podría simpatizar con una obra que ya fue premiada con la Cámara de Oro en Cannes.
Quizás alguien se debería plantear unos premios al buen cine donde se dejase un huequecito para la Mejor película hecha en Hollywood. ¿Se lo imaginan?


