los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría Ricardo Darín


La industria del cine americano entrega sus premios y el mundo contiene la respiración. O al menos eso quieren muchos. Mi visión es más distanciada, o eso creo. Con un poco de coña, lo veo como el reconocimiento al empleado del mes o la comisión recibida por vender más coches que tus compañeros de tienda. La industria americana se premia a sí misma. Ni más ni menos.

Pero lo cierto es que la consolidación de su trayectoria, el peso que el cine americano tiene (lo queramos o no) en nuestras vidas (en incluso en nuestra historia) y la descomunal eficiencia de su marketing hace que casi todos terminemos por entrar en el juego. Yo lo hago, claro, pero como eso, como un juego. La película que se alce el próximo 7 de marzo con el premio a la mejor película no es (no va a ser) "La Mejor Película" del pasado año. Como suele ocurrir, ese título debería recaer en alguna otra obra ajena a esos circuitos, algo ciertamente improbable.


Igual que ver un partido de futbol sin apoyar moralmente a uno de los contendientes, me gusta "ir" a favor de algunas películas (y en contra de otras, para qué negarlo). Este año parece que las principales favoritas son "Avatar" y "En tierra hostil. Si todo se redujese a eso, mi apoyo incondicional sería para la segunda. De entrada porque la película (¿?) de Cameron me parece una estupidez, y de salida porque la de su exmujer es muy interesante.


Debo reconocer no obstante que mi preferida de entre las diez candidatas es "Malditos bastardos", mucho más completa, con distintas y enriquecedoras capas de lectura, perfecta en lo técnico y brillante en lo artístico. Pero no le dan muchas posibilidades los especialistas aparte del mejor secundario (incontestable) para Christopher Waltz y quizás algo que rascar en cuanto al guión original. Una pena.



Lo paradójico es que en un año en el que la Academia ha decidido elevar a diez los títulos candidatos a mejor película, sobren muchos de ellos por poco trascendentes. Pero más paradójico es aun que dentro de esa condescendiente categoría que la industria reserva al resto del mundo, se encuentren un puñado de obras con más categoría que algunas de las que van a terminar con una buena colección de estatuillas. "Un profeta", de Audiard, y "La cinta blanca", de Haneke, parecen ser las mejor colocadas frente a la pareja latina que forman "La teta asustada", de Claudia Llosa y "El secreto de sus ojos", de Campanella. La gran tapada podría ser la gran sorpresa, la israelí "Ajami", una historia centrada en la insólita comunidad cristiano musulmana del mismo nombre y ubicada en Tel Aviv. Atentos al poderoso lobby judío de Hollywood, que podría simpatizar con una obra que ya fue premiada con la Cámara de Oro en Cannes.

Quizás alguien se debería plantear unos premios al buen cine donde se dejase un huequecito para la Mejor película hecha en Hollywood. ¿Se lo imaginan?


Uno espera el ascensor y se sorprende de que al abrirse la puerta aparezca alguien allí. Es lo más normal del mundo que haya alguien dentro, sobre todo si es el ascensor de un hotel que rebosa huéspedes. Pero da igual. Uno siempre se sorprende. Quizás porque la situación que se genera a posteriori es un poco violenta. Una mirada. Un "Hola" musitado a regañadientes. Un intento de cordialidad con el "¿a qué piso va?". Es como un baile forzado, de esos que a veces se dan en las bodas, donde te toca bailar con quien menos te lo esperas.

Eso le pasó al actor Ricardo Darín en el Hotel María Cristina. Había acudido al Festival de Cine de San Sebastián y se disponía a bajar hacía el vestíbulo del hotel. Cuando ya casi alcanzaba la planta baja, el ascensor se paró y entró un tipo de melena alborotada y mirada involuntariamente distraída. Era el director Fernando Trueba. No se habían visto antes, y apenas intercambiaron unas palabras. Pero antes de despedirse, se dieron un efusivo apretón de manos y Trueba soltó algo así como "un día trabajaremos juntos", a lo que Darín respondió con una de esas sonrisas desarmantes tan suyas.


resized_mariacristina.jpg


Dicen que la vida es una sucesión de casualidades y decisiones. Es posible. A lo mejor si Darín hubiese decidido bajar por las escaleras nunca habría llegado a ser el protagonista de la más reciente película dirigida por Fernando Trueba, "El Baile de la Victoria". Incluso es posible que nunca se hubiera hecho esta película, al menos en la forma en que ha llegado a nuestras pantallas.


resized_resized_TRUEBA_Y_DARìN.jpg

Es una película floja, un tanto fallida y que no consigue levantar el vuelo. No funciona ni en lo simbólico ni en lo narrativo. No interesan ni las andanzas románticas, ni las intrigas criminales ni el supuesto ajuste de cuentas a la dictadura de Pinochet. Desconozco si ha sido fiel al libro de Skármeta y si les digo la verdad, no es algo que me importe. Como película resulta muy poco interesante, rozando en algunos momentos la ridiculez.

Mención especial merece uno de los protagonistas, el argentino Abel Ayala. Por momentos llega a provocar tal grado de irritación que uno se alegra de todo lo malo que le pueda pasar. Su repertorio de tics, sonrisas bobas y andares ridículos parece interminable, llegando a recordar a los peores imitadores del gran Cantinflas. Mientras me retorcía en la butaca cada vez que aparecía en pantalla, algo me decía que lo había sufrido antes. Finalmente recordé que fue el protagonista de una película sorprendentemente bien recibida en su momento, "El Polaquito" (2003), donde para terror de la humanidad era el protagonista absoluto.


Darín, acostumbrado a estar bien incluso en obras muy por debajo de sus posibilidades, a veces da la impresión de no saber qué diantres está haciendo en esta película. Incluso a veces me daba la sensación de estar maldiciendo la hora en que entró en aquel ascensor del Hotel María Cristina.

Categorías

Otros blogs en C7.es

Los olvidados