Un buen día, al despertarse para ir a la escuela, un niño se da cuenta de que está en otro sitio. Al cabo de un rato alguien le dice que ese otro sitio se llama Panamá. "Bueno, pues nada, ahora toca estar en Panamá". Al fin y al cabo, es un sitio igual de bonito que la casa de ese niño en Colombia. Lo raro es ver por la casa a tanta gente con pistolas y ametralladoras. Aquel fue el primer aviso de que algo raro pasaba. Años más tarde, cuando aquel niño creció y se enfrentó al universo de violencia y dolor en el que su padre ocupaba el trono, empezó a atar cabos. Tantos hombres armados en casa, tantos cambios de casa, tantas ametralladoras...

El padre de aquel niño se llamaba Pablo Escobar Gaviria, y desde que en los años 70 fundase el cartel de Medellín, se convirtió en uno de los criminales más peligrosos del mundo. Dicen que de sus labios salió la orden de asesinar a más de cinco mil personas, pero eso es algo que va a resultar difícil de ratificar. Cuando estaba siendo hostigado por una de tantas operaciones policiales diseñadas para capturarle, se disparo un tiro en la sien al grito de "mejor una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos". Con su muerte se cerró una página del libro de la violencia, pero quedaron muchos capítulos pendientes de final, entre ellos los relativos a los supervivientes. Las víctimas de Escobar tenían descendencia, hijos que vieron morir a sus padres o que desfilaron solemnes en los funerales de estado encargados por Escobar y los suyos. Ese vacío no lo llenó la muerte del verdugo. Ese vacío no lo llena nada.

También debemos darnos cuenta de que el criminal es, aunque parezca lo contrario, una persona, que también tuvo descendientes. Hijos que compartirán esa orfandad desconsolada, sinsentido y llena de interrogantes. Hijos como Juan Pablo Escobar. Tras la muerte del Capo, Juan Pablo se marchó a Buenos Aires, cambió su nombre por el de Sebastián Marroquín y asumió una nueva identidad para intentar alejarse de su turbio pasado familiar. Único hijo varón del narcotraficante, Marroquín aceptó años más tarde convierte en el corazón de "Pecados de mi padre", una película dirigida por el argentino Nicolás Entel y en la que el propio Marroquín habla en primera persona sobre la violencia ejercida por su padre. En ese documental, Sebastián se encontrará con los hijos del Ministro de Justicia, Rodrigo Lara, y con el hijo del candidato a la presidencia de Colombia, Luis Carlos Galán, ambos asesinados por sicarios de su padre en los años ochenta.
"Pecados de mi padre se proyecta en Multicines Monopol, el 23 de octubre, a las 20.15 horas, dentro de la 9ª jornada de la Muestra de cine iberoamericano de Las Palmas de Gran Canaria - Ibértigo. El propio Juan Sebastián Marroquín acudirá a Monopol a presentar la película y a mantener un coloquio con el público tras la proyección.
El resto de las proyecciones de ese día son las siguientes:
SÁBADO 23 DE OCTUBRE
MONOPOL
18:30 Pin-up (C)
La hora de la siesta (L)
20:15 Pecados de mi padre (L)
22:15 El ataque de los robots de Nebulosa-5 (C)
El cielo, la tierra y la lluvia (L)
Y para terminar la jornada, que mejor que relajarse en Metro (Plaza de Cairasco, junto al Gabinete Literario), donde Ibértigo se hermana con el Festival Musiclip, un evento barcelonés de carácter internacional que presentará una selección de las piezas finalistas de 2009.
