Acababa de cumplir treinta años. Leni Riefenstahl era una mujer bella, atlética e inteligente. Había sabido aprovechar sus dotes para el baile para hacerse un nombre en el mundillo del espectáculo del Berlín de principios de los años treinta. Cuando en 1932 dirige (y protagoniza) su primera película, "La luz azul", su madre sintió que se estaba cumpliendo un viejo sueño: que su hija fuese una estrella del espectáculo.

La película fue premiada en el Festival de Venecia, pero la crítica se dividió ante ella. Solamente encontró parabienes entre los medios de derechas, quienes encontraron valores estéticos admirables en aquella historia de amoríos místicos en medio de las montañas. Había cierta exaltación de la belleza aria que, en aquel momento de la historia alemana, fue objeto de encendidos debates. Riefenstahl volcó en su trabajo con la cámara y en su pulso narrativo la inspiración que cada día obtenía de las páginas de su libro de cabecera: "Mein kampf", de Adolf Hitler.

"Aquel libro me impresionó. Me transforme en nacionalsocialista nada más acabar la primera página. Supe que un hombre que era capaz de escribir así podría, sin ninguna duda, liderar Alemania. Sentí una gran felicidad por haber descubierto a aquel hombre"
Curiosamente, Hitler también había descubierto en Riefenstahl un filón por pulir. Sintió una cierta fascinación por el retrato que de la mujer aria se hacía en "La luz azul", pero sobre todo por la responsable de aquel retrato. Por eso mandó llamar a Riefenstahl, a la que encargó filmar uno de los apoteósicos encuentros nazis en Nuremberg, en 1933. Aquel primer documental, titulado "Der Sieg des Glaubens", fue muy mal recibido por gran parte del Partido Nazi, receloso ante una mujer que, además, no era miembro del Partido. No obstante, la confianza y la insistencia de Hitler en el talento de Riefenstahl hizo que se le encargase una nueva película en 1934, "El triunfo de la voluntad", la cual ilustra con enorme brillantez visual el Congreso del Partido Nacionalsocialista de 1934 en Núremberg. El uso de un gran número de cámaras en permanente movimiento, el juego de perspectivas, un revolucionario empleo de la banda sonora y un gran sentido del ritmo han convertido a esta película en una de las obras propagandísticas más famosas de la historia, además de punto de partida para tantas otras formas de manipulación audiovisual.

Riefenstahl parecía disfrutar de la apoteosis nazi. Gustaba de aparecer vestida con ropa militar durante los años gloriosos del Reich, y su estrella brilló hasta la llegada de las tropas aliadas a Berlín. Para añadir más controversia a su vida y su obra, cuando fue finalmente detenida en Austria sostuvo que ella solamente era una cineasta, que no sabía nada de política y que no tenía ni idea de la existencia de los campos de exterminio, algo evidentemente discutible. De alguna extraña manera, consiguió salir bastante bien parada de los juicios a los que fue sometida, ya que únicamente sufrió la confiscación de sus bienes. Años más tarde llegó a afirmar que lo peor que le había pasado en su vida era haber conocido a Hitler. Pocos la creyeron.

Riefenstahl murió tranquilamente en su cama, poco tiempo después de cumplir 103 años. Su legado cinematográfico es indudable, pero también la polémica que rodeo su vida y su obra, algo que seguramente será debatido en la proyección de "El triunfo de la voluntad" el 28 de noviembre en el CICCA, a las 19.30 horas, como colofón al ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado en noviembre al género de la "No ficción".
