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Novedades en la categoría John Ford


"I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made."


Así comienza el poema "The Lake Isle of Innisfree", escrito por el irlandés William Buttler Yates. Este dramaturgo, senador, poeta y figura mitológica del imaginario irlandés alcanzó el Premio Nobel en la cima de su carrera. El año en que fallecía Yeats, otro brillante artista firmaba una de sus mejores obras. No era realmente irlandés, a pesar de ejercer como tal toda su vida. Ese artista era el director John Ford, y esa obra, "La diligencia".

La estrella de aquella seminal película del oeste era un joven John Wayne, convertido de por vida en uno de los mascarones de proa de gran parte de la carrera de Ford. Sometidos por la tiranía de la taquilla a ser estrellas del western, compartieron mil y un proyectos durante décadas. Cuando en 1952 trabajaban al amparo de un estudio menor, Republic Pictures, se embarcaron en un proyecto diferente y atrevido: Ford había conseguido los derechos de la historia por 10 dólares. Tenían que ir a rodar a Irlanda, y la Republic autorizó el rodaje si se confirmaban en el reparto a Wayne y a Maureen O´Hara, y si se limitaba la duración a 2 horas. Ford consiguió el reparto, pero hizo una película de dos horas y cuarto. Cuando presentó la obra a los jefes del estudio, en pleno clímax final interrumpió la proyección a las dos horas exactas.

Los jefazos, absolutamente fascinados por lo que estaban viendo, suplicaron a Ford que continuase con la proyección. Así consiguió estrenar "El Hombre tranquilo" tal y como quería. Aquella recreación mitificadora de "lo irlandés", tan falsa como fascinante, ha quedado en la historia del cine como un hito, como uno de esos momentos que el cinéfilo de pro disfruta casi sin rechistar.

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Años más tarde, uno de los cineastas españoles más interesantes de las últimas tres décadas, José Luis Guerín, entró en uno de tantos pubs irlandeses. Allí, en la esquina del pub, se tropezó con un par de viejos que tragaban cervezas sin parar, mientras hablaban del viejo Ford y del rodaje de "El hombre tranquilo". Mientras les escuchaba, Guerín supo que allí estaba empezando su próxima película: "Innisfree".


Gracias a la colaboración de Filmoteca Canaria, "Innisfree" se proyecta dentro de la quinta jornada de la Muestra de cine iberoamericano de Las Palmas de Gran Canaria, el martes 19 de octubre. El resto de proyecciones de ese día son las siguientes:


MARTES 19 DE OCTUBRE

MONOPOL
18.15 Jaulas (C)
Desierto adentro (L)
20:30 Innisfree (L)

Ninguna de sus películas me deja indiferente. Más bien todo lo contrario, cada una de sus juguetonas propuestas es capaz de hacerme disfrutar hasta límites insospechados. Y eso no lo consiguen muchos cineastas, la verdad. Y menos cultivando géneros de forma tan "al límite" como solamente él se atreve. Incluso en sus peores momentos es capaz de sorprenderme, de entretenerme o, incluso, de conmoverme.

A quien se quede en la excusa barata de su regusto por la violencia o en su incapacidad para abandonar el "cine de género", baste recordarle las innumerables peleas y disparos que se ven en muchas de las películas del gran John Ford. Es un ejemplo de lo más facilón, es cierto, sobre todo porque no estoy intentando comparar a Ford con Tarantino. Ni mucho menos. Pero no deja de ser curioso que uno de los más grandes de todos los tiempos, se definiese a si mismo como "director de películas del oeste", casi como quitándose importancia. Y que eso venga de boca de quien para muchísima gente ha sido el mejor, creo que quiere decir algo.

Quentin Tarantino se ha ido edificando película a película un universo personal e intransferible donde campa a sus anchas la mitología barata que devoró en sus años de videoclub, enriquecida por su inigualable capacidad para convertir asuntos aparentemente absurdos en el eje de algunos de los mejores diálogos del cine americano reciente. Pero es que además es tremendamente hábil a la hora de aderezar todo esto con un empaque visual apetitoso. Vamos, que lo tiene todo.

Cuando estas letras queden colgadas en el ciberespacio aun no habré podido ver su última película, "Malditos bastardos", pero ya se me hace la boca agua. Y en esta ocasión, hay un detalle ajeno al bueno de Quentin que eleva al cubo mi regocijo: voy a poder ver esta película en versión original. Quien habite en una gran capital puede ver este comentario un tanto fuera de lugar, pero es que quienes vivimos en provincias vemos reducidas a la mínima expresión las posibilidades de ver cine de estreno en su propio idioma. En el mejor de los casos, y con bastante retraso sobre sus estrenos nacionales, nos llegan pequeñas películas de autor condenadas a aguantar una semana en la sala más reducida de los multicines más pequeños de la ciudad. Por eso, con estrenos como éste, en el que se puede oir a actores de diferentes nacionalidades empleando sus propios idiomas, estamos de enhorabuena.

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Quizás otro día podamos debatir sobre el doblaje español, ese que dicen es tan bueno. Pero es que no veo argumentos a favor de perder una parte esencial del trabajo de un actor: su voz. Meryl Streep se pasa medio año intentando hablar inglés con acento danés en "Memorias de África" para que, de repente, una buena mujer de la meseta castellana decida como debe hablar su personaje.



Y si no se quieren ir tan lejos en el tiempo, piensen en algo más reciente: el esperpéntico doblaje de "Mapa de los sonidos de Tokyo", de Isabel Coixet. Una película hablada originalmente en japonés, español, inglés y catalán que termina por unificar sus diálogos bajo la bandera de la indefinición.


Y si no me creen, vean y comparen. Empecemos con el trailer en español



Y seguidamente, dense un paseo por la página oficial de la película y seleccionen "Videos"


¿Siguen creyendo que hay debate? Pues nada, aquí les esperamos.

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