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Novedades en la categoría Hong Kong

En el número de enero de la edición española de Cahiers du cinema se hace, además de la habitual lista de las mejores películas del año, una especie de clasificación alternativa, no por la dificultad o riesgo de sus títulos, sino porque se centra en aquellas obras que muchos denominan "invisibles", obras hurtadas al gran público y que ven condenada su existencia al esquinado territorio de los festivales y los circuitos marginales.

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En el quinto lugar de esa clasificación nos encontramos con "Vengeance", del hongkonés Johnnie To, un paseo de ida y vuelta hacia el polar francés más nelvilleniano de la mano del gran Johnny Hallyday. Esa película se estreno en mayo de 2009 en Cannes, y en septiembre de ese mismo año se pudo ver en el Festival de San Sebastian. Desde entonces, y a pesar del nombre que su director ya tiene entre los espectadores más avezados y a pesar de ciertos comentarios críticos positivos, pocas oportunidades se le han dado. Incomprensible, pero cierto.


También en Cannes, pero en el mayo de 2005, se estrenó uno de los títulos más emblemáticos de To. Dentro de una impresionante sección oficial ("L´Enfant", "Una historia de violencia", "Los tres entierros de Melquíades Estrada", "Manderlay", "Last days", "Caché", Three times", "Bashing"...), Johnnie To acudía por primera vez con "Election". Quienes no conocían de su obra anterior marcaron su nombre con fuego después de aquel primer encuentro.


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"Election", alabada por el omnipresente Quentin Tarantino como la mejor película de ese 2005, es quizás uno de los mejores ejemplos del "Toque To", esa sugerente mezcla de un interior sustentado en análisis sociales clarividentes, y envuelto en un papel de regalo arrebatadoramente estilizado. La película se centra en el proceso de elección del líder de la triada más antigua de Hong Kong. Estas organizaciones criminales asiáticas se organizan en grupos de tres personas (de ahí su nombre) interconectados jerárquicamente con otros grupos por solo uno de sus integrantes, lo que conlleva un total desconocimiento del resto de los miembros de la triada. A diferencia de las mafias occidentales, más parecidas a una gran familia, las conexiones son aquí más colaterales, algo tremendamente útil a la hora de esquivar las pesquisas policiales.


To nos introduce con enorme sutileza en ese proceso de búsqueda de un nuevo líder. Las rivalidades feroces emergen entre los dos candidatos a hacerse con el cargo. Lok es el favorito para ganar, pero su rival, Big D, no se detendrá ante nada para que eso cambie, incluyendo ir en contra de años de tradición e influenciar el voto con el dinero y la violencia. Una lucha por el poder que amenaza con partir a la tríada en dos.

Con casi cincuenta largometrajes a su espalda y veintiséis premios cinematográficos decorando las estanterías de su casa., en España solamente se han estrenado comercialmente tres de sus películas. Una de ellas es esta "Election", con la que la Asociación de cine Vértigo culmina el ciclo "Delicias orientales" y con la que aspira a poner un granito de arena a la hora de hacer visible lo invisible. Respetadísima en occidente (mejor director y Premio Jurado Joven en el Festival de Sitges) y venerada en Asia, donde alcanzó el reconocimiento de la crítica (Mejor película y director para la crítica hongkonesa) y de la industria (Mejor película, director, guión y actor en los Premios del cine hongkonés), tienen ustedes ahora la oportunidad de degustar el último plato de este menú de Delicias que esperamos que hayan disfrutado.


La mañana era fría. Muy fría. Espantosamente fría. El Paseo Zorrilla a las siete y media de la mañana de un domingo cualquiera de un mes de noviembre es, por definición, espantosamente fría (sobre todo si uno viene de Canarias). Allá a lo lejos, doblando la esquina, el centro de Valladolid se desperezaba, entre charcos de agua de lluvia y algún que otro naufrago de la noche pucelana. El paso firme, la bufanda que no daba más de sí y uno que se encaminaba hacia el corazón de la Semana Internacional de cine de Valladolid: el majestuoso Teatro Calderón.


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La noche del sábado había sido larga. Generalmente lo son en todos los festivales, y por muy castellano que éste fuese, no iba a ser una excepción. Las pocas horas de sueño y el ataque despiadado del frío pucelano invitaban más al abrazo de la almohada, pero el deber es el deber, y uno estaba en Valladolid para vivir el día a día de la Seminci. Aquella mañana tocaba madrugar, porque a las ocho y media de la mañana se proyectaba una película a concurso. No les voy a negar que mientras sorteaba charcos y más charcos camino del cine llegué a desear que la película en cuestión fuese rematadamente horrible, con lo que tendría una excusa válida para irme a tomar un chocolate caliente. Sí, lo reconozco, fustíguenme si así se sienten mejor. Soy de los que en un Festival de cine se escapa de las proyecciones antes de que acaben si la película en cuestión es insoportable. Pero de eso hablamos otro día, si les apetece. En general deseo con toda mi alma que esa próxima proyección sea un momento inolvidable, que me permita descubrir algo, o a alguien. Pero aquel día...

Imaginaba que a una proyección tan tempranera, casi de madrugada, y en domingo, asistiría muy poca gente. Imaginaba que seríamos cuatro gatos difuminados entre la inmensidad del teatro. Tremendo error. El cine estaba a reventar, no cabía un alfiler. Y nadie se marchó de la sala. Ni siquiera yo. De hecho, se me pasó el frío y se me pasó el sueño. ¿El culpable del milagro? Won Kar Wai y su "2046".


Sutileza, elegancia, poesía....todas esas palabras se escucharon en los corrillos que se formaron a la salida de la proyección, tras una merecida salva de aplausos. Aquella historia arrebatada, plena de sofisticación y sensualidad, consiguió el premio de la crítica merecidamente, galardón que ya en aquel momento se hizo corto ante los méritos de esta película.

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Concebida como colofón de una trilogía iniciada con "Days of being wild" y continuada con la descomunal "Deseando amar", esta "2046" tomó su título del año fijado por las autoridades chinas como compromiso frente a los habitantes de Hong Kong, un compromiso gracias al cual mantendrían sus condiciones de vida anteriores a la incorporación al país tras dejar atrás su pasado colonial. Construida como un laberíntico juego de muñecas rusas, coloca al intenso Tony Leung en el epicentro de un ir y venir de mujeres a las que encarnan actrices tan bellas como soberbias: Maggie Cheung, Gong Li o Zhang Ziyi.


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Esta película se proyecta en el CICCA el lunes 15 de febrero a las 19.30 horas y dentro del ciclo denominado "Delicias orientales", el cual pretende recordar algunas de las joyas del reciente cine asiático. Es evidente que la figura de Won Kar Wai no podía faltar en un repaso por lo mejor de esas cinematografías orientales. A quien esto escribe le ha venido bien esta proyección para recordar aquella fría mañana castellana y cómo el buen cine puede ser el mejor remedio contra las inclemencias del tiempo.


Durante los cuatro lunes del mes de febrero, la Asociación de cine Vértigo prosigue con su incansable singladura por otros horizontes del cine mundial. En esta ocasión, la nave recala en los fondeaderos orientales, desde donde asoman con cada vez mayor regularidad algunos de los platos más apetecibles y memorables de la última década. En semanas consecutivas, siempre a las 19:30 horas con entrada gratuita e imprescindible V.O.S., nos asomaremos a la obra de cuatro de los francotiradores más interesantes del nuevo cine asiático: los chinos Wong Kar Wai, Johnnie To y Andrew Lau, y el surcoreano Park Chan-wook. Un ciclo que, por su propia brevedad, apenas permitirá vislumbrar someramente parte del fulgor de la obra de estos cuatro magníficos cineastas, pero que pretende servir de acicate (a lo que esperamos contribuir también desde el coloquio) para una aproximación posterior más exhaustiva a su obra.

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Hoy lunes 1 de febrero, abriremos fuego (nunca mejor dicho) con una película hongkonesa del año 2002 titulada originalmente Mou gaan dou, conocida internacionalmente como Infernal Affairs, y estrenada en nuestro país en DVD (lo cual dice mucho de la miopía de nuestros distribuidores) con el poco afortunado título Juego sucio. Dirigida a cuatro manos por Wai-keung "Andrew" Lau y Alan Mak, constituye uno de los más aclamados títulos del reciente cine policíaco hongkonés (todo un brillante subgénero repleto de obras maestras), llegando a conocer dos continuaciones (en la línea marcada por uno de sus modelos más evidentes, la saga de "El Padrino" de F. F. Coppola, precuela incluida), y un remake hollywoodense a cargo del Martin Scorsese de encargo (aquel que firmó también la revisión de "El cabo del terror", por poner un ejemplo evidente). Su argumento es el siguiente: No parece vislumbrarse un final para la interminable guerra entre la policía y las tríadas de Hong Kong. Chan Wing Yan es un policía veterano que lleva 10 años infiltrado, lo que le ha permitido alcanzar un cierto estatus de relevancia dentro de la organización. Lau Kin Ming es un topo infiltrado hace años por el jefe de las tríadas en el departamento de policía. Esto dará lugar a una peligrosa lucha de fuerzas de la que sólo uno podrá salir victorioso. Llevando vidas paralelas, ambos sienten que se están atrapando cada vez más en sus falsos mundos. Divididos entre la lealtad hacia sus jefes y la creciente camaradería con sus colaboradores, pronto se verán inmersos en una carrera por escapar del juego sucio en que se ven inmersos... con vida.

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A mediados de los años 80, Hong Kong sorprendió al mundo con una serie de thrillers de acción que vinieron a renovar un género anquilosado con interminables coreografías orgiásticas de tiros, situaciones imposibles, interpretaciones más grandes que la vida y sorprendentes efectos especiales, aliñados con un cuidado tratamiento fotográfico y un sobresaliente uso del montaje. Era, eso lo descubriríamos luego, lo que se vino a conocer como "Heroic Bloodshed" (literalmente, derramamiento heroico de sangre). Fueron los años de descubrimiento, propiciados en buena medida por el floreciente mercado del vídeo, que encontró en Asia un filón que abarrotó las estanterías de los vídeo-clubs con toda una ensalada mixta de géneros. Atrás habían quedado los espectáculos de artes marciales, que tanto éxito habían alcanzado apenas una década antes. Los nombres de John Woo (sin duda el principal detonante del estallido tras el éxito internacional de The Killer), Ringo Lam, Tsui Hark, Ronny Yu o Kirk Wong (todos ellos pronto asimilados por la industria hollywoodense, casi siempre con escaso éxito y relegados a mediocres vehículos de acción para estrellas del cine de acción como Jean-Claude Van Damme) se convirtieron en moneda común, y surgió todo un nuevo star-system encabezado por el simpar Chow Yun-Fat.

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En apenas un par de lustros, del fuego inicial que había incendiado el mundo del celuloide apenas quedaban rescoldos. Emigrado a EE.UU. lo mejor de cada casa (con la notable excepción del soberbio Johnnie To, inmune a los cantos de sirena hollywoodense desde su vía láctea), el cine policíaco entro en un prolongado período de recesión, agotado el brillo inicial en una interminable sucesión de mediocres vehículos estelares aferrados a fórmulas inamovibles que recordaban, desafortunadamente, a la producción en serie del cine norteamericano. El mercado internacional evidenció también un cierto cansancio, subsanado en parte por la irrupción de personalidades tan acusadas como Wong Kar Wai. Llegados a este punto parecía inevitable que había que reinventarse para no morir de éxito, pues lo cierto es que el público hongkonés no parecía cansarse de las secuelas, remakes y reformulaciones de sus grandes éxitos. Y he aquí que aparece, como salida de la nada, una película como "Infernal Affairs" que, como diría Lampedusa, vino a cambiar las cosas para que todo siguiese igual.


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Planteada como la primera producción de la nueva compañía de Andrew Lau, Basic Pictures, se intentó reunir a lo mejor de cada campo para lograr un producto que combinase la comercialidad con una cuidada imagen. Así, se contrató a los 4 actores más populares del momento en Hong Kong y, en mi opinión, de los más brillantes y versátiles de la actualidad con independencia de nacionalidades (no olvidemos que Yun-Fat ya había sido fichado por los americanos): Andy Lau, al que los espectadores españoles apenas hemos tenido ocasión de conocer (en, por ejemplo, La casa de las dagas voladoras de Zhang Yimou), pero que lleva dos décadas siendo una superestrella y uno de los actores más galardonados de Hong Kong gracias a su trabajo con directores del calibre de Johnnie To (Fulltime Killer, Running Out of Time o Running on Karma); Tony Leung Chiu Wai, quizás el más reconocible del póker de estrellas gracias a su trabajo con Wong Kar Wai en Deseando amar, Happy Together, o 2046; Anthony Wong Chau-Sang, mi favorito del lote, inolvidable presencia amenazante en films de Woo o To, que aquí realiza una de sus interpretaciones más brillantes; y Eric Tsang, enorme actor de comedia muy lejos aquí de sus registros habituales. Además, por si fuera poco, también a las dos actrices más populares del año, Kelly Chen (pronto protagonista de Breaking News a las órdenes del omnipresente Johnnie To) y Sammi Cheng (también salida de la factoría Milkyway, la productora de To), a dos prometedoras estrellas que tendrían más ocasión de brillar en la secuela-precuela al año siguiente, Edison Chen y Shawn Yue, la supervisión visual del grandioso Christopher Doyle (director de fotografía habitual de Kar Wai, pero que también ha colaborado con Van Sant, Jarmusch, Ratanaruang o Shyamalan), el montaje de Danny Pang (que ya había debutado como director con Bangkok Dangerous y pronto alcanzaría el superestrellato gracias a The Eye y sus secuelas) y la supervisión de las escenas de acción de Dion Lam, cuyas inolvidables coreografías le llevarían finalmente a Hollywood y a sagas como Matrix o Spiderman).

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El resultado fue un éxito arrollador en las taquillas hongkonesas, estableciendo numerosos records de recaudación. La aclamación crítica no fue, en modo alguno, menor, acaparando hasta 7 galardones en los Hong Kong Film Awards (de ¡16 nominaciones!), 5 Golden Horse Awards (los más importantes premios del cine chino) y unas reseñas excelentes, lo que atrajo inmediatamente la atención de las productoras estadounidenses. Así, apenas cuatro años después, Martin Scorsese dirigía con gran éxito Infiltrados, hábil pero algo impersonal traslación a Chicago del film original, que le supuso su primer Óscar (cosas de la Academia, siempre con sus equilibrios para contentar a todos) y un notable éxito internacional (en parte debido al desconocimiento de la película original). Porque si en algún caso las comparaciones son odiosas, Infernal Affairs podría ser un ejemplo paradigmático. Un maestro del cine americano (autor de obras maestras como Taxi Driver o Toro Salvaje) que pierde a los puntos en su enfrentamiento con unos hábiles "artesanos" del cine asiático. Ya saben aquello de "Busquen, comparen y...". Esperamos que la disfruten.




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