Vladímir Ilich Lenin principal dirigente de la Revolución de Octubre y primer dirigente de la Unión Soviética, fue acribillado a balazos el 30 de agosto de 1918. A la salida de una fábrica en la que había pronunciado uno de sus habituales discursos, una activista revolucionaria llamada Fanny Kaplán le gritó, buscando que Lenin se girase hacia ella. En aquel momento, Kaplán le asestó tres disparos. Uno le atravesó el abrigo y los otros dos le alcanzaron el hombro y el pulmón izquierdos.

Lenin arrastraba muchos problemas de salud, achacados comúnmente al gran estrés derivado de su implicación en la Revolución y la Guerra, aunque otras fuentes citan la sífilis como una de las dolencias que más le castigaron. Pero lo cierto es que el atentado agravó su situación, sobre todo por el hecho de que una de las balas quedó alojada en su cuello, cerca de su espina dorsal, sin que los médicos pudieran extraerla. En mayo de 1922 comenzó a sufrir infartos con peligrosa frecuencia, señal que aprovechó la maquinaria del partido para reducir su peso en las decisiones de gobierno. En diciembre de ese mismo año sufrió un segundo y más intenso infarto, culpable de la paralización parcial del lado derecho de su cuerpo. En marzo de 1923 otro ataque al corazón le dejó sin habla y en cama. Finalmente, falleció el 21 de enero de 1924, a la edad de 53 años. Las colas para rendirle homenaje fueron interminables.

Tras su muerte, se inició un proceso de castigo contra gran parte de su aparato y de sus colaboradores, algo que derivó en lo que se conoce como "La Gran Purga", una masiva campaña de represión y persecución política iniciada a finales de los años 30, y que terminó con la ejecución de cientos de miles de sospechosos o, en el mejor de los casos, su envío a durísimos campos de concentración. Este fue un proceso lento en el arranque, pero demoledor con el paso de los años. Afectó a todos los sectores por igual, sin importar si se era un político, un militar un intelectual o un obrero. En el campo de la cultura, se dieron paradojas terribles, como lo ocurrido con uno de los cineastas soviéticos más influyentes de todos los tiempos: Dziga Vertov.

Convertido en el motor de una nueva concepción del arte cinematográfico tras el estreno en 1924 de "El hombre de la cámara", el cine de Vertov era uno de los ejes sobre los que giraba la importante industria propagandística soviética. Sus trabajos eran esperados con devoción, y el Kremlin besaba el suelo que este director pisaba. A nadie extrañó que en los últimos años de vida de Lenin se le encargara la realización de un largometraje titulado "Tres canciones sobre Lenin", con el que se pretendía realizar un retrato amable sobre la figura del líder soviético a partir de tres canciones populares. La producción de esta obra de apenas 57 minutos, donde por cierto interviene La Pasionaria, finalizó en enero de 1934, coincidiendo con la muerte de Lenin, pero su estreno no se produjo hasta diez meses después, y sin que tuviese ya respaldo alguno del aparato. No era el momento de "hablar bien de Lenin". Cuatro años más tarde se presentó una nueva versión de esta obra, cambiando parte del metraje original por un extraño añadido en el que se ensalzaban los logros alcanzados por Stalin en ese lapso de tiempo. Vertov nunca fue el mismo hombre de antes. Jamás recuperó su estatus, y quedó reducido a un mero editor de noticieros propagandísticos hasta su muerte, en 1954.

Su obra, sin embargo, superó el ninguneo del régimen, y hoy en día es considerado uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. Su rastro es hoy muy fácil de localizar entre los cineastas que transitan el peliagudo terreno de la "No Ficción". Su obra fundamental, "El hombre de la cámara", se proyecta el lunes 14 de noviembre en el CICCA, a partir de las 19.30 horas, dentro de un ciclo que la Asociación de Cine Vértigo está dedicando a ese género.

Con esta obra, Vertov intentó ilustrar un día en la vida de un operador de cámara, dedicado desde el alba hasta el anochecer a filmar una ciudad soviética cualquiera. Instantáneas callejeras, el fragor de las fábricas, la vida en los hogares... bocetos de una realidad que adquieren un significado ideológico preciso gracias a una brillante técnica de montaje. "El hombre de la cámara" puede ser considerada como el eje práctico sobre el que Vertov volcó los manifiestos de su grupo "Cine-Ojo": "Lo fundamental: usar la cámara como un ojo fílmico más perfecto que el ojo humano para explorar el caos de los fenómenos visuales que llenan el universo. El drama cinematográfico es el opio del pueblo. ¡Abajo las fábulas burguesas y viva la vida tal y como es!".
El resto de proyecciones de este ciclo son las siguientes:
21 de noviembre: Hombres de Arán, de Robert J. Flaherty
28 de noviembre: El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl
