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Novedades en la categoría Diario de una camarera


¿Qué tienen en común Jeanne Moreau, Lina Romay y Paulette Goddard? Todas ellas son actrices, de acuerdo, pero ésa es una respuesta fácil. Algo más brillante decir que todas ellas encarnaron en la pantalla grande a Celestine, la heroína de una de las novelas más escandalosas del escritor francés Octave Mirbeau, "Le Journal d'une femme de chambre" (1900). Goddard lo fue a las órdenes de Jean Renoir en "Memorias de una doncella" (1946) y Moreau protagonizó "Diario de una camarera", dirigida en 1964 por Luis Buñuel. Algo más reciente es el caso de Lina Romay, musa de Jess Franco y dirigida por éste en una muy libre adaptación de la citada novela, "Célestine, bonne à tout faire" (1974).


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Tras acabar a lo grande su etapa mexicana con "Viridiana" (1961) y "El ángel exterminador" (1962), Buñuel regresó al cobijo que siempre le dio Francia con "Diario de una camarera". En esa reentré de Buñuel en el cine francés tuvo mucho que ver el productor Serge Silbermann, judío de origen polaco, superviviente de un campo de concentración nazi y responsable de títulos tan emblemáticos como "Bob le flambeur" (Jean Pierre Melville, 1955), "Le trou" (Jacques Becker, 1959) o "Ran" (Akira Kurosawa, 1985). Ambos tenían un amigo en común, Fernando Rey, y éste fue quien convenció al director para acudir a una comida en la que Silbermann consiguió convencer al director aragonés de que se podría volver a adaptar la obra de Mirbeau. El flechazo fue instantáneo y desde entonces se convirtió en el productor de seis de las últimas ocho películas que Buñuel rodó desde ese momento hasta su muerte.


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Buñuel le pidió a Silbermann un colaborador, alguien que le ayudase a adaptar la novela. Tenía que ser joven, francés y conocedor de la vida de provincias. Al productor le vino a la memoria un joven llamado Jean Claude Carrriere al que conocía por sus pequeñas colaboraciones con Pierre Etaix y Jacques Tati. En pleno Festival de Cannes de 1963, se organizó un almuerzo entre Carriere y Buñuel. El joven aspirante a guionista pensaba que le haría mil y una preguntas sobre el libro, como si de un examen se tratase, pero Buñuel ni lo mencionó. Se limitó a preguntarle cosas sobre él, sobre sus gustos y su vida. La pregunta fundamental para que se incorporase al proyecto fue si le gustaba el vino. Carriere confesó que le encantaba, y que venía de familia de viticultores. Ya tenían algo en común, y aquello fue el principio de una gran y fructífera amistad. Un par de semanas después Silbermann llamó por teléfono a Carriere y le dijo que Buñuel le estaba esperando en Madrid para empezar a escribir el guión de "Diario de una camarera"


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"Diario de una camarera" forma parte del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al maestro aragonés. Se proyecta el 20 de diciembre, a las 19:30 horas en el CICCA y con entrada gratuita. Narra el acoso que sufre Celestine, una camarera parisina que llega a la casa de campo de la familia Montell para trabajar como sirvienta. En palabras del propio Buñuel, "con Diario de una camarera he querido abordar la introspección sobre la mentalidad y la moralidad de la burguesía francesa de provincias en torno a los años 30. La moral burguesa es lo inmoral para mí". El material de partida, hábilmente manejado por Carriere y Buñuel, se convirtió en otra más de las habituales bombas de relojería lanzadas por el director aragonés contra la sociedad en la que le tocó vivir.


Este ciclo terminará el 27 de diciembre con "El fantasma de la libertad", la penúltima película dirigida por Luis Buñuel.

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