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La Europa del siglo XVI presentaba unos niveles de convulsión realmente estremecedores. La Iglesia se enfrentaba a tal maremágnum de presiones internas y externas que en cada esquina surgían nuevas corrientes, escuelas y tendencias, cada una con su propio grado de delirio.

Un religioso holandés de nombre Menno Simons, obsesionado por la literalidad de la Biblia, lideró la causa de numerosas comunidades anabaptistas no sólo de su país, sino también de Alemania y Polonia. Su antimilitarismo y la agresividad de sus postulados teóricos les hicieron objeto de castigo y persecución. A sus seguidores, renombrados ahora como "menonitas", no les quedó otra salida que una forzada huída a Rusia, prólogo de un definitivo destierro en el Nuevo Mundo.

Los menonitas han mantenido desde entonces un estilo de vida exageradamente austero en las formas y radicalmente intransigente en el fondo. Viven de manera aislada, casi autista, como si temiesen ser contaminados por lo externo. Se alimentan de sí mismos, con matrimonios que, al parecer, facilitan desde lo genético determinados comportamientos enfermizos. Quien esté interesado en este tema tiene en la red un abanico de informaciones realmente aterrador. Nuestra ignorancia al respecto aconseja dejar aquí esta introducción y centrarnos en una película que retrata precisamente una comunidad menonita de México: "Luz silenciosa".


Los menonitas que Carlos Reygadas retrata en esta película provienen de México, Alemania y Canadá. No nos gustaría resultar frívolos si decimos que forman parte de la corriente "liberal" de la gran comunidad menonita, pero teniendo en cuenta que aceptan el uso de vehículos de motor o de ciertas prácticas médicas, quizás no estemos tan desencaminados. Hablada en plautdietsch, un dialecto del alemán cercano al holandés medieval y con reminiscencias del yidddish, "Luz silenciosa" invita al espectador a aceptar un ritmo de vida distinto, estático y austero. Y lo hace con las decisiones estilísticas que tal empeño merece: planos largos, contención melodramática y austeridad formal.
Más cercano en pretensiones y resultados a su debut ("Japón", 2002) que a "Batalla en el cielo" (película inmediatamente anterior a esta que nos ocupa), "Luz silenciosa" alcanzó un reconocimiento inquebrantable desde el momento de su estreno, el 27 de mayo de 2007 en el Festival de Cannes. Allí recibió el premio del jurado, preludio de otros 28 premios internacionales que no hicieron sino refrendar el aplauso unánime de la crítica internacional.

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"Luz silenciosa" retrata el dilema al que se ve abocado un integrante de esta comunidad al confrontar sus sentimientos con su fe. Se puede disfrutar dentro de la aventura que la Casa de Colón y la Asociación de cine Vértigo están iniciando bajo el nombre de Colón Cinema. Se proyectará el jueves 25 de marzo a las 20.30 horas y con entrada libre.


Veinticuatro horas al día. Siete días a la semana. Cuatro semanas al mes. Doce meses al año. Durante treinta años. Todos los días la misma rutina, los mismos automatismos. Nada cambia. Pero es precisamente en esa monotonía donde un hombre encuentra su lugar en el mundo.

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Beto es ese hombre. Lo que para casi cualquier persona sería una existencia vacía de contenidos, desasosegante y sin futuro, para Beto es un refugio. Es el cuidador de una casa vacía ubicada en la calle Parque Vía, en la Ciudad de México. Es precisamente esa monotonía la que le da seguridad. Salir de allí, abandonar su refugio y encarar el mundo exterior supone un trauma, un desequilibrio en su plácida existencia. El anuncio de la posible venta de la casa enfrenta a Beto a un terrible dilema: mirar de frente a los monstruos que viven al otro lado del muro o buscar la forma de permanecer en su confinamiento voluntario.



Ese es el argumento de "Parque Vía", un multipremiado largometraje mexicano realizado por el madrileño Enrique Rivero, en cuyo acento confluyen ese origen español y sus vivencias en México y Estados Unidos. Rivero responde a ese prototipo de cineasta que partiendo de una formación aparentemente en las antípodas de lo habitual (estudió Ingeniería Industrial y estuvo trabajando en un banco), de repente da un volantazo a su vida y se convierte no solo en director de cine sino en un recolector de premios. Con ésta su ópera prima ha triunfado en más de una quincena de festivales de medio mundo, destacando los premios obtenidos en eventos tan reputados por los auteurs como Locarno, La Habana o México.


En uno de sus viajes al D.F. conoció a Norberto Coria (Beto) y se sintió fascinado por la vida que había elegido vivir. Pensó en hacer un documental sobre su soledad y su rutina dentro de esa casa en Parque Vía, pero por su cabeza rondaban un buen puñado de miedos propios que bebían de esas mismas fuentes, y eso fue lo que le hizo decidirse por la ficción intimista para contar la historia de Beto.


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Quizás el visionado de esta película defraude las expectativas, pero a priori hay ganas de verla. Si además el director se confiesa devoto admirador de Carlos Reygadas y Krzysztof Kieslowski, más me apetece darle una oportunidad.

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