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Novedades en la categoría cine indie


Después de la tempestad, llega la calma. Tras un periodo de convulsa actividad, se agradece enormemente el disponer de ese instante de sosiego necesario para retomar ese libro que no llegaste a terminar o esa película que nunca alcanzaste a sacar de su cuidado estuche.

Estos días he podido deambular por el personalísimo universo fílmico del argentino Lisandro Alonso. Con apenas cuatro largometrajes en la mochila, este bonaerense de 35 años puede presumir de haber alcanzado el estatus de "autor", ese que a otros les cuesta toda una vida. Si a ustedes no les importa, me apetece iniciar este pequeño discurso por sus tres primeras películas, piezas que por separado tienen vida y brillantez propia, pero que vistas en un corto espacio de tiempo sugieren una continuidad de estilo digna de aplauso.


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Su carta de presentación fue "La Libertad" (2001), un seco e hipnótico relato cuasi documental, en el que un silencioso y rudo personaje, Misael, nos permite acompañarle durante un fragmento de su pausada existencia en el corazón de la selva. La escasez de información, la magnética presencia de la naturaleza y un enorme trabajo de sonido consiguen aportar desasosiego al espectador sin que realmente existan motivos para ello. Tremendo debut.


Después llegó "Los Muertos", en 2004. Aquí el protagonista responde al paradigmático nombre de Argentino. Acaba de salir de la cárcel y se adentra en un territorio que conoce, esa misma selva de la que antes hablamos, para encontrarse con su terrible pasado. Abandona cierta forma de entender la civilización (la cárcel) y abraza el silencio y el lento pausar de la vida con una rudeza que, nos iremos dando cuenta, será común en todos los personajes de Alonso.



En 2006 se cierra el círculo con "Fantasma". Argentino es invitado a la capital al estreno de "Los Muertos". Deambula por el decadente Teatro San Martín a la espera de que se inicie la proyección. Misael también anda por allí, como si quisiese ser partícipe de este final de trayecto. Ambos comparten una cierta mezcla de desasosiego y curiosidad ante un entorno tan hostil para ellos. Nunca han estado en un cine y los interminables pasillos, los baños destartalados, los ascensores tenebrosos, plenos de sonidos y ruidos estupendamente registrados, les hacen partícipes de una especie de pesadilla urbanita, una malévola forma de poner punto final a un viaje iniciado en el corazón de la selva y que termina en la soledad de una sala de cine igual de vacía y solitaria que aquella jungla en la que comenzó todo.


Vistas de forma conjunta, hay algo en estas tres películas que me hizo recordar a la involuntaria trilogía iniciada por el iraní Abbas Kiarostami en 1987 con "¿Dónde está la casa de mi amigo?". Esta película ilustraba la angustia de un niño de ocho años tras haberse quedado por error con el cuaderno de su compañero de clase. En su pequeño universo esto supone un problema de dimensiones mitológicas, por lo que su decisión de hacer lo que sea preciso para devolvérsela termina tomando tintes de autentica odisea. Fue rodada en la región de Guillan, al norte de Irán, zona que poco después del rodaje fue devastada por un terremoto que causó más de 40.000 muertos.


Kiarostami decidió volver al lugar de los hechos y el viaje sirvió de telón de fondo a otra película, "La vida y nada más" (1995). En su travesía buscó a un actor para que hiciése de él mismo, y le hizo acompañarse en el viaje por su hijo, descubriendo ambos la insondable capacidad que tiene el ser humano para perseverar en su intento por seguir adelante a pesar de las adversidades.

Rizando el rizo, tres años después filma la que para muchos es una de sus mejores películas, "A través de los olivos". Decide recrear el rodaje inicial pero desatendiendo lo que normalmente se convierte en epicentro de este tipo de obras de "cine dentro del cine". No se interesa por el director (lo cual hubiera sido bastante egocéntrico, todo hay que decirlo) ni por el proceso de producción, ni tan siquiera por los actores principales. Prefiere centrarse en dos personajes secundarios, dos habitantes de la zona a los que se dio la oportunidad de dar vida a una joven pareja de novios. Mientras se dilata el momento de ponerse delante de la cámara, ambos viven en silencio su frustración por no poder consumar esa relación en la vida real.

No creo que sea muy acertado decir que estos dos directores compartan idéntico punto de vista sobre el cine. Es cierto que su apuesta por actores no profesionales dota de crudeza y veracidad a sus tramas, pero mientras la aproximación naturalista que enarbola Kiarostami está contaminada de neorrealismo, los postulados de Alonso responden más a ciertos postulados minimalistas. No obstante, me resulta curiosa la forma en que en estas dos trilogías ambos apuestan por cierto mecanismo de muñeca rusa, con citas a veces muy directas entre película y película. Es apenas una trivialidad, soy consciente de ello, pero me apetecía comentarlo, por si alguno de los lectores y lectoras de este blog tiene la misma curiosidad que yo y decide visionar de nuevo algo de Alonso o de Kiarostami. No se arrepentirán.

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En el número de enero de la edición española de Cahiers du cinema se hace, además de la habitual lista de las mejores películas del año, una especie de clasificación alternativa, no por la dificultad o riesgo de sus títulos, sino porque se centra en aquellas obras que muchos denominan "invisibles", obras hurtadas al gran público y que ven condenada su existencia al esquinado territorio de los festivales y los circuitos marginales.

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En el quinto lugar de esa clasificación nos encontramos con "Vengeance", del hongkonés Johnnie To, un paseo de ida y vuelta hacia el polar francés más nelvilleniano de la mano del gran Johnny Hallyday. Esa película se estreno en mayo de 2009 en Cannes, y en septiembre de ese mismo año se pudo ver en el Festival de San Sebastian. Desde entonces, y a pesar del nombre que su director ya tiene entre los espectadores más avezados y a pesar de ciertos comentarios críticos positivos, pocas oportunidades se le han dado. Incomprensible, pero cierto.


También en Cannes, pero en el mayo de 2005, se estrenó uno de los títulos más emblemáticos de To. Dentro de una impresionante sección oficial ("L´Enfant", "Una historia de violencia", "Los tres entierros de Melquíades Estrada", "Manderlay", "Last days", "Caché", Three times", "Bashing"...), Johnnie To acudía por primera vez con "Election". Quienes no conocían de su obra anterior marcaron su nombre con fuego después de aquel primer encuentro.


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"Election", alabada por el omnipresente Quentin Tarantino como la mejor película de ese 2005, es quizás uno de los mejores ejemplos del "Toque To", esa sugerente mezcla de un interior sustentado en análisis sociales clarividentes, y envuelto en un papel de regalo arrebatadoramente estilizado. La película se centra en el proceso de elección del líder de la triada más antigua de Hong Kong. Estas organizaciones criminales asiáticas se organizan en grupos de tres personas (de ahí su nombre) interconectados jerárquicamente con otros grupos por solo uno de sus integrantes, lo que conlleva un total desconocimiento del resto de los miembros de la triada. A diferencia de las mafias occidentales, más parecidas a una gran familia, las conexiones son aquí más colaterales, algo tremendamente útil a la hora de esquivar las pesquisas policiales.


To nos introduce con enorme sutileza en ese proceso de búsqueda de un nuevo líder. Las rivalidades feroces emergen entre los dos candidatos a hacerse con el cargo. Lok es el favorito para ganar, pero su rival, Big D, no se detendrá ante nada para que eso cambie, incluyendo ir en contra de años de tradición e influenciar el voto con el dinero y la violencia. Una lucha por el poder que amenaza con partir a la tríada en dos.

Con casi cincuenta largometrajes a su espalda y veintiséis premios cinematográficos decorando las estanterías de su casa., en España solamente se han estrenado comercialmente tres de sus películas. Una de ellas es esta "Election", con la que la Asociación de cine Vértigo culmina el ciclo "Delicias orientales" y con la que aspira a poner un granito de arena a la hora de hacer visible lo invisible. Respetadísima en occidente (mejor director y Premio Jurado Joven en el Festival de Sitges) y venerada en Asia, donde alcanzó el reconocimiento de la crítica (Mejor película y director para la crítica hongkonesa) y de la industria (Mejor película, director, guión y actor en los Premios del cine hongkonés), tienen ustedes ahora la oportunidad de degustar el último plato de este menú de Delicias que esperamos que hayan disfrutado.


La mañana era fría. Muy fría. Espantosamente fría. El Paseo Zorrilla a las siete y media de la mañana de un domingo cualquiera de un mes de noviembre es, por definición, espantosamente fría (sobre todo si uno viene de Canarias). Allá a lo lejos, doblando la esquina, el centro de Valladolid se desperezaba, entre charcos de agua de lluvia y algún que otro naufrago de la noche pucelana. El paso firme, la bufanda que no daba más de sí y uno que se encaminaba hacia el corazón de la Semana Internacional de cine de Valladolid: el majestuoso Teatro Calderón.


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La noche del sábado había sido larga. Generalmente lo son en todos los festivales, y por muy castellano que éste fuese, no iba a ser una excepción. Las pocas horas de sueño y el ataque despiadado del frío pucelano invitaban más al abrazo de la almohada, pero el deber es el deber, y uno estaba en Valladolid para vivir el día a día de la Seminci. Aquella mañana tocaba madrugar, porque a las ocho y media de la mañana se proyectaba una película a concurso. No les voy a negar que mientras sorteaba charcos y más charcos camino del cine llegué a desear que la película en cuestión fuese rematadamente horrible, con lo que tendría una excusa válida para irme a tomar un chocolate caliente. Sí, lo reconozco, fustíguenme si así se sienten mejor. Soy de los que en un Festival de cine se escapa de las proyecciones antes de que acaben si la película en cuestión es insoportable. Pero de eso hablamos otro día, si les apetece. En general deseo con toda mi alma que esa próxima proyección sea un momento inolvidable, que me permita descubrir algo, o a alguien. Pero aquel día...

Imaginaba que a una proyección tan tempranera, casi de madrugada, y en domingo, asistiría muy poca gente. Imaginaba que seríamos cuatro gatos difuminados entre la inmensidad del teatro. Tremendo error. El cine estaba a reventar, no cabía un alfiler. Y nadie se marchó de la sala. Ni siquiera yo. De hecho, se me pasó el frío y se me pasó el sueño. ¿El culpable del milagro? Won Kar Wai y su "2046".


Sutileza, elegancia, poesía....todas esas palabras se escucharon en los corrillos que se formaron a la salida de la proyección, tras una merecida salva de aplausos. Aquella historia arrebatada, plena de sofisticación y sensualidad, consiguió el premio de la crítica merecidamente, galardón que ya en aquel momento se hizo corto ante los méritos de esta película.

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Concebida como colofón de una trilogía iniciada con "Days of being wild" y continuada con la descomunal "Deseando amar", esta "2046" tomó su título del año fijado por las autoridades chinas como compromiso frente a los habitantes de Hong Kong, un compromiso gracias al cual mantendrían sus condiciones de vida anteriores a la incorporación al país tras dejar atrás su pasado colonial. Construida como un laberíntico juego de muñecas rusas, coloca al intenso Tony Leung en el epicentro de un ir y venir de mujeres a las que encarnan actrices tan bellas como soberbias: Maggie Cheung, Gong Li o Zhang Ziyi.


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Esta película se proyecta en el CICCA el lunes 15 de febrero a las 19.30 horas y dentro del ciclo denominado "Delicias orientales", el cual pretende recordar algunas de las joyas del reciente cine asiático. Es evidente que la figura de Won Kar Wai no podía faltar en un repaso por lo mejor de esas cinematografías orientales. A quien esto escribe le ha venido bien esta proyección para recordar aquella fría mañana castellana y cómo el buen cine puede ser el mejor remedio contra las inclemencias del tiempo.


Los últimos días de un año se prestan, entre otras cosas, a la aparición de listas diversas sobre lo mejor del año. Cuando además coincide ese fin de año con el penúltimo año de una década, como nos ocurre ahora, la fiebre por los listados se recrudece y parece que de todo hay que hacer un decálogo.


El mundo del cine, tan dado a las clasificaciones y calificaciones, no podía ser menos. Posiblemente hayan leído o visto algo similar en los últimos días, pero en este caso nos vamos a hacer eco de una noticia que nos llega desde el lejano Canadá. Más concretamente desde la provincia de Ontario, la más poblada del país y la que acoge a la ciudad con mayor población: Toronto.


En la ciudad de Toronto se celebra anualmente el TIFF (Toronto International Film Festival) un evento de reconocido prestigio y que se define a sí mismo como "organización cultural sin ánimo de lucro cuya misión es transformar la manera en que la gente ve el mundo a través del cine". Implicado en una visión del cine mucho más compleja que la que se puede manejar desde las trincheras de un festival de cine, el TIFF creo en 1990 "Cinemateqhe Ontario", institución consagrada a realizar durante todo el año un variadísimo programa de proyecciones que recorre la historia del cine hasta nuestros días, además de propiciar espacios para el debate, el estudio o la investigación.


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Este año, dentro de su afán por tomar el pulso a la realidad del séptimo arte, ha realizado una exhaustiva consulta encaminada a plasmar en un listado las mejores películas de la década. Con las reservas que toda encuesta de este tipo conlleva (las películas no son caballos de carreras que compitan por un mismo trofeo en un mismo hipódromo), entendemos que la rigurosidad puesta en el diseño de esta encuesta merece ser tomada en cuenta.


Se ha pedido opinión a más de 60 historiadores, críticos de cine y programadores de festivales de todo el mundo, los cuales previamente habían demostrado poseer una perspectiva compleja y con criterio, expuesto habitualmente en libros, ensayos u otro tipo de textos publicados. En palabras del responsable de programación de la Cinemateque, James Quandt, "su perspectiva nos debería aportar una visión más amplia del cine realizado en esta pasada década, de los títulos que han marcado un hito y de los que deben ser tomados en cuenta por su influencia histórica". Quienes han respondido a esa encuesta trabajan en instituciones públicas y privadas de gran relevancia en el concierto internacional. Baste citar el Museum of Modern Art (New York), el British Film Institute (Londres), el UCLA Film & Television Archive (Los Angeles), la Filmoteca de la UNAM (Mexico D.F.), el Austrian Film Museum (Viena), el Berkeley Art Museum and Pacific Film Archive (Berkeley), el Swedish Film Institute (Estocolmo) o el Festival Internacional de Cine de Berlin. Curiosamente, de entre el listado de participantes, un nombre con sabor español: el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.


Lanzando una mirada al listado final, se comprende la presencia del Festival de LPGC en ese grupo de encuestados. No en vano una gran parte de los títulos en ella detallados han formado parte de su programación, y un buen puñado de los directores reseñados han estado presentes de una u otra forma en el Festival.


Es evidente que es un listado, que no hay verdades absolutas y que en cualquier momento se publica un listado similar, con participantes más reputados y no se incluye ninguno de estos títulos. A cualquiera de ustedes seguro que le sobra algún nombre y/o le falta alguno, pero al menos en mi humilde opinión creo que estamos ante un acertado resumen de lo más destacado de esta década que se nos escapa entre las manos.


A continuación les detallo el listado completo. Si me lo permiten, yo levanto mi lanza contra la ausencia de cualquiera de los títulos de Lisandro Alonso y, puestos a premiar al bueno de Apichatpong, yo hubiera colocado en el primer lugar su "Tropical malady". ¿Qué opinan ustedes?



1. Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul, Thailand) - 53 votos
2. Platform (Jia Zhang-ke, Hong Kong, China/China/Japan/France) - 49 votos
3. Still Life (Jia Zhang-ke, China) - 48 votos
4. Beau travail (Claire Denis, France) - 46 votos
5. In the Mood for Love (Wong Kar-wai, Hong Kong, China) - 43 votos
6. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, France/Thailand/Germany/Italy) - 38 votos
7. The Death of Mr. Lazarescu (Cristi Puiu, Romania) - 35 votos
Werckmeister Harmonies (Béla Tarr, Hungary) - 35 votos
8. Éloge de l'amour (Jean-Luc Godard, Switzerland/ France) - 34 votos
9. 4 Months, 3 Weeks, 2 Days (Cristian Mungiu, Romania) - 33 votos
10. Silent Light (Carlos Reygadas, Mexico/France/Netherlands) - 32 votos
11. Russian Ark (Alexander Sokurov, Russia/Germany) - 31 votos
12. The New World (Terrence Malick, USA) - 30 votes
13. Blissfully Yours (Apichatpong Weerasethakul, France/Thailand) - 29 votos
14. Le Fils (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Belgium/France) - 27 votos
15. Colossal Youth (Pedro Costa, Portugal/France/Switzerland) - 25 votos
16. Les Glaneurs et la glaneuse (Agnès Varda, France) - 24 votos
In Vanda's Room (Pedro Costa, Portugal/Germany/Italy/Switzerland) - 24 votos
Songs from the Second Floor (Roy Andersson, Sweden/Denmark/Norway) - 24 votos
17. Caché (Michael Haneke, France/Austria/Germany/Italy) - 23 votoo
A History of Violence (David Cronenberg, USA) - 23 votos
Mulholland Drive (David Lynch, France/USA) - 23 votos
Three Times (Hou Hsiao-hsien, Taiwan) - 23 votos
18. Rois et reine (Arnaud Desplechin, France) - 21 votos
19. Elephant (Gus Van Sant, USA) - 20 votos
20. Talk to Her (Pedro Almodóvar, Spain) - 19 votos
21. The Wind Will Carry Us (Abbas Kiarostami, Iran/France)- 18 votos
YI YI (A One and a Two) (Edward Yang, Taiwan/Japan) - 18 votos
22. Pan's Labyrinth (Guillermo del Toro, Spain) - 17 votos
23. L'Enfant (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Belgium/France) - 16 votos
The Heart of the World (Guy Maddin, Canada) - 16 votos
I Don't Want to Sleep Alone (Tsai Ming-liang, Taiwan/France/Austria) - 16 votos
Star Spangled to Death (Ken Jacobs, USA) - 16 votos
24. The World (Jia Zhang-ke, China/Japan/France) - 14 votos
25. Café Lumière (Hou Hsiao-hsien, Japan) - 13 votos
The Headless Woman (Lucrecia Martel, Argentina/Spain/France/Italy) - 13 votos
L'Intrus (Claire Denis, France) - 13 votos
Millennium Mambo (Hou Hsiao-hsien, Taiwan/France) - 13 votos
My Winnipeg (Guy Maddin, Canada) - 13 votos
Saraband (Ingmar Bergman, Sweden) - 13 votos
Spirited Away (Hiyao Miyazaki, Japan) - 13 votos
I'm Not There (Todd Haynes, USA) - 13 votos
26. Gerry (Gus Van Sant, USA) - 12 votos
27. Distant (Nuri Bilge Ceylan, Turkey) - 11 votos
Dogville (Lars von Trier, Denmark/Sweden/UK/France/Germany) - 11 votos
The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, USA) - 11 votos
28. Alexandra (Alexander Sokurov, Russia/France) - 9 votos
demonlover (Olivier Assayas, France) - 9 votos
29. Atanarjuat, The Fast Runner (Zacharias Kunuk, Canada) - 8 votos
Goodbye, Dragon Inn (Tsai Ming-liang, Taiwan) - 8 votos
30. Longing (Valeska Grisebach, Germany) - 7 votos
Secret Sunshine (Lee Chang-dong, South Korea) - 7 votos
Vai e Vem (João César Monteiro, Portugal) - 7 votos
Far From Heaven (Todd Haynes, USA/France) - 7 votos



Hay películas que te proponen un esfuerzo intelectual la mar de reconfortante. Te sientes atrapado por sus juegos dialécticos, disfrutas con sus enunciados teóricos y te animas con facilidad a debatirla desde la racionalidad. Otras películas te llegan por las tripas y te atrapan desde la epidermis. Sientes hacia ellas una reacción física a la que es difícil encasillar dentro de una teoría.


A veces esas películas "intelectuales" pecan de frialdad. A veces esas otras obras "físicas" están más vacías de lo deseado. En mi caso particular no distingo entre una y otra forma de dejarme seducir por una película. En algunos momentos un impacto físico puede ser más que suficiente. Seguro que hay quien piensa que habría que posicionarse, pero que no cuenten conmigo.


Sin embargo, a veces se da la curiosa circunstancia de que una película es capaz de revolverme las entrañas mientras conduce mi intelecto hacia encrucijadas poco concurridas. No es que pase muchas veces, pero cuando eso ocurre siento que se justifica con creces el precio de la entrada. Durante la décima edición del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria tuve la suerte de llegar a ese encuentro afortunado. En su sección oficial se dieron cita un buen puñado de películas, pero una de ellas fue especial: la francesa "Un lac" (2008), de Philippe Grandrieux.

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Sin identificar plenamente el lugar en que la acción tiene lugar (ni falta que hace), asistimos a la llegada de un misterioso forastero. Viene a turbar la aparente placidez de una familia que vive aislada entre un bosque perennemente cubierto de nieve, un lago amenazador y una niebla casi fantasmagórica. Esa familia la componen una madre ciega, un padre y tres hijos. Las enfermizas relaciones que se intuyen en el seno familiar, el místico vínculo que parece unir a sus miembros con la sobrecogedora naturaleza que les atrapa y protege, la turbadora presencia de ese extraño.....todo eso le confiere a "Un lac" una pátina especial que el jurado del Festival supo apreciar, concediéndole el Premio a la Mejor Fotografía y una Mención Especial del Jurado.



Retomando una especie de regla no escrita Festival de Las Palmas de Gran Canaria, Grandieux será uno de nombres propios de la edición de 2010. Francés de nacimiento, fue en Bélgica donde estudió en el Instituto Nacional Superior de las Artes del Espectáculo y donde sus obras primerizas, de marcado carácter experimental, recibieron cobijo en los museos locales durante buena parte de los 70 y los 80. Después comenzó a colaborar con el Instituto Nacional del Audiovisual de Francia, en busca de nuevas formas y formatos audiovisuales, paseándose sin prejuicios entre la experimentación, el videoarte, el ensayo o las instalaciones. De esa época destaca el premio entregado en 1983 por la Asociación Francesa de Críticos de televisión a una de sus piezas titulada "Pleine lune"


Dirigió un par de capítulos de la película colectiva "La Roue" (1993), donde cada director se centraba en un ciclista profesional determinado. Fue especialmente relevante el dedicado por Grandieux al polémico holandés Gert Jan Theunisse, alias "La Bestia", un estupendo escalador que destacó sobremanera en el Tour de Francia y que estuvo permanentemente cuestionado durante toda su carrera por unas sospechas de dopaje posteriormente confirmadas y ampliadas.


Grandieux nunca ha abandonado el videoarte y las instalaciones, alternando sus trabajos en estos campos con el cine más "tradicional" (si es que en el caso de Grandieux se puede emplear ese adjetivo), sobre todo después de su debut en el largo en 1998 con "Sombre" (1998). Con aquella película alcanzó una Mención Especial del selecto Festival de Locarno, seduciendo a su jurado con su narración fragmentada, sus imágenes convulsas y una extraña trama donde curiosamente tenía especial relevancia un coche que sigue el devenir del Tour de Francia.


Tuvieron que pasar cuatro años para que en 2002 llegase su segundo largometraje, "La vie nouvelle", una historia impactante sobre la trata de blancas en la Europa del Este y que recorre la sordidez de los clubs de alterne al ritmo de las pasiones enfermizas de sus personajes.



Incluso ha tenido tiempo para dirigir un videoclip de Marilyn Manson titulado "Putting Holes in Happiness", single de su álbum de estudio de 2007 "Eat me, drink me". En el video asistimos a la confrontación entre Manson y una especie de bruja que parece burlarse del músico. La presencia insistente de un bosque tranquilo y nublado parece prepararnos para lo que vendría al año siguiente: el estreno en 2008 de "Un lac".

Grandieux estará en Las Palmas de Gran Canaria para presentar una buena parte de su filmografía y seguramente para algo más. Sin duda, una oportunidad única para aproximarnos a un artista singular, atractivo y sugerente.

Film Independent es una organización que presume de moverse sin ánimo de lucro dentro de la Industria del cine americano, algo que parece profundamente contradictorio. Pero lo cierto es que llevan un cuarto de siglo potenciando el cine americano de bajo presupuesto y, consecuentemente, a todos aquellos artistas que luchan por hacerse un hueco en el mundillo del cine y a los viejos francotiradores que se niegan a asumir las reglas del juego.

En sus dos primeros años de vida se denominaban FINDIE ("Friends of Independents") Awards, pero desde 1986 se les conoce como Independent Spirit Awards y han ido ganando cada año cotas cada vez mayores de relevancia, consiguiendo convertirse en algunos casos en descubridores del "próximo gran nombre del cine americano".


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La edición en que van a cumplir sus primeros 25 años no se celebrará en la Playa de Santa Mónica como ha sido habitual, sino en el centro de Los Angeles. Será el 5 de marzo de 2010, dos días antes de la ceremonia de entrega de los Oscar. Dos son las películas que optan este año a un mayor número de premios, "Precious" y "The last station", con 5 candidaturas cada una, representando además dos de las principales vertientes tradicionales de estos premios.

"Precious" responde al ejemplo de "pequeña y arriesgada película independiente americana". Arrasó en Sundance, llevándose el Primer Premio, el Premio del Público y el Premio Especial del Jurado. También deslumbró en San Sebastián (Premio del Público) y es uno de los títulos más comentados del momento. Aunque es la segunda película de su director Lee Daniels, éste es desde hace tiempo un nombre de referencia en la industria. No en vano fue director de casting en "Purple rain" (1984) y productor de "Monster´s Ball" (2001), pero está alcanzando un estatus diferente con la historia de una adolescente negra con severos problemas de obesidad y que sufre reiterados abusos en su casa. Por si no tuviese todas las papeletas para arrasar, además la produce Oprah Winfrey...



"The last station" sin embargo es una coproducción entre Rusia, Grecia y Reino Unido que dirige Michael Hoffman (el mismo de "Restoration"). Promete un recital (otro más) de su actriz protagonista (Helen Mirren), un elenco de maravillosos secundarios (Christopher Plumier o Paul Giamatti) y, en definitiva, un drama biográfico de esos que tanto gustan en Hollywood y que en este caso fantasea con un fragmento de la vida de Tolstoi.



De entre el resto de candidatos podríamos resaltar la presencia del éxito comercial del año dentro del cine independiente, "500 días juntos", con opciones a Mejor película, guión y actor principal, categorías en las que no sería extraño ver su nombre dentro de los Oscar. Más cercanas nos suena la presencia de un puñado de títulos que han participado en el reciente Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria ("The exploding girl", "Beeswax" o "Goodbye Solo"). Pero hay un título que nos apetece resaltar por encima de todos: "Sin nombre", de Cary Fukunaga, candidato a tres categorías principales (película, director y fotografía), un mérito extraordinario para un debutante y, sobre todo, para una película que siendo de producción estadounidense está hablada en español. Cuenta la historia de una joven hondureña que viaja hacia Estados Unidos a través de México a bordo de un ferrocarril de carga, acompañada por su novio, integrante de una pandilla centroamericana.

Fukunaga estuvo por Canarias hace un par de años. Vino a la Muestra de cine iberoamericana de Las Palmas de Gran Canaria de 2005 a presentar su exitoso cortometraje "Victoria para Chino" y a coordinar el Proyecto Corto de aquella edición. Quienes tuvimos la suerte de conocerle descubrimos que el talento que apuntaba su obra encontraba un delicado balance en su temperamento suave y relajado. Pelo rapado (últimamente se lo ha dejado más largo), vaqueros gastados, calzado surfero y gafas de intelectual. Un tipo con encanto, como bien pueden corroborar buena parte de las espectadoras de aquella edición de Ibértigo. Lamentablemente, su presencia en Canarias no tuvo la relevancia pública que merecía. Ya saben, cosas de "no ser famoso".

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Aquel encuentro se ha prolongado en el tiempo, gracias a las ventajas de Internet y a algún encuentro al otro lado del charco. Esto nos permitió saber de sus intentos por dirigir un primer largometraje en Hollywood que no le obligase a perder sus señas de identidad ni a aceptar credos ajenos. Diego Luna y Gael García Bernal le han producido esta película tal y como él quería, y eso es de agradecer. Cuando ahora vemos su primer largometraje como uno de los grandes triunfadores del año (y ojo a los Oscar), uno se siente especialmente afortunado de haberle conocido y de haber apoyado en la medida de sus limitadas posibilidades a un tipo así. Seguro que ahora muchos querrían abrir sus informativos con él. A buenas horas.

Dicen que las modas son cíclicas. Los pantalones de campana son un buen ejemplo. Terrorífico ejemplo. Las cosas que en un momento determinado gozan del favor del público caen con facilidad en el olvido, pero con la misma facilidad vuelven a resurgir, cual ave fénix.

Pero en el mundo del cine no es tan fácil este tipo de resurrecciones. Salvo que te toque la lotería de Tarantino y te quiera remodelar como hizo con John Travolta, David Carradine o Pam Grier, claro. En el cine se da con mucha facilidad eso de pasar de la gloria al destierro con gran facilidad.

Un comentario reciente en este blog sacó a relucir el nombre del director alemán Wim Wenders. De repente se nos encendió la bombillita. ¿Qué fue de Wim Wenders? Es este un magnífico ejemplo de este tema del que hablamos hoy. Wenders se acercó al cine desde su papel de crítico sesudo, pero también como empleado de la United Artist en Alemania, doble vertiente que en cierta forma anticipaba algunos de sus esquemas de futuro. Su fascinación por Hollywood siempre se apoyaría en una pose intelectual no siempre bien definida.

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"Alicia en las ciudades" (1974) le hace ganarse el respeto de la crítica alemana, justo antes de que "En el curso del tiempo" (1976) gane el premio de la crítica de Cannes. Empezaban sus días de vino y rosas.



A partir de ahí comienza un camino plagado de elogios, portadas de revistas, premios y mujeres, pero sobre todo fueron casi diez años en los que se le aplaudía todo. Además de brillar con "El amigo americano" (1977) o "Paris, Texas" (1984), tuvo muchas obras arriesgadas y otras fallidas, pero todo se le aplaudía. Y quizás eso ayudó a que poco a poco se sintiese bigger than life y se fuese encerrando en su propio laberinto.



Salvando el inesperado éxito de crítica y público de "Buena Vista Social Club" (1999), lleva más de 20 años sin dar una a derechas, encadenando proyectos cada vez más pretenciosos, cada vez más fallidos. Ya la crítica no le perdona ni una.


¿Regresará algún día?


Es una opción como otra cualquiera. Hay quien disfruta con el todo incluido de un hotel de la costa, hay quien se lanza al monte cual cabra montesa y hay quien no se plantea nada de eso por culpa de los ajustes económicos tan propios de estos tiempos. Pero el turismo cultural es otra opción la mar de interesante. Y en algún caso con pocos requerimientos presupuestarios. Nos atrevemos aquí con dos ejemplos, muy ligados (evidentemente) al séptimo arte.

Madrid es siempre una opción muy socorrida. El centralismo cultural de este país, su ubicación geográfica y el histórico maridaje operativo de nuestras compañías aéreas con dicha ciudad le convierten en imparable surtidor de oferta cultural, al mismo tiempo que le hace ser un destino de fácil acceso a los que viven fuera de ella. En estos días, si alguno de ustedes está de paseo por la capital o tiene pensado dirigir sus pasos hacia ella, tiene la oportunidad de disfrutar con la sugerente propuesta de la 19ª edición de la Semana de Cine Experimental de Madrid (del 20 al 27 de noviembre).


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Es éste un evento de amplia tradición y de innegable personalidad, que lleva casi dos décadas apostando por la creación más arriesgada y las propuestas más marginales de la industria. Sorprendentemente, la respuesta del público es más bien mayoritaria, algo que nos reafirma en nuestra vieja idea de que no sólo de grandes pensamientos únicos vive el hombre.

En la edición de este año, y aparte de la habitual competencia oficial, destaca la retrospectiva dedicada a uno de los directores más impactantes del cine actual, el argentino Lisandro Alonso. Una oportunidad única no sólo de disfrutar de sus cuatro películas (La Libertad, Los Muertos, Fantasma y Liverpool) sino de compartir impresiones con el mismísimo Alonso durante la presentación del libro "Lisandro Alonso: entre el cine y la filosofía". Escrito por uno de los responsables de la Semana, Luís Miguel Rodríguez, será presentado en Casa América, el miércoles 25 de noviembre a las 19:30 horas.


Sabe combinar este evento lo arriesgado con propuestas más accesibles para el espectador medio pero igualmente minoritarias, lo que le permite un sugerente trasvase entre públicos de distinta ralea. Por ejemplo, dedica un espacio al director francés de origen rumano Radu Mihaileanu, responsable de un puñado de títulos de interés como Traición (1993), Tren de la vida (1998), premio del Público a la Mejor Película extranjera en Sundance, o Vete y vive (2005), premio del Público en el Berlín.

Y si quien lee estas letritas reside fuera de Gran Canaria y se decide a realizar el viaje inverso (o si se vive por estos andurriales), en la localidad de Vecindario se desarrolla en estos días (entre el 20 y el 27 de noviembre) la quinta edición de San Rafael en Corto. Es una de esas propuestas culturales que a uno le gusta apoyar, de esas que nacen y sobreviven gracias al entusiasmos de un colectivo (en este caso, la asociación cultural canaria Gran Angular) y al apoyo de un grupo de empresas del sector público y privado.

Este proyecto cultural surgió durante las Fiestas de San Rafael 2005 para la divulgación de la creación cinematográfica de las Islas Canarias, como mecanismo de creación de un espacio de difusión de la creatividad cinematográfica canaria y en el que integrar la gran cantidad de obras que quedan fuera del circuito cinematográfico de las islas.


Uno de los principales objetivos de "San Rafael en Corto" es fomentar la creación de un circuito independiente que apoye a los directores noveles de las islas y en el que se fomente la creatividad por encima de los criterios que dicta el mercado cinematográfico. Los 89 cortometrajes canarios que componen el armazón principal de esta Muestra servirán para acercarse a ese objetivo al tiempo que proporcionarán una buena radiografía del estado del sector.

Se estrenarán además los primeros largometrajes de dos arriesgados directores canarios, algo que realza el papel de esta Muestra como escaparate de la producción local: Dispersión Mortal, de Wansy Navarro, y Tier Heim, de Esteban Calderín.

También es de destacar la presencia de invitados de renombre nacional, como la directora Chus Gutiérrez que en la apertura de la Muestra presentó Las siete alcantarillas, un segmento del documental colectivo, En el mundo, a cada rato un trabajo para UNICEF, en el marco de los conflictos olvidados. Para el cierre se espera la asistencia del director Javier Corcuera, quien presentará el documental Checkpoint rock, Canciones desde Palestina.



Estas proyecciones, así como diversas muestra paralelas, exposiciones, talleres, etc. se desarrollarán en el Teatro Municipal Víctor Jara de Vecindario y son gratuitas, algo que en los tiempos que corren es muy de agradecer.

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Con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no.

Chico conoce chica. Chico se enamora. Chica no. Así se resume la historia de "500 días juntos", película que supone el feliz debut de Marc Webb en la dirección cinematográfica, tras años dedicado a orquestar vídeos musicales de artistas tan variados como Green Day, Regina Spektor, Lenny Kravitz, Weezer o My Chemical Romance. Algún día hablaremos largo y tendido de los innumerables tópicos construidos alrededor de la figura de los directores de vídeoclips tras su salto a la gran pantalla, cuando lo cierto es que algunos de los más interesantes creadores de las últimas décadas proceden precisamente de ese campo (David Fincher, Spike Jonze o Michel Gondry, por citar sólo unos pocos). El film constituye una refrescante revisión de las relaciones de pareja a través de la historia de un arquitecto en ciernes, melancólico perenne bajo la influencia malditista de Morrissey y la música británica, y de un alma libre, una chica recién llegada de Michigan, con cierta aureola de encanto y que busca disfrutar de la vida sin ataduras ni etiquetas.

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Con un presupuesto minúsculo para lo que suele ser habitual en Hollywood (unos 7 millones, aproximadamente lo que debe gastarse Michael Bay en la ITV de Óptimus Prime y sus transformers), apenas un par de rostros reconocibles y grandes dosis de talento, la película nos hace recuperar la esperanza en un género cinematográfico, la comedia romántica, firmemente anquilosado en el tópico y la eterna repetición de clichés convertidos en reglas inamovibles del juego. Resulta refrescante comprobar que, muy de vez en cuando, aún surge alguna propuesta que le insufla algo de vitalidad renovada, condenado a transitar a bordo del enésimo vehículo estelar para la Jennifer, Kate, Drew o similar de turno. Y aunque incide en las características que normalmente asociaríamos con el cánon del cine indie norteamericano (buenrollismo rampante, participación en Sundance, ciertos retruécanos narrativos, selección musical ad hoc, mixtura de géneros, actores vinculados a cierto cine limítrofe; en fin, el lote completo), el buen hacer de Webb consigue que su propuesta cobre vida propia, dando voz a unos personajes carismáticos que destilan verdad.


Uno de los mayores aciertos de "500 días juntos" son sus divertidas disgresiones o puntos de fuga narrativos que enlazan directamente con la cita/homenaje cinéfilos (como identificar los estados de júbilo con el cine musical e, incluso, la animación disneyana, o los estados de desánimo con cierto cine europeo de autor, de Ingmar Bergman a la nouvelle vague). Son continuas las citas culturales, en ámbitos como la música (The Smiths, Belle & Sebastian, Joy Division, The Clash, Sex Pistols), la literatura (J.D. Salinger), la pintura (René Magritte, Paul Cézanne) o el propio medio cinematográfico ("El graduado"), trazando un cierto entramado multireferencial de fondo que contribuye a dotar de verosimilitud y proximidad a las peripecias de los personajes.

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Reseñar especialmente el derroche de carisma y encanto por parte de su omnipresente protagonista, el antinuo niño actor Joseph Gordon-Levitt, quien lleva unos años labrándose una excelente carrera con títulos enclavados en las fronteras del cine indie más interesante ("Brick", "The Lookout", "Havoc") y la feliz recuperación de Zooey Deschanel, reubicada en un registro más próximo a sus potencialidades como intérprete, tras el fiasco de "El incidente" shyamalano, demostrando por enésima vez su comodidad en los zapatos (o, en su caso, más probablemente chapines rojos) de protagonistas excéntricas y con un punto de liviandad etérea. Entre los peros que pueden ponerse a "500 días juntos", quizá quepa achacarle una cierta indefinición y lo estereotipado de los roles secundarios, rozando casi lo caricaturesco en algunos de ellos. Pero la búsqueda del eterno femenino de su protagonista bien merece nuestra compañía.


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Cualquier parecido de esta crítica con alguna persona real es pura coincidencia, Especialmente contigo, ya sabes quién. Zorra.

Valoración: 7/10

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