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Novedades en la categoría cine francés

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Cuando Tony el estefanés sale de la cárcel enfermo, después de una condena de cinco años, su amigo Jo el sueco, el hombre al que no quiso delatar, se hace cargo de su cuidado. Su intención es reformarse, pero pronto llega a sus oídos la noticia de que su antigua novia, Mado, se ha convertido en la amante de Pierre Gruter, el gángster propietario del club "La edad de oro". Desesperado, sin dinero, ni donde acudir, planea con Jo y Mario, un amigo italiano de ambos, el atraco a una importante joyería, para el que reclutan a un experto en cajas fuertes, César el milanés. Después de preparar cuidadosamente el golpe hasta el último detalle, utilizan el método del butrón y penetran en el establecimiento por el techo...


Las peripecias profesionales y vitales del cineasta de Connecticut Julius "Jules" Dassin (1911-2008) ejemplifican a la perfección las contradicciones y vicisitudes de una parte significativa de aquellos intelectuales y creadores de izquierdas que se vieron obligados a convivir con el nefando Comité de Actividades Antiamericanas. La pobreza de la infancia en barrios marginales neoyorquinos como Harlem o el Bronx, el mazazo de la Gran Depresión (que sumió en la miseria a millones de norteamericanos), el auge de los fascismos, la educación autodidacta, la vinculación con grupos revolucionarios de teatro (en su caso, el Federal Theatre), el desengaño profesional tras entrar a formar parte del engranaje hollywoodense (como director asalariado para la Metro-Goldwyn-Mayer) o la disyuntiva entre delatar a los compañeros de viaje o el ostracismo. Una suma de circunstancias que lo convertirían en emigrante a su pesar, trotamundos impenitente, cineasta con el arte como única patria.

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Tras iniciar su carrera como actor yiddish, y una etapa de aprendizaje y asentamiento como director en la Metro (de la que acabaría renegando amargamente), sería de la mano del productor Mark Hellinger y el cine negro con toques neorrealistas ("Fuerza bruta" y "La ciudad desnuda") como alcanzaría el prestigio crítico. Sin embargo, el proyecto que acabaría convirtiéndose en "Rififí" (palabra que en argot vendría a significar algo así como "camorra") llegó a las manos de Julie Dassin tras un impasse profesional de cinco años. Su última película, "Noche en la ciudad", había sido enormemente alabada (y muchos años más tarde objeto de un remake por Irwin Winkler y Robert De Niro), pero la Caza de Brujas primero, y posteriormente las desavenencias con sucesivos productores (entre los proyectos en los que estuvo involucrado figuran un vehículo de lucimiento para el gran cómico galo Fernandel, "El enemigo público número 1", y la adaptación de la novela de Giovanni Verga "Mastro Don Gesualdo") marcaron un lustro de silencio. Pero a propuesta de un productor francés, que necesita con urgencia un cineasta que adapte a la gran pantalla el exitoso libro de Auguste LeBreton, inicia su carrera lejos de Hollywood, y además en un idioma que no era el suyo, urgido por la necesidad de mantener a su familia.


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Una vez a cargo del proyecto, decide prescindir de casi la totalidad de la novela (repleta, en palabras del propio Dassin, de chulos y prostitutas, además de un montón de asesinatos y cierto sadismo) y articular el guión alrededor del robo de la joyería (que apenas ocupaba una decena de páginas en el libro), alargando su duración más allá de media hora de metraje, empleando asimismo el novedoso recurso de rodarlo en casi completo silencio, sin música, solo con el sonido sofocado de los propios atracadores. Tras escribir el guión en inglés en apenas seis días (y recabar la colaboración en la traducción al francés de René Wheeler) y con un ajustado presupuesto que no permitía la contratación de estrellas rutilantes o el uso de grandes decorados (obra de uno de los grandes magos del cine, el diseñador Alexandre Trauner), Dassin demostró su maestría con una dirección que evidencia un enorme dominio de la puesta en escena, una cuidada composición y planificación del montaje de las secuencias, un excelente retrato de los ambientes del hampa parisina y una cierta inmoralidad en el tono que hace que nos pongamos del lado de unos personajes marcados por su destino.

Para sorpresa de todos, una película de bajo presupuesto escrita y rodada en poco más de un mes, se convertiría en un descomunal éxito comercial y crítico, no solo en Francia, sino en todo el mundo (excepto los EE.UU., donde su nombre seguía siendo tabú, por lo cual tendría una distribución limitada a una sola sala neoyorquina), provocando toda una avalancha de imitaciones, variaciones y parodias; entre las más recordadas, "Rufufú" de Mario Monicelli, y rififís varios de todo pelaje en Tokio, Amsterdam, en el convento, entre las mujeres y en la ciudad (a cargo del tío Jess Franco), amén de un anunciado remake próximo a cargo de la dupla Harold Becker-Al Pacino. Además, le proporcionaría a Dassin el galardón (compartido) al mejor director en el Festival de Cannes (donde conocería a su desde entonces compañera y musa, la actriz y luego política griega Melina Mercouri), volviendo a situar su nombre en la primera línea del negocio, y posibilitando así una carrera cinematográfica estable hasta su retirada 25 años más tarde. En palabras de François Truffaut, "de la peor novela que he leído, Dassin hizo la mejor película de cine negro que yo haya visto nunca".

"Rififí" pone colofón al ciclo que la Asociación de Cine Vértigo ha venido dedicando al polar en el CICCA, y se proyecta este lunes a las 19:30 horas, en versión original subtitulada y con entrada gratuita.

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Michel es un delincuente. Tras robar un coche en Marsella emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia. En el camino, perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a varios amigos. Pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de volver a acostarse con el, y de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía.

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Hablar de "A bout de souffle" sin caer en la pleitesía o reincidir en el tópico resulta harto difícil, por no decir imposible. La opera prima de Jean-Luc Godard se ha convertido casi en un constructo mítico, un artefacto cuyos valores (innegables) se han visto revestido de una pátina de respetabilidad que topa frontalmente con las intenciones originales de sus creadores, quienes, al hacer apología de la serie B norteamericana y despreciar las convenciones narrativas establecidas por la gramática cinematográfica, buscaban romper con las tradiciones arraigadas del cine galo (y mundial) y dinamitarlo todo para reconstruirlo con las piezas cambiadas de sitio. El peso icónico de Belmondo y Jean Seberg, la apuesta por crear un antihéroe carismático y las constantes licencias técnicas y expositivas la han situado en un anaquel difícilmente cuestionable, por su propia condución rupturista. Podríamos hablar aquí casi de un anti-polar, puesto que el film de Godard subvierte los tópicos del cine policíaco, y sin duda fue un título adelantado a su tiempo. Pero Godard se reconoce deudor de quienes le precedieron, y en este caso, la presencia de Jean-Pierre Melville (sin duda, el gran maestro del cine negro francés) resulta paradigmática.

"Hay una línea directa entre Al final de la escapada y Bonnie and Clyde, Malas tierras y la rebelión juvenil de finales de los 60. El film ejerció una influencia crucial en la Edad de Oro de Hollywood (1967-1974). Son incontables los personajes interpretados por Pacino, Beatty, Nicholson o Penn que descienden directamente del asocial asesino Michel encarnado por Belmondo" (Roger Ebert)


"Al final de la escapada" se incluye dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo viene dedicando al polar en el CICCA, y se proyecta el lunes 17 de enero a las 19:30 horas en versión original subtitulada y con entrada gratuita.

Roger Sartet (Alain Delon), un peligroso delincuente, escapa del coche celular que le conducía a la prisión de Fresnes, refugiándose en una familia de mafiosos sicilianos radicada en París desde hace años. Se trata del clan del venerable Vittorio Manalese (Jean Gabin), que cuenta con sus servicios para robar las joyas de una exposición que ha de celebrarse en Roma. Mientras se preparan para el golpe, un amigo americano, Tony Nicosia (Amedeo Nazzari), sugiere que la mejor forma de hacerse con las piedras es asaltando el avión que las transporta desde Nueva York. El tenaz inspector Le Goff (Lino Ventura) intentará desbaratar sus planes.

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Henri Verneuil (1920-2002) fue un director de origen armenio nunca especialmente valorado por la crítica y cuyas películas apenas son mencionadas cuando se hace repaso del cine francés, quizá por su adscripción al cine de género y su subordinación a las grandes estrellas -en especial, Jean-Paul Belmondo ("Rufianes y tramposos", "Fin de semana en Dunquerque", "Cien mil dólares al sol", "El furor de la codicia"), pero también Jean Gabin ("El presidente") e incluso figuras internacionales como Anthony Quinn ("La hora 25", Los cañones de San Sebastián") o Yul Brynner ("El serpiente")- pero se trata de un profesional intachable, sin duda un artesano más que capaz, cuya filmografía contiene varios elementos de interés. "El clan de los sicilianos", vehículo para tres de las mayores estrellas del polar (Gabin, Delon y Ventura), resulta, en ese sentido, modélica. Siempre con el ojo puesto en los mercados internacionales, arropa a sus actores con técnicos sobresalientes (partitura cuasi de spaghetti western de Ennio Morricone, brillante fotografía de Henri Decaë de enclaves como la Villa Borghese o el aeropuerto de Orly) y, con un guión de, entre otros, el omnipresente José Giovanni sobre una novela del autor de "Rififí", Auguste Le Breton, y construye una trama que transcurre sin pausa, en un crescendo dramático puntuado por excelentes secuencias de acción, en un título que armoniza perfectamente forma y objetivos. Como curiosidad, apuntar que se rodaron originalmente tres versiones en francés, inglés e italiano, con los protagonistas haciendo gala de su poliglotía. Descomunal éxito de taquilla en Francia, con casi 5 millones de entradas vendidas, de ellas 800.000 solo en París.

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"Los quilates de sus performances - relajadas, carismáticas - enaltecen al relato por encima de algunas pifias de lógica interna, pero los defectos son perdonables. Es tanta la calidad artística en pantalla que es imposible no disfrutar cada segundo del filme, el cual posee algunas vueltas de tuerca realmente inesperadas y brillantes. En el fondo, ésta no es más que la historia de la llegada de la serpiente al paraíso." (Arlequin)


"El clan de los sicilianos" la proyecta la Asociación de cine Vértigo en el CICCA, el lunes 10 de enero a las 19:30 horas.El resto de películas del ciclo son:


- 17/01/2011: Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard (Francia, 1960).
- 31/01/2011: La última esperanza, de J. Giovanni (Francia, 1976).


Surgido en Francia a finales de los años 40 (de forma paralela, aunque no necesariamente coetánea, a otras manifestaciones genéricas análogas como el cine policíaco español, el poliziesco italiano, el thriller inglés, el krimi alemán o el yakuza eiga japonés), el polar, apócope de policier, es un cajón de sastre donde cabe prácticamente cualquier título de temática criminal, aunque la etiqueta suele aplicarse a aquellos films de investigación policial o retratos del mundo del hampa, en los que acompañamos a un protagonista masculino, por lo habitual lacónico en el gesto y poco prolijo en la palabra (cuyo epítome podría ser Le samourai encarnado por Alain Delon), cuyas derivas existenciales y existencialistas (lógicas en tierra de Sartre) le conducen, a través de más sombras que luces, al destino trágico al que parece abocado desde su misma presentación.


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El polar podría decirse que fusiona, por un lado, la influencia del film noir (no lo olvidemos, una etiqueta inventada en Francia por el crítico Nino Frank para definir el nuevo cine policíaco que se estaba realizando en aquellos momentos en EE.UU.) y, por otro lado, el llamado "realismo poético" francés, un movimiento cinematográfico surgido a finales de los años 30, y lamentablemente truncado por la 2ª Guerra Mundial, con abanderados del calibre de Marcel Carné, Julien Duvivier o Jean Renoir. Ambos movimientos, caracterizados por un cierto fatalismo y por una representación más realista de los ambientes populares, abren la puerta a historias sórdidas protagonizadas por seres sin esperanzas, explorando las angustias y contradicciones de policías (flics) intachables o corruptos, canallas (voyous) implacables o en busca de redención, y femmes fatales.


Bajo cielos plúmbeos, rostros pétreos con las manos permanentemente enfundadas en largos gabanes, dan un paseo por el lado más salvaje de la vida (que diría Lou Reed), encarnados por actores icónicos, reconocibles solo por su apellido (Gabin, Delon, Belmondo, Ventura, Trintignant, Montand, Constantine), bajo la batuta de varias generaciones de realizadores; desde directores míticos del género (Jean-Pierre Melville, Henri-Georges Clouzot - ver foto-) hasta otros no tanto (Jose Giovanni, Jacques Deray, Yves Boisset, Georges Lautner, Henri Verneuil), pasando por maestros de la vieja escuela como Jacques Becker o la alargada sombra que la novela negra y la serie B proyectaron sobre la nouvelle vague (Godard, Truffaut o Chabrol, por citar solo tres de los más paradigmáticos).


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Al tratarse de productos de fácil comercialización y constante rendimiento en las taquillas de medio mundo, incluidas las estadounidenses (donde incluso se intentó emular, en cierto modo, el neo-polar con títulos como "El último homicidio" de Ralph Nelson, "Destino fatal" de Robert Aldrich o "Driver" de Walter Hill), su presencia ha sido constante en el país vecino, desde sus inicios en la posguerra hasta los circenses productos policíacos perpetrados por EuropaCorp, la factoría de Luc Besson.


La Asociación de cine Vértigo abre el año 2011 con un ciclo dedicado a este venerado género. La primera película del ciclo, "París bajos fondos", se proyecta en el CICCA el lunes 3 de enero, a partir de las 19.30 horas. Aunque su adscripción al polar resulte, cuanto menos, debatible, "Casque d'or" (ése es su título original) es un vibrante estudio de personajes enmarcado en los ambientes marginales de París a finales del XIX. Su director, Jacques Becker, antiguo ayudante de Jean Renoir, había debutado durante la II Guerra Mundial y pronto se ganó una enorme reputación como delicado observador de personajes, siendo uno de los pocos directores de la vieja guardia defendidos y respetados tras la estrepitosa irrupción de la Nouvelle Vague. Su exigua filmografía, apenas 13 títulos a lo largo de tres décadas, le revela como un superlativo creador de atmósferas y tipos, y sus títulos vinculados con el cine negro se encuentran entre los más apreciados por la crítica, destacando "Touchez pas au grisbi" con Jean Gabin y la estupenda "La evasión", sobre una novela de José Giovanni. Excelentemente interpretada por Simone Signoret y un buen elenco de actores, "París, bajos fondos" fue un enorme fracaso comercial en Francia, pero fue reivindicada desde fuera y revalorizada con el tiempo, y constituye un clásico indiscutible del cine francés.


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"No es el deseo de escandalizar lo que me lleva a despreciar un cine tan comúnmente alabado. Estoy convencido de que la existencia exageradamente prolongada del realismo psicológico fue la causa de la incomprensión pública ante el estreno de Le Carrosse D'Or o Casque D'or [...] (François Truffaut, "Una cierta tendencia del cine francés")



El resto de películas del ciclo son:


- 10/01/2011: El clan de los sicilianos, de H. Verneuil (Francia, 1969).
- 17/01/2011: Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard (Francia, 1960).
- 31/01/2011: La última esperanza, de J. Giovanni (Francia, 1976).

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