los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría CICCA


Annex - Hull, Henry (Werewolf of London)_01.jpg

Incluso un hombre puro de corazón, que reza sus plegarias todas las noches, puede convertirse en lobo cuando el lobo aúlla y brilla la luna en otoño

El primer estudio cinematográfico que viene a la mente cuando hablamos de cine de terror es Universal Pictures. En apenas tres décadas, desde finales del cine silente hasta principios de los años 50, sentaría el canon del género y traería a las pantallas (y a las pesadillas de varias generaciones de espectadores) una pandilla alucinante de abominaciones clásicas que, de una manera u otra, jamás han dejado de acompañarnos en nuestras noches en vela. Quasimodo, Drácula, la momia, el monstruo de Frankenstein, el fantasma de la Ópera, el hombre invisible, el hombre lobo y, finalmente, la criatura de la laguna negra. Figuras ominosas en blanco y negro que nos retrotraen a tiempos en que lo importante era la atmósfera, y no el carrusel de sustos. Mitos que recibirían una nueva transfusión de sangre fresca cuando la Hammer Films tomó el relevo y los dotó de nuevas texturas inyectadas en rojo. Espantos que siguen hibernando en sus madrigueras, cuevas o ataúdes hasta que nuevas generaciones de creadores deciden devolverles la vida. Muertos en vida, vivos después de la muerte de quienes los soñaron primigeniamente: Bram Stoker, Víctor Hugo, Mary W. Shelley o H.G. Wells. Y que, casi desde el mismo comienzo de los tiempos, vinieron siempre acompañados por sus versiones bufas, pues nada hay más liberador que la carcajada detrás del escalofrío. La sonrisa congelada del desfigurado hombre que ríe, el hado funesto del hombre sin brazos del circo, la adorable viejecita trasmutada en vicioso criminal.

the-curse-of-the-werewolf-original.jpg

Desde Lon Chaney, el hombre de las mil caras, hasta la saga "Scary Movie", las parodias del cine de terror (o el humor dentro del propio género, como evidencia a la perfección la obra de James Whale) han sido una constante en la gran pantalla. En su origen, el cine de horror de la Universal puso a prueba los límites de la censura y trascendió los notables prejuicios a los que se ha enfrentado tradicionalmente el cine terrorífico, demostrando que calidad y comercialidad podían ir de la mano. Pero no fue la belleza lo que mató a la bestia. Fue la comedia. Al menos así fue hasta que la Hammer retomó los elementos más provocativos (como el subtexto sexual ), potenciándolos y abandonando los posibles elementos paródicos. Nadie parecía estar a salvo de las garras del humor. Los monster mash-ups (o ensaladas de monstruos, con su desopilante tótum revolútum de personajes con la aquiescencia de sus propios iconos), Bob Hope, los Dead End Kids o Abbott & Costello habían descarnado al género de su esencia terrorífica, y se hacía necesaria una vuelta a la senda del miedo. Pero una vez concluida (o agotada en sí misma) esta ruta, hubo un nuevo retorno al humor, con públicos progresivamente descreídos tomándose a guasa aquello mismo que les había puesto los pelos de punta apenas unos años antes. Y este carrusel ha seguido girando prácticamente desde los comienzos del cine, y no parece tener visos de detenerse en un futuro cercano. Horror y comedia, carcajadas y escalofríos, pues ¿acaso hay algo más admirable que ser capaz de reir en la cara misma de la muerte?

Annex - Abbott & Costello.jpg

Aunque la Universal ya había explorado el territorio de la licantropía con "El lobo humano" (1935), no sería hasta la combinación de los talentos de Curt Siodmak (guionista), Lon Chaney Jr. (protagonista) y Jack P. Pierce (maquillador) cuando germinase el icono de "El hombre lobo", sentando las bases para toda revisión (o parodia) posterior del fenómeno. Larry Talbot, el eterno maldito, germen de casi todo (desde Paul Naschy hasta los vampiros cubiertos de purpurina de recientes sagas coyunturales) y padre de los monstruos torturados por su propia condición, rebeldes con causa pero sin cura, condenados a vivir matando y morir viviendo. Parábola nada sutil de los crímenes del nazismo, estrenada a rebufo del ataque japonés a Pearl Harbor y descomunal éxito de taquilla, la película de George Waggner devolvería a Universal al epicentro del horror, además de reescribir para siempre la figura del licántropo: las transformaciones en luna llena, el contagio a través de la mordedura, el empleo de balas de plata...

an-american-werewolf.jpg

Llegados los años 80, la estruendosa irrupción en el cine norteamericano de (la promesa rota) John Landis, cuya sentida debilidad por el género desde una vena irrefrenablemente burlesca (en la onda de Mel Brooks, pero en mayor consonancia con un cierto espíritu contracultural), depararía uno de los grandes éxitos del cine de terror contemporáneo, "Un hombre lobo americano en Londres". Frente a la coetánea "Aullidos" de Joe Dante, que se enfrentaba al hombre lobo desde una perspectiva más respetuosa con la tradición canónica, el film de Landis combinaba efectos de maquillaje de última generación a cargo del oscarizado Rick Baker, un guión que desacralizaba los hallazgos de Siodmak pero sin renunciar a una sobredosis de escalofríos y un puñado de efectivas set pieces que han soportado excelentemente el paso del tiempo. Un homenaje sincero a aquellas noches buscando monstruos bajo la cama o dentro de los armarios. Jocoso quizá, pero nunca irrespetuoso. Y que conocería una memorable prolongación cuando Michael Jackson, en la cumbre de su carrera, contratara a Landis para dirigir el videoclip más famoso de todos los tiempos, "Thriller", afectuosa aproximación a los tópicos del género con, una vez más, excelentes caracterizaciones a cargo de Baker.

Michael_Jackson__s_Thriller.jpg

"Un hombre lobo americano en Londres" se proyecta mañana lunes 25 de abril, a las 19:30 horas en el CICCA. Como siempre, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Después de la proyección, el habitual coloquio. Buena luna, criaturas de la noche.


ESTRELLA DE FUEGO.jpg

Entre el 24 de marzo de 1958, momento de su incorporación al ejército norteamericano, y el 5 de marzo de 1960, fecha en que se licencia con el grado de sargento, Elvis Presley tuvo que mantenerse alejado de las pantallas de cine. Fueron dos años de no completo silencio, pues su discográfica RCA Victor supo espaciar convenientemente el material que habían podido grabar antes de su servicio militar, incluyendo nada menos que una decena de temas en el Top 40. Pero numerosos factores habían llevado al propio artista a creer que el final de su carrera como ídolo musical de masas había llegado a su fin. No sólo fueron dos años de relativo retiro, justo en su momento de apogeo, sino además se produjo la confluencia de diversas circunstancias personales, como la muerte de su adorada madre Gladys o conocer a la que acabaría convirtiéndose en su esposa, Priscilla, en Alemania, donde estaba destinado (hecho que podía no gustar a sus fans) o profesionales, como la aparición de nuevas figuras musicales dispuestas a arrebatarle su trono (Bobby Darin, Frankie Avalon, Fabian, Ricky Nelson o Pat Boone, todos ellos con carreras igual de escasamente distinguidas en el cine).

elvis la.jpg

A su vuelta a los Estados Unidos, su discográfica se apresuró a meterlo en el estudio de grabación para proporcionar a sus ansiosos admiradores nuevo material con el que compensar la larga ausencia de la estrella, además de volver a proporcionarle la necesaria visibilidad mediática para engrasar la imparable maquinaria comercial. Apariciones televisivas y nuevas películas fueron algunas de los pasos en ese sentido. Su primera película en dos años, "G.I Blues", se convirtió en un enorme éxito comercial, potenciado además por la magnética presencia del Rey de uniforme. Su mánager, el Coronel Parker, y el dueño de su contrato cinematográfico, el veterano productor Hal B. Wallis, preferían apostar sobre seguro y rodar vehículos sencillos, de presupuesto modesto, a mayor gloria de la estrella, pero Elvis insistía en demandar papeles más exigentes como actor. De modo que sus siguientes dos films serían a modo de préstamo y con material que parecía augurar todo tipo de parabienes comerciales y críticos. "Estrella de fuego", un western antiépico sobre la condición de mestizo, y "El indómito", un melodrama con guión de nada menos que Clifford Odets. Sin embargo, la taquilla dio la razón a Parker y Wallis, y el relativo fracaso comercial de ambas propuestas abocó a Elvis a dos decenas de películas intrascendentes, en escenarios vistosos como Acapulco, Hawai o Las Vegas, rodeado de starlets, y la mayoría de las veces con inexistente enjundia.

flamingstar3.jpg

El proyecto de "Estrella de fuego" llevaba algunos años rodando los estudios. Inicialmente se pensó en nombres del calibre de Marlon Brando o Frank Sinatra, o de directores como Michael Curtiz o el finalmente guionista Nunnally Johnson, para llevar a la gran pantalla la novela "Flaming Lance" de Clair Huffaker (novelista y guionista estrechamente vinculado al cine del Oeste durante la década de los 60, con títulos tan populares como "Río Conchos", "Los comancheros" o "100 rifles"). Tras acabar en manos del notable especialista en cine de género, Don Siegel, y ya con Elvis como protagonista, la 20th Century Fox le rodeó de un destacado reparto de rostros populares: Steve Forrest (el posteriormente popularísimo Hondo Harrelson de la televisión), la guapísima Barba Eden (a punto de convertirse en otro icono de la pequeña pantalla, la bella genio Jeannie) y veteranos del calibre de Dolores del Río y John McIntire, además de un presupuesto holgado y excelentes técnicos. Encarnando al mestizo Pacer Burton, Presley vuelve a dejar apuntes de lo que pudiera haber llegado a ser si sus caminos hubieran sido otros. No es éste simplemente otro de esos títulos concebidos a lucimiento y gloria de la estrella, y demuestra que, en las manos indicadas, Elvis podría haber sido un intérprete notable.



"Estrella de fuego" se proyecta hoy lunes 28 de marzo, a las 19:30 horas en el CICCA. Como siempre, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Después de la proyección, el habitual coloquio, donde intentaremos ahondar en aspectos de la propia película o de la carrera de Elvis. Quedan todos invitados. ¡Larga vida al rey!


Poster - King Creole.jpg

Desde sus inicios, la carrera cinematográfica de Elvis Aaron Presley vino marcada por lo que otros (su manager, el Coronel Tom Parker, los productores, su casa de discos, RCA Victor) creían conveniente para cultivar su imagen y personalidad, pero también para limar aquellas aristas que lo pudiesen alejar de un posible consumo familiar, domesticando progresivamente su magnetismo animal y encasillándolo en musicales exóticos, plagados de canciones y chicas monas, pero cada vez menos interesantes. Para ello, el veterano productor Hal B. Wallis, quien había sido jefe de producción de la Warner antes de independizarse, recurrió a algunos eficientes directores de la edad dorada del Hollywood clásico, como Norman Taurog (quien sigue siendo el director más joven en ganar un Óscar, en 1931, por "Skippy", además de firmar títulos tan populares en su momento como "Forja de hombres" o "Las aventuras de Tom Sawyer"), Richard Thorpe (cuya filmografía incluye numerosos clásicos del cine de aventuras como "Tarzán en Nueva York", "Ivanhoe" o "El prisionero de Zenda") y el húngaro Mihály Kertész, quien pasaría a la historia del cine como Michael Curtiz.

curtiz-michael-03-g.jpg

A comienzos de 1958, Curtiz trota de estudio en estudio, cada vez con menos ofertas de trabajo, después de su intempestiva marcha de la Warner, donde había trabajado ininterrumpidamente durante cuatro décadas, y había firmado clásicos inmortales como "Casablanca", "El capitán Blood" o "Las aventuras de Robín de los bosques". Y Elvis se apresta a incorporarse al ejército norteamericano, después de ser llamado a filas. Wallis, que había trabajado con Curtiz en la Warner y lo admiraba como director, a pesar de algunas desavenencias debido a la proverbial tendencia de Curtiz a retrasar los rodajes con su atención al detalle, le había hecho llegar la novela de Harold Robbins "A Stone for Danny Fisher" ya en 1955, pero habían encontrado dificultades en pergeñar un guión que inluyese aquellos aspectos típicos de la obra de Robbins (violencia, sexo y melodrama) sin incurrir en las iras censoras, además de la falta del intérprete adecuado para su protagonista. Wallis barajó varios nombres durante los años siguientes (Ben Gazzara, John Cassavetes, Marlon Brando, James Dean e, incluso, el admirado por Presley, Tony Curtis, de quién había adoptado el corte y color de pelo) antes de decidirse por Paul Newman, pero éste lo había rechazado por sus similitudes con otro de sus roles recientes, el boxeador Rocky Graziano de "Marcado por el odio". Pero el impacto innegable de Elvis Presley en las taquillas norteamericanas, donde títulos tan decididamente mediocres como "Love Me Tender" o "Loving You" habían hecho recaudaciones millonarias, y el hecho de estar bajo contrato con Wallis, hizo que el protagonista acabase siendo encarnado por el rey del rock.

Elvis----Kneeling-at-the-Mosque.jpg

En las siempre eficaces manos de Curtiz, y arropándolo con un buen plantel de secundarios (Dean Jagger, Carolyn Jones, Walter Matthau, Vic Morrow), el rodaje se acelera para poder concluirlo antes del servicio militar de la estrella. Además, contratan a algunos de los mejores compositores de canciones del momento, como Jerry Leiber y Mike Stoller (autores de éxitos imperecederos como "Hound Dog", "Poison Ivy" o "Stand By Me"), para la banda sonora. El resultado final, rodado en elegante blanco y negro por Russell Harlan (sería el último título en blanco y negro de Elvis, progresivamente embarcado en coloristas vehículos para su lucimiento musical y físico), constituye posiblemente la mejor película de su filmografía y pone de manifiesto que, quizá en otras manos, Presley podría haberse convertido en un intérprete apreciable (como otros cantantes que le precedieron, por ejemplo, Bing Crosby, Frank Sinatra o Dean Martin). Al menos era la película que Elvis prefería de entre las suyas, y Curtiz su director favorito. Lamentablemente, nunca volverían a trabajar juntos.

Annex - Presley, Elvis_NRFPT_04.jpg

"El barrio contra mí" se proyecta mañana lunes 21 de marzo, a las 19:30 horas en el CICCA. Como siempre, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Después de la proyección, el habitual coloquio, donde intentaremos ahondar en aspectos de la propia película o de la carrera del Rey del rock.

Cuentan que Danièle Huillet suspendió un examen por negarse a comentar una película. Serena, firme y sin estridencias, se negó porque no había nada que decir de ella. Con apenas 18 años conoció a un jovenzuelo espigado que montaba cineclubs con tan pasmosa facilidad que se había convertido en una especie de mascota para la dura cinefilia parisina. Se llamaba Jean-Straub y tenía 21 años. Y se convirtieron en una pareja a la que solo la muerte separó.


daniele.jpg


Los años cincuenta en París los exprimieron con intensidad, diseñando un universo particular en el que la pasión por las ideas era únicamente comparable con su amor por el cine. Pequeños trabajos en películas de Rivette, la amistad con un tal Truffaut, una incipiente revista llamada Cahiers.... Ellos y el cine. Nada más. Y de repente, necesitaron reflexionar en alto, dejar que las imágenes hablasen por ellos. Y empezaron a filmar como si estuvieran aprendiendo a hablar. Durante más de cuarenta años filmaron como vivieron, con calma, rigor y austeridad. Independientes, a veces tanto que se acercaban a la soledad, al autismo. A veces parecían querer buscar el olvido, desaparecer de un mundo que no acabaron de entender, y quizás eso fue lo que les hizo seguir adelante, tener algo que cuestionarse, tener frente a sus ojos un universo de contradicciones y enigmas.

straub.jpg


Sus nombres no son conocidos para el gran público. Pero los circuitos minoritarios aprietan los dientes y los mantienen en el Olimpo. Quizás ellos nunca quisieron llegar a las grandes masas. ¿Hay algo malo en ello? No lo creo. Hicieron lo que quisieron hacer. Reflexionar sobre la naturaleza humana, utilizando para ello obras previamente escritas, obras que les habían forzado precisamente a eso, a reflexionar. Es una constante en su obra la preocupación por la interacción entre obra y realidad, entre adaptación y texto previo. Y todo eso lo hicieron con una austeridad a veces áspera, pero siempre atrevida. Tanto que terminaba por resultar terriblemente moderna, a pesar de beber en lo más clásico, en las raíces primigenias de la cinematografía.

Creo que ninguna de sus películas ha tenido estreno comercial en España, pero sí que han salpicado las programaciones de festivales atrevidos y museos rigurosos, lugares que, en opinión de muchos, es el reducto indicado para su obra. La Asociación de cine Vértigo intentará acercarse a su universo durante el mes de febrero. Serán cuatro proyecciones que condensarán parte de las obras que rodaron en Italia. La primera de ellas, "Fortini/cani" (1977), es un documental/ensayo que responde a la inquietud que les produjo la lectura de un panfleto antisionista, I cani del Sinai, publicado poco después de la Guerra de los Seis días por el escritor y poeta florentino Franco Fortini. Se proyectará el lunes 7 de febrero en el CICCA, a partir de las 19:30 horas. El resto del ciclo es el siguiente:
• 14 de febrero: De la nube a la resistencia, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Italia, Alemania Occidental, Reino Unido, Francia, 1979, 101`)

• 21 de febrero: ¡Sicilia!, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Italia, Francia, Suiza, 1998, 64`)
El viandante, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Italia, Francia, 2001, 5`)
El afilador, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Italia, 2001, 7`)

• 28 de febrero: Esos encuentros con ellos, de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet (Italia, Francia, 2006) (66`)

En público Straub se mostraba a veces excesivamente categórico ("No me gustan las películas que veo") y Huillet le corregía con delicada sinceridad ("No, no es verdad. Unas cuantas nos gustaron, ¿no te acuerdas de...?"). Y entonces Straub miraba a su compañera y sonreía.


rififi.jpg

Cuando Tony el estefanés sale de la cárcel enfermo, después de una condena de cinco años, su amigo Jo el sueco, el hombre al que no quiso delatar, se hace cargo de su cuidado. Su intención es reformarse, pero pronto llega a sus oídos la noticia de que su antigua novia, Mado, se ha convertido en la amante de Pierre Gruter, el gángster propietario del club "La edad de oro". Desesperado, sin dinero, ni donde acudir, planea con Jo y Mario, un amigo italiano de ambos, el atraco a una importante joyería, para el que reclutan a un experto en cajas fuertes, César el milanés. Después de preparar cuidadosamente el golpe hasta el último detalle, utilizan el método del butrón y penetran en el establecimiento por el techo...


Las peripecias profesionales y vitales del cineasta de Connecticut Julius "Jules" Dassin (1911-2008) ejemplifican a la perfección las contradicciones y vicisitudes de una parte significativa de aquellos intelectuales y creadores de izquierdas que se vieron obligados a convivir con el nefando Comité de Actividades Antiamericanas. La pobreza de la infancia en barrios marginales neoyorquinos como Harlem o el Bronx, el mazazo de la Gran Depresión (que sumió en la miseria a millones de norteamericanos), el auge de los fascismos, la educación autodidacta, la vinculación con grupos revolucionarios de teatro (en su caso, el Federal Theatre), el desengaño profesional tras entrar a formar parte del engranaje hollywoodense (como director asalariado para la Metro-Goldwyn-Mayer) o la disyuntiva entre delatar a los compañeros de viaje o el ostracismo. Una suma de circunstancias que lo convertirían en emigrante a su pesar, trotamundos impenitente, cineasta con el arte como única patria.

r4.jpg

Tras iniciar su carrera como actor yiddish, y una etapa de aprendizaje y asentamiento como director en la Metro (de la que acabaría renegando amargamente), sería de la mano del productor Mark Hellinger y el cine negro con toques neorrealistas ("Fuerza bruta" y "La ciudad desnuda") como alcanzaría el prestigio crítico. Sin embargo, el proyecto que acabaría convirtiéndose en "Rififí" (palabra que en argot vendría a significar algo así como "camorra") llegó a las manos de Julie Dassin tras un impasse profesional de cinco años. Su última película, "Noche en la ciudad", había sido enormemente alabada (y muchos años más tarde objeto de un remake por Irwin Winkler y Robert De Niro), pero la Caza de Brujas primero, y posteriormente las desavenencias con sucesivos productores (entre los proyectos en los que estuvo involucrado figuran un vehículo de lucimiento para el gran cómico galo Fernandel, "El enemigo público número 1", y la adaptación de la novela de Giovanni Verga "Mastro Don Gesualdo") marcaron un lustro de silencio. Pero a propuesta de un productor francés, que necesita con urgencia un cineasta que adapte a la gran pantalla el exitoso libro de Auguste LeBreton, inicia su carrera lejos de Hollywood, y además en un idioma que no era el suyo, urgido por la necesidad de mantener a su familia.


le-breton-rififi-chez-les-hommes-1992-1.jpg

Una vez a cargo del proyecto, decide prescindir de casi la totalidad de la novela (repleta, en palabras del propio Dassin, de chulos y prostitutas, además de un montón de asesinatos y cierto sadismo) y articular el guión alrededor del robo de la joyería (que apenas ocupaba una decena de páginas en el libro), alargando su duración más allá de media hora de metraje, empleando asimismo el novedoso recurso de rodarlo en casi completo silencio, sin música, solo con el sonido sofocado de los propios atracadores. Tras escribir el guión en inglés en apenas seis días (y recabar la colaboración en la traducción al francés de René Wheeler) y con un ajustado presupuesto que no permitía la contratación de estrellas rutilantes o el uso de grandes decorados (obra de uno de los grandes magos del cine, el diseñador Alexandre Trauner), Dassin demostró su maestría con una dirección que evidencia un enorme dominio de la puesta en escena, una cuidada composición y planificación del montaje de las secuencias, un excelente retrato de los ambientes del hampa parisina y una cierta inmoralidad en el tono que hace que nos pongamos del lado de unos personajes marcados por su destino.

Para sorpresa de todos, una película de bajo presupuesto escrita y rodada en poco más de un mes, se convertiría en un descomunal éxito comercial y crítico, no solo en Francia, sino en todo el mundo (excepto los EE.UU., donde su nombre seguía siendo tabú, por lo cual tendría una distribución limitada a una sola sala neoyorquina), provocando toda una avalancha de imitaciones, variaciones y parodias; entre las más recordadas, "Rufufú" de Mario Monicelli, y rififís varios de todo pelaje en Tokio, Amsterdam, en el convento, entre las mujeres y en la ciudad (a cargo del tío Jess Franco), amén de un anunciado remake próximo a cargo de la dupla Harold Becker-Al Pacino. Además, le proporcionaría a Dassin el galardón (compartido) al mejor director en el Festival de Cannes (donde conocería a su desde entonces compañera y musa, la actriz y luego política griega Melina Mercouri), volviendo a situar su nombre en la primera línea del negocio, y posibilitando así una carrera cinematográfica estable hasta su retirada 25 años más tarde. En palabras de François Truffaut, "de la peor novela que he leído, Dassin hizo la mejor película de cine negro que yo haya visto nunca".

"Rififí" pone colofón al ciclo que la Asociación de Cine Vértigo ha venido dedicando al polar en el CICCA, y se proyecta este lunes a las 19:30 horas, en versión original subtitulada y con entrada gratuita.

3349587309_326c54f888_o.jpg

Michel es un delincuente. Tras robar un coche en Marsella emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia. En el camino, perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a varios amigos. Pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de volver a acostarse con el, y de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía.

a-bout-de-souffle_godard_coutard.jpg

Hablar de "A bout de souffle" sin caer en la pleitesía o reincidir en el tópico resulta harto difícil, por no decir imposible. La opera prima de Jean-Luc Godard se ha convertido casi en un constructo mítico, un artefacto cuyos valores (innegables) se han visto revestido de una pátina de respetabilidad que topa frontalmente con las intenciones originales de sus creadores, quienes, al hacer apología de la serie B norteamericana y despreciar las convenciones narrativas establecidas por la gramática cinematográfica, buscaban romper con las tradiciones arraigadas del cine galo (y mundial) y dinamitarlo todo para reconstruirlo con las piezas cambiadas de sitio. El peso icónico de Belmondo y Jean Seberg, la apuesta por crear un antihéroe carismático y las constantes licencias técnicas y expositivas la han situado en un anaquel difícilmente cuestionable, por su propia condución rupturista. Podríamos hablar aquí casi de un anti-polar, puesto que el film de Godard subvierte los tópicos del cine policíaco, y sin duda fue un título adelantado a su tiempo. Pero Godard se reconoce deudor de quienes le precedieron, y en este caso, la presencia de Jean-Pierre Melville (sin duda, el gran maestro del cine negro francés) resulta paradigmática.

"Hay una línea directa entre Al final de la escapada y Bonnie and Clyde, Malas tierras y la rebelión juvenil de finales de los 60. El film ejerció una influencia crucial en la Edad de Oro de Hollywood (1967-1974). Son incontables los personajes interpretados por Pacino, Beatty, Nicholson o Penn que descienden directamente del asocial asesino Michel encarnado por Belmondo" (Roger Ebert)


"Al final de la escapada" se incluye dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo viene dedicando al polar en el CICCA, y se proyecta el lunes 17 de enero a las 19:30 horas en versión original subtitulada y con entrada gratuita.

w_dvtrfmcoCYpw24xi8ukN.jpg


El miércoles 12 de enero, a partir de las 20:00 horas (y con entrada gratuita), el CICCA acoge la primera edición de una Muestra que, ojalá, encuentre continuidad y espacio en el panorama cinematográfico canario. Se llama Visionaria y en ella participan nueve obras que, cada una a su manera, clarifican el concepto que cada uno de sus creadores tiene de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.


Los 9 trabajos que optan a los premios de esta primera edición son:

Castillo, de Obed Manuel G.J
Cine, Distrito I, de David Delgado San Ginés
Ciudad XXI, de David Pantaleón Rodríguez Rivero
La brecha abierta del tiempo- Fragmento El Reloj, de Pedro García Alonso
La ciudad escondida, de La Casserole Rouge
Las Palmas de Gran Canaria, de Manuel Ojeda Pastrana
Mi ciudad, de Álvaro Carrero Puig
Mirada sobre una ciudad, de Amaury Santana Marrero
Un Hombre-cámara en la ciudad imaginaria, de David Delgado San Ginés


Para más información, visitar la web de proa2020, quien junto a la Asociación de cine Vértigo ha organizado esta primera edición de Visionaria

Roger Sartet (Alain Delon), un peligroso delincuente, escapa del coche celular que le conducía a la prisión de Fresnes, refugiándose en una familia de mafiosos sicilianos radicada en París desde hace años. Se trata del clan del venerable Vittorio Manalese (Jean Gabin), que cuenta con sus servicios para robar las joyas de una exposición que ha de celebrarse en Roma. Mientras se preparan para el golpe, un amigo americano, Tony Nicosia (Amedeo Nazzari), sugiere que la mejor forma de hacerse con las piedras es asaltando el avión que las transporta desde Nueva York. El tenaz inspector Le Goff (Lino Ventura) intentará desbaratar sus planes.

18839864.jpg

Henri Verneuil (1920-2002) fue un director de origen armenio nunca especialmente valorado por la crítica y cuyas películas apenas son mencionadas cuando se hace repaso del cine francés, quizá por su adscripción al cine de género y su subordinación a las grandes estrellas -en especial, Jean-Paul Belmondo ("Rufianes y tramposos", "Fin de semana en Dunquerque", "Cien mil dólares al sol", "El furor de la codicia"), pero también Jean Gabin ("El presidente") e incluso figuras internacionales como Anthony Quinn ("La hora 25", Los cañones de San Sebastián") o Yul Brynner ("El serpiente")- pero se trata de un profesional intachable, sin duda un artesano más que capaz, cuya filmografía contiene varios elementos de interés. "El clan de los sicilianos", vehículo para tres de las mayores estrellas del polar (Gabin, Delon y Ventura), resulta, en ese sentido, modélica. Siempre con el ojo puesto en los mercados internacionales, arropa a sus actores con técnicos sobresalientes (partitura cuasi de spaghetti western de Ennio Morricone, brillante fotografía de Henri Decaë de enclaves como la Villa Borghese o el aeropuerto de Orly) y, con un guión de, entre otros, el omnipresente José Giovanni sobre una novela del autor de "Rififí", Auguste Le Breton, y construye una trama que transcurre sin pausa, en un crescendo dramático puntuado por excelentes secuencias de acción, en un título que armoniza perfectamente forma y objetivos. Como curiosidad, apuntar que se rodaron originalmente tres versiones en francés, inglés e italiano, con los protagonistas haciendo gala de su poliglotía. Descomunal éxito de taquilla en Francia, con casi 5 millones de entradas vendidas, de ellas 800.000 solo en París.

486638367_4077706725.jpg

"Los quilates de sus performances - relajadas, carismáticas - enaltecen al relato por encima de algunas pifias de lógica interna, pero los defectos son perdonables. Es tanta la calidad artística en pantalla que es imposible no disfrutar cada segundo del filme, el cual posee algunas vueltas de tuerca realmente inesperadas y brillantes. En el fondo, ésta no es más que la historia de la llegada de la serpiente al paraíso." (Arlequin)


"El clan de los sicilianos" la proyecta la Asociación de cine Vértigo en el CICCA, el lunes 10 de enero a las 19:30 horas.El resto de películas del ciclo son:


- 17/01/2011: Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard (Francia, 1960).
- 31/01/2011: La última esperanza, de J. Giovanni (Francia, 1976).


Surgido en Francia a finales de los años 40 (de forma paralela, aunque no necesariamente coetánea, a otras manifestaciones genéricas análogas como el cine policíaco español, el poliziesco italiano, el thriller inglés, el krimi alemán o el yakuza eiga japonés), el polar, apócope de policier, es un cajón de sastre donde cabe prácticamente cualquier título de temática criminal, aunque la etiqueta suele aplicarse a aquellos films de investigación policial o retratos del mundo del hampa, en los que acompañamos a un protagonista masculino, por lo habitual lacónico en el gesto y poco prolijo en la palabra (cuyo epítome podría ser Le samourai encarnado por Alain Delon), cuyas derivas existenciales y existencialistas (lógicas en tierra de Sartre) le conducen, a través de más sombras que luces, al destino trágico al que parece abocado desde su misma presentación.


resized_samourai-1967-bandeau-01-g.jpg

El polar podría decirse que fusiona, por un lado, la influencia del film noir (no lo olvidemos, una etiqueta inventada en Francia por el crítico Nino Frank para definir el nuevo cine policíaco que se estaba realizando en aquellos momentos en EE.UU.) y, por otro lado, el llamado "realismo poético" francés, un movimiento cinematográfico surgido a finales de los años 30, y lamentablemente truncado por la 2ª Guerra Mundial, con abanderados del calibre de Marcel Carné, Julien Duvivier o Jean Renoir. Ambos movimientos, caracterizados por un cierto fatalismo y por una representación más realista de los ambientes populares, abren la puerta a historias sórdidas protagonizadas por seres sin esperanzas, explorando las angustias y contradicciones de policías (flics) intachables o corruptos, canallas (voyous) implacables o en busca de redención, y femmes fatales.


Bajo cielos plúmbeos, rostros pétreos con las manos permanentemente enfundadas en largos gabanes, dan un paseo por el lado más salvaje de la vida (que diría Lou Reed), encarnados por actores icónicos, reconocibles solo por su apellido (Gabin, Delon, Belmondo, Ventura, Trintignant, Montand, Constantine), bajo la batuta de varias generaciones de realizadores; desde directores míticos del género (Jean-Pierre Melville, Henri-Georges Clouzot - ver foto-) hasta otros no tanto (Jose Giovanni, Jacques Deray, Yves Boisset, Georges Lautner, Henri Verneuil), pasando por maestros de la vieja escuela como Jacques Becker o la alargada sombra que la novela negra y la serie B proyectaron sobre la nouvelle vague (Godard, Truffaut o Chabrol, por citar solo tres de los más paradigmáticos).


resized_clouzot-henri-georges-01-g.jpg


Al tratarse de productos de fácil comercialización y constante rendimiento en las taquillas de medio mundo, incluidas las estadounidenses (donde incluso se intentó emular, en cierto modo, el neo-polar con títulos como "El último homicidio" de Ralph Nelson, "Destino fatal" de Robert Aldrich o "Driver" de Walter Hill), su presencia ha sido constante en el país vecino, desde sus inicios en la posguerra hasta los circenses productos policíacos perpetrados por EuropaCorp, la factoría de Luc Besson.


La Asociación de cine Vértigo abre el año 2011 con un ciclo dedicado a este venerado género. La primera película del ciclo, "París bajos fondos", se proyecta en el CICCA el lunes 3 de enero, a partir de las 19.30 horas. Aunque su adscripción al polar resulte, cuanto menos, debatible, "Casque d'or" (ése es su título original) es un vibrante estudio de personajes enmarcado en los ambientes marginales de París a finales del XIX. Su director, Jacques Becker, antiguo ayudante de Jean Renoir, había debutado durante la II Guerra Mundial y pronto se ganó una enorme reputación como delicado observador de personajes, siendo uno de los pocos directores de la vieja guardia defendidos y respetados tras la estrepitosa irrupción de la Nouvelle Vague. Su exigua filmografía, apenas 13 títulos a lo largo de tres décadas, le revela como un superlativo creador de atmósferas y tipos, y sus títulos vinculados con el cine negro se encuentran entre los más apreciados por la crítica, destacando "Touchez pas au grisbi" con Jean Gabin y la estupenda "La evasión", sobre una novela de José Giovanni. Excelentemente interpretada por Simone Signoret y un buen elenco de actores, "París, bajos fondos" fue un enorme fracaso comercial en Francia, pero fue reivindicada desde fuera y revalorizada con el tiempo, y constituye un clásico indiscutible del cine francés.


resized_casque_d_or,2.jpg

"No es el deseo de escandalizar lo que me lleva a despreciar un cine tan comúnmente alabado. Estoy convencido de que la existencia exageradamente prolongada del realismo psicológico fue la causa de la incomprensión pública ante el estreno de Le Carrosse D'Or o Casque D'or [...] (François Truffaut, "Una cierta tendencia del cine francés")



El resto de películas del ciclo son:


- 10/01/2011: El clan de los sicilianos, de H. Verneuil (Francia, 1969).
- 17/01/2011: Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard (Francia, 1960).
- 31/01/2011: La última esperanza, de J. Giovanni (Francia, 1976).

La Segunda Guerra Mundial dejó tras de sí una casi interminable lista de efectos colaterales. En la mayoría de los casos, efectos más bien negativos, derivados de un desastre de tal magnitud. Pero como si se tratase de un caprichoso movimiento del destino, en dos de los grandes derrotados de aquella guerra marcó un punto de inflexión en lo económico. Alemania, lastrada casi de por vida por el estigma de la locura nazi, se sobrepuso y llegó a erigirse en el motor de arrastre de la economía europea. Japón, simultáneamente, inició un proceso reformista descomunal que, con el paso de los años, le convirtió en el líder que siempre quiso ser.


war_nagasaki_atomic_bomb_japan.jpg


El llamado "Milagro Económico Japonés" supo aprovechar el caudal inversor de los Estados Unidos, encauzándolo acertadamente a través de una política interior intervencionista. Aquello fue posible gracias al consenso alcanzado entre las industrias manufactureras, las empresas de distribución, las grandes corporaciones financieras y, sobre todo, el ciudadano de a pie. Pocas economías han contado (y cuentan) con una mano de obra tan identificada con sus patrones como la nipona, tan capaz de adherirse a cuantas peticiones incondicionales se le requieran. Una de las grandes influencias ideológicas de la clase político financiera japonesa de aquel periodo fue un economista moldeado en la Alemania que resurgió de las cenizas de la Primera gran Guerra. Se llamaba Kaname Akamatsu, y estableció una curiosa teoría llamada "La Bandada de Gansos Silvestres", en la que disertaba sobre la forma en que se interrelacionan las economías nacionales de países cercanos, y de cómo la necesaria presencia de un "ganso líder de la bandada" facilita el "vuelo" del resto de "gansos". Dicen que la formación en "V" que toman los gansos en sus largos vuelos permite ahorrar hasta un 60% de energía a aquellos que se colocan justo detrás del líder. Japón consiguió alcanzar tal posición de superioridad tecnológica, financiera y comercial que, sin necesidad de un solo disparo, consiguió convertirse en el líder de la bandada: Reyes de Asia, Príncipes del Mundo.

resized_v-formation.jpg

En el mundo del cine todo esto encontró un fiel reflejo, aunque no sólo desde el punto de vista de la industria sino, sobre todo, del talento. Grandes maestros como Ozu y Kurosawa abrieron a principios de los 50 las puertas de los festivales internacionales al cine asiático, y tras ellos se fueron (y se siguen) colando otras cinematografías del mismo continente. En la llamada "década dorada" de los 60 Ozu se retira, pero Kurosawa sigue en lo más alto. Simultáneamente el Tecnicolor invade Japón y el anime se abre un hueco en la pujante televisión japonesa. Fueron unos años de gran prosperidad económica y social, años en los que con mayor fuerza se empezó a sentir la llegada de nuevas hornadas de japoneses cada vez más críticos con el terrible peso de la tradición. El cine japonés, que hoy brilla en los certámenes cinematográficos más reputados, se ha construido a partir de en un grupo de cineastas que nacieron precisamente en aquellos años. Son la llamada "Generación de los 60", y la Asociación de cine Vértigo, en colaboración con la Semana de Cine Experimental de Madrid, le dedica a esa hornada de cineastas el cierre de su temporada de cine fórum.

Detallamos a continuación las proyecciones de este ciclo, las cuales tendrán lugar en el CICCA, en Las Palmas de Gran Canaria, y con entrada gratuita.


- Lunes 26 de julio 2010. 18:00
EUREKA
Título original: "Yurika" Japón, 2000. B/N (sepia) y color. V.O.S.E.217 minutos.
Dirección y guión: Shinji Aoyama.
Intérpretes: Koji Yakusho, Aoi Miyazaki, Masaru Miyazaki, Yoichiro Saito, Sayuri Kokusho.
Sinopsis: Naoki y Kozue se encuentran entre los ocupantes de un autobús secuestrado por un peligroso asesino. Ellos dos, junto a Makoto, el conductor del vehículo, serán los únicos supervivientes de ese terrible suceso. Sus intentos por recuperar eso que se llama "una vida normal" no serán nada fáciles, sobre todo cuando Makoto, su eventual padre adoptivo, es acusado de una serie de asesinatos.

Shinji Aoyama (Fukuoka, 13/07/1964). Novelista, crítico cinematográfico y director, confiesa sentirse muy influido por la labor de los directores portugueses Manoel de Oliveira, Joao Cesar Monteiro y Pedro Costa. Con su primer largometraje ("Helpless", 1996), ganó los premios de mejor realizador y mejor película de la Asociación de Cineastas Japoneses. Su obra más celebrada ("Eureka", 2000), recibió el premio a la mejor actriz por parte de la citada Asociación, el de mejor película asiática en el Festival de Singapur y, finalmente, los premios Fipresci y Signis en el Festival de Cannes.


- Martes 27 de julio. 19:30
CEMENTERIO YAKUZA
Título original: "Shin jingi no hakaba" Japón, 2002. Color. V.O.S.E. 131 minutos.
Dirección: Takashi Miike.
Guión: Shigenori Takechi, a partir de la novela de Goro Fujita.
Intérpretes: Goro Kishitani, Narimi Arimori, Yoshiyuki Daichi, Hirotaro Honda, Harumi Inoue.
Sinopsis: Rikuo es un friegaplatos huraño y sin amigos. Un buen día, unos yakuza entran a sangre y fuego en el restaurante donde trabaja para acabar con un mafioso rival. La brutal e inesperada intervención de Rikuo salva la vida del jefe yakuza, que le jura eterno agradecimiento y hace que suba posiciones en el escalafón criminal de Tokio. Su falta de escrúpulos y su sed de sangre le harán pronto famoso y temido tanto entre sus rivales como entre sus compañeros. Con su instinto de depredador sembrará las calles de la ciudad con los cadáveres de aquellos que se crucen en su camino.

Takashi Miike (Yao, 24/08/1960). Tan prolífico como controvertido (ha dirigido más de setenta producciones teatrales, de video y televisivas desde su debut en 1991), alardea de que la financiación de sus primeras producciones (muy marginales y destinadas directamente al video) provenía del blanqueo de dinero negro de los yakuza. Asociado a un tipo de cine rápido, barato e impactante, Miike ha conseguido que la cinefilia más exigente se adhiera a su causa, siendo uno de esos directores pretendidos por todos los festivales de cine. Su primer gran éxito fue "Gokudô kuroshakai" (1997), mejor película según la Asociación de cineastas japoneses. Tras el estreno de "Audition" (1999) en el Festival de Vancouver, consiguió la admiración internacional. Aquella terrorífica propuesta paseó su nombre por medio mundo, y tras tan renombrados galardones como los recibidos en Fantasporto o Rotterdam, pasó a formar parte del selecto grupo de cineastas "estrella". Desde entonces ha recibido casi una treintena de galardones, incluido el de mejor actor según la Asociación de cineastas japoneses para Gorô Kishitani por su trabajo en "Cementerio Yakuza" (2002).



- Miércoles 28 de julio. 19:30
SHARA
Título original: "Sharasojyu" Japón, 2003. Color. V.O.S.E. Duración: 100 minutos.
Dirección y guión: Naomi Kawase.
Intérpretes: Kohei Fukunaga Yuka Hyodo, Naomi Kawase, Kanako Higuchi, K. Namase.
Sinopsis: La familia Naso vive en Nara, antigua capital de Japón. Un día de verano, uno de los dos hijos gemelos de la familia no regresa a casa. Cinco años después, la familia sigue intentando volver a vivir. La madre intenta quedarse de nuevo embarazada. Shu, el gemelo que ha quedado vivo, intenta perpetuar el recuerdo de su hermano muerto con un cuadro.

Naomi Kawase (Nara, 30/06/1960). Tras ser abandonada por sus padres, fue criada por sus abuelos, algo que le ha servido en más de una ocasión como fuente de inspiración para su particular universo fílmico. Aunque normalmente pasea su talento por los territorios de la no-ficción, sabe manejar su especial sensibilidad con gran acierto cuando decide aventurarse por otros senderos. "Moe no sukazu" (1997) le hizo ganar el premio de la crítica en Rotterdam y la Cámara de Oro en Cannes. Teniendo en cuenta que se trataba de su primer largometraje, no es de extrañar que a partir de aquí se haya convertido en algo más que una cineasta de culto, alcanzando un nivel de relevancia inusual para alguien tan diferente e independiente. Uno de sus proyectos más personales, ("Shara", 2003), le permitió de nuevo acudir al Festival de Cannes a competir por la Palma de Oro.



- Jueves 29 de julio. 19:30
UNA PAREJA PERFECTAaffiche-un-couple-parfait.jpg
Título original: "Un couple parfait" Japón-Francia, 2005. Color. V.O.S.E. 104 minutos.
Dirección y guión: Nobuhiro Suwa.
Intérpretes: Valeria Bruni Tedeschi, Bruno Todeschini, Nathalie Boutefeu, Jacques Doillon.
Sinopsis: Tras varios años residiendo en el extranjero, Marie y Nicolás regresan a París para asistir a la boda de unos amigos. Para todo el mundo son el modelo de pareja perfecta, pero lo que nadie sabe es que se encuentran al borde del divorcio. Contrariamente a sus expectativas, este corto viaje les dará una nueva oportunidad para pensar en el futuro de su relación.

Nobuhiro Suwa (Hiroshima, 28/05/1960). Se inicia en el cine como pequeño productor y director de documentales. Con su segundo largometraje, ("M/Other", 1999), alcanza el premio de la crítica en Cannes, algo que le convierte en objeto de culto internacional. Su devoción por la Nouvelle Vage y por todo aquello que suene a cine francés le lleva a atreverse en 2001 con "H Story" (un remake de "Hiroshima mon amour", Alain Resnais, 1959) y, poco después, con un arriesgado trabajo filmado en Francia y titulado "Una pareja perfecta" (2005). Esta obra le reporta, entre otros galardones, el Premio Especial del Jurado en Locarno. Recientemente ha presentado "Yuki y Nina" (2009), un delicado ejercicio de equilibrio poético, aclamado unánimemente por la crítica más exigente.


- Viernes 30 de julio. 19:30
HANA
Título original: "Hana yori mo naho" Japón, 2006. Color. V.O.S.E. 127 minutos.
Dirección y guión: Hirokazu Kore-eda.
Guión: Hirokazu Kore-eda.
Interpretación: Junichi Okada, Rie Miyazawa, Tadanobu Asano, Arata Furuta, Seiji Chihara, Sinopsis: Año 1702. Aoki Sozaemon es un joven samurái que llega a Edo con el propósito de vengar a su difunto padre. Busca al enemigo de su progenitor por toda la ciudad, pero, aparte del hecho de que es un inútil en el manejo de la espada, se siente bastante reticente a cumplir con su misión. Alojado en una vivienda pobre, pero rica en relaciones humanas, Sozaemon empieza a apreciar la vida y a preguntarse por el sentido de la venganza.

Hirokazu Kore-eda. (Tokyo, 06/06/1962). Aunque siempre quiso ser novelista, se encontró un buen día trabajando como asistente de dirección de documentales para una cadena de televisión. El salto a la dirección fue casi inevitable, debutando en la realización de algunos capítulos de una serie de documentales en 1989. La forma en que reflexiona sobre la memoria, la muerte y, en general, el concepto de la "pérdida" ha cautivado a público y crítica desde su descubrimiento internacional, allá por 1995, cuando "Maborosi" recibe diversos galardones en Chicago, Vancouver y Venecia. Cuando en 2006 decide aproximarse al Japón feudal con "Hana", sorprende a muchos de sus seguidores, volviendo a recibir una gran acogida en los festivales de Londres, San Sebastián y Pusan, entre otros.


Categorías

Otros blogs en C7.es

Los olvidados