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Pepe Torres y Miguel Ángel Pérez Quintero

Miguel Ángel Pérez Quintero

Es uno de los fundadores de la "Asociación de Cine Vértigo" y lleva 12 años implicado en el audiovisual canario mediante la difusión del cine no comercial que realiza la citada organización y con su colaboración activa en Imacine, Canariasmediafest, Miradas Sur o Festival Internacional de Cine de Las Palmas de G.C. Desde hace 7 años es uno de los responsables de programación y coorganizador de IBERTIGO: Muestra de Cine Iberoamericano de Las Palmas de G. C., actividad que compagina con su presencia activa en los medios de comunicación, como codirector del programa de radio "Sunset Boulevard" o como articulista ocasional en diversos periódicos (La Gaceta de Canarias, Canarias 7, La Provincia, Soitu, Metro, etc), tareas estas que le han llevado a cubrir los festivales de Cannes, Berlín, Venecia, Valladolid o San Sebastián.

Pepe Torres

Me nacieron en el capitalino barrio de Guanarteme. Mi madre, a diferencia de la de Gila, sí estaba presente. Corrían los felices 60, los Beatles lanzaban su "Paperback Writer" e Inglaterra se aprestaba a ganar su Copa del Mundo de fútbol tras eliminar a los portugueses de mi tocayo José Torres. Eran tiempos de guaguas de dos pisos, puertas siempre abiertas, radios a todo volumen en los patios de vecinos y cines en cada esquina. Desde nuestra ventana, la marquesina del Doramas amamantaba irremisiblemente mi imaginación con la promesa de muchachos aguerridos, heroínas desvalidas y aventuras por doquier. Desde muy chico, mis sufridos progenitores intentaron controlar mi locuacidad con dosis intensivas de 35 milímetros. Marisol, Rocío Dúrcal, Raphael se alternaban ante mis alienados ojos con las últimas producciones Disney, cintas de vaqueros o fastuosos musicales. Ya entonces comencé a apuntar un cierto carácter contestatario. Mientras el resto de la platea callaba, yo reía descontroladamente.

A partir de entonces, mi vida giró siempre alrededor de las películas. El coleccionismo, la cinefagia y la crítica cinematográfica marcaron mi destino. El cine pasó a convertirse en oficio, la pasión en obligación. Pero sin abandonar nunca el entusiasmo por una buena historia bien narrada. Desde hace casi tres lustros, llevo embarcado en un periplo sin retorno hacia una útópica Ítaca donde los buenos siempre ganan, el crimen no paga, el chico acaba besando a la chica y, mientras el sol se pone en el horizonte, el "The End" ocupa toda la pantalla. En mi viaje, he descubierto que existen otras formas de contar, otras voces que me acercan a realidades paradójicamente próximas en su lejanía, y otras vías de acceso al inabarcable universo del audiovisual. Cuando se apaguen las luces en su sala, probablemente sea yo quien esté alumbrando sus sueños de celuloide y gigabytes.

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