Uno de los mayores genios que han poblado nuestras pantallas cinematográficas es, sin lugar a dudas, Billy Wilder. De su enorme talento dan fe las alabanzas que le dedicaron (y dedican) colegas, críticos y espectadores, además de una kilométrica lista de grandes películas con las que de vez en cuando nos alegramos el alma.
Periodista antes que cineasta, Wilder encontró en los primero años 40 un gran aliado en la figura del escritor y guionista Charles Brackett. Mucho más sofisticado que el impulsivo y lenguaraz emigrante europeo, Brackett era toda una personalidad. Doctorado en leyes por Harvard, columnista de "New Yorker" y "Vanity Fair", novelista de éxito y Presidente del Sindicato de Guionistas de Hollywood, Wilder a su lado resultaba aún más mundano de lo que ya era. Aunque se comportaban como el perro y el gato, Brackett y Wilder (en la foto) supieron aguantarse casi 8 años, el tiempo justo para que escribiesen mano a mano algunas buenas películas y una obra maestra, "Sunset Boulevard". A partir del estreno de esta maravilla dejaron de hablarse.

Wilder siempre se sintió más seguro compartiendo la máquina de escribir con alguien. Incluso aunque lo odiara a muerte. Tenía la lengua tan afilada como su talento, y se prestó siempre que le dieron la oportunidad, a emitir su opinión sobre cualquier asunto relacionado (o no) con su profesión. "Lo importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se puede convertir la mierda de gallina en chocolate".
Durante los años que siguieron a su ruptura con Brackett no es que dejara de rodar buenas películas (como por ejemplo, "El gran carnaval"), pero se notaba un tanto desnudo ante el folio en blanco. Quizás por eso, cuando en 1957 se cruzó en su camino un emigrante rumano que había adoptado el enigmático nombre de I.A.L. Diamond, supo que aquélla iba a ser una bonita historia de amor. Juntos escribieron algunas de sus obras maestras ("Con faldas y a lo loco", "El apartamento", "Primera plana", etc.) y sintieron, casi al mismo tiempo, que el cine ya no era lo suficientemente grande para ellos. Tras el estreno de "Aquí un amigo" en 1981, Diamond y Wilder (ver foto) nunca más volvieron a trabajar, ni juntos ni por separado.

Terminar un guión no es más o menos fácil que escribir una novela, un ensayo o un artículo periodístico. Como bien decía Wilder "... escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir es un rollo".
Pero quién sabe, puede que entre quien esté leyendo este texto se encuentre algún guionista avezado que pueda rebatir esta teoría. O quizás algún aprendiz de escritor que quiera atreverse con este género. Para ellos tenemos una oferta que no podrán rechazar...
La Asociación de cine Vértigo ha abierto el plazo para recibir las obras que quieran optar al Concurso de guiones para cortometraje organizado por La Caja de Canarias. El respaldo de esta entidad financiera permitirá un año más ofrecer un primer premio en metálico de 700 € para el guión ganador (que será objeto de un rodaje en forma de taller audiovisual a desarrollar posteriormente), además de un Accésit de 500 € para el guión canario que, atesorando las mejores cualidades técnico-artísticas de los participantes, no pudiera ser objeto del taller audiovisual antes indicado.
La finalidad de esta actividad es permitir que el espectador de a pie se acerque al proceso de creación cinematográfica. De hecho, tras la elección del guión ganador, se procederá a abrir el plazo de solicitud de inscripciones para participar en el rodaje del citado guión, pasando a formar parte el corto resultante de la programación de la edición de la Muestra de cine Iberoamericano, IBERTIGO 2010.
Tienen de plazo hasta el 10 de julio para remitir sus obras. Les adelanto que se buscan guiones que puedan ser rodados en el plazo de unos tres días en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, pero las bases completas de este concurso pueden consultarse en la página web de la Asociación de cine Vértigo. Y tranquilos, que si dudan de su habilidad para la escritura, siempre les quedará el consuelo de lo que una vez dijo George Lucas: "A pesar de escribir guiones, no creo que sea un buen escritor".


