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Novedades en la categoría Asociación de cine Vértigo

El próximo 26 de febrero se celebra la edición número 84 de los premios de la Academia. Imagino lo que se debe estar cociendo en Hollywood estos días, las presiones, las "sugerencias", las peticiones de apoyo para esta candidatura o para aquella otra... Ser candidato puede suponer mucho en la carrera de un profesional del sector. Ganar una estatuilla, increíble. Pero... ¿se imaginan lo que tiene que ser ganar dos Oscar en un mismo año?


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En 1946, un joven cortometrajista estadounidense llamado Don Siegel empezó a ser conocido por la industria cuando consiguió vencer en dos categorías, la de mejor cortometraje documental ("Hitler lives?") y de ficción ("Star in the Night - Gordon Hollingshead"). Esos premios le permitieron asumir el mando de producciones de largometraje, normalmente de pequeño presupuesto, pero donde siempre fue capaz de dejar su sello personal. En la década de los 50 alternó la televisión con una frenética actividad cinematográfica. En esa década estrenó quince largometrajes, de entre los que se podría destacar "La invasión de los ladrones de cuerpos", en 1956.

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Fueron años duros, en los que muchas veces tuvo que aceptar trabajos puramente alimenticios. Así, en 1960, aceptó dirigir "Estrella de fuego", un western pensado a mayor gloria de Elvis Presley y que no fue demasiado bien recibido por los fans del cantante. Las pretensiones actorales de "El Rey" le llevaron a exigir que apenas se incluyesen canciones suyas en la película, lastrando quizás la carrera comercial de la misma.


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Siegel no fue inmune a ese traspié en taquilla. Después de estar ocho años seguidos estrenando al menos una película, se tomó un año de descanso casi total. Su única participación fue, curiosamente, como actor, en un papel no acreditado a las órdenes de John Cassavetes en "Too late blues". La estrella de aquella película era el también cantante Bobby Darin, con quien Siegel haría tan buenas migas que contó con él para su vuelta a la dirección un año después. A Siegel le ofrecieron la dirección de una sombría historia bélica, "Comando" ("Hell is for heroes"), ambientada en la Línea Sigfrido, cerca de Bélgica, en los momentos más duros de la Segunda Guerra Mundial.

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Un castigado grupo de soldados americanos cuenta las horas para regresar a casa, pero contra todo pronóstico, son enviados de nuevo al frente. A ellos se les une un solitario y enigmático soldado, encarnado por la auténtica estrella de la función, Steve McQueen, quien se convertirá en un elemento fundamental en el desarrollo de la trama.

Fue un rodaje duro, con graves restricciones presupuestarias, traducidas en un número muy limitado de extras, armas de mala calidad y un trajín continuado entre los secundarios, los cuales tenían que compaginar este rodaje con el de otras varias producciones del estudio. "Comando" no fue especialmente bien recibida, pero con el paso de los años ha ido adquiriendo un respeto cada vez mayor. El lunes 13 de febrero se podrá ver en el CICCA, a partir de las 19.00 horas, dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo está dedicando al actor Steve McQueen, ciclo que culminará el 27 de febrero con "La gran evasión".

El miércoles 25 de enero, a partir de las 20.30 horas, el CICCA acoge la segunda edición de Visionaria, una muestra de cortometrajes que cada año sirve para conciliar reflexión y cinematografía. Se trata de un concurso abierto a la ciudadanía, a través del cual ésta puede expresar su visión de Las Palmas de Gran Canaria. En esta ocasión, los diez participantes resumen en un minuto o minuto y medio cómo ven la relación de Las Palmas de Gran Canaria con la cultura.


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El jurado encargado de otorgar los premios está compuesto por Diego Grimaldi (cofundador del Aula de Cine de la ULPGC y subdirector de la misma), Natalia Medina (bailarina, coreógrafa y directora de MASDANZA, Festival Internacional de Danza Contemporánea de Canarias) y Sergio Miró (director del magazine "Canarias en la Onda" de Onda Cero Las Palmas, y batería de bandas como The Good Company, The Birkins o Señor Natilla). Como novedad en la edición de este año, se entregará un Premio del público, concedido tras votación directa de los asistentes.

"Visionaria, conceptos de ciudad" está organizado por la Asociación de cine Vértigo y proa2020. Forma parte de una iniciativa incluida en "Las Palmas de Gran Canaria, respira cultura", una de las cuatro dimensiones sobre las que se asienta el Plan Estratégico de Las Palmas de Gran Canaria.

El Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, ha contado casi siempre con dos fieles escuderos en cada proyecto acometido. Kathleen Kennedy y Frank Marshall han participado como productores en una gran parte de las obras dirigidas o producidas por Spielberg. En ocasiones se han involucrado en proyectos más personales (Kennedy produjo "La escafandra y la mariposa" o "Persépolis") o han acabado dirigiendo sus propias películas (Marshall dirigió "Viven" o "Aracnofobia")

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Esa última película, rodada en 1990, ilustraba las peripecias del joven médico de una pequeña y tranquila ciudad americana, acosada por una legión de arácnidos recién llegados desde el corazón del Amazonas. La película no era especialmente brillante, pero cuando aparecían aquellas olas de arañas, era inevitable sentir que algo te estaba caminando por la espalda. Aquella marea de pequeñas arañas era realmente inofensiva, no así la tarántula gigante que aparecía después, una especie que se alimenta de pequeñas aves y que tiene una mordedura letal. Aquel joven médico con aracnofobia estaba encarnado por el actor Jeff Daniels, nacido en Athens (Georgia) en 1955, el mismo año en que un compatriota suyo, el director Jack Arnold, estrenó una de las más recordadas películas sobre arañas gigantes: "Tarántula".


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En 1954, la Warner Bros. había estrenado "Them!", considerada como una de las primeras películas de monstruos nucleares y la primera dentro del subgénero de las "Big bug films". El éxito de aquella obra invitó a la Universal a subirse al mismo carro, encargando a Jack Arnold la realización de una película no sobre hormigas, sino sobre algo más peligroso: una tarántula. El departamento de efectos especiales del estudio optó por una araña de verdad para los planos generales, reservando los prototipos articulados para los primeros planos. La araña se movía en la dirección deseada porque un técnico, hábilmente situado cerca del arácnido pero fuera de plano, soplaba por un pequeño tubito, haciendo que la araña se moviese a su gusto. A diferencia de otras películas de ciencia ficción de aquellos años al amparo del miedo nuclear, aquí lo que genera al monstruo no son malvados genios locos ni bombas devastadoras, sino las supuestas (y discutibles) buenas intenciones de científicos benefactores.

Su historia es sencilla: Un científico es acusado del crimen de dos compañeros, pero pronto se descubre que la responsable de esas terribles muertes es una tarántula gigante, producto de un fallido experimento encaminado a acelerar el crecimiento de los animales. El monstruo escapa del laboratorio y comienza a sembrar el pánico...



"Tarántula" se proyecta en el CICCA, el lunes 23 de enero a partir de las 19:30 horas, como cierre del ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado al director Jack Arnold.

Richard Sherman (Tom Ewell), tiene la tentación en el piso de arriba, en forma de una exuberante modelo a la que encarna una espectacular Marilyn Monroe. Son los protagonistas de "La tentación vive arriba", una estupenda comedia dirigida por Billy Wilder en 1955 y que ha pasado a la historia del cine, entre otros méritos, por una escena especialmente sugerente en la que ambos participan:



Esa película que acababan de ver Ewell y Monroe llevó en España el título de "La mujer y el monstruo". Dirigida por Jack Arnold en 1954, es considerada hoy en día una pieza de culto indiscutible entre los amantes del fantástico. Cuenta la historia de una expedición científica que se dirige hacia lo más profundo del Amazonas, buscando nuevas especies animales. Mientras una de las integrantes del grupo se baña, un monstruo submarino queda fascinado por su belleza y la rapta, llevándola a su gruta. El resto de la expedición sale en su búsqueda, con la idea de liberar a la bella y atrapar al monstruo...


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Esta película tiene su origen en William Alland, actor ocasional y compañero de fatigas de Arnold (al que le produjo siete películas entre 1953 y 1964). Alland se sintió fascinado por una historia que le contó el fotógrafo Gabriel Figueroa en 1941, durante el rodaje de "Ciudadano Kane" (donde Alland encarnaba al periodista Jerry Thomson). Le habló de unos extraños seres, mitad humanos mitad peces, que vivían en las profundidades del Amazonas. Fascinado por el relato, Alland escribió una pequeña historia a la que tituló "The Sea Monster", y en la que pasaba aquella fábula por el tamiz de" La Bella y La Bestia". Coincidiendo con el éxito de otra producción en 3 -D de la Universal, "House of Wax", (1953), Alland rescató aquella historia y le propuso a Arnold que se encargase de dirigirla.

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Considerada como un icono de la década de los cincuenta, sus aciertos y sus defectos están en perfecto equilibrio. Es intocable para una gran cantidad de aficionados al cine, y se cuenta que el mismísimo Ingmar Bergman se regalaba en cada cumpleaños un nuevo visionado de esta delicada fantasía que se proyecta en el CICCA el lunes 16 de enero a partir de las 19.30 horas dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica a Jack Arnold. Este ciclo finalizará el 23 de enero con la proyección de "Tarántula", (EE UU, 1955. 80').

Hervir un huevo parece algo sencillo, pero esconde un mundo complejo detrás. Cuidado con confundir un huevo pasado por agua con un huevo duro. Cada maestrillo tiene su librillo, pero el que yo he consultado me dice que un huevo duro hierve unos doce minutos, pero un huevo pasado por agua no debe superar los cuatro minutos de cocción. Hay teóricos que sugieren el apoyo de la religión para definir el tiempo de cocción perfecta: seis credos para un huevo duro y un padre nuestro para uno cocido. ¡Qué hambre me está entrando!


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En cualquier caso, en menos de lo que se cuece un huevo, el grancanario David Pantelaleón fue capaz de plasmar en imágenes su particular concepto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria desde dos puntos de vista muy diferentes. El resultado, de apenas 90 segundos de duración e inspirado a partes iguales por Woody Allen y Godzilla, se tituló "Ciudad XXI", y fue la vencedora de la Primera Muestra "Visionaria, conceptos de ciudad", organizada por proa2020 y la Asociación de cine Vértigo a principios de 2011. El huevo y la gallina. O, en este caso, el pollito.

CIUDAD XXI from Los de Lito Films on Vimeo.


Quienes quieran seguir los pasos de Pantaleón, tienen la oportunidad de participar en la segunda edición de esa Muestra. En esta ocasión, los participantes deben resumir en un minuto o minuto y medio cómo ven la relación de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria con la cultura. Con esta Muestra-Concurso se pretende abrir la posibilidad a las realizadoras y realizadores canarios, tanto amateurs como profesionales, y a la ciudadanía en general, de demostrar su creatividad y amor por Las Palmas de Gran Canaria, a través del cine. Al igual que en la convocatoria anterior, los participantes deben ser mayores de 18 años y acogerse a la temática específica antes citada, pudiendo optar por una aproximación abstracta, minimalista, global o lineal sobre. El cartel de esta edición, obra de MAT Publicidad, toma como punto de partida una fotografía de Teresa Correa y, de alguna forma, anticipa una de las múltiples vías de aproximación posibles a lo que pretende Visionaria.


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Los concursantes tienen tiempo para inscribirse hasta el 15 de enero, entregando por correo certificado, por mensajero o en mano, en las oficinas de proa2020 ubicadas en la calle Rafael Cabrera, 1, 2 planta, oficina 4, de la capital grancanaria, la ficha de inscripción y el cortometraje en formato, preferiblemente, DVD. De entre todos los cortometrajes presentados, un jurado formado por tres personas de reconocido prestigio en el ámbito de la cultura, elegirán los trabajos galardonados con el premio al Mejor cortometraje y al Segundo mejor cortometraje dotados con un premio de 1.000 € y 500 €, respectivamente; el Premio del Público, que será para el cortometraje elegido por votación directa del público asistente el día de la proyección, y el Premio del Jurado, consistirán en una placa. Para más información puede visitar la web www.proa2020.org, en la pestaña ubicada en la página de inicio 'Visionaria, conceptos de ciudad'.


Después del éxito de "La Pantera Rosa", Blake Edwards quiso apostar de nuevo por Peter Sellers, pero ya como estrella absoluta de la función. El título elegido no dejaba lugar a la duda, "El nuevo caso del Inspector Clouseau" (1964), pero el resultado final no fue especialmente grato. Director y actor siguieron colisionando durante el rodaje, ahora con más fuerza que en su primer trabajo juntos, declarando públicamente tras el estreno de la película que nunca más trabajarían juntos.


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Edwards se embarcó a continuación en una comedia de tintes faraónicos, "La carrera del siglo", protagonizada por Jack Lemmon, Tony Curtis, Natalie Wood, y Peter Falk. Costó doce millones de dólares y no fue bien recibida por la crítica, teniendo el dudoso honor de ser considerada como el primer gran fracaso de Blake Edwards. Una comedia antibelicista ("¿Qué hiciste en la guerra, papi?", 1966) y la adaptación de su propia serie de televisión ("Gunn" - 1967) no llegaron a permitir que Edwards recuperase todo el crédito perdido. Simultáneamente, Sellers fue encadenando trabajos con algunos directores de renombre como Clive Donner ("¿Qué tal, Pussycat?", 1965), Vittorio de Sica ("Tras la pista del zorro", 1966) o John Huston ("Casino Royale", 1967), pero sin ganar el mismo prestigio que alcanzó con Edwards. Parecían condenados a tragar sapos y aprovechar el torrente de talento del otro en beneficio de sus carreras. Y así fue.


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Decidieron que tenían que escaparse del personaje de Clouseau. Sin perder el mismo sentido del humor de "La pantera rosa", decidieron amplificarlo en una nueva película titulada "El guateque". Se minimizaron los diálogos en beneficio de la arrolladora gestualidad de Sellers y de un toque a medio camino entre Tati y el absurdo, realmente sorprendente para una producción del Hollywood de aquellos años. El guion con el que se empezó el rodaje tenía apenas 63 páginas (el más corto rodado por Edwards, según sus propias palabras) y fue más bien el punto de partida para unas innumerables sesiones de improvisación encabezadas por Sellers. Éste interpreta a Hrundi V. Bakshi, un peculiar actor hindú que trabaja como extra en Hollywood. Durante un rodaje, su torpeza innata provoca la destrucción del decorado y su despido. No obstante, recibe por error una invitación a una fiesta que da el productor de la película. Allí, el caos que rodea a Hrundi surge en forma de una invasión de espuma, un elefante bebé, un camarero alcohólico, un pollo volador, una troupe de músicos rusos y un lorito.



Fue la única colaboración entre Edwards y Sellers fuera del universo de Clouseau. Relegada durante muchos años, hoy es una obra de culto, al igual que el trabajo de Mancini para esta película, poco valorado en su momento. El compositor llegó a decir que "eso me pasa por escribir buena música para una comedia. La gente se ríe y no atiende a la música." Se proyecta en el CICCA el 19 de diciembre 2011 a partir de las 19:30 horas, como cierre del ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado a este maravilloso tándem.


Henry Mancini nació en 1924 en Cleveland. Su padre, obrero metalúrgico, inculcó el amor por la música en el pequeño Henry, compartiendo su pasión en una pequeña orquesta llamada "Sons of Italy", donde tocaban la flauta. Admitido en la Juilliard School of Music de Nueva York, sólo estuvo allí un año, al ser llamado a combatir en la Segunda Guerra Mundial. De vuelta a casa entró en la industria de la música, trabajando en varias orquestas y desarrollando gradualmente sus habilidades como pianista, compositor y director.


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En 1952 entró en el cine gracias a un contrato como compositor de apoyo en la Universal. Aunque no apareció en los créditos, su primer trabajo fue para Douglas Sirk, "¿Has visto a mi chica?" (1952). Su nombre se pudo ver por primera vez en la pantalla como escritor de una de las canciones de "El caballero del Missisipi" (Rudolph Maté, 1953). Admirado por la introducción del jazz en sus composiciones, Mancini fue requerido por Stanley Donen ("Charada"), Howard Hawks ("Hatari!") o Vittorio de Sica ("Los girasoles"), pero será recordado por su vinculación con Blake Edwards, a quien conoció en 1957, cuando compuso la banda sonora del tercer largometraje dirigido por éste, "El temible Mr. Cory".


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Nacido en 1922 en Tulsa, el suegro de Edwards había sido productor y su padre director de cine mudo. Esos contactos le permitieron iniciar su carrera como actor en 1942, con un pequeño papel sin acreditar a las órdenes de Henry Hataway en "Diez héroes de West Point". Trabajó para Otto Preminger, John Ford o William Wyler, pero su actitud irreverente le generó mala fama. En 1948 produce y escribe el guión de un western en el que se reserva un papel secundario, "Imperio del crimen". Poco después, en 1953, firma su primer trabajo como director en uno de los capítulos de la serie de televisión "Four stars Playhouse". Su debut como director de largometrajes se produce en 1955 con la comedia musical "Venga tu sonrisa".


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Hasta su muerte en 2010, Edwards se granjeó fama de ser un gran profesional. Según su propio credo, "... alguien que quiere expresarse artísticamente dentro de esta industria tiene que cumplir lo que promete, no perder su integridad y esperar que al final del camino sigan a su lado un par de buenos amigos que le entiendan." Señalado como un "mero director de comedias", supo demostrar su valía en el drama. Nunca ganó un Oscar como director, ni fue candidato en esa categoría. Lo más cerca que estuvo de ser premiado fue en 1983, nominado como guionista de "¿Víctor o Victoria?". En 2004, en una demostración de remordimiento de conciencia de la Academia, recibió un Oscar honorífico por su trayectoria.


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Su gran amigo Mancini sí fue premiado, pero se llevó más palos que alegrías. Alcanzó diez nominaciones en la categoría de mejor canción, ganando dos ("Días de vino y rosas" y "Desayuno con diamantes"). En la de mejor compositor tuvo seis nominaciones y dos triunfos, "Desayuno con diamantes" y "¿Víctor o Victoria?". Mancini falleció en 1994, el mismo año en que Edwards inició su último trabajo como director, una versión televisiva de "¿Víctor o Victoria?". Ambos trabajaron juntos en treinta largometrajes, tres telefilmes y dos series televisión, sin duda una de las colaboraciones más largas y provechosas del cine americano.


La Asociación de cine Vértigo dedica sus proyecciones del mes de diciembre de 2011 a tres de las películas en la que coincidieron los talentos de Blake Edwards y Henri Mancini. La primera de ellas se proyectará el lunes 5 de diciembre, a partir de las 19.30 horas y con entrada gratuita. Su título, "Desayuno con diamantes" (1961), sin lugar a dudas una de las piezas fundamentales sobre las que se ha construido el mito del cine americano. Cuenta la historia de un joven escritor, mantenido por una mujer mucho mayor que él, que se muda a un edificio de apartamentos. Allí conocerá a una peculiar vecina, la joven y bella Holly, una aspirante a actriz que va sin rumbo por la vida, siempre disconforme y un tanto alocada, y que solo es feliz visitando la tienda de diamantes Tyffany's.


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La mística de esta gran película se construye sobre una increíble suma de casualidades. Truman Capote vendió los derechos de su novela "Breakfast at Tiffany's" e insistió en que la protagonista fuese Marilyn Monroe. Sin embargo Lee Strasberg convenció a Marilyn para rechazar el papel, alegando que interpretar a una puta sería malo para su carrera. Cosas de la vida, hoy nadie se imagina a otra Holly que no sea Audrey Hepburn.


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La decisión de asignar a Edwards como director sorprendió a muchos, ya que no tenía detrás una carrera especialmente brillante. Pero su trabajo en la dirección hizo callar muchas bocas, colocándole como figura de culto entre la crítica. Su complicidad con Mancini dejó para la historia el tema "Moon river", a pesar de que los ejecutivos del estudio estuvieron a punto de eliminar esa canción. Felizmente, Audrey Hepburn se puso del lado de Edwards y Mancini: "¿Quitar esa canción? ¡Sobre mi cadáver!"



El resto de proyecciones de este ciclo serán:

12 de noviembre: La pantera rosa, de Blake Edwards (EEUU, 1963. 115')
19 de noviembre: El guateque, de Blake Edwards (EEUU, 1968. 99')

Cuando las hordas protestantes de Oliver Cromwell se lanzaron sobre las costas de Irlanda, los católicos no lo pasaron nada bien. A los más afortunados, al menos, se les dio la oportunidad de elegir entre irse de cabeza al infierno o largarse a Connacht, la más pequeña de las provincias irlandesas. Era un terreno gélido, duro, escasamente fértil y muy castigado por la dureza del Atlántico. Pero mejor eso que el cementerio, debieron pensar todas las familias que allí se instalaron. Los más atrevidos prefirieron dar con sus huesos en algunas de las islas que se diseminan a lo largo de la costa de esta provincia, como por ejemplo, las Islas de Arán.


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Sería precisamente el hijo de un pastor protestante irlandés, el documentalista Robert J. Flaherty, quien elegiría estas islas de dura belleza para enmarcar el que sería su tercer largometraje, "Hombres de Arán" (1934). Después del sonado éxito de su debut en 1922 con "Nanook, el esquimal", la Paramount le había dado carta blanca, aprovechada por Flaherty para irse a Samoa y rodar en un entorno mucho menos inhóspito "Moana" (1926), una obra que si bien no tuvo tanto éxito en Hollywood, fue muy bien recibida en Europa. Se cuenta que John Grierson, un joven crítico escocés con aspiraciones de cineasta, firmó en el New York Post una reseña muy favorable tras el estreno de esta película, especialmente por su "valor documental", siendo considerada ésta la primera vez que se empleaba este término, "documental", con el cual se ha conocido durante años al cine de "No ficción".


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El gran Irving Thalberg le abrió después las puertas de la Metro para rodar junto a W. S. Van Dyke un drama titulado "Sombras blancas" (1928). Sin embargo, las diferencias de estilo y personalidad entre ambos directores se fueron agrandando a medida que avanzaba el rodaje, provocando la salida de Flaherty del proyecto. Avalado todavía por el éxito de Nanook, Hollywood quiso darle una nueva oportunidad, y fue contratado en 1929 por la Fox para rodar "Acoma the Sky City", un documental sobre los nativos Americanos. Flaherty estuvo ocho meses conviviendo con los nativos, pero por problemas de producción, se paralizó el rodaje y, posteriormente, un incendio destruyó el metraje existente. Su carrera se tambaleaba, y aceptó aportar su experiencia en el género en favor de la mítica "Tabú" (1931), de F. W. Murnau, también rodada en los mares del sur.


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Cuando ya apenas tenía oportunidades en Hollywood, Flaherty recibió una llamada del Empire Marketing Board Film Unit in London. Había sido recomendado por aquel joven crítico escocés, John Grierson, quien idolatraba su manera de filmar. Sin embargo, cuando Grierson constató la facilidad con la que Flaherty gastaba metros y metros de película, decidió que era mejor apartarle de la dirección en aras de mantener un cierto control presupuestario. Estando en Inglaterra, el avispado productor Alexander Korda pensó en él para dirigir "Elephant Boy", una película de aventuras que adaptaba un cuento de Kipling", pero fue nuevamente expulsado del proyecto, en beneficio del propio hermano del productor, Zoltan Korda, quien finalmente fue acreditado como director del mismo.

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Aunque la situación era realmente desesperada, volvió a presentársele otra oportunidad cuando el productor Michael Balcon le ofrece la posibilidad de rodar un documental que mostrase la dureza del día a día de los habitantes de las Islas de Arán. Así, después de tantas penalidades, fue como Flaherty llegó a la que, para muchos, es su mejor película y uno de los documentales sagrados de la historia del cine. Paradójicamente, es también una obra cargada de ficción, por lo que sirve para añadir más madera a la polémica sobre la validez o no del término "documental".

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A Flaherty, como ya había demostrado en Nanook, sentía una gran fascinación por ilustrar los esfuerzos del ser humano para sobreponerse a la dureza de su entorno. Poco le importó, por ejemplo, que la técnica para cazar tiburones que emplean sus personajes en "Hombres de Aran" llevase varias décadas sin ser empleada. De hecho, Flaherty decidió ubicar en el centro de la narración a una familia, pero eligió a tres habitantes de las islas sin vínculos familiares entre ellos para encarnar al padre, la madre y el hijo. Los eligió por su físico y por la expresividad de sus rostros, algo que realmente responde a los cánones de un casting para una producción de ficción.
En cualquier caso, es una obra cautivadora, filmada con notable brío y que ilustra con gran belleza poética las duras condiciones de vida de aquellas islas. Hay drama, ternura y dolor, y un entorno tan bello como árido, tan tierno como salvaje. Ganadora del Premio a la Mejor Película extranjera en el Festival de Venecia, "Hombres de Arán" se proyecta el lunes 21 de noviembre en el CICCA, a partir de las 19.30 horas, dentro de un ciclo que la Asociación de Cine Vértigo está dedicando al género de la "No ficción".



Este ciclo terminará con la proyección "El triunfo de la voluntad", de Leni Riefenstahl, el 28 de noviembre.


Vladímir Ilich Lenin principal dirigente de la Revolución de Octubre y primer dirigente de la Unión Soviética, fue acribillado a balazos el 30 de agosto de 1918. A la salida de una fábrica en la que había pronunciado uno de sus habituales discursos, una activista revolucionaria llamada Fanny Kaplán le gritó, buscando que Lenin se girase hacia ella. En aquel momento, Kaplán le asestó tres disparos. Uno le atravesó el abrigo y los otros dos le alcanzaron el hombro y el pulmón izquierdos.


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Lenin arrastraba muchos problemas de salud, achacados comúnmente al gran estrés derivado de su implicación en la Revolución y la Guerra, aunque otras fuentes citan la sífilis como una de las dolencias que más le castigaron. Pero lo cierto es que el atentado agravó su situación, sobre todo por el hecho de que una de las balas quedó alojada en su cuello, cerca de su espina dorsal, sin que los médicos pudieran extraerla. En mayo de 1922 comenzó a sufrir infartos con peligrosa frecuencia, señal que aprovechó la maquinaria del partido para reducir su peso en las decisiones de gobierno. En diciembre de ese mismo año sufrió un segundo y más intenso infarto, culpable de la paralización parcial del lado derecho de su cuerpo. En marzo de 1923 otro ataque al corazón le dejó sin habla y en cama. Finalmente, falleció el 21 de enero de 1924, a la edad de 53 años. Las colas para rendirle homenaje fueron interminables.


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Tras su muerte, se inició un proceso de castigo contra gran parte de su aparato y de sus colaboradores, algo que derivó en lo que se conoce como "La Gran Purga", una masiva campaña de represión y persecución política iniciada a finales de los años 30, y que terminó con la ejecución de cientos de miles de sospechosos o, en el mejor de los casos, su envío a durísimos campos de concentración. Este fue un proceso lento en el arranque, pero demoledor con el paso de los años. Afectó a todos los sectores por igual, sin importar si se era un político, un militar un intelectual o un obrero. En el campo de la cultura, se dieron paradojas terribles, como lo ocurrido con uno de los cineastas soviéticos más influyentes de todos los tiempos: Dziga Vertov.


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Convertido en el motor de una nueva concepción del arte cinematográfico tras el estreno en 1924 de "El hombre de la cámara", el cine de Vertov era uno de los ejes sobre los que giraba la importante industria propagandística soviética. Sus trabajos eran esperados con devoción, y el Kremlin besaba el suelo que este director pisaba. A nadie extrañó que en los últimos años de vida de Lenin se le encargara la realización de un largometraje titulado "Tres canciones sobre Lenin", con el que se pretendía realizar un retrato amable sobre la figura del líder soviético a partir de tres canciones populares. La producción de esta obra de apenas 57 minutos, donde por cierto interviene La Pasionaria, finalizó en enero de 1934, coincidiendo con la muerte de Lenin, pero su estreno no se produjo hasta diez meses después, y sin que tuviese ya respaldo alguno del aparato. No era el momento de "hablar bien de Lenin". Cuatro años más tarde se presentó una nueva versión de esta obra, cambiando parte del metraje original por un extraño añadido en el que se ensalzaban los logros alcanzados por Stalin en ese lapso de tiempo. Vertov nunca fue el mismo hombre de antes. Jamás recuperó su estatus, y quedó reducido a un mero editor de noticieros propagandísticos hasta su muerte, en 1954.

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Su obra, sin embargo, superó el ninguneo del régimen, y hoy en día es considerado uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. Su rastro es hoy muy fácil de localizar entre los cineastas que transitan el peliagudo terreno de la "No Ficción". Su obra fundamental, "El hombre de la cámara", se proyecta el lunes 14 de noviembre en el CICCA, a partir de las 19.30 horas, dentro de un ciclo que la Asociación de Cine Vértigo está dedicando a ese género.


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Con esta obra, Vertov intentó ilustrar un día en la vida de un operador de cámara, dedicado desde el alba hasta el anochecer a filmar una ciudad soviética cualquiera. Instantáneas callejeras, el fragor de las fábricas, la vida en los hogares... bocetos de una realidad que adquieren un significado ideológico preciso gracias a una brillante técnica de montaje. "El hombre de la cámara" puede ser considerada como el eje práctico sobre el que Vertov volcó los manifiestos de su grupo "Cine-Ojo": "Lo fundamental: usar la cámara como un ojo fílmico más perfecto que el ojo humano para explorar el caos de los fenómenos visuales que llenan el universo. El drama cinematográfico es el opio del pueblo. ¡Abajo las fábulas burguesas y viva la vida tal y como es!".



El resto de proyecciones de este ciclo son las siguientes:

21 de noviembre: Hombres de Arán, de Robert J. Flaherty
28 de noviembre: El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl


La gigantesca Bahía de Hudson baña las costas de algunas de las principales regiones de Canadá, como Quebec, Ontario, Manitoba o Nunavut. Esta última debe su nombre al orgulloso pasado de sus habitantes originales, los inuit, en cuya lengua, el inuktitut, significa "Nuestro territorio". Forma parte del actual mapa político de Canadá desde 1999, y su extenso territorio ocupa una extensión de casi 2.100.000 km2. En su límite septentrional roza el norte de Groenlandia, y las islas Belcher, en medio de la Bahía del Hudson y casi en la costa de Quebec, marcan su frontera sur. Las Belcher son un ramillete casi infinito de islas extrañamente rocosas y áridas, apenas habitadas. Su suelo es extremadamente pobre, por lo que a diferencia de lo que ocurre en el resto de ese territorio, no hay árboles en ellas.


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Hasta 1913 se sabía muy poco de estas islas, apenas habían sido visitadas y estaban muy mal cartografiadas. En ese año, un minero de origen irlandés llamado Robert J. Flaherty fue incluido en una expedición encargada de sondear el subsuelo de esas islas. Su jefe, Sir William Mackenzie, le sugirió que llevase consigo una cámara para tomar algunas imágenes de aquel territorio ignoto. Flaherty encontró una vieja cámara Bell and Howell, y con ella comenzó a filmar compulsivamente. Todo era nuevo, salvaje y sugerente, pero lo que más le llamó la atención fue el encuentro con los habitantes del lugar, el pueblo Inuit. Se convirtió en una obsesión, no paraba de filmar y su jefe incluso le llamó la atención, porque estaba desatendiendo las labores para las que realmente había sido llevado a la isla. Pero poco le importaron aquellos avisos: de vuelta a Toronto, se dio cuenta de que tenía más de 21.000 metros de película y un auténtico tesoro etnográfico entre manos. Desgraciadamente, un cigarro mal apagado en la sala de montaje acabó con gran parte del metraje y abrasó las manos de Flaherty. El material recuperado fue exhibido, pero nunca tuvo el aprecio del director: "Son escenas sueltas. No hay la conexión que yo encontré. A mí me aburre. Y a la audiencia también".

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Aquello encorajinó sobremanera a Flaherty, quien estuvo dándole vueltas durante mucho tiempo a la forma de acercarse de nuevo a este proyecto. Siete años después, y gracias a la inesperada aportación económica de unos comerciantes franceses de pieles (seguramente interesados en un posible negocio con los habitantes de las islas), Flaherty pudo empezar su gran aventura. El 15 de agosto de 1920 atracó en Port Harrison, Quebec, cargando con dos cámaras Akeley y con el material necesario para una proyección. Quería ir mostrando su trabajo a los Inuit de forma paulatina, y ver cómo éstos reaccionaban.

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Flaherty se mezcló con los Inuit, y fue eligiendo a quienes formarían parte de su filmación. Uno de los miembros de la comunidad, llamado Allakariallak, le resultó especialmente interesante, y decidió que ese iba a ser el protagonista de su historia. Eligió para él el nombre con el que se dio título a su película, título con el que hoy en día se recuerda al que, posiblemente, sea el primer documental de la historia del cine; "Nanook, el esquimal".



Los límites entre ficción y documental, la planificación de la progresión dramática, la recreación de escenarios de forma que se adaptasen a las limitaciones de filmación... Ésas y otras cuestiones han sido eternos temas de debate en relación a esta obra. El supuesto carácter "benefactor "de Flaherty también se ha puesto en entredicho, sobre todo después de saberse que tuvo un hijo ilegítimo con una de las protagonistas de su documental, hijo al que nunca reconoció y al que nunca ayudó, ni siquiera cuando fue desplazado junto al resto de su pueblo hasta una inhóspita reserva cerca del Ártico.

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Los ríos de tinta vertidos alrededor del carácter veraz de este documental han dado (y siguen dando) mucho de qué hablar. Su proyección el lunes 7 de noviembre en el CICCA supondrá una oportunidad muy interesante para debatir sobre éste y otros asuntos. Eso será a partir de las 19.30 hora y con entrada gratuita, iniciándose con esta proyección un ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica a los "Fundamentos de la No-ficción" y que durante el mes de noviembre tendrá las siguientes proyecciones:


14 de noviembre: El hombre de la cámara, de Dziga Vertov
21 de noviembre: Hombres de Arán, de Robert J. Flaherty
28 de noviembre: El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl

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