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La mañana era fría. Muy fría. Espantosamente fría. El Paseo Zorrilla a las siete y media de la mañana de un domingo cualquiera de un mes de noviembre es, por definición, espantosamente fría (sobre todo si uno viene de Canarias). Allá a lo lejos, doblando la esquina, el centro de Valladolid se desperezaba, entre charcos de agua de lluvia y algún que otro naufrago de la noche pucelana. El paso firme, la bufanda que no daba más de sí y uno que se encaminaba hacia el corazón de la Semana Internacional de cine de Valladolid: el majestuoso Teatro Calderón.


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La noche del sábado había sido larga. Generalmente lo son en todos los festivales, y por muy castellano que éste fuese, no iba a ser una excepción. Las pocas horas de sueño y el ataque despiadado del frío pucelano invitaban más al abrazo de la almohada, pero el deber es el deber, y uno estaba en Valladolid para vivir el día a día de la Seminci. Aquella mañana tocaba madrugar, porque a las ocho y media de la mañana se proyectaba una película a concurso. No les voy a negar que mientras sorteaba charcos y más charcos camino del cine llegué a desear que la película en cuestión fuese rematadamente horrible, con lo que tendría una excusa válida para irme a tomar un chocolate caliente. Sí, lo reconozco, fustíguenme si así se sienten mejor. Soy de los que en un Festival de cine se escapa de las proyecciones antes de que acaben si la película en cuestión es insoportable. Pero de eso hablamos otro día, si les apetece. En general deseo con toda mi alma que esa próxima proyección sea un momento inolvidable, que me permita descubrir algo, o a alguien. Pero aquel día...

Imaginaba que a una proyección tan tempranera, casi de madrugada, y en domingo, asistiría muy poca gente. Imaginaba que seríamos cuatro gatos difuminados entre la inmensidad del teatro. Tremendo error. El cine estaba a reventar, no cabía un alfiler. Y nadie se marchó de la sala. Ni siquiera yo. De hecho, se me pasó el frío y se me pasó el sueño. ¿El culpable del milagro? Won Kar Wai y su "2046".


Sutileza, elegancia, poesía....todas esas palabras se escucharon en los corrillos que se formaron a la salida de la proyección, tras una merecida salva de aplausos. Aquella historia arrebatada, plena de sofisticación y sensualidad, consiguió el premio de la crítica merecidamente, galardón que ya en aquel momento se hizo corto ante los méritos de esta película.

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Concebida como colofón de una trilogía iniciada con "Days of being wild" y continuada con la descomunal "Deseando amar", esta "2046" tomó su título del año fijado por las autoridades chinas como compromiso frente a los habitantes de Hong Kong, un compromiso gracias al cual mantendrían sus condiciones de vida anteriores a la incorporación al país tras dejar atrás su pasado colonial. Construida como un laberíntico juego de muñecas rusas, coloca al intenso Tony Leung en el epicentro de un ir y venir de mujeres a las que encarnan actrices tan bellas como soberbias: Maggie Cheung, Gong Li o Zhang Ziyi.


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Esta película se proyecta en el CICCA el lunes 15 de febrero a las 19.30 horas y dentro del ciclo denominado "Delicias orientales", el cual pretende recordar algunas de las joyas del reciente cine asiático. Es evidente que la figura de Won Kar Wai no podía faltar en un repaso por lo mejor de esas cinematografías orientales. A quien esto escribe le ha venido bien esta proyección para recordar aquella fría mañana castellana y cómo el buen cine puede ser el mejor remedio contra las inclemencias del tiempo.

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