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Archivos Febrero 2012

Una de las bandas sobre las que se edificó la iglesia del Britpop fue Blur. Su álbum de debut ("Leisure", 1991), fue muy bien recibido por una parte de la crítica musical, especialmente rendida ante la brillantez de singles como "There´s no other way" o "She´s so high".



El llamado "Manchester sound" encontraba a sus profetas en estos cuatro chicos, devotos admiradores de los primeros Pink Floyd o The Who. La guerra mediática en la que aceptaron entrar frente a la otra gran banda del momento, Oasis, llevó el Britpop a lo más alto, dejando para el recuerdo una discografía tan excitante como incomprendida. Bucear en sus siguientes álbumes -"Modern Life Is Rubbish" (1993), "Parklife" (1994)- supone encontrase de frente con tal variedad de estilos y pretensiones que solamente el paso del tiempo ha permitido disfrutar de ellos con la perspectiva necesaria.


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Después del tremendo éxito de aquella gran celebración del héroe de clase obrera idealizado en los 60, llamado "Parklife", el grupo sintió la necesidad de posicionarse con algo menos de condescendencia a lo que estaba pasando a su alrededor. Lanzaron así una mirada oscura hacia la sociedad en la que vivían y en la que se sentían, por momentos, prisioneros. Sus canciones las habitan ahora operarios de fábricas que malviven en los suburbios de la gran ciudad. Ese fue el eje de "La gran evasión", un cinéfilo nombre para el que muchos consideran el disco más completo de Blur, y del que se extrajo un hipnótico tema titulado "The Universal", en el que la banda rendía un homenaje a dos películas de otro británico ilustre, Stanley Kubrick: "2001, una odisea en el espacio" y "La naranja mecánica".



La querencia de Blur por el cine se ve reflejado en éste y otros discos, no solo de la banda sino también de los diversos proyectos que paralelamente han desarrollado sus componentes (basta echar un vistazo a muchos de los temas de Gorillaz). En el que, por ahora, es el último y esquinado disco de estudio de la banda ("Think Tank", 2003), aparecía un curioso tema titulado "Gene by Gene" en el que la figura del mítico Steve McQueen tiene un pequeño papel...


Steve McQueen representa para Blur, y para muchos otros artistas, un ideal romántico de un tiempo pasado... Desde Notorious B.I.G. a Leonard Cohen, pasando por REM o los Rolling Stones, todos han dedicado algún tema al mítico actor americano. Quizás a ellos les pasó lo mismo que a mí, y quedaron fascinados al ver como MacQueen entraba una y otra vez, con elegancia y chulería, en la celda de castigo de "La gran evasión" llevando consigo un guante y una pelota de beisbol.


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Quienes ya conocen esta película tienen oportunidad de recuperarla en la proyección con la que finaliza el lunes 27 de febrero en el CICCA, a partir de las 18.30 horas, el ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado a McQueen. Si no la conocen, están invitados a disfrutar de una de esas películas que quien les escribe no se cansa de ver.



Abatido y desolado tras la muerte de su amada Eurídice, Orfeo tocó canciones tan tristes que el reino de Hades abrió sus puertas para que la pareja retomase su amor entre los vivos.


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Así se desencadena uno de los capítulos más destacados del mito de Orfeo, glosado entre otros por Ovidio y Platón, y escogido por el gran Vinícius de Moraes como punto de partida para su obra teatral "Orfeu da Conceição", estrenada en 1956 en el Teatro Municipal de Rio de Janeiro. La obra contó con el apoyo escenográfico del célebre arquitecto Oscar Niemeyer, y tenía música del propio Moraes y de otro pope de la música brasileña, Antonio Carlos Jobim. El éxito de la pieza propició que se editase un disco con los siete temas compuestos para la misma, convirtiéndose así en el primer disco de esta pareja, una de las más legendarias de la música brasileña.

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Tres años después, el director francés Marcel Camús adaptó esa obra teatral al cine, con el título de "Orfeo negro". En vísperas de su gran carnaval, una bella joven de nombre Eurídice llega a Río de Janeiro. Allí se cruzará en el camino de un joven y seductor conductor de tranvías, llamado Orfeo. Los celos y la pasión entrelazarán los caminos de estos dos personajes marcados por un destino trágico, en una obra llena de poesía y dolor, de tristeza y canciones...


Ese mismo destino, tan trágico como caprichoso, quiso que los actores que encarnaron a Orfeo y Eurídice en esta película, Breno Mello y Marpessa Dawn, tuviesen un último punto de encuentro en sus caminos. Breno falleció el 11 de julio de 2008 en Brasil, ella en Francia apenas 45 días después.


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Galardonada con la Palma de Oro de Cannes y el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, "Orfeo negro" se proyecta el jueves 23 de febrero, a partir de las 20.30 horas en "Colón Cinema". Es ésta una actividad organizada por la Asociación de cine Vértigo y la Casa de Colón, entidad esta última en cuyas instalaciones tendrá lugar dicha proyección.

El próximo 26 de febrero se celebra la edición número 84 de los premios de la Academia. Imagino lo que se debe estar cociendo en Hollywood estos días, las presiones, las "sugerencias", las peticiones de apoyo para esta candidatura o para aquella otra... Ser candidato puede suponer mucho en la carrera de un profesional del sector. Ganar una estatuilla, increíble. Pero... ¿se imaginan lo que tiene que ser ganar dos Oscar en un mismo año?


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En 1946, un joven cortometrajista estadounidense llamado Don Siegel empezó a ser conocido por la industria cuando consiguió vencer en dos categorías, la de mejor cortometraje documental ("Hitler lives?") y la de ficción ("Star in the Night - Gordon Hollingshead"). Esos premios le permitieron asumir la dirección de largometrajes, normalmente de pequeño presupuesto, pero donde siempre fue capaz de dejar su sello personal. En la década de los 50 alternó la televisión con una frenética actividad cinematográfica. En esa década estrenó quince largometrajes, de entre los que se podría destacar "La invasión de los ladrones de cuerpos", en 1956.

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Fueron años duros, en los que muchas veces tuvo que aceptar trabajos puramente alimenticios. Así, en 1960, aceptó dirigir "Estrella de fuego", un western pensado a mayor gloria de Elvis Presley y que no fue demasiado bien recibido por los fans del cantante. Las pretensiones actorales de "El Rey" le llevaron a exigir que apenas se incluyesen canciones suyas en la película, lastrando quizás la carrera comercial de la misma.


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Siegel no fue inmune a ese traspié en taquilla. Después de estar ocho años seguidos estrenando al menos una película, se tomó un año de descanso casi total. Su única participación fue, curiosamente, como actor, en un papel no acreditado a las órdenes de John Cassavetes en "Too late blues". La estrella de aquella película era el también cantante Bobby Darin, con quien Siegel haría tan buenas migas que contó con él para su vuelta a la dirección un año después. A Siegel le ofrecieron la dirección de una sombría historia bélica, "Comando" ("Hell is for heroes"), ambientada en la Línea Sigfrido, cerca de Bélgica, en los momentos más duros de la Segunda Guerra Mundial.

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Un castigado grupo de soldados americanos cuenta las horas para regresar a casa, pero contra todo pronóstico, son enviados de nuevo al frente. A ellos se les une un solitario y enigmático soldado, encarnado por la auténtica estrella de la función, Steve McQueen, quien se convertirá en un elemento fundamental en el desarrollo de la trama.

Fue un rodaje duro, con graves restricciones presupuestarias, traducidas en un número muy limitado de extras, armas de mala calidad y un trajín continuado entre los secundarios, los cuales tenían que compaginar este rodaje con el de otras producciones del estudio. "Comando" no fue especialmente bien recibida, pero con el paso de los años ha ido adquiriendo un respeto cada vez mayor. El lunes 13 de febrero se podrá ver en el CICCA, a partir de las 19.00 horas, dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo está dedicando al actor Steve McQueen, ciclo que culminará el 27 de febrero con "La gran evasión".

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