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Archivos Septiembre 2011

En plena dictadura militar argentina, una acción conjunta de los Ministerios de Educación y Planeamiento dio como resultado la publicación en 1977 de una especie de manual que decidieron titular "Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)". Se convirtió en lectura obligatoria en todas las instituciones educativas del país, buscando la erradicación de la Subversión (así, con mayúsculas).


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Las mentes que pertrecharon aquel texto eran las mismas que habían apoyado todo el elemento represor argentino. Ante una sociedad enferma" (siempre desde su "peculiar" punto de vista), había que actuar con firmeza. Utilizando las propias palabras del Ministerio de Educación respecto de la historia reciente, "los procesos de radicalización política, las huelgas, las actividades de las organizaciones guerrilleras se encontraban en el mismo plano que la desjerarquización generalizada, educación tendenciosa, fomento de la corrupción y pornografía, drogas, etc.". Evidentemente, hacía falta ponerle cara al enemigo, al culpable de todo esto: "Esas realidades eran utilizadas o aumentadas en unos casos y producto en otros, de un comando que, desarrollando una estrategia perfectamente instrumentada y con una definida ideología, llevaba a cabo lo que técnicamente se nomina la agresión marxista internacional". Eso es lo más fácil, poner en el punto de mira a un enemigo que intenta colarse por la puerta de atrás de la sociedad, para impedir que llegaran a buen fin las limpiezas de todo tipo iniciadas por el Gobierno Militar. Ese contubernio internacional, según este maquiavélico documento, se iniciaba en el seno de las instituciones educativas argentinas. Por lo tanto, era fundamental para perpetuar los logros de la Dictadura el definir una estrategia muy precisa para establecer un férreo sistema de control en cada familia, cada colegio, cada instituto, cada campus universitario.


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"Quien haya visto algo, que lo diga". Se impuso la cultura de la delación, la de la sospecha, la del control. En definitiva, se hacía necesaria una vigilancia permanente, incontestable e implacable. Se hacía necesaria una mirada invisible, como bien titula su más reciente película el bonaerense Diego Lerman. A partir del libro titulado "Ciencias Morales", de Martin Kohan, "La mirada invisible" nos cuenta la historia de la preceptora de un colegio, una de esas piezas claves en lo que a sostener el sistema de vigilancia y control de la juventud argentina se refiere. Es una figura gris, igual que lo es su vestuario o las paredes del Colegio Nacional de Buenos Aires, donde se desarrolla esta historia.

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Estamos en los días inmediatamente anteriores a la guerra de Malvinas en 1982, un periodo en el que los engranajes del poder consiguieron pervertir la realidad y hacer estallar inesperados brotes de exacerbado nacionalismo en las calles de toda Argentina. El Colegio Nacional es uno de las instituciones más prestigiosas de toda Argentina. Convertido con gran sutileza en un microcosmos en el que reflejar lo que está pasando al otro lado de sus muros, las baldosas blancas y negras del patio central del colegio se convierten en el tablero que cruza sigilosa esta preceptora mientras desarrolla su implacable misión. Es una pieza más, apenas un peón con pretensiones de alfil, pero la fascinación que un joven efebo despierta en ella será el inicio de un camino sin retorno hacia la degradación moral y física más atroz. Los peones saben cuál es su destino, pero a veces toman decisiones determinantes en el resultado final.

Remy Assayas fue un guionista francés de origen turco. Su nombre artístico era mucho más francés, Jacques Rémy, y con él firmó unas cuarenta obras entre 1947 y 1981, poco antes de su muerte. Castigado por la vida, sus últimos años fueron muy complicados. Su delicado estado de salud apenas le permitía escribir un par de líneas seguidas, y eso no era suficiente para traer el sueldo a casa. Su hijo, un joven intelectual con aspiraciones cinematográficas, se encargó de redactar alguno de los últimos guiones firmados por aquel viejo turco antes de morir. Aquel joven era un francés de pura cepa, pero decidió recuperar el apellido oculto de su padre. Convertido ya en crítico de cine, publicó sus primeros trabajos en "Cahiers du cinéma" en 1979 con el nombre con el que hoy es internacionalmente conocido: Olivier Assayas.

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Retomando las enseñanzas de los viejos críticos de Cahiers que defendieron a capa y espada a los grandes directores americanos, Assayas participó en el cambio de actitud de la crítica hacia otro director americano que hoy es indiscutible, Clint Eastwood. Pero quizás fuese más activa su labor en pos del nuevo cine que llegaba de Hong Kong y Taiwán. Al igual que sucedió con aquellos viejos críticos, Assayas dio el salto a la dirección con gran fortuna, viendo como cada uno de sus trabajos era recibido con más entusiasmo que el inmediatamente anterior. Uno de sus primeros galardones fue el prestigioso Prix Jean Vigo, obtenido en 1992 por "Paris s´eveille", donde contaba la historia de una aspirante a actriz y un joven que intenta rehacer su relación con su padre, a quien había dejado de ver cuatro años atrás.


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También en 1992, la actriz hongkonesa Maggie Cheung ganaba el premio a la mejor actriz en Berlín por "Yuen Ling-yuk". Era ya una gran estrella en Asia, pero no se dejaba tentar por el cine occidental, ya que los papeles que le ofrecían eran poco menos que de mujer florero. Sin embargo, Assayas, gran conocedor del cine asiático, escribió expresamente para ella el papel protagonista de una película que cambió la carrera de Cheung, y que sigue siendo hoy en día un título de culto para gran parte de la crítica cinematográfica más exigente: "Irma Vep" (1996).


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Cheung y Assayas comenzaron a acercar sus vidas personales mientras cada uno de ellos desarrollaba con notable éxito sus respectivas carreras. Cheung fue llamada a filas por Wayne Wang, Wong Kar Wai o Zhang Yimou, y Assayas continuó escribiendo en Cahiers, ocupación que abandonó temporalmente para iniciar en 1998 su siguiente largometraje, "Finales de agosto, principios de septiembre", año en el que Assayas y Cheung contraen matrimonio. A la hora de diseñar el casting de aquella historia de relaciones cruzadas entre hombres y mujeres de distintas generaciones, le dio un papel secundario a una jovenzuela de apenas 17 años y que comenzaba a hacer sus pinitos en la redacción de Cahiers. Aquella chica, llamada Mia Hansen-Løve, es hoy una de las mayores promesas del cine europeo con apenas cuatro películas, "Après mûre réflexion" (2004), "Tout est pardonné" (2007), "Le père de mes enfants" (2009) y "Un amour de jeunesse".

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El matrimonio entre Assayas y Cheung duró apenas tres años. Cuentan que no fue especialmente traumática la separación del matrimonio, pero supongo que eso solo lo sabrán ellos. Lo cierto es que en 2004 Cheung aceptó otro papel protagonista a las órdenes de su ex marido. "Clean", que así se llamaba la película, contaba la dramática historia de culpabilidades y sueños rotos protagonizada por una decadente estrella del rock y su esforzada novia. El estreno de esta película en Cannes fue muy bien recibido, obteniendo un premio especial por sus méritos técnicos y el de mejor actriz para Cheung, quien así se convertía en la primera actriz asiática en triunfar en Berlín y Cannes. Unos meses antes, en medio del set de rodaje, Assayas y Cheung habían firmaron los papeles de su definitivo divorcio. Rota esa pareja, Assayas se comprometió oficialmente con Hansen-Løve, quien continúa siendo su pareja en la actualidad.


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"Clean" se podrá ver en Ámbito cultural de El Corte Inglés (Mesa y López, 15, 7ª planta) el jueves 22 de septiembre a partir de las 18.30 horas, en V.O.S.E y con entrada gratuita. Tras la proyección tendrá lugar un coloquio ya habitual en este foro cultural.




Acaba de llegar a nuestras carteleras la película "Mammuth", producción francesa de 2010 que no debemos confundir con otro título parecido, el "Mamut" que presentó el sueco Lukas Moodysson en el Festival de Berlín de 2009 y que recibió (con justicia) una de las mayores pitadas que uno recuerde en una sala de cine.

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Este "Mammuth" francés hace referencia a una motocicleta, la Munch Mammuth 1200 TTS, un modelo de los años 60 y que con un peso de 350 kg. llegaba a alcanzar los 250 km/hora. Esa motocicleta es, precisamente, la que dio origen al mote con el que sus amigos conocen a Serge, el protagonista de esta película. Cercana ya la fecha de su jubilación, éste descubre que durante su vida laboral ha sido engañado por muchos de sus jefes en su relación contractual, algo que desgraciadamente va a castigar su futura pensión. Desengañado ante este cruel requiebro del destino, decide emprender un quijotesco y último viaje a lomos de su motocicleta, para pedir explicaciones a sus antiguos jefes y, de paso, saldar alguna cuenta pendiente con su pasado.


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Esta bienintencionada película la dirigen al alimón Benoît Delépine y Gustave Kervern. No hace demasiado tiempo se pudo ver otro de sus trabajos, la premiada "Louise-Michel", y ahora nos presentan una obra concebida, en todos los sentidos, para mayor gloria de su protagonista, Gerard Depardieu. En las notas de producción que acompañan su estreno, los directores cuentan cómo convencieron a Depardieu para hacer esta película sin tener todavía el guión. Al parecer, el "tema" conmovió tanto a Monsieur Depardieu que ante la escasez de presupuesto, éste aceptó el papel principal simplemente cobrando el salario mínimo exigido en Francia para trabajar en cualquier producción cinematográfica.


Quizás sea loable esa decisión de una estrella a la que, por otra parte, no le hace ninguna falta el dinero, dado lo que gana con cualquier otra película que le puedan ofrecer. El puesto que alguien como él mantiene en la industria del cine francés le permite tomar cualquier tipo de decisión profesional que se le ocurra, aunque eso a veces conlleve verle formar parte de productos de dudosa calidad. Tanto tiempo sabiendo que es la gran estrella del cine galo no debe ser bueno para tener los pies en la tierra. Quizás por estar tan acostumbrado a vivir por encima del bien y del mal en el set de rodaje, cree que en el "mundo real" las cosas también se hacen a su gusto, como parece que demostró durante un reciente vuelo con destino a Dublín y en el que se puso a orinar en medio del pasillo al serle impedido el acceso a los baños del avión mientras tenía lugar las maniobras de despegue. Quizás para hacer aún más grande su fama de excéntrico, o quizás simplemente porque le pareció "divertido", no se le ha ocurrido otra cosa al bueno de Gerard que colgar en la red el vídeo que aquí les dejo. Son las cosas de Gerard...



No recuerdo que fuera muy traumática ninguna de mis vueltas al cole. Me refiero a las de mi etapa de E.G.B en la Academia Orbe de la calle Anzofé, o en el Colegio Galicia, arriba en la Nueva Isleta. Era el momento de volver a encontrarte con los compañeros de juegos y aventuras, y de conocer a otros nuevos. Ya de mayor es otra cosa. Pero mejor recordar que me lo pasaba bien en la escuela y también al salir, claro. Era el momento de hacer los deberes (siempre lo primero) y luego, ver la tele. En blanco y negro y con un único canal, flipaba con "Los payasos de la tele", "Un globo, dos globos, tres globos" y "Ábrete, Sésamo", la versión cañí de una de las franquicias televisivas más importantes de las últimas décadas, "Sesame Street".


Ahora que estamos en época de volver al cole, quizás a algunos niños les vengan bien los consejos de David Beckham para que sean persistentes en sus estudios:



Sobre todo, cuando a la señorita se le ocurre hablarnos de alguna de esas palabras tan nuevas y sugerentes, como le pasa a Jude Law:


También podríamos recurrir a James Earl Jones para descubrir la personalidad oculta tras cada número:



Y si de aprender el alfabeto se trata, podemos optar por el histrionismo de Richard Pryor...



... o la divertida sobriedad de Bill Cosby y su hermano gemelo.



Creo que nunca deberíamos perder las ganas de disfrutar aprendiendo.

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