Hace unos días, una necrológica se colaba en las páginas de cultura de los noticieros. Charles Aaron Smith, estrella del fútbol americano y actor conocido por la saga de "Loca academia de policía", fallecía en Los Ángeles a los 66 años. Smith desarrolló gran parte de su carrera deportiva como tackle defensivo de los Baltimore Colts, llegando a tocar la gloria en 1970 al ganar la Super Bowl. Tras retirarse, su gran popularidad y su rotundo físico le abrieron las puertas del mundo del espectáculo, apareciendo en un gran número de series de televisión, como "Los ángeles de Charlie" o "Con ocho basta". Sin embargo, fue en 1984 cuando su papel de cadete en la taquillera "Loca academia de policía" le hace escalar varios peldaños en lo que a popularidad se refiere. Smith participó en las cinco secuelas de aquel título, pero su carrera como actor quedó condenada a apariciones esporádicas en series de medio pelo y subproductos destinados a las estanterías del fondo de los videoclubs.
Smith fue uno de tantos ejemplos de estrellas del deporte que, una vez finiquitada su carrera, prueban fortuna en el mundo del cine, a veces como forma de mantenerse en lo más alto de una fama que se niegan a abandonar. Evidentemente, destacar en el deporte no garantiza el éxito en un mundo tan distinto como es el de la interpretación. En muchas ocasiones esas estrellas terminan como Smith, convertidos en actores mediocres. Pensemos, por ejemplo, en otro jugador de fútbol americano que intentó el salto al cine, O.J. Simpson, gran estrella de la NFL que aunque apareció en algún título de relevancia como "El coloso en llamas" (1974), ha tenido en otra saga de dudosa calidad ("Atrápalo como puedas") su mayor éxito. Sin embargo, a veces ocurre exactamente lo contrario, es decir, que sin ser deportistas de élite, se convierten en grandes estrellas. Ése es el caso del gran John Wayne, quien tras abandonar durante su época universitaria el fútbol americano por culpa de una lesión, inició una carrera cinematográfica que le convirtió en un icono de talla mundial.

Otro gran deporte americano, el baloncesto, también ha nutrido las pantallas con estrellas de muchos quilates. Wilt Chamberlain, uno de los pívots más dominadores de toda la historia (baste recordar los ¡¡¡100 puntos!!! que le metió a los Knicks en 1962 cuando era jugador de Los Angeles Lakers), tuvo un papel secundario en "Conan el destructor" (1984). Y otro pívot del mismo equipo angelino, aún más mítico, Kareem Abdul Jaabar, se encarnaba a sí mismo en otro título de gran éxito, "Aterriza como puedas" (1980).
Deportes más minoritarios también han servido de puntos de fuga para otras estrellas. Pensemos en Geena Davis, quien el mismo año en que protagonizó "Stuart Little" (1999), participó en las pruebas de selección olímpica de tiro con arco de los Estados Unidos, sin demasiado éxito, todo hay que decirlo. Distinto fue el caso de Errol Flynn, boxeador olímpico y gran arquero, como demostró, por ejemplo, en "Robin de los bosques" (1938).

Si hablamos de deportes acuáticos, seguramente pensarán en Esther Williams y su "Escuela de sirenas" (1952). Williams era una gran nadadora, no en vano con apenas 16 años ya había ganado tres campeonatos nacionales en Estados Unidos, y formaba parte del equipo de los Juegos de 1940, suspendidos por la Segunda Guerra Mundial. Abandonado el sueño olímpico, Williams se dejó tentar por un muy popular show de música y ballet acuático, denominado "Billy Rose's Aquacade", donde coincidiría con Johnny Weissmuller, ganador de 5 medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos de Amberes y mundialmente conocido por ir en taparrabos y responder al nombre de "Tarzán, el hombre mono" (1932). Más reciente, es el caso del británico Jason Statham, quien ocupó el 12º lugar en el Campeonato del Mundo de Saltos de Trampolín en 1992. Hoy en día es una de las mayores celebridades del cine británico, sobre todo por la saga "Transporter" y por convertirse en un elemento habitual de la troupe de Guy Ritchie gracias a sus apariciones en títulos como "Lock & Stock" (1998) o "Snatch" (2000).

Otro de los integrantes de honor de la troupe Ritchie es Vinnie Jones, célebre futbolista inglés que tuvo el dudoso honor de recibir una tarjeta amarilla a los ¡¡¡3 segundos!!! de empezar un partido, tras una de sus habituales salvajadas. Conocido con el sobrenombre de "El Carnicero de Wimbledon" (eso lo dice todo), jugó un total de 330 partidos en la Premier, siendo el segundo jugador con mayor nº de expulsiones en la historia de la liga inglesa. Sus impactantes apariciones en los filmes de Ritchie le han abierto las puertas de un par de títulos de campanillas como "Operación Swordfish" (20101) o "X Men. La decisión final" (2006), películas que ha ido compaginando con otros trabajos de poco interés y donde se dedica a repartir tortas, para no perder la costumbre. Otro gran y polémico futbolista de la Premier, el francés Eric Cantona, demostró siempre un talento incuestionable con el balón en juego, y parece tener mejor suerte a la hora de elegir sus apariciones en la pantalla grande, desde que siendo jugador del Manchester United sorprendió con un pequeño papel en "La alegría está en el campo" (1995). Se le ha visto después en "Elizabeth" (1998) o "La fortuna de vivir" (1999), y sobre todo en la referencial "Buscando a Eric", a las órdenes de Ken Loach. Cantona sigue siendo un Rey en Manchester. Aun hoy, casi 12 años después de su retirada del fútbol, cada vez que el United juega en el Teatro de los Sueños, sus 67.000 espectadores le recuerdan con una canción que lleva su nombre.
Otro futbolista de fuste fue Sean Connery. Cuando empezaba su carrera como actor, aún seguía jugando en equipos aficionados, y en uno de esos partidos lo vio el gran Matt Busby, gerente de Manchester United. Cuentan que Busby quedó impresionado por la destreza física de aquel chicarrón escocés y le ofreció un contrato 25 libras por semana. Connery se lo pensó, era mucho dinero para aquellos tiempos, pero al darse cuenta de que la vida de un futbolista era muy corta, rechazó la oferta y, gracias a eso, con el paso del tiempo se convirtió en el mejor James Bond posible.
Y seguro que hay muchos y muchas más...

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