Hacía mucho, mucho tiempo que no oía esa frase. Es difícil saber a quién se le ocurrió inventar esa "gracia", pero imagino que sería a algún coetáneo del insigne actor. Jugando con la "españolización" de la pronunciación de los nombres de algunas estrellas de cine, era relativamente habitual en otros tiempos el popularizar frasecillas como "La cagaste Burt Lancaster» o «El hombre propone..., y Basil Rathbone». Se convirtieron en coletillas tan habituales que la gente terminó por utilizarlas sin saber quién era el personaje en cuestión.
Hoy 28 de agosto se cumplen ciento doce años del nacimiento de Charles Boyer, gran estrella de los años 30 y 40, años en los que alcanzó tres nominaciones a los Oscar por su trabajo en "María Walewska" (1937), "Argel" (1938) y" Luz que agoniza" (1944). Cuentan que con apenas 15 años se ganó unas monedas interpretando pequeños monólogos para los soldados heridos durante la Gran Guerra. Aquella fue la primera aproximación al arte de la interpretación de un actor que vistió de elegancia cada una de sus interpretaciones, convirtiéndose en uno de los galanes románticos y sombríos más reputados.
Como marca la ley del tiempo, su estrella se fue apagando poco a poco, deambulando entre series de televisión, poco afortunadas aventuras teatrales y apariciones esporádicas en mediocres películas de reparto multiestelar. Pero incluso en el ocaso de su carrera fue considerado como el último de los grandes galanes de la historia del cine. Quizás por eso siempre llamó la atención que su vida privada fuese inmaculada, desde que en 1934 se casase con la actriz británica Pat Petterson.
Pero todo tiene un final. Dos días antes de cumplir los 79 años, Boyer se suministró una sobredosis letal de barbitúricos que acabó con su vida. Su mujer había fallecido de cáncer dos días antes. Ambos fueron enterrados en una misma tumba del Holy Cross Cemetery de Culver City, en California.
Acaba de llegar a las carteleras el esperado encuentro entre J.J. Abrams y Steven Spielberg. Me refiero, claro está, a "Súper 8". Aún no he podido verla, pero cuentan que la presencia de Spielberg se deja sentir mucho más allá de su rol como productor.
Cuentan que esta nueva propuesta del taquillero Abrams rezuma algo más que homenajes a un cine en el que Spielberg fue un maestro, tanto en su faceta de director como de productor. La coincidencia en cartel con "Paul" (2011), otro título en el que la figura de Spielberg es algo así como un icono referencial, me ha activado la vena nostálgica, haciéndome recordar cómo era esperada cada nueva propuesta que llevase el sello de "Producida por Steven Spielberg" en mis años de infancia y juventud.
Mejor pasar por alto productos tan desafortunados como "Nuestros maravillosos aliados" (1987) o "El chip prodigioso" (1987). Definitivamente, hasta los mejores maestros se tropiezan. Prefiero recordar "Poltergeist" (1982). La vi en una de aquellas proyecciones que se hacían en el CULP. Yo estaba todavía en el Instituto de la Isleta, y aquella noche de viernes era la primera vez que entraba en un recinto universitario. Sentado allí, entre gente que a mis ojos me resultaba "tan mayor", y que hablaban con tanto tino sobre aquella película, creo que mi devenir como cinéfilo dio un paso hacia adelante.
¡Cómo olvidar la proyección de "Gremlins" (1984) en el viejo cine Rialto! El patio de butacas estallaba en gritos cada vez que el malvado Stripe hacía de las suyas. Una lástima que las sucesivas ediciones de esta saga fueran tan pésimas...
Y por supuesto, en mi memoria, como en la de muchos otros, "Los Goonies, estrenada en 1985. Quienes ya han visto "Súper 8" dicen que hay mucho de aquella película de Richard Donner en ella. "Los Goonies", si mi memoria no me vuelve a castigar, la vi en el cine de mi barrio, el Victoria. Está para muchos en la cima de aquellas películas con niños que tanto se produjeron en los años 80. Lanzando una mirada a su reparto, vemos que se combinan desaparecidos para la causa como el vietnamita Jonathan Ke Quan (famoso desde que apareció un año antes en "Indiana Jones y el templo maldito", y hoy profesor de artes marciales), renovadas estrellas como Sean Astin (el Sam de la trilogía de "El señor de los anillos") o actores de pausada pero sólida trayectoria como Josh Brolin (baste recordar su presencia en los últimos cinco años en títulos como "Valor de ley", "No es país para viejos" o "American gangster").
Pero de entre todos aquellos pequeñuelos, un nombre llama la atención. Corey Feldman fue sin duda uno de los actores juveniles más reclamados durante los 80. Su nombre bastaba para hacer reventar las taquillas, y aparece en otro de los títulos míticos de aquel tipo de cine, "Cuenta conmigo" (1986), y del que también parece haber referencias en "Súper 8".
Desgraciadamente, la debilidad de Feldman por las sustancias prohibidas y la vida acelerada dio con sus huesos en el fondo de las estanterías de los videoclubs y en las programaciones de madrugada de los peores canales de televisión por cable. Su carrera, directamente, se fue a la basura, pero al menos sigue vivo, algo que no puede decir su gran colega de juergas, Corey Haim, otra de aquellas mega estrellas juveniles que no supo (o no pudo) soportar el paso de los años. Haim falleció a los 38 años, y su autopsia indicó que un edema pulmonar fue el causante de su muerte, pero lo cierto es que en su cuerpo se encontraron restos de marihuana, antidepresivos y relajantes.
"Estaba trabajando en "Jóvenes ocultos" (1987) cuando me fumé mi primer porro. Tenía 15 años. Un año antes, en el rodaje de "Lucas" (1986), ya había empezado con la cerveza. Ya sabes, eran los 80 en Los Angeles. Sin darme cuenta empecé con la cocaína, y así estuve un año. Luego llegó el crack. Y los tranquilizantes, claro, que eran mil veces mejores que los antidepresivos. Los tranquilizantes me ayudaron mucho, porque yo siempre estaba muy nervioso, y con una pastillita al día, me sentía muy bien. Pero después fueron dos. Y después tres... Creo que mi record fueron 85 Valium en un mismo día " (C. Haim)
Hace unos días, una necrológica se colaba en las páginas de cultura de los noticieros. Charles Aaron Smith, estrella del fútbol americano y actor conocido por la saga de "Loca academia de policía", fallecía en Los Ángeles a los 66 años. Smith desarrolló gran parte de su carrera deportiva como tackle defensivo de los Baltimore Colts, llegando a tocar la gloria en 1970 al ganar la Super Bowl. Tras retirarse, su gran popularidad y su rotundo físico le abrieron las puertas del mundo del espectáculo, apareciendo en un gran número de series de televisión, como "Los ángeles de Charlie" o "Con ocho basta". Sin embargo, fue en 1984 cuando su papel de cadete en la taquillera "Loca academia de policía" le hace escalar varios peldaños en lo que a popularidad se refiere. Smith participó en las cinco secuelas de aquel título, pero su carrera como actor quedó condenada a apariciones esporádicas en series de medio pelo y subproductos destinados a las estanterías del fondo de los videoclubs.
Smith fue uno de tantos ejemplos de estrellas del deporte que, una vez finiquitada su carrera, prueban fortuna en el mundo del cine, a veces como forma de mantenerse en lo más alto de una fama que se niegan a abandonar. Evidentemente, destacar en el deporte no garantiza el éxito en un mundo tan distinto como es el de la interpretación. En muchas ocasiones esas estrellas terminan como Smith, convertidos en actores mediocres. Pensemos, por ejemplo, en otro jugador de fútbol americano que intentó el salto al cine, O.J. Simpson, gran estrella de la NFL que aunque apareció en algún título de relevancia como "El coloso en llamas" (1974), ha tenido en otra saga de dudosa calidad ("Atrápalo como puedas") su mayor éxito. Sin embargo, a veces ocurre exactamente lo contrario, es decir, que sin ser deportistas de élite, se convierten en grandes estrellas. Ése es el caso del gran John Wayne, quien tras abandonar durante su época universitaria el fútbol americano por culpa de una lesión, inició una carrera cinematográfica que le convirtió en un icono de talla mundial.
Otro gran deporte americano, el baloncesto, también ha nutrido las pantallas con estrellas de muchos quilates. Wilt Chamberlain, uno de los pívots más dominadores de toda la historia (baste recordar los ¡¡¡100 puntos!!! que le metió a los Knicks en 1962 cuando era jugador de Los Angeles Lakers), tuvo un papel secundario en "Conan el destructor" (1984). Y otro pívot del mismo equipo angelino, aún más mítico, Kareem Abdul Jaabar, se encarnaba a sí mismo en otro título de gran éxito, "Aterriza como puedas" (1980).
Deportes más minoritarios también han servido de puntos de fuga para otras estrellas. Pensemos en Geena Davis, quien el mismo año en que protagonizó "Stuart Little" (1999), participó en las pruebas de selección olímpica de tiro con arco de los Estados Unidos, sin demasiado éxito, todo hay que decirlo. Distinto fue el caso de Errol Flynn, boxeador olímpico y gran arquero, como demostró, por ejemplo, en "Robin de los bosques" (1938).
Si hablamos de deportes acuáticos, seguramente pensarán en Esther Williams y su "Escuela de sirenas" (1952). Williams era una gran nadadora, no en vano con apenas 16 años ya había ganado tres campeonatos nacionales en Estados Unidos, y formaba parte del equipo de los Juegos de 1940, suspendidos por la Segunda Guerra Mundial. Abandonado el sueño olímpico, Williams se dejó tentar por un muy popular show de música y ballet acuático, denominado "Billy Rose's Aquacade", donde coincidiría con Johnny Weissmuller, ganador de 5 medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos de Amberes y mundialmente conocido por ir en taparrabos y responder al nombre de "Tarzán, el hombre mono" (1932). Más reciente, es el caso del británico Jason Statham, quien ocupó el 12º lugar en el Campeonato del Mundo de Saltos de Trampolín en 1992. Hoy en día es una de las mayores celebridades del cine británico, sobre todo por la saga "Transporter" y por convertirse en un elemento habitual de la troupe de Guy Ritchie gracias a sus apariciones en títulos como "Lock & Stock" (1998) o "Snatch" (2000).
Otro de los integrantes de honor de la troupe Ritchie es Vinnie Jones, célebre futbolista inglés que tuvo el dudoso honor de recibir una tarjeta amarilla a los ¡¡¡3 segundos!!! de empezar un partido, tras una de sus habituales salvajadas. Conocido con el sobrenombre de "El Carnicero de Wimbledon" (eso lo dice todo), jugó un total de 330 partidos en la Premier, siendo el segundo jugador con mayor nº de expulsiones en la historia de la liga inglesa. Sus impactantes apariciones en los filmes de Ritchie le han abierto las puertas de un par de títulos de campanillas como "Operación Swordfish" (20101) o "X Men. La decisión final" (2006), películas que ha ido compaginando con otros trabajos de poco interés y donde se dedica a repartir tortas, para no perder la costumbre. Otro gran y polémico futbolista de la Premier, el francés Eric Cantona, demostró siempre un talento incuestionable con el balón en juego, y parece tener mejor suerte a la hora de elegir sus apariciones en la pantalla grande, desde que siendo jugador del Manchester United sorprendió con un pequeño papel en "La alegría está en el campo" (1995). Se le ha visto después en "Elizabeth" (1998) o "La fortuna de vivir" (1999), y sobre todo en la referencial "Buscando a Eric", a las órdenes de Ken Loach. Cantona sigue siendo un Rey en Manchester. Aun hoy, casi 12 años después de su retirada del fútbol, cada vez que el United juega en el Teatro de los Sueños, sus 67.000 espectadores le recuerdan con una canción que lleva su nombre.
Otro futbolista de fuste fue Sean Connery. Cuando empezaba su carrera como actor, aún seguía jugando en equipos aficionados, y en uno de esos partidos lo vio el gran Matt Busby, gerente de Manchester United. Cuentan que Busby quedó impresionado por la destreza física de aquel chicarrón escocés y le ofreció un contrato 25 libras por semana. Connery se lo pensó, era mucho dinero para aquellos tiempos, pero al darse cuenta de que la vida de un futbolista era muy corta, rechazó la oferta y, gracias a eso, con el paso del tiempo se convirtió en el mejor James Bond posible.
Esa frase resume el espíritu con el que cada año se pone en pie el Festival Internacional de Cine de Monterrey, un evento que se concede un plazo de cuatro años para convertirse en uno de los 10 mejores festivales de Latinoamérica. Y si se lo proponen, seguro que lo consiguen.
"La Sultana del Norte", como es conocida esta ciudad mexicana, es la capital del estado de Nuevo León, y su área urbana es una de las más pobladas del país. Está mucho más cerca de la frontera con los Estados Unidos que de la capital de su país. Desde Monterrey hasta la frontera tejana hay menos de 200 kilómetros. Hasta el D.F., más de 900. Estar tan lejos del centro del país, sobre todo cuando ese centro tiene tanto poder, no debe facilitar las cosas en lo que a gestión cultural se refiere. Sin embargo, este Festival intenta cada año ofrecer un menú cinematográfico amplio y diverso, como muestra el hecho de que en ésta su séptima edición sean más de treinta los países que aportan obras a concurso en las categorías de ficción, documental y animación, género Éste especialmente cuidado en Monterrey.
Precisamente, desde el mundo de la animación surgió la figura de quien se convertirá en la edición de 2011 en el principal homenajeado. Se trata del realizador mexicano Carlos Carrera, quien gracias a los cortometrajes de animación que realizó en su época de estudiante en el Centro de Capacitación Cinematográfica, tuvo acceso al presupuesto necesario para su debut en el largometraje, "La mujer de Benjamín", con el que recibió una sucesión casi interminable de premios (sobre todo para su elenco de actores) y con el que se convirtió en un nombre de referencia dentro del cine mexicano.
A pesar de ese gran debut, Carrera no abandonó lo que realmente le gusta, la animación, y así, en 1994, se convierte en el único cineasta mexicano que recibe una Palma de Oro en Cannes, gracias a su cortometraje "El héroe". Su carrera ha estado jalonada de premios y reconocimientos, pero también de algunos escándalos involuntarios, como lo ocurrido tras el estreno de "El crimen del Padre Amaro", una de las películas más taquilleras de la historia de México pero también una de las más controvertidas por mor de su temática, los amoríos de un curita cañón con los atractivos rasgos de un Gael García Bernal en su máximo apogeo.
Carrera, actual Presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, tiene entre manos el que sería su primer largometraje de animación, "Ana", pero mientras tanto acudirá a Monterey a recibir un merecido homenaje por parte de su Festival de Cine. Si les pilla a mano, ya saben, entre el 18 y el 30 de agosto tienen una cita con el buen cine a los pies de la Sierra Madre, en la norteña ciudad de Monterrey.