Alguien me dijo una vez que el lobo hizo un mal negocio abandonando los bosques y aceptando compartir su camino con el ser humano. Desde aquel momento cambió su nombre y se llamó "perro". No sólo perdió su libertad, sino que entregó su lealtad a una raza que muchas veces lo desprecia y lo maltrata.
El cine ha reflejado en múltiples ocasiones las singularidades de esa relación. Charles Chaplin ya se hacía acompañar por un can en "Vida de perro", un cortometraje de 1918. Tenemos los topicazos de Lassie o Rin Tin Tin. O Cujo. O tantos otros. Como por ejemplo Bombón. Ese es el protagonista de "Bombón. El perro", la delicada historia que presentó el realizador Carlos Sorín en el Festival de San Sebastián de 2004, certamen donde alcanzó el prestigioso Premio de la Crítica.

Este director argentino había renacido para el cine un par de años antes, en 2002, cuando conmovió a medio mundo con sus "Historias mínimas", un tierno compendio de relatos cargados de humanidad y soledad con sabor al polvo de las carreteras de la Patagonia. También en esa parte del mundo se desarrolla la trama de "Bombón". El protagonista pierde su trabajo cuando ha cumplido los 52 años, y sobrevive de chapuzas varias, como la reparación de un coche por la que recibe en pago un perro, el Bombón del título. Este es el arranque de una obra que, como suele ser habitual en este director, contó con actores no profesionales a la hora de confeccionar el reparto.

"En "Bombón. El perro" vuelvo a trabajar con no-actores. Esto proviene de algunas experiencias filmando gente real, que tuve en mi carrera como director de cine publicitario. También, de la influencia que he recibido de varias películas del cine independiente actual, que trabajan en el difuso límite entre la ficción y el documental. En general me atrae más el documental que la ficción, así como las biografías más que las novelas. Es que trabajando con gente real, lugares reales y luz real, pienso se atenúa la manipulación y el engaño que inevitablemente lleva implícitos el cine. El cine es un engaño desde lo más básico. Ese hombre corriendo no está corriendo. Son imágenes fijas, proyectadas con intervalos de oscuridad. Sólo una deficiencia fisiológica -la persistencia retiniana- me hace verlas en continuidad como un hombre corriendo. Si el sistema nervioso fuese perfecto, el cine no sería posible. Y es así como el cine nace de una incapacidad. A partir de ahí todo sigue siendo un engaño. Los barcos de esa batalla naval no son barcos, el príncipe no es príncipe y los enamorados que se besan, en realidad no están enamorados (al menos no entre ellos...). Por otro lado, lo que siempre me atrajo del documental -y especialmente de las imágenes dramáticas de los documentales de guerra- es que nada ni nadie pretende ser lo que no es. Tiene la contundencia de estar cerca de lo verdadero. Me preguntaba si era posible contar una historia de ficción que, como las viejas mantas que hacía la abuela con trozos de distintas telas, sea contada con trozos de realidad, de verdad. Donde los que aparecen, en buena parte "son" y no "pretenden ser". De ahí surge lo de trabajar con gente real pero bajo una condición: ellos no hacen de actores -porque en todo caso, mayormente serían malos actores- sino de sí mismos.
Quienes interpretan los personajes de "Bombón. El perro" son exactamente iguales a los personajes. No en lo anecdótico -porque tienen otros oficios y viven en otros lugares- pero sí en lo esencial, en el alma. La idea es que de esa superposición surjan momentos, trozos verdaderos. Un ejemplo: el rostro fascinado de Juan Villegas-personaje cuando cuatrocientas personas lo aplauden por haber ganado un trofeo en la exposición canina, después de haber vivido veinte años en la soledad de una estación de servicio de una ruta perdida, es intenso y verdadero. Porque es el mismo rostro de fascinación de Juan Villegas -persona- a quien, en el mismo momento, aplauden cuatrocientos extras, después de haber vivido sus últimos veinte años estacionando autos en la soledad de un garaje. La situación es distinta, pero el sentimiento es el mismo. Si la cámara puede captarlo es que estamos ante un trozo de documental, un trozo de verdad. Al final de los títulos, van a ver la conocida frase que dice: "Los hechos y personajes de esta película son ficticios. Cualquier semejanza con hechos y personas reales es mera coincidencia". No lo crean del todo: en esta película ni los personajes y situaciones son enteramente ficticias, ni las semejanzas fueron una mera coincidencia." (Carlos Sorín)
" Bombón. El Perro" se proyecta el jueves 16 de junio en Casa de Colón, dentro de esa propuesta compartida con la Asociación de cine Vértigo y que se llama Colón Cinema, una ventana abierta al mejor cine iberoamericano .

Me gustaría saber si se volverá a proyectar Bombón.El perro??
Saludos ;-)
Hola, merengue. Siento decirte que las películas que se exhiben en la Casa de Colón (como esta de "Bombón"), solamente se proyectan una sola vez. ¡Otra vez será! Un saludo y gracias por participar en este blog!