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Archivos Junio 2011

En 1967, un niño llamado Steven Paul Jobs se quedó fascinado al ver un ordenador por primera vez en su vida. A su colegio acudía regularmente un equipo de ingenieros de Hewlett- Packard a impartir charlas al alumnado, tratando de hacerles más amenas las clases de física. Desde aquel día, Steve nunca faltó a una sola de las charlas de aquellos ingenieros, a los que abrumaba sin descanso con preguntas y más preguntas. Aquella insistencia le abrió las puertas de la compañía, y estando ya en el instituto tuvo su primer trabajo durante las vacaciones de verano. Aquella primera experiencia laboral le aportó muchas cosas al bueno de Steve, pero la más importante fue conocer a un chico algo mayor que él llamado Stephen Wozniak. Ambos compartían una tremenda pasión por la informática, y en 1971, durante una de sus animadas charlas, Wozniac le habla de una idea sorprendente: un ordenador para uso personal.


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Cinco años tardarían en tener un modelo que presentar a los jefes de la HP, pero éstos tardaron apenas un par de minutos en rechazarlos con desprecio: "¿Para qué quiere la gente un ordenador?". El siguiente paso fue más meditado. En la Universidad de Berkeley, icono de la sabiduría de la Gran América, les supieron entender y les abrieron las puertas de par en par. Con ese respaldo, se deciden a montar una precaria fábrica de ordenadores en un taller. Ya tenían una empresa, pero no le habían puesto nombre. Las malas lenguas dicen que Jobs tomó prestado el nombre de la discográfica de The Beatles para darle un nombre a su empresa. Apple Computer acababa de nacer.


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Convertido en uno de los hombres más influyentes (y ricos) de su generación, Jobs siempre ha demostrado un gran talento a la hora de identificar oportunidades. Baste el ejemplo de lo que hizo en 1986, cuando compra por menos de 10 millones de dólares una pequeña empresa subsidiaria de Lucasfilms, llamada The Grapics Group, y especializada en la producción de gráficos para ordenador. El fracaso en taquilla de "Howard el pato" había hecho temblar el bolsillo de George Lucas, quien decidido a soltar lastre, se deshizo de algunas de las pequeñas compañías que trabajaban a su sombra. Quién le iba a decir al bueno de Lucas que la todopoderosa Walt Disney compraría en 2006 esa pequeña empresa, ahora denominada Pixar, por 7.400 millones de dólares, y que distintas obras producidas a su amparo alcanzarían, entre otros galardones, un total de 22 Oscar.


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Dominadora absoluta de la animación digital, Pixar ha conseguido encontrar el equilibrio perfecto en sus producciones, capaces de contentar por igual a los adultos y a los niños. De entre sus largometrajes se podría destacar la iniciática saga de "Toy story", la tremenda solidez de "WALL-E", el dinamismo de "Los increíbles" o la profundidad dramática de "Up". Pero también hay que resaltar el cariño con el que Pixar siempre ha tratado al género del cortometraje, presentando con gratificante regularidad piezas de distinta naturaleza, pero que comparten generalmente un altísimo nivel técnico y artístico.

Para cerrar el ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado durante este mes de junio a la animación, qué mejor que una selección de esos cortometrajes, dirigidos por algunos de los nombres que con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en auténticos Reyes Midas de la animación, como John Lasseter ("Toy story") o Brad Bird "(Los increíbles"). Esta proyección tendrá lugar el lunes 27 de junio, a partir de las 19.30 horas y en el CICCA. La lista de esos cortometrajes es la siguiente:


LAS AVENTURAS DE ANDRÉ Y WALLY B., de Alvy Ray Smith (EE.UU, 1984, 2 minutos)
LUXO JR. , de John Lasseter (EE.UU, 1986, 2 minutos)
EL SUEÑO DE RED, de John Lasseter (EE.UU, 1987, 4 minutos)
TIN TOY, de John Lasseter (1988, 5 minutos)
KNICK KNACK, de John Lasseter (EE.UU, 1989, 4 minutos)
EL JUEGO DE GERI, de Jan Pinkava (EE.UU, 1997, 4 minutos)
PAJARITOS, de Ralph Eggleston (EE.UU, 2000, 3 minutos)
EL COCHE NUEVO DE MIKE, de Pete Docter y Roger Gould (EE.UU, 2002, 4 minutos)
SALTANDO, de Bud Luckey y Roger Gould (EE.UU, 2003, 5 minutos)
JACK-JACK ATACA, de Brad Bird (EE.UU, 2005, 5 minutos) El gigante de hierro - Los increibles
EL HOMBRE ORQUESTA, de Mark Andrews y Andrew Jimenez (EE.UU, 2005, 4 minutos)
MATE Y LUZ FANTASMA, de John Lasseter y Dan Scanlon (EE.UU, 2006, 7 minutos)
ABDUCIDO, de Gary Rydstrom (EE.UU, 2006, 5 minutos)

En 2009, una joven aspirante a actriz formó parte del cortometraje "Cabernet Sauvignon", eje del Proyecto Corto de la Muestra de cine iberoamericano de Las Palmas de Gran Canaria - Ibértigo. Al año siguiente, y después de haber participado en un buen puñado de producciones de distinto calibre, se convirtió en una de las protagonistas de la siguiente edición del Proyecto Corto, rodando "Servicio de atención al cliente". Hace un par de semanas, el nombre de esa actriz, Esther Munuera acaparó titulares al anunciarse su participación en la próxima producción de Alex de la Iglesia, "La chispa de la vida".


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Esther Munuera y otros muchos aficionados (y aficionadas) al cine que han participado en el Proyecto Corto, un taller de rodaje digital que cada año organiza la Asociación de cine Vértigo. Es una oportunidad única para manejar equipos profesionales de rodaje y de enfrentarse a todas y cada una de las etapas necesarias para sacar adelante cualquier proyecto audiovisual.


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Se trata de un taller gratuito y actualmente se encuentra abierto el plazo para inscribirse en la edición de este año. Al igual que en ediciones anteriores, los participantes tendrán a un profesional del sector como coordinador del rodaje, aportando su experiencia y saber estar. En esta ocasión el elegido ha sido el tinerfeño Víctor Moreno, reputado cortometrajista y premiado debutante en el mundo del largometraje con "Holydays". Los interesados en participar pueden obtener más información en la web de la Asociación de cine Vértigo.

En 1986, Peter Gabriel alcanzó su único número uno en las listas americanas con la canción "Sledgehammer", incluida en su álbum "So". Después de un arranque que recordaba al "Chronic blues" de John Coltrane, las reminiscencias sexuales de su letra se dejaban acompasar por una potente y peculiar sección de vientos. Fue uno de los primeros singles que se editaron en compact disc, y es de esos temas de los que uno recuerda, sobre todo, su videoclip.


El autor de aquella pequeña maravilla era un joven animador británico, contratado un año antes por la Aardman Animations, una compañía radicada en Bristol y que todavía no sabía la joya que tenía entre manos. Aquel jovencito llamado Nick Park se dio a conocer con el citado videoclip, pero ese fue solo el principio. Entre 1991 y 1996 recibió 4 nominaciones (y tres Oscar) por distintos cortometrajes de animación. Tras ese arranque meteórico, y convertido ya en una figura del sector, en 2006 dirigió la magnífica "Wallace y Gromit. La maldición de las verduras", con la que, para variar, también ganó el Oscar.


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Park es un maestro de esa técnica de animación denominada "stop-motion", y sabe desarrollar historias con gancho y humor británico, pero su gran acierto ha sido crear a una entrañable pareja, Wallace y su perro Gromit, protagonistas de gran parte de sus trabajos. En esta ocasión, deberán emplear todo su ingenio en descubrir qué extraño monstruo con forma de conejo gigante está acabando con las verduras de su pueblo.

Esta película se proyecta gratuitamente el lunes 20 de junio en el CICCA, a partir de las 19.30 horas y en versión original con subtítulos en español. Forma parte de un ciclo dedicado a la animación organizado por la Asociación de cine Vértigo y que terminará el 27 de junio con una selección de cortos de Pixar.


Alguien me dijo una vez que el lobo hizo un mal negocio abandonando los bosques y aceptando compartir su camino con el ser humano. Desde aquel momento cambió su nombre y se llamó "perro". No sólo perdió su libertad, sino que entregó su lealtad a una raza que muchas veces lo desprecia y lo maltrata.

El cine ha reflejado en múltiples ocasiones las singularidades de esa relación. Charles Chaplin ya se hacía acompañar por un can en "Vida de perro", un cortometraje de 1918. Tenemos los topicazos de Lassie o Rin Tin Tin. O Cujo. O tantos otros. Como por ejemplo Bombón. Ese es el protagonista de "Bombón. El perro", la delicada historia que presentó el realizador Carlos Sorín en el Festival de San Sebastián de 2004, certamen donde alcanzó el prestigioso Premio de la Crítica.

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Este director argentino había renacido para el cine un par de años antes, en 2002, cuando conmovió a medio mundo con sus "Historias mínimas", un tierno compendio de relatos cargados de humanidad y soledad con sabor al polvo de las carreteras de la Patagonia. También en esa parte del mundo se desarrolla la trama de "Bombón". El protagonista pierde su trabajo cuando ha cumplido los 52 años, y sobrevive de chapuzas varias, como la reparación de un coche por la que recibe en pago un perro, el Bombón del título. Este es el arranque de una obra que, como suele ser habitual en este director, contó con actores no profesionales a la hora de confeccionar el reparto.


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"En "Bombón. El perro" vuelvo a trabajar con no-actores. Esto proviene de algunas experiencias filmando gente real, que tuve en mi carrera como director de cine publicitario. También, de la influencia que he recibido de varias películas del cine independiente actual, que trabajan en el difuso límite entre la ficción y el documental. En general me atrae más el documental que la ficción, así como las biografías más que las novelas. Es que trabajando con gente real, lugares reales y luz real, pienso se atenúa la manipulación y el engaño que inevitablemente lleva implícitos el cine. El cine es un engaño desde lo más básico. Ese hombre corriendo no está corriendo. Son imágenes fijas, proyectadas con intervalos de oscuridad. Sólo una deficiencia fisiológica -la persistencia retiniana- me hace verlas en continuidad como un hombre corriendo. Si el sistema nervioso fuese perfecto, el cine no sería posible. Y es así como el cine nace de una incapacidad. A partir de ahí todo sigue siendo un engaño. Los barcos de esa batalla naval no son barcos, el príncipe no es príncipe y los enamorados que se besan, en realidad no están enamorados (al menos no entre ellos...). Por otro lado, lo que siempre me atrajo del documental -y especialmente de las imágenes dramáticas de los documentales de guerra- es que nada ni nadie pretende ser lo que no es. Tiene la contundencia de estar cerca de lo verdadero. Me preguntaba si era posible contar una historia de ficción que, como las viejas mantas que hacía la abuela con trozos de distintas telas, sea contada con trozos de realidad, de verdad. Donde los que aparecen, en buena parte "son" y no "pretenden ser". De ahí surge lo de trabajar con gente real pero bajo una condición: ellos no hacen de actores -porque en todo caso, mayormente serían malos actores- sino de sí mismos.

Quienes interpretan los personajes de "Bombón. El perro" son exactamente iguales a los personajes. No en lo anecdótico -porque tienen otros oficios y viven en otros lugares- pero sí en lo esencial, en el alma. La idea es que de esa superposición surjan momentos, trozos verdaderos. Un ejemplo: el rostro fascinado de Juan Villegas-personaje cuando cuatrocientas personas lo aplauden por haber ganado un trofeo en la exposición canina, después de haber vivido veinte años en la soledad de una estación de servicio de una ruta perdida, es intenso y verdadero. Porque es el mismo rostro de fascinación de Juan Villegas -persona- a quien, en el mismo momento, aplauden cuatrocientos extras, después de haber vivido sus últimos veinte años estacionando autos en la soledad de un garaje. La situación es distinta, pero el sentimiento es el mismo. Si la cámara puede captarlo es que estamos ante un trozo de documental, un trozo de verdad. Al final de los títulos, van a ver la conocida frase que dice: "Los hechos y personajes de esta película son ficticios. Cualquier semejanza con hechos y personas reales es mera coincidencia". No lo crean del todo: en esta película ni los personajes y situaciones son enteramente ficticias, ni las semejanzas fueron una mera coincidencia." (Carlos Sorín)


" Bombón. El Perro" se proyecta el jueves 16 de junio en Casa de Colón, dentro de esa propuesta compartida con la Asociación de cine Vértigo y que se llama Colón Cinema, una ventana abierta al mejor cine iberoamericano .


"La mayor parte de la cultura moderna es superficial y falsa, pende de un hilo, y no es algo que se haya de tomar en broma. [...] Expreso mi interés hacia una época venidera apocalíptica en la que 'verdes hierbas silvestres' tomarán el relevo. [...] El período Showa fue triste porque la naturaleza, las montañas y los ríos, todo ello estaba siendo destruido en nombre del progreso económico. Sin embargo no aprendemos nada de lo acontecido en el pasado. [...] No obstante los adultos (piensen lo que puedan pensar y crean en lo que crean) no deberían imponer su visión del mundo en los niños".

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Esto comentó el realizador Hayao Miyazaki en las páginas de "The New Yorker," prestigiosa publicación norteamericana que tiene un pedacito de su exclusivo cielo dedicado a este elegante japonés de 70 años. Su cuidada barba blanca modela la siempre delicada sonrisa de quien, sin ninguna duda, es una de las personalidades más destacadas del mundo de la animación. Ilustrador, dibujante y productor, en sus créditos se descubren colaboraciones primerizas en series míticas para muchos de los que esto leen ("Heidi", "Marco"), inicio de una carrera que encuentra su momento más decisivo con la creación de su propio estudio en 1985, "Ghibli", autentico referente en lo que a cine japonés de animación se refiere.


De sus manos han salido obras tan fundamentales como "Nausicaä del Valle del Viento" (1984), "Mi vecino Totoro" (1988), "Porco Rosso" (1992), "La princesa Mononoke" (1997), "El viaje de Chihiro" (2001), "El Castillo ambulante" (2004) o "Ponyo en el acantilado" (2008). Como bien dice la Asociación de cine Vértigo en el texto que acompaña a un ciclo de cine de animación que se desarrolla estos días en el CICCA, "Miyazaki, ha logrado preservar una visión infantil del mundo que va de lo maravilloso a lo terrible, reflejando una infancia sorprendida y atormentada. Sus protagonistas son normalmente chicas, con gran fuerza de voluntad, que van en busca de su propia identidad. Sus películas son tremendamente originales, pero de una manera muy japonesa: diferentes culturas y estilos artísticos coexisten en una mezcla aparentemente anacrónica. Así, por ejemplo, la ciudad donde transcurre Nicky, la aprendiz de bruja es una extraña mezcla de arquitecturas italianas y escandinavas con un toque de San Francisco, con hornos microondas en las casas y coches de los años 30 en las calles. Sin embargo, los personajes y los detalles componen un mundo que es coherente en sí mismo."


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Es precisamente esa película, "Nicky, la aprendiz de bruja", la que se proyecta gratuitamente el lunes 13 en el CICCA, a partir de las 19.30 horas y en versión original con subtítulos en español. Esta película del año 1989 está considerada como la primera de las películas de Miyazaki que consigue reconocimiento internacional, sobre todo después de conseguir que Disney la distribuyese en Estados Unidos. Cuenta la historia de Nicky, una joven bruja de 13 años que durante su periodo de entrenamiento se divierte volando en su escoba junto a su sabio gato negro Jiji. Según la tradición, todas las brujas de esa edad deben abandonar su hogar durante un año para saber valerse por sí mismas. Así, Nicky descubrirá lo que significa la responsabilidad, la independencia y la amistad.



El resto de obras de este ciclo son:

20 de junio: "Wallace & Gromit: La maldición de las verduras", de Nick Pard y Steve Box (Reino Unido, 2005, 85´).
27 de junio: "Selección de cortos de Pixar", de Alvy Ray Smith, John Lasseter, et al. (EEUU, 50´).

"El principal motivo de esta nueva Europa son los intereses financieros y económicos del capitalismo. No importa tanto el hecho de que todos seamos partícipes de una tradición cultural similar. Los individuos carecen de importancia dentro de este sistema. Tiende a anular la individualidad. Pero además es la Europa de los límites y las fronteras sociales. Cada vez son más frecuentes los desplazamientos hacia lugares hostiles y desconocidos para encontrar trabajo porque al capital las personas le dan igual, lo único que interesa es producir allí donde se puede obtener el máximo beneficio independientemente de la situación de las fuerzas de trabajo."


Estas palabras salieron de la boca del director austriaco Ulrich Seidl, durante la presentación de su película "Import/export" en el Festival de Gijón de 2007. El tiempo transcurrido no ha restado un ápice de veracidad a esas declaraciones, más bien todo lo contrario. El ser humano parece diluirse entre tanta agencia de valoración, tanto organismo internacional y tanta economía artificial.

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Esta película, "Import/export", cuenta dos historias que se mueven en sentidos opuestos, uniendo el Este y el Oeste de una Europa vieja y resentida. Por una parte está Pauli, que abandona su triste malvivir en Viena en pos de esa especie de El Dorado que muchos creyeron ver debajo de las ruinas del telón de acero, ruinas que solamente parecen ocultar miseria y desolación. Y por otra está Olga, una enfermera ucraniana que escapa, precisamente, hacia Austria en pos de un último rayo de esperanza al que abrazarse.


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Es Seidl uno de esos directores que se caracterizan por escarbar en las miserias de la globalización y por poner frente a nuestros ojos la realidad de un mundo que hemos contribuido a deshumanizar. En la trayectoria de este vienés de 59 años destacan varios documentales, como "Jesus du weißt", "Models" o "Tierische Liebe". Es cierto que es mucho menos mediático que su compatriota Michael Haneke, pero debemos recordar que Werner Herzog proclamó tras ver "Tierische Liebe" que Seidl era uno de sus 10 directores favoritos, y que nunca antes había mirado tan de frente al infierno como con esa película. Con su primer largo de ficción, "Dog Days", ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Venecia 2001.


"Import/export" se proyecta el jueves 9 de Junio a partir de las 18.30 horas en Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Mesa y López, 15, 7ª planta) en V.O.S.E y con entrada gratuita. Tras la proyección tendrá lugar un coloquio ya habitual en este foro cultural.

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