los blogs de Canarias7

Archivos Abril 2011


Hubo un tiempo en el que el cine amateur tenía un sentido, incluso un lugar. Frente a otro tipo de cineastas "profesionales", se apostaban pequeños comandos de francotiradores, armados con cámaras tan pequeñas que en ellas apenas cabía su pasión desenfrenada por el cine. Con más ilusión que medios, salían a filmar como quien se lanza al mar desde un acantilado, a pecho descubierto y disfrutando del momento, sin saber muy bien lo que espera debajo del mar.

En Canarias, y ya desde los años 60, tuvo mucha pujanza ese cine no profesional. Con las islas capitalinas como eje y motor, se pusieron en marcha diversas asociaciones y colectivos de cineastas, algunos llegados desde otras islas de la periferia, los cuales fueron encontrando el respaldo de un buen puñado de certámenes cinematográficos que apostaron con firmeza por un cines que, entre otras cosas, aportó algo de aire fresco al mundillo audiovisual. Uno de esos cineastas es el tinerfeño Enrique de Armas. Fotógrafo y cineasta, formó parte del colectivo UCALA (Unión de Cineastas Amateurs de La Laguna), uno de los ejes sobre los que se activó un interesante movimiento de cine amateur en la isla de Tenerife.


En 1972 rueda entre La Laguna y el Puerto de la Cruz un cortometraje titulado "Ilusión" que presenta en el II Certamen Regional de Cine Amateur en Tenerife (organizado por CajaCanarias), recibiendo el premio a la Mejor Fotografía. Haciendo bueno el título de esa pequeña pieza, viaja con ella a Alcalá de Henares, donde recibiendo el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cine Aficionado. En ese mismo año, y con un trabajo sobre la Romería de San Benito en La Laguna titulado "Los Campesinos y su Romería", se trae del V Certamen Internacional de Madrid, un meritorio Tercer Premio.
Tres obras de Enrique de Armas se podrán ver en mayo en el CICCA, dentro de un ciclo de cineastas canarios organizado por la Asociación de cine Vértigo, en colaboración con Filmoteca Canaria:


ILUSIÓN (1972, 21 minutos). Un mendigo pide limosna a las afueras de La Laguna, y encuentra un billete que se la ha caído del bolsillo a un fotógrafo. Se duerme con el billete en la mano y a continuación lo vemos en una barbería, luego comprándose un traje nuevo...

resized_ilusion.jpg

LOS CAMPESINOS Y SU ROMERÍA (1972, 27 minutos). Al llegar el verano, los campesinos de los pueblos que rodean La Laguna, dejan sus quehaceres en el campo para prepararse para celebrar la romería de San Benito. El paseo romero recorre las principales calles de La Laguna.

resized_campesinos y romeria.jpg

EL CURA (1974, 16 minutos). Un cura sale del Seminario de La Laguna con su tomavistas para filmar flores y paisajes. Cuando llega a la playa de la Punta del Hidalgo, se quita la sotana, se pone a tomar el sol y finalmente se queda dormido. Un grupo de jóvenes juega a la pelota junto a él.


resized_el cura.jpg


Dichas proyecciones tendrán lugar en el CICCA, el lunes 2 de mayo y a partir de las 19:30 horas, y a ellas esta previsto que asista el propio Enrique de Armas. El resto de proyecciones del ciclo tendrán los siguientes protagonistas:

9 de mayo: Jorge Lozano VandeWalle (La Palma)
16 de mayo: Roberto Rodríguez del Castillo (La Palma)
23 de mayo: Abesinio Beltrá García (Gran Canaria)


Annex - Hull, Henry (Werewolf of London)_01.jpg

Incluso un hombre puro de corazón, que reza sus plegarias todas las noches, puede convertirse en lobo cuando el lobo aúlla y brilla la luna en otoño

El primer estudio cinematográfico que viene a la mente cuando hablamos de cine de terror es Universal Pictures. En apenas tres décadas, desde finales del cine silente hasta principios de los años 50, sentaría el canon del género y traería a las pantallas (y a las pesadillas de varias generaciones de espectadores) una pandilla alucinante de abominaciones clásicas que, de una manera u otra, jamás han dejado de acompañarnos en nuestras noches en vela. Quasimodo, Drácula, la momia, el monstruo de Frankenstein, el fantasma de la Ópera, el hombre invisible, el hombre lobo y, finalmente, la criatura de la laguna negra. Figuras ominosas en blanco y negro que nos retrotraen a tiempos en que lo importante era la atmósfera, y no el carrusel de sustos. Mitos que recibirían una nueva transfusión de sangre fresca cuando la Hammer Films tomó el relevo y los dotó de nuevas texturas inyectadas en rojo. Espantos que siguen hibernando en sus madrigueras, cuevas o ataúdes hasta que nuevas generaciones de creadores deciden devolverles la vida. Muertos en vida, vivos después de la muerte de quienes los soñaron primigeniamente: Bram Stoker, Víctor Hugo, Mary W. Shelley o H.G. Wells. Y que, casi desde el mismo comienzo de los tiempos, vinieron siempre acompañados por sus versiones bufas, pues nada hay más liberador que la carcajada detrás del escalofrío. La sonrisa congelada del desfigurado hombre que ríe, el hado funesto del hombre sin brazos del circo, la adorable viejecita trasmutada en vicioso criminal.

the-curse-of-the-werewolf-original.jpg

Desde Lon Chaney, el hombre de las mil caras, hasta la saga "Scary Movie", las parodias del cine de terror (o el humor dentro del propio género, como evidencia a la perfección la obra de James Whale) han sido una constante en la gran pantalla. En su origen, el cine de horror de la Universal puso a prueba los límites de la censura y trascendió los notables prejuicios a los que se ha enfrentado tradicionalmente el cine terrorífico, demostrando que calidad y comercialidad podían ir de la mano. Pero no fue la belleza lo que mató a la bestia. Fue la comedia. Al menos así fue hasta que la Hammer retomó los elementos más provocativos (como el subtexto sexual ), potenciándolos y abandonando los posibles elementos paródicos. Nadie parecía estar a salvo de las garras del humor. Los monster mash-ups (o ensaladas de monstruos, con su desopilante tótum revolútum de personajes con la aquiescencia de sus propios iconos), Bob Hope, los Dead End Kids o Abbott & Costello habían descarnado al género de su esencia terrorífica, y se hacía necesaria una vuelta a la senda del miedo. Pero una vez concluida (o agotada en sí misma) esta ruta, hubo un nuevo retorno al humor, con públicos progresivamente descreídos tomándose a guasa aquello mismo que les había puesto los pelos de punta apenas unos años antes. Y este carrusel ha seguido girando prácticamente desde los comienzos del cine, y no parece tener visos de detenerse en un futuro cercano. Horror y comedia, carcajadas y escalofríos, pues ¿acaso hay algo más admirable que ser capaz de reir en la cara misma de la muerte?

Annex - Abbott & Costello.jpg

Aunque la Universal ya había explorado el territorio de la licantropía con "El lobo humano" (1935), no sería hasta la combinación de los talentos de Curt Siodmak (guionista), Lon Chaney Jr. (protagonista) y Jack P. Pierce (maquillador) cuando germinase el icono de "El hombre lobo", sentando las bases para toda revisión (o parodia) posterior del fenómeno. Larry Talbot, el eterno maldito, germen de casi todo (desde Paul Naschy hasta los vampiros cubiertos de purpurina de recientes sagas coyunturales) y padre de los monstruos torturados por su propia condición, rebeldes con causa pero sin cura, condenados a vivir matando y morir viviendo. Parábola nada sutil de los crímenes del nazismo, estrenada a rebufo del ataque japonés a Pearl Harbor y descomunal éxito de taquilla, la película de George Waggner devolvería a Universal al epicentro del horror, además de reescribir para siempre la figura del licántropo: las transformaciones en luna llena, el contagio a través de la mordedura, el empleo de balas de plata...

an-american-werewolf.jpg

Llegados los años 80, la estruendosa irrupción en el cine norteamericano de (la promesa rota) John Landis, cuya sentida debilidad por el género desde una vena irrefrenablemente burlesca (en la onda de Mel Brooks, pero en mayor consonancia con un cierto espíritu contracultural), depararía uno de los grandes éxitos del cine de terror contemporáneo, "Un hombre lobo americano en Londres". Frente a la coetánea "Aullidos" de Joe Dante, que se enfrentaba al hombre lobo desde una perspectiva más respetuosa con la tradición canónica, el film de Landis combinaba efectos de maquillaje de última generación a cargo del oscarizado Rick Baker, un guión que desacralizaba los hallazgos de Siodmak pero sin renunciar a una sobredosis de escalofríos y un puñado de efectivas set pieces que han soportado excelentemente el paso del tiempo. Un homenaje sincero a aquellas noches buscando monstruos bajo la cama o dentro de los armarios. Jocoso quizá, pero nunca irrespetuoso. Y que conocería una memorable prolongación cuando Michael Jackson, en la cumbre de su carrera, contratara a Landis para dirigir el videoclip más famoso de todos los tiempos, "Thriller", afectuosa aproximación a los tópicos del género con, una vez más, excelentes caracterizaciones a cargo de Baker.

Michael_Jackson__s_Thriller.jpg

"Un hombre lobo americano en Londres" se proyecta mañana lunes 25 de abril, a las 19:30 horas en el CICCA. Como siempre, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Después de la proyección, el habitual coloquio. Buena luna, criaturas de la noche.

"El Mago del Siam debía ser un hombre-lobo y él, Denis, mordido por la alimaña, acababa de convertirse, recíprocamente, en ser humano."


Eso escribió el gran Boris Vian en uno de sus relatos. Supo darle la vuelta al eterno mito del hombre-lobo, describiéndonos con inocencia y elegancia las desventuras de ese pobre lobo, condenado por mor de una ancestral maldición, a moverse entre los hombres.

Cae la noche y amanece en París....


Hombre lobo, licántropo, lobizón... estos y otros nombres designan a un abanico bastante disperso de mitos, leyendas, patologías y patrañas presentes desde tiempos ancestrales en nuestra memoria colectiva. Bajo esos términos se agrupan quienes por trastornos psicológicos creen haber asumido el comportamiento propio de un lobo, aquellos que por culpa de una maldición se ven obligados a transformarse físicamente en lobos o incluso quienes por una misteriosa propensión natural, pueden hacerlo a voluntad.


La literatura, y por supuesto, el cine, han bebido (y beben) de esta eterna fuente de leyendas. Una de las primeras versiones fílmicas que se conocen del hombre lobo se remonta a 1935. "Werewolf in London", dirigida para la Universal por Stuart Walker, fue un pequeño fiasco en taquilla, pero se mantuvo fresca en la memoria de los críticos junto a otra producción de la época en la que el hombre se convierte también en monstruo, "Dr. Jekyll and Mr. Hyde", de Rouben Mamoulian.

Pocos años después la Universal volvió a la carga. Mantuvo la idea de la obra de Walker, en cuanto a la representación de la criatura como un híbrido (es decir, un hombre con elementos propios de un lobo), en vez de otro tipo de recreación más cercana a ciertas leyendas en las que la transformación de humano a bestia era total. Al mando de esta película se puso a un director neoyorkino llamado George Waggner que poco más dejó para la posteridad. El principal reclamo de esta título, aparte de lo impactante del tema, fue su reparto: Lon Chaney, Jr., Claude Rains, Ralph Bellamy y Bela Lugosi.

wolf-man-1941.jpg

Pero quizás una de las piezas fundamentales de esta obra fue su guionista. Curt Siodmak (hermano del realizador Robert Siodmak), fue el responsable de crear con esta película gran parte de la iconografía con la que varias generaciones posteriores hemos temido a los hombres lobo. La vulnerabilidad frente a la plata, el pentagrama como símbolo o la importancia de la luna llena son elementos aportados por Siodmak, autor de un pequeño poema utilizado no solo en esta película sino en varias secuelas posteriores:

"Even a man who is pure in heart,
And says his prayers by night
May become a Wolf when the Wolfbane blooms
And the autumn Moon is bright"



"El Hombre lobo" se proyectará en el CICCA el lunes 18 de abril a partir de las 19:30 horas, en V..O.S. E. y con entrada gratuita. Esta proyección se complementará con la que tendrá lugar una semana después:

25/04/2011: "Un hombre lobo americano en Londres", John Landis, 1981

Categorías