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Archivos Diciembre 2010


En 1972, Luis Buñuel se convirtió en el primer director español en ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Poco importa que lo consiguiera con una película francesa ("El discreto encanto de la burguesía", 1972) y que el productor fuese también francés (el omnipresente Serge Silbermann). La singularidad del premio, el momento que vivía España en aquellos años y la peculiar idiosincrasia del director aragonés han revertido de un barniz especial aquel momento. Buñuel ya había sobrepasado los 70 años, y era también una forma especial de reconocerle como un artista entre artistas. Las puertas más grandes de la meca del cine se abrieron de par en par para recibirle, las mismas puertas que muchos años antes encontró cerradas a cal y canto. Como ejemplo de aquella pleitesía, hoy todavía se recuerda la cena de honor que George Cukor ofreció en su honor y a la que, entre otros, asistieron Alfred Hitchchock, Billy Wilder, Robert Mulligan, Robert Wise, George Stevens o Rouben Mamoulian.


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"El discreto encanto de la burguesía" fue para Buñuel una especie de continuidad al ensayo crítico sobre los cimientos de la narrativa convencional y el concepto causa-consecuencia, iniciado en 1968 con "La Vía Láctea". Aún con los ecos de tanto premio en sus maltrechos oídos, el aragonés quiso dar por cerrada la trilogía un par de años más tarde. Tomando como referencia una frase de la "La Vía Láctea" (uno de los personajes decía, como quien no quiere la cosa, "tu libertad sólo es un fantasma"), Buñuel se atreve a reivindicar el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, menospreciado en su momento por gran parte de la vieja Europa, especialmente por los grandes poderes fácticos (iglesia, aristocracia y estado). En esos foros, el comunismo fue marcado como una amenaza fantasmagórica, señalado como un espectro que vagaba por Europa y al que había que temer. Ése es el espectro, el fantasma al que Buñuel rindió un sentido homenaje con esta obra un tanto crepuscular, realizada en los estertores de su carrera.


El azar todo lo gobierna; la necesidad, que lejos está de tener la misma pureza, sólo viene más tarde. Si tengo debilidad por alguna de mis películas, sería por El fantasma de la libertad, porque prueba a salir sólo este tema. (Luis Buñuel)

Son catorce historias distintas, entrelazadas por un personaje o una situación que conecta una historia con la siguiente. Unos soldados franceses entran a la catedral de Toledo durante la invasión napoleónica. Un capitán besa la estatua de una mujer y destruye la de un hombre. En la época actual, un matrimonio se escandaliza con unas postales que muestran monumentos de París. Un hombre ve pasar unos animales por su cuarto. En una escuela de policías, un gendarme dicta una lección sobre las distintas costumbres antropológicas... Estrenada el 11 de septiembre de 1974 en Francia, "El fantasma de la libertad" es una de las películas más personales de este genio de la cinematografía llamado Luis Buñuel, y la proyecta en el CICCA la Asociación de cine Vértigo, el lunes 27 de diciembre, a partir de las 19:30 horas.


¿Qué tienen en común Jeanne Moreau, Lina Romay y Paulette Goddard? Todas ellas son actrices, de acuerdo, pero ésa es una respuesta fácil. Algo más brillante decir que todas ellas encarnaron en la pantalla grande a Celestine, la heroína de una de las novelas más escandalosas del escritor francés Octave Mirbeau, "Le Journal d'une femme de chambre" (1900). Goddard lo fue a las órdenes de Jean Renoir en "Memorias de una doncella" (1946) y Moreau protagonizó "Diario de una camarera", dirigida en 1964 por Luis Buñuel. Algo más reciente es el caso de Lina Romay, musa de Jess Franco y dirigida por éste en una muy libre adaptación de la citada novela, "Célestine, bonne à tout faire" (1974).


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Tras acabar a lo grande su etapa mexicana con "Viridiana" (1961) y "El ángel exterminador" (1962), Buñuel regresó al cobijo que siempre le dio Francia con "Diario de una camarera". En esa reentré de Buñuel en el cine francés tuvo mucho que ver el productor Serge Silbermann, judío de origen polaco, superviviente de un campo de concentración nazi y responsable de títulos tan emblemáticos como "Bob le flambeur" (Jean Pierre Melville, 1955), "Le trou" (Jacques Becker, 1959) o "Ran" (Akira Kurosawa, 1985). Ambos tenían un amigo en común, Fernando Rey, y éste fue quien convenció al director para acudir a una comida en la que Silbermann consiguió convencer al director aragonés de que se podría volver a adaptar la obra de Mirbeau. El flechazo fue instantáneo y desde entonces se convirtió en el productor de seis de las últimas ocho películas que Buñuel rodó desde ese momento hasta su muerte.


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Buñuel le pidió a Silbermann un colaborador, alguien que le ayudase a adaptar la novela. Tenía que ser joven, francés y conocedor de la vida de provincias. Al productor le vino a la memoria un joven llamado Jean Claude Carrriere al que conocía por sus pequeñas colaboraciones con Pierre Etaix y Jacques Tati. En pleno Festival de Cannes de 1963, se organizó un almuerzo entre Carriere y Buñuel. El joven aspirante a guionista pensaba que le haría mil y una preguntas sobre el libro, como si de un examen se tratase, pero Buñuel ni lo mencionó. Se limitó a preguntarle cosas sobre él, sobre sus gustos y su vida. La pregunta fundamental para que se incorporase al proyecto fue si le gustaba el vino. Carriere confesó que le encantaba, y que venía de familia de viticultores. Ya tenían algo en común, y aquello fue el principio de una gran y fructífera amistad. Un par de semanas después Silbermann llamó por teléfono a Carriere y le dijo que Buñuel le estaba esperando en Madrid para empezar a escribir el guión de "Diario de una camarera"


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"Diario de una camarera" forma parte del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al maestro aragonés. Se proyecta el 20 de diciembre, a las 19:30 horas en el CICCA y con entrada gratuita. Narra el acoso que sufre Celestine, una camarera parisina que llega a la casa de campo de la familia Montell para trabajar como sirvienta. En palabras del propio Buñuel, "con Diario de una camarera he querido abordar la introspección sobre la mentalidad y la moralidad de la burguesía francesa de provincias en torno a los años 30. La moral burguesa es lo inmoral para mí". El material de partida, hábilmente manejado por Carriere y Buñuel, se convirtió en otra más de las habituales bombas de relojería lanzadas por el director aragonés contra la sociedad en la que le tocó vivir.


Este ciclo terminará el 27 de diciembre con "El fantasma de la libertad", la penúltima película dirigida por Luis Buñuel.


Con frecuencia se recurre al término "hombre renacentista" o "del Renacimiento" cuando estamos frente a alguien que domina distintas facetas profesionales, intelectuales o artísticas. El "artista", tal y como se le entendió durante el Renacimiento, no debía limitarse a ser un mero artesano sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos. Según esta corriente de pensamiento, cada individuo tiene, per se, una potencialidad ilimitada, dispuesta a ser "traducida" en resultados siempre que se esfuerce por conseguirlo. Esto se dijo de Da Vinci, de Copérnico, de Newton y de tantos otros genios de la historia. Y no les faltó razón.


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Ahora bien: ¿estaríamos cometiendo algún pecado si describimos de esa manera a alguien que es actor, poeta, compositor de bandas sonoras, guionista de comics, escritor, escenógrafo, psicoterapeuta, mimo, dramaturgo, guionista de cine, instructor de tarot, director teatral, dibujante, escultor, director de cine y psicomago? Realmente creo que no, que es un término perfectamente válido. Y si alguien cree que existe ese pecado, Alejandro Jodorowsky (que es de quien hablamos) seguro que es capaz de realizar uno de sus encantamiento chamánicos y hacernos sobrevivir a ese trance.


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Este chileno de raíces judeo-ucranianas está a punto de cumplir los 81 años y todavía se mantiene en activo como instructor de tarot y conferenciante, entre otras cosas. El mundo del cine lo ha transitado de forma esporádica pero reincidente, desde que en 1957 presentase un corto titulado "La corbata". Desde entonces, ha mantenido la presentación casi medicinal de una obra por década (más o menos), y desde hace un par de años se difunde viralmente un rumor según el cual prepara ""The sons of el Topo", una especie de segunda parte de la controvertida película que estrenó en 1970:"El Topo"


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El Topo es un pistolero que se enfrenta a una banda de fetichistas, dirigidas por un coronel lascivo, y que mantiene asolada a una congregación franciscana, violando curas y ejecutando a los habitantes del pueblo. Tras liquidarlos, va en busca de los cuatro 'Maestros del Revólver' y también los derrota. Abatido sobre un puente colgante, el Topo será rescatado por un grupo de enanos y minusválidos... Jodorowsky elaboró un cóctel explosivo, violento, surrealista, lleno de espiritualidad y de humor negro, convirtiéndose desde el momento de su estreno en una obra de culto y en punto de partida para el fenómeno de las "midnight movies" tan propias de la contracultura de los 70. No en vano, cuando por aquellos años le pidieron a John Lennon alguna recomendación cinematográfica, no dudó en contestar: "¿Mi película favorita? El Topo, de Alejandro Jodorowsky." Eso sí, no se descarta que músico y director compartiesen el mismo tipo de sustancias alucinógenas por aquellos años


Convertido desde hace tiempo en referente de la contracultura y de gran parte del universo "freak", el peculiar universo creativo de Jodorowsky, su iconoclastia y su facilidad para conciliar provocación y lirismo siguen despertando pasiones encontradas. Alguien que gusta por igual a Marilyn Manson o David Lynch no puede dejar a nadie indiferente. Pues bien, "El Topo" se proyecta el jueves 16 de diciembre en Casa de Colón, dentro de esa propuesta compartida con la Asociación de cine Vértigo y que se llama Colón Cinema, una ventana abierta a Iberoamérica y desde la que, al parecer, sale un misterioso y embriagador hilo de humo... ¿estará fumando algo Jodorowsky?


Resultaría muy atrevido aproximarse a la obra de Luis Buñuel con espíritu desmitificador, intentando desmentir a críticos y cineastas de tantas generaciones que han alabado (y alaban) la trayectoria de este realizador. Quizás alguien se atreva, puede que con argumentos muy sólidos y con los que uno pueda coincidir. Pero, al menos para quien esto escribe, esto no ha pasado. Se matizan algunos aspectos de su obra, se cuestionan algunos de sus posicionamientos estéticos y se diserta sobre la genialidad de tal o cual fase de su trayectoria. Un genio no se limita a hacer obras maestras, y menos cuando se es tan prolífico como este aragonés ilustre, autor de 34 obras repartidas entre los 48 años que separan su deslumbrante debut ("Un perro andaluz", 1929) y su magnífica despedida ("Ese oscuro objeto del deseo", 1977).

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De su trayectoria podría hacerse una segmentación nada complicada, atendiendo al lugar en el que residía y trabajaba. Fiel a su espíritu rebelde y viajero, Buñuel no mantuvo por mucho tiempo sus pies en un mismo sitio. Fue Francia la que vio nacer su arte cinematográfico, donde en medio de la efervescencia de los surrealistas y de la mano de su amigo/enemigo Dalí presentó la provocadora "Un perro andaluz". Y fue Francia la que le ofreció durante muchas fases de su carrera el cobijo necesario para exprimir su talento. En medio, algunas obras netamente españolas, unos extraños años en Estados Unidos y una amplia y dispar etapa mexicana, llena de indiscutibles obras maestras y de pequeñas piezas puramente alimenticias, aunque siempre con el toque del maestro de Calanda.


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La Asociación de cine Vértigo propone un acercamiento a distintas etapas de su periplo francés, pero desde una perspectiva menos habitual de lo habitual. En vez de apostar a caballo ganador ("La edad de oro", "Belle de jour", etc.), se ha querido merodear otras obras menos transitadas, pero igualmente relevantes. Se comienza (quizás) un poco a hurtadillas con "La muerte en este jardín" (1956), realizada en coproducción con Francia, pero realmente en medio de su etapa mexicana. Seguidamente se ofrece "Diario de una camarera" (1964), la cual supuso su verdadera rentrée en la industria francesa. El ciclo termina con "El fantasma de la libertad" (1974), punto final de una trilogía formada por "La Vía Láctea" (1968) y "El discreto encanto de la burguesía" (1972).


La Guerra Civil alejó a Buñuel de España, como a tantos otros hombres de izquierda. En Estados Unidos intentaba conseguir su trocito de cielo, cuando casi por casualidad recibió la propuesta de rodar "La casa de Bernarda Alba" entre Francia y México, país en el que se encontraba ultimando detalles de la producción cuando se enteró de que los derechos ya estaban en poder de otros productores. Sin tener a dónde ir, acepta un trabajo de encargo, una película a mayor gloria de Jorge Negrete y Libertad Lamarque (Gran Casino, 1947). Paradójicamente ese fue el inicio de una larga etapa como cineasta mexicano, y en la que firmó un buen puñado de obras incuestionables ("Los olvidados", "Él", "Nazarín", etc.) y otras menos valoradas de lo que se merecen, como es el caso de "La muerte en este jardín", realizada en coproducción con Francia en un momento en que el deterioro de la industria cinematográfica mexicana incitaba a Buñuel a buscar otros territorios más fiables.


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"La muerte en este jardín" (CICCA, lunes 13 de diciembre, 19:30), se ubica en un país minero latinoamericano, donde un aventurero europeo llamado Shark se enfrenta a la represión encabezada por el capitán Ferrero. Tras varias peripecias, Shark huye en una embarcación, y coincide en la huída con la prostituta Djin, el rebelde Castin, que se ha hecho rico con los diamantes, la joven María, hija sordomuda de éste, y con el padre Lizardi. Los prófugos no sólo se enfrentan a la selva en este viaje...


El resto de películas de este ciclo, que se ofrece en el Centro de Iniciativas de La Caja de Canarias, son:


20 de diciembre: Diario de una camarera, de Luis Buñuel (Francia, Italia, 1964)
27 de diciembre: El fantasma de la libertad, de Luis Buñuel (Italia, Francia, 1974)


Érase una vez un mexicano parlanchín y sonriente, antiguo locutor de radio, joven promesa del gigante Televisa y con gran olfato para los negocios. Un buen día conoce a un talentoso y reservado escritor, criado en las calles de Ciudad de México, y al que una pelea adolescente dejó sin sentido del olfato. ¿Tal para cual? Deciden trabajar mano a mano en tres obras cinematográficas que partirían del material escrito por el escritor. Se llaman Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, y nos regalan entre 2000 y 2006 el resultado de ese trabajo aparentemente colectivo: "Amores perros", "21 gramos" y "Babel".

En los créditos, las tres películas se presentan con el inequívoco sello del "auteur": "a film by Alejandro González Iñárritu". En ninguna de ellas consta "guionista". Arriaga insiste en que él es escritor, y que no hace "guías". Lo que aparece es "escrito por Guillermo Arriaga". Solamente en "Babel" se reconoce que el guión está escrito por Arriaga a partir de una idea de Iñárritu y del propio Arriaga. Pero ¿es que pueden dos personas tan distintas compartir exactamente la misma idea?



La repercusión de cada uno de estos trabajos es muy notable. La crítica se rinde a sus pies, llueven los premios y comercialmente disfrutan de una interesante trayectoria. Pero la relación entre estos dos personajes se deteriora a pasos agigantados. Arriaga se queja cada vez con más virulencia de los cambios que el director hace de sus escritos, e Iñárritu revienta tras el estreno de "Babel" con una carta incendiaria contra el "egoísmo" del escritor y que a continuación se reproduce:


"Guillermo:

Qué lástima que en tu injustificada obsesión por reclamar la sola autoría de una película parezcas desconocer que el cine es un arte de profunda colaboración.

No fuiste --y nunca te has dejado sentir-- parte de este equipo y tus declaraciones son un lamentable y muy reductivo punto final de este maravilloso y colectivo proceso que todos nosotros hemos vivido y ahora celebramos.

Es una pena que a lo largo de un año, en la mayor parte de las entrevistas que te han hecho y que hemos podido leer, más que un reconocimiento al trabajo de todos nosotros, sólo hemos podido percibir amargura y un insistente reclamo de atención mediática hacia tu persona.

Suerte en tus futuras películas."
Alejandro González Iñárritu/ director y productor de Babel

Mientras estuvieron juntos, Iñárritu tuvo tiempo de dirigir uno de las piezas más ásperamente interesantes de aquella obra colectiva llamada "11.09.01", y Arriaga firmó el texto del estimulante estreno en la dirección de Tommy Lee Jones, "Los tres entierros de Melquiades Estrada". Incluso sin trabajar juntos, surgieron propuestas interesantes de cada uno de ellos. Desde su divorcio, Arriaga escribió el guión de la nada relevante "El búfalo de la noche" (2007) y se metió a director con la fallida "Lejos de la tierra quemada" (2008). Iñárritu, por su parte, nos presenta ahora, a bombo y platillo, "Biutiful", cuyo estreno ha sido el desencadenante de este escrito.

"Biutiful", pensada a mayor gloria de Javier Bardem, tiene en sus larguísimos 150 minutos de duración los ecos de esas tres películas de Iñárritu & Arriaga, pero eso, solamente ecos. La colección de tópicos que se pasean por la pantalla termina por castigar duramente las buenas intenciones que quiere defender. Casi todo nos sabe a visto, algo que en sí mismo no es un defecto (no todo puede ser original, ni todo lo original es mejor que su copia). Pero es que además la idea se estira y estira sin aparente necesidad, como queriendo llenar la falta de talento con metraje. La decisión de salpicar la narración con escenas de belleza zen, aunque no vengan al caso, es otro de los lastres de la película, en la que solamente destaca la brillante presencia de los habituales de Iñárritu (Rodrigo Prieto en la fotografía y Gustavo Santaolalla en la música), junto a la energía que transmite Bardem en cada una de sus acciones, tanta que por momentos casi llega a cohesionar y darle algo de interés a la obra.


Curiosamente, en los créditos iniciales de "biutiful", no es el "artista" Iñárritu el primero en aparecer. Ese honor queda reservado en esta ocasión para Javier Bardem. Cosas que pasan.

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