Después de comer, en mi caso particular, una buena siesta es el mejor de los regalos. Hoy, justo después de reponer fuerzas en medio de mi jornada laboral, y alejado de la más remota posibilidad de mecerme entre los brazos de Morfeo, hablaba de la muerte. Sí, les puede parecer extraño, pero es así. La muerte. Es una palabra que a veces nos cuesta decir, que a muchos se les hace difícil de pronunciar, y sobre todo, que representa algo en lo que no nos gusta pensar. Esa charla incluyó un momento de consenso alrededor de lo difícil y necesario que es asumir la muerte como algo natural, tan natural como lo es la vida. Y de cómo enfrentarse cara a cara con la muerte siendo joven puede llegar a ayudar a vivir con algo menos de miedo a la vieja dama de la guadaña. Seguro que no todos ustedes pensarán igual. O quizás sí...

La jovencísima directora argentina Sofía Mora quiso transitar en su debut cinematográfico por dos senderos peliagudos y que, en cierta forma, pueden quedar conectados con el preámbulo de este comentario de hoy. Quiso hablar de ese limbo en el que de repente nos encontramos cuando la niñez se nos escapa de las manos. Quiso también sacudirse de encima algunas telarañas del pasado relacionadas con las relaciones entre hermanos. Y quiso sobre todo mirar de frente a la muerte. Y lo hizo con una película titulada "La hora de la siesta" y que nos hace cómplices del vacío devenir de dos hermanos que caminan sin rumbo por las calles desiertas de su barrio, a la espera de que el entierro de su padre pase lo más rápidamente posible. Es la hora de la siesta, pero esta vez no toca dormir.
"La hora de la siesta", premiada por el prestigioso Festival de Mar del Plata, se incluye dentro de la octava jornada de la Muestra de cine iberoamericano de Las Palmas de Gran Canaria. El resto de proyecciones de ese día son las siguientes:
VIERNES 22 de Octubre
MONOPOL
18:15 Los minutos, las horas (C)
Garapa (L)
20:30 Pin-Up (C)
La hora de la siesta (L)
22:30 Amor autoadhesivo (C)
Navidad (L)

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