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Origen: sueños, ideas, culpas...y mucho más


El catalán Josep Oller tuvo en 1888 la feliz idea de abrir un teatro en el nº 28 del Boulevard de los Capuchinos, en pleno centro de París. El local mantuvo durante décadas un espíritu algo disperso, cediendo su espacio a cantantes, bailarinas, circos e incluso al incipiente arte del cinematógrafo. Aquella sala, bautizada con el premonitorio nombre de "Olympia", estuvo a punto de desaparecer por culpa de severos problemas económicos, allá por 1960. Sus propietarios se habían empeñado en conseguir que aquella pequeña sala alcanzase los mejores niveles posibles de acústica, y así convertirse en una especie de templo para todos los músicos del mundo. Sin embargo, la notable inversión realizada no se veía recompensada por la respuesta del público, más atento quizás a otras nuevas formas de entretenimiento.


teatro_olympia_.jpg

Cuando ya estaba casi todo perdido, el compositor Bruno Coquatrix, al mando del local en aquellos tiempos, se jugó una última baza, la gran dama de la canción: Édith Piaf. Aquel pequeño gorrión apenas tenía 45 años, pero casi no podía sostenerse en pie. Su salud era extremadamente frágil y lo único que calmaba su dolor eran las constantes dosis de morfina que se le suministraban. Pero Piaf era, entre otras cosas, leal y agradecida. A la llamada de su viejo amigo respondió con una serie de conciertos en el Olympia realmente memorables que salvaron el local y que hoy en día son considerados como un momento cumbre de su carrera. Baste decir que allí, a principios de los 60, fue donde por primera vez sonó una de las canciones más emblemáticas de Piaf, toda una declaración de intenciones que salen desde el fondo de un alma dolorida pero segura, castigada por su pasado pero con la voluntad firme de vivir y luchar por el futuro: "Non, je ne regrette rien".



No, no me arrepiento de nada.

¡No! nada de nada.
¡No! No me arrepiento de nada.
Ni el bien que me han hecho,
ni el mal,
¡Todo eso me da igual!

¡No! Nada de nada.
¡No! No me arrepiento de nada.
Está pagado, barrido, olvidado...
¡Me importa un bledo el pasado!

Con mis recuerdos
he encendido el fuego.
Mis penas, mis placeres...
¡Ya no los necesito!

Barridos los amores
y todos sus temblores.
Barridos para siempre,
vuelvo a empezar de cero.

¡No! Nada de nada.
¡No! No me arrepiento de nada.
Ni el bien que me han hecho,
Ni el mal,
¡Todo eso me da igual!

¡No! Nada de nada.
¡No! No me arrepiento de nada.
¡Porque mi vida,
porque mis alegrías,
hoy comienzan contigo...!


La canción fue inmediatamente convertida en un clásico, un icono de la canción francesa y, más aún, de lo "francés". Coincidió en el tiempo con la Guerra de la Independencia de Argelia, conflicto en el que la Legión Francesa tuvo un papel decisivo. Piaf, quizás mal asesorada o, simplemente, haciendo uso de sus propios criterios, tuvo la ocurrencia de dedicar esta canción a dicho cuerpo militar. La polémica estaba servida. Lidiar con la culpa nunca fue sencillo, y de eso siempre supo mucho la Piaf, que diría adiós a la vida poco después, el 13 de octubre de 1963, cuando una terrible cirrosis le impidió cumplir los cuarenta y ocho años. Sabiendo lo cerca que estaba su final uno se explica por qué hizo tan suya esta arrebatadora canción que encara con frialdad una especie de punto y aparte. Ya todo da igual. Lo que había que pagar, se pagó. Lo que había que disfrutar, se disfrutó. Ahora todo pasó y no me importa nada de nada.

piaf olympia.jpg

Son muchas las películas que han usado, en el peor de los sentidos, esta canción. Muchas lo han hecho prostituyéndola, manoseando su carácter de icono francés. Es el sino de la gente sin talento, limitarse a lo obvio sin posibilidad de encontrar nada más. Pero a veces la diosa fortuna se despereza y facilita la aparición de un cineasta brillante que consigue que una canción sea algo más que un relleno. Hablamos de Christopher Nolan, responsable de una apasionante película llamada "Origen", estrenada en medio de un mes, agosto, tradicionalmente abonado al tedio y a la tontería. Es de esas películas que terminarán por convertirse en obras de culto instantáneas como "Matrix" (o casi instantáneas, como "Blade Runner"). Las múltiples capas de entretenimiento que funcionan simultánea y (lo que es mejor) coordinadamente, consiguen que el espectador se suma en un torbellino visual, filosófico y humanista del que es imposible escapar. Como película de acción es trepidante, espectacular y con unos efectos especiales capaces de dejar con la boca abierta al más pintado. Está también llena de esos giros metafísicos tan propios de los Hermanos Wachowski, algunos de los cuales dan y darán que hablar. Pero sobre todo, quienes sepan descubrir el intenso, perturbador y doloroso melodrama que se esconde en el corazón de la película (magníficos DiCaprio y Cotillard), quedarán rendidos a los pies de esta estupenda película.


Debo reconocer que tiene sus defectos, como la desproporción con la que se dilatan las últimas escenas de acción en la nieve. Pero en la balanza hay tantas cosas buenas... Lo que más me interesa es precisamente lo más (aparentemente) oculto, el melodrama. Cuanto más pienso en ella, más me apasiona. La facilidad con la que se crean y destruyen los castillos en el aire que esa pareja construye a su alrededor para disfrutarse/protegerse/aislarse, el universo de una pareja convertido en limbo e infierno, la culpa, los remordimientos, la necesidad (o no) de avanzar...eso y mucho más se esconde en el corazón de esta película, igual que se esconde en el corazón de esa canción de Piaf, canción que Nolan ubica en la trama como si se tratase de un pequeño gorrión, listo para aparecer y hacernos despertar del sueño mientras nos dice que barridos los amores y todos sus temblores, volvemos a empezar de cero.

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4 comentarios

1

Aun sabiendo la avalancha de opiniones entusiastas y críticas positivas que ha recibido, Origen no me ha parecido más que una película de acción entretenida y (si aceptas sus premisas "por la cara") con algún hallazgo ingenioso, pero nada más. Es un compendio de conocidos guiños cinéfilos (007, 2001 Odisea en el espacio, Ciudadano Kane, Dark city, etc) y un intento de hacer cine serio en base a ciertas complicaciones narrativas y un final ¿abierto?, pero que no le llega a la suela del zapato a Matrix ni, por supuesto, estoy de acuerdo con que suponga la redención del cine hollywoodiense, ni tampoco que Nolan resulte el alumno más aventajado de su generación; en todo caso supone un paso atrás hacia la anemia.
Lo peor: que reduzca la colosal amplitud sin reglas del mundo onírico, del subconsciente, de forma que quede retratado como inevitablemente colonizado por el más rancio y saltarín cine de tiros y peleas, o por una historia de amor bigger than life.

2

Hola, Mr. Oso. Muchas gracias por su interesante aportación. Como en gran parte del cine de "fantasía" (déjeme usted emplear este término para englobar toda esa ficción que no es "real"), uno tiene que asumir que hay cosas que son así "por la cara". Si la peli nos gusta, a lo mejor no le damos la misma importancia a eso de "tragar" con ciertos giros argumentales que la que le damos cuando no es de nuestro agrado la peli, o al menos eso me parece a mi. El recurso del pastiche es otro caso similar, y según quien lo esgrima, o mejor dicho, según la bondad hacia la obra de quien lo esgrima, es un elemento de castigo o de alabanza. Está claro que "Origen" no inventa mucho, y que hay que tragar y tragar, pero no por eso creo que sea una película desestimable. Por el contrario, la disfruté con gran deleite, pero más por las reflexiones que se generaban en mi cabeza (no es que fueran nuevas, pero siempre viene bien reflexionar varias veces sobre algunas cosas) que por la "acción" (sin desmérito de esta, todo hay que decirlo). La comparación con "Matrix" puede resultar doliente, bien es cierto, pero la saga de los hermanos W no se libra de eso, de la plaga de ser "saga", estirando el "concepto" absurdamente en una segunda parte olvidable, cuyo único mérito es hacer pasable la comparación con el tercer capítulo. Un abrazo y esperamos contar más veces con su colaboración!

3

Hola,

A mi me pasa algo muy curioso...Si hay algo que le reconozco a Nolan es que haya sabido dirigir tan bien a Leonardo como para que me olvide de que es él, el protagonista, cosa que agradezco.

Pero es cierto que la trama se las trae...a mi modo de ver lo estira todo demasiado.Hoy mismo me preguntaron por ella y ahora mismo tengo mis dudas sobre todo lo que vi, y no soy la única persona que ha caído en ese bucle...creo que vi otra película, o ¿no?.El que me genere tantas dudas después de casi dos semanas, es cuanto menos curioso, en los tiempos que corren.

Y en cuanto a los efectos especiales, parece que cualquier mundo en suspensión o en lentitud es inevitable intentarlo comparar con Matrix, pero Nolan, creo que le ha dado un espacio diferente, es el mundo onírico y en él tiene cabida cualquier tipo de no explicación, es un mundo muy difícil de materializar y creo que lo ha salvado con una técnica envidiable.

Por último, excelente bso de Hans Zimmer, ni un minuto de descanso...y la historia de amor,contada en infinidad de ocasiones pero ilustrada de una manera que le da un significado más profundo.

Un Abrazo

4

Hola, Clio. Pues si genera tanta confusión, tantas opiniones tan dispares...bueno, quizás sea mejor eso que la indiferencia...digo yo. A lo mejor, parte de esa confusión generada está buscada, es un deseo del director. Quizás así el espectador reconozca mejor esas situaciones que vivimos en los sueños, sin saber de dónde venimos ni a donde vamos. O quizás no sea sino el efecto de darle demasiadas vueltas a la cosas... ¡Quién sabe!... Otro abrazo!

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