Empezar nunca ha sido fácil. Ya sé que no estoy descubriendo la pólvora, pero de alguna forma tenía que empezar. A veces le doy más vueltas al arranque de un artículo que al contenido central del mismo. Ese arranque condiciona en gran parte todo lo demás. Captar la atención del lector eventual puede suponer que llegue hasta el punto y final. Responder a las expectativas de los habituales supone renovar la pequeña confianza ganada.
Trasladado este asunto de los comienzos al mundillo del cine, nos encontramos con una problemática similar. Los cineastas suelen debutar a muy temprana edad, muchas veces con trabajos vinculados a sus procesos de formación. En esos momentos bullen dentro de cada uno de ellos las mil y una teorías asimiladas en las aulas, los referentes idolatrados y, en honrosas pero gratificantes excepciones, algunas buenas ideas. Esas primeras obras, generalmente de cortometraje, sirven también de señuelo, de primera carta de presentación de quien desea ser "alguien" dentro del sector audiovisual. Entrar en el circuito de festivales, recibir tal o cual premio, ser apadrinado por un productor de categoría..., eso encaminará la carrera de ese cineasta hacia un lado u otro.
La tercera sesión del ciclo "Cine hecho en Canarias", organizada por la Asociación de cine Vértigo, se centra precisamente en los comienzos de un grupo de cineastas canarios que hoy se desenvuelven con cierta soltura en el mundo del largometraje. Son obras muy dispares, algunas de ellas de marcado carácter primerizo, pero que en conjunto van a servir para descubrir el talento que ya se observaba en los balbuceos fílmicos de sus realizadores.

El nombre de Elio Quiroga comenzó a sonar con fuerza justo después de que, en el Festival de Sitges, Quentin Tarantino aplaudiese con ganas y puesto en pie la proyección de "Fotos" (1996), largometraje de debut de Quiroga. Ese involuntario apadrinamiento llamó la atención de los buscadores de rarezas y también del jurado del Festival. Los premios al mejor guión y el prestigioso Premio Especial del Jurado pusieron de moda a Quiroga, quien sin embargo se tomó su tiempo para volver al largo con "La hora fría" (2006) y "No - do" (2009). Antes, durante y después de esas obras, Quiroga ha realizado seis cortometrajes, género al que no ha renunciado jamás, defendiendo con uñas y dientes su lenguaje propio. Uno de sus primeros cortos fue "Compramos gente" (1988), producido por TVE-C para el programa Cine Canario, e incluido en esta sesión.
Otro de esos cortos lleva la firma de uno de los creadores canarios más personales, Javier Fernández Caldas. Su aparición a principios de los noventa de la mano de dos aclamados cortometrajes, "El último latido" (1992) y "Frágil" (1995), hizo soñar con el inicio de una filmografía estelar. De hecho, ese segundo corto (ver foto anterior) alcanzó en el Festival de Cine de Alcalá de Henares el segundo premio, y en el Festival Ibérico del Cortometraje el Premio a la Mejor Fotografía. Desgraciadamente, ha rodado menos de lo que muchos hubieran deseado. ¿El motivo? Quizás la dificultad que ha encontrado para levantar el resto de sus proyectos, o quién sabe si la aparente invisibilidad de su largometraje de debut "La isla del infierno" (1998), historia de un aborigen que, tras 20 años de esclavitud en la Península, lo arriesga todo por volver a Canarias.
De todos los integrantes de este ramillete de directores, no hay ninguna duda de que Juan Carlos Fresnadillo es el de mayor repercusión internacional. Tras deslumbrar con "Intacto" (2001) y hacer saltar las taquillas con "28 días después" (2007), actualmente se encuentra inmerso en cuatro posibles proyectos internacionales, a cual de más relumbrón. El principio de tan descomunal trayectoria se sitúa en 1996 cuando su estilizado cortometraje "Esposados" se convierte en finalista de los Oscar y es premiado en Alcalá, Málaga y Gijón.
Todavía resonando el ruido festivalero de "La Caja" (más de quince premios en certámenes de medio mundo), es un buen momento para recuperar uno de los primeros trabajos de su director Juan Carlos Falcón. Premiado por su guión en el Festival de cine de Zaragoza, "Yo look, tu look" (1998) fue rodado dentro de uno de aquellos talleres organizados por el Cabildo de Gran Canaria, una iniciativa que ojalá algún día pueda retomarse con la misma fuerza de antes.
Hoy en pleno rodaje de su segundo y ambicioso largometraje ("Blackthorn", con Sam Sheppard, Stephen Rea y Eduardo Noriega), Mateo Gil sigue deslumbrando por la complicidad que ha alcanzado con Alejandro Amenabar (para quien ha escrito los guiones de casi todas sus películas) y la ductilidad con que se mueve entre el largo ("Nadie conoce a nadie", 1999) y el cortometraje. Una de sus piezas más premiadas, "Allanamiento de morada" (1998), está basada, según el propio director, en 1.749.358 casos reales (sólo en nuestro país) y en su propia experiencia trabajando como vendedor de libros en sus tiempos de estudiante.
La obra más reciente de esta sesión es "La Tierra desde La Luna" (2001), premiada en el Festival Internacional de cine de Las Palmas de Gran Canaria y realizada por Mercedes Afonso ("El amor se mueve", 2008). El visionado conjunto de ambas obras define el carácter poético y un tanto etéreo del cine de esta realizadora palmera, destinada (si los vientos acompañan) a metas mayores.

Esta tercera sesión tendrá lugar en el CICCA, el lunes 17 de mayo a partir de las 19:30 horas. El ciclo concluirá el 24 de mayo con una sesión bautizada como "El cine hoy en Canarias" y que incluirá las siguientes obras:
En los arrozales, de Josep Vilageliu (España, 2008, 74´)
Belanglós, de David Pantaleón (España/ Alemania, 2009, 18´)
El extraño, de Víctor Moreno (España, 2009, 2´)

![frágil[1].JPG](http://www.canarias7.es/blogs/losolvidados/assets_c/2010/05/frágil[1]-miniatura-500x328-4575.jpg)
[He llegado al final, no sé cómo lo interpretarás…]
Es difícil saber cómo se puede captar la atención de alguien. Hay comienzos muy buenos y demasiado fáciles y que, sin embargo, se van desinflando por el camino (simples fuegos artificiales, muchas veces, ilusionistas disfrazados de eruditos) . No sé si esa falta de esfuerzo inicial puede condicionar todo el proceso posterior. Los hay discretos en el comienzo, y en el desarrollo posterior y, luego, hay principios duros y difíciles, poco adecuados.
Las clasificaciones son reduccionistas y ésta, como todas, lo es. Y la constancia (claro que entran en juego otros factores y con un peso muy grande a veces) hará que esos principios se desarrollen de forma “exitosa” o no. Imagino que esa “constancia” tendrá en el mundo del cine, como en otros muchos, quizás (y no siempre) un significado no unido sólo al trabajo sino a bailar el agua, a saberse y quererse vender…
Sean como sean, sí que en el cine los comienzos siempre quedan ahí, por mucho que uno quiera renunciar a ellos.
Vaya, vaya, Sang! Hace tiempo que no veía algo tan bien escrito, en la forma y en el fondo. Siceramente, no me veo capaz de añadir nada. ¡Gracias por la aportación!
En general no me gustó revisar esas obras (las que había visto, todas, menos las de Mercedes), pero me quedo con la sorpresa de que la de Elio, para mí, ha ganado interés con el tiempo (a pesar de todas sus debilidades y redundancias). Quizás este interés deriva en que ahora conozco mucho mejor (o veo mejor) su mundo, sus obsesiones y sus fuentes, a pesar de que antaño éramos más cercanos. A veces las obras mejor hechas, realizadas-dirigidas y producidas no me aportan más que otras más desaliñadas y baratas, pero es que me crié en el aprendizaje más cutre imaginable.
Salud!
Hola, David. Entiendo que cada espectador perciba de forma distinta el visionado de este tipo de obras, dependiendo de si lo vieron en el momento de su estreno o o no, de si conocen o no la obra posterior de su autor, etc. Yo me quedo con la facilidad con la que se rastrea en cada una de esas piezas cortas algo del director (y de la directora) que hoy conozco...
Hola,
A mi por el contrario, David, me gustó revisar y descubrir algunas de esas obras. Coincidimos en que quizás el corto de Mercedes fue el que más me agradó, pero era muy fácil de suponer ya que los mundos y ambientes oníricos me suelen atraer con mucha facilidad. Pero lo que más valoré, ese día fueron los coloquios, te acercan más a la obra y quizás los ves desde otra perspectiva. Puedes llegar a conocer una parte de esa pequeña historia que nace durante el rodaje y que lleva implicita, regalando pistas y detalles que tal vez no apreciarías si las visionas de otra manera.
Un Abrazo.
Hola, Clio. No siempre se puede tener a alguien tan implicado en la obra que se proyecta. Este ciclo ha permitido a Vértigo intentar contar con gente que pudiese aportar ese granito extra de información, de implicación en el proyecto. Tener además la posibilidad de contar entre el público con gente del audiovisual canario ha sido otro lujazo.Me encantó ver a todo un veterano como Damián Santana preguntándole a Mercedes Afonso sobre la forma de trabajar la luz en su corto.