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Archivos Noviembre 2009

No ganó ningún Mundial. Tampoco ningún Campeonato de Europa. Llegó a su selección, la francesa, en un mal momento, cuando Platini ya era leyenda y Zizou todavía no era Zizou. Con sus equipos tampoco brilló más allá de los campeonatos locales. Un par de ligas francesas con el OM y, sobre todo, sus 5 Premiers. Allí, en Inglaterra, encontró su sitio. Eric Cantona, un francés coronado rey en la Pérfida Albion. Si Enrique V levantara la cabeza...


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A título individual tampoco alcanzó los parabienes de quienes han pasado a la historia como números uno del mundo. Lo más cerca que estuvo del balón de oro fue en 1993, cuando se contentó con el bronce mientras el italiano Baggio y el holandés Bergkamp se repartían el oro y la plata. Buenos chicos, buenos jugadores. Pero Cantona era diferente. Era el chico malo del barrio. Era especial.



Fue un genio imperfecto, un tipo irascible, capaz de sacar lo peor de sí mismo una y otra vez, dentro y fuera del campo, en privado y en público. Mil y una veces se equivocó, mil y una veces pidió perdón, como cuando fue justamente castigado con 9 meses de sanción por dar una patada de kung fu a un aficionado que le insultaba desde la grada.


"Buscando a Eric" nos trae de vuelta al Rey Cantona. También me encantaría decir que nos trae de vuelta al director Ken Loach, pero esta película ligera no le hace recuperar el brillo de antaño. Ni muchísimo menos. Es una película menor, vaya que si lo es. Pero a quien le guste el fútbol, a quien alguna vez se levantó con chulería el cuello de la camisa y dijo "Au revoir" antes de patear un balón, le va a saber a gloria.



El fútbol no aguanta un análisis racional medianamente serio. Jamás intentaría defender su importancia ante alguien a quien no le guste. Pero la vida no se hace únicamente con trascendencia y raciocinio. Felizmente...

Dicen que las modas son cíclicas. Los pantalones de campana son un buen ejemplo. Terrorífico ejemplo. Las cosas que en un momento determinado gozan del favor del público caen con facilidad en el olvido, pero con la misma facilidad vuelven a resurgir, cual ave fénix.

Pero en el mundo del cine no es tan fácil este tipo de resurrecciones. Salvo que te toque la lotería de Tarantino y te quiera remodelar como hizo con John Travolta, David Carradine o Pam Grier, claro. En el cine se da con mucha facilidad eso de pasar de la gloria al destierro con gran facilidad.

Un comentario reciente en este blog sacó a relucir el nombre del director alemán Wim Wenders. De repente se nos encendió la bombillita. ¿Qué fue de Wim Wenders? Es este un magnífico ejemplo de este tema del que hablamos hoy. Wenders se acercó al cine desde su papel de crítico sesudo, pero también como empleado de la United Artist en Alemania, doble vertiente que en cierta forma anticipaba algunos de sus esquemas de futuro. Su fascinación por Hollywood siempre se apoyaría en una pose intelectual no siempre bien definida.

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"Alicia en las ciudades" (1974) le hace ganarse el respeto de la crítica alemana, justo antes de que "En el curso del tiempo" (1976) gane el premio de la crítica de Cannes. Empezaban sus días de vino y rosas.



A partir de ahí comienza un camino plagado de elogios, portadas de revistas, premios y mujeres, pero sobre todo fueron casi diez años en los que se le aplaudía todo. Además de brillar con "El amigo americano" (1977) o "Paris, Texas" (1984), tuvo muchas obras arriesgadas y otras fallidas, pero todo se le aplaudía. Y quizás eso ayudó a que poco a poco se sintiese bigger than life y se fuese encerrando en su propio laberinto.



Salvando el inesperado éxito de crítica y público de "Buena Vista Social Club" (1999), lleva más de 20 años sin dar una a derechas, encadenando proyectos cada vez más pretenciosos, cada vez más fallidos. Ya la crítica no le perdona ni una.


¿Regresará algún día?


Es una opción como otra cualquiera. Hay quien disfruta con el todo incluido de un hotel de la costa, hay quien se lanza al monte cual cabra montesa y hay quien no se plantea nada de eso por culpa de los ajustes económicos tan propios de estos tiempos. Pero el turismo cultural es otra opción la mar de interesante. Y en algún caso con pocos requerimientos presupuestarios. Nos atrevemos aquí con dos ejemplos, muy ligados (evidentemente) al séptimo arte.

Madrid es siempre una opción muy socorrida. El centralismo cultural de este país, su ubicación geográfica y el histórico maridaje operativo de nuestras compañías aéreas con dicha ciudad le convierten en imparable surtidor de oferta cultural, al mismo tiempo que le hace ser un destino de fácil acceso a los que viven fuera de ella. En estos días, si alguno de ustedes está de paseo por la capital o tiene pensado dirigir sus pasos hacia ella, tiene la oportunidad de disfrutar con la sugerente propuesta de la 19ª edición de la Semana de Cine Experimental de Madrid (del 20 al 27 de noviembre).


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Es éste un evento de amplia tradición y de innegable personalidad, que lleva casi dos décadas apostando por la creación más arriesgada y las propuestas más marginales de la industria. Sorprendentemente, la respuesta del público es más bien mayoritaria, algo que nos reafirma en nuestra vieja idea de que no sólo de grandes pensamientos únicos vive el hombre.

En la edición de este año, y aparte de la habitual competencia oficial, destaca la retrospectiva dedicada a uno de los directores más impactantes del cine actual, el argentino Lisandro Alonso. Una oportunidad única no sólo de disfrutar de sus cuatro películas (La Libertad, Los Muertos, Fantasma y Liverpool) sino de compartir impresiones con el mismísimo Alonso durante la presentación del libro "Lisandro Alonso: entre el cine y la filosofía". Escrito por uno de los responsables de la Semana, Luís Miguel Rodríguez, será presentado en Casa América, el miércoles 25 de noviembre a las 19:30 horas.


Sabe combinar este evento lo arriesgado con propuestas más accesibles para el espectador medio pero igualmente minoritarias, lo que le permite un sugerente trasvase entre públicos de distinta ralea. Por ejemplo, dedica un espacio al director francés de origen rumano Radu Mihaileanu, responsable de un puñado de títulos de interés como Traición (1993), Tren de la vida (1998), premio del Público a la Mejor Película extranjera en Sundance, o Vete y vive (2005), premio del Público en el Berlín.

Y si quien lee estas letritas reside fuera de Gran Canaria y se decide a realizar el viaje inverso (o si se vive por estos andurriales), en la localidad de Vecindario se desarrolla en estos días (entre el 20 y el 27 de noviembre) la quinta edición de San Rafael en Corto. Es una de esas propuestas culturales que a uno le gusta apoyar, de esas que nacen y sobreviven gracias al entusiasmos de un colectivo (en este caso, la asociación cultural canaria Gran Angular) y al apoyo de un grupo de empresas del sector público y privado.

Este proyecto cultural surgió durante las Fiestas de San Rafael 2005 para la divulgación de la creación cinematográfica de las Islas Canarias, como mecanismo de creación de un espacio de difusión de la creatividad cinematográfica canaria y en el que integrar la gran cantidad de obras que quedan fuera del circuito cinematográfico de las islas.


Uno de los principales objetivos de "San Rafael en Corto" es fomentar la creación de un circuito independiente que apoye a los directores noveles de las islas y en el que se fomente la creatividad por encima de los criterios que dicta el mercado cinematográfico. Los 89 cortometrajes canarios que componen el armazón principal de esta Muestra servirán para acercarse a ese objetivo al tiempo que proporcionarán una buena radiografía del estado del sector.

Se estrenarán además los primeros largometrajes de dos arriesgados directores canarios, algo que realza el papel de esta Muestra como escaparate de la producción local: Dispersión Mortal, de Wansy Navarro, y Tier Heim, de Esteban Calderín.

También es de destacar la presencia de invitados de renombre nacional, como la directora Chus Gutiérrez que en la apertura de la Muestra presentó Las siete alcantarillas, un segmento del documental colectivo, En el mundo, a cada rato un trabajo para UNICEF, en el marco de los conflictos olvidados. Para el cierre se espera la asistencia del director Javier Corcuera, quien presentará el documental Checkpoint rock, Canciones desde Palestina.



Estas proyecciones, así como diversas muestra paralelas, exposiciones, talleres, etc. se desarrollarán en el Teatro Municipal Víctor Jara de Vecindario y son gratuitas, algo que en los tiempos que corren es muy de agradecer.

Womad no es solo música. Esa evidencia va más allá de lo que sus siglas delatan (World of Music, Arts & Dance) y en el caso particular de Las Palmas de Gran Canaria ha incorporado el cine de forma estable a su peculiar universo mestizo.

En la edición de este año, y dentro de un amplio y diverso acuerdo de colaboración con Casa África, se realizará una retrospectiva del director senegalés Djibril Diop Mambéty, sin lugar a dudas uno de los popes del cine africano.


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Mambety nació en Senegal en 1945 y desde muy niño quiso ser actor. Esa fue la base de su formación académica y dentro de ese campo fueron sus primeros pasos profesionales, en el Teatro Nacional de Dakar. Sin embargo, en 1969, con apenas 24 años y sin ningún tipo de adiestramiento teórico o práctico, dirigió "Contras' City", un corto en el que juguetea con el contraste moral y visual existente entre el Dakar de los grandes edificios y el de los pequeños chamizos.



Su segundo y sarcástico cortometraje, "Badou boy", es premiado en el Festival de Cartago, dándole el impulso necesario para que en 1973 se atreva con un largometraje, "Touki Bouki" por el que recibe, entre otros galardones, el Premio de la Crítica en Cannes. Hizo esta película con los 30.000 dólares recibidos como subvención del gobierno senegalés y con toda la carga teórica que la Nouvelle Vague había sido capaz de hacer llegar a África. Considerada por muchos críticos como su obra maestra, tiene en su nervioso montaje y en una omnipresente banda sonora sus armas de mayor calibre.



Ese galardón, que en el caso de cualquier otro director hubiera significado el inicio de una carrera prolífica y llena de grandes presupuestos, solamente sirvió para rodar una única obra en los siguientes veinte años, "Parlons Grandmère", un cortometraje documental lleno de ironía y que podría definirse como el making off de "Yaaba", el segundo largometraje de otro de los grandes del cine africano, Idrissa Ouédraogo.

Este corto fue el preludio de su segundo y último largometraje, "Hyènes", presentado en Cannes. Concebido como una continuación de "Touki Bouki", Mambety realizó aquí una muy personal adaptación de "La visita de la vieja dama", la obra de Friedrich Dürrenmatt, llevando sus iniciales referencias a la venganza y al amor a su terreno, e impregnándolo todo de una nada oculta crítica al neocolonialismo.



Poco tiempo después comenzó a trabajar en una trilogía de cortometrajes que bajo el lema de "Contes des Petites Gens" pensaba reflejar las vivencias del senegalés corriente. El primero de ellos se estrenó en 1994 ("Le Franc"), donde un acertado uso del slapstick servía de catalizador para disertar sobre la avaricia como mecanismo de supervivencia. Desgraciadamente, y mientras trabaja en el montaje del segundo de esos cortos ("La Petite Vendeuse de Soleil"), muere de cáncer de pulmón en Paris a la edad de cincuenta y tres años sin poder recoger el aluvión de premios recibidos por este corto, rebosante de un optimismo que consiguen insuflar humanidad en la dureza diaria a la que se enfrentan sus personajes.


Estamos pues de enhorabuena al poder visionar casi toda la obra de este interesante exponente de un cine paradójicamente demasiado lejano. El planning de proyecciones, a celebrar en el Museo Elder de Las Palmas de Gran Canaria, es el siguiente:


Jueves, 12 de noviembre
18:20 h. Le Franc.
19:15 h. La Petite Vendeuse de Soleil.

Viernes, 13 de noviembre
18:05 h. Parlons Grand-mère.
18:50 h. Hyènes.

Sábado, 14 de noviembre
17:05 h. Badou Boy.
18.20 h. Touki Bouki


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El pasado martes 3, en los Multicines Monopol de la capital grancanaria, y ayer jueves, en los Multicines Renoir Price de Santa Cruz de Tenerife, daba comienzo el ciclo "Focus Sudeste Asiático" con el que Filmoteca Canaria nos acerca a uno de los grandes territorios inexplorados de la cartelera cinematográfica, y que paradójicamente se ha venido consolidando como uno de los crisoles más destacados del cine actual. Abrió el fuego la película indonesia de 2008 "Blind Pig Who Wants to Fly" (o "Cerdo ciego que quiere volar", pues sigo sin entender la inveterada costumbre de titular el cine asiático en inglés, como ocurría recientemente con la última película de Hirokazu Kore-eda, "Still Walking", de la que hablábamos no hace mucho,en lugar de respetar el título original, en este caso "Babi buta yang ingin terbang", o simplemente traducirlo al español, con el consiguiente despiste del espectador no políglota).


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En semanas sucesivas podremos asistir al pase de títulos llegados de cinematografías prácticamente desconocidas por el gran público (si obviamos a la audiencia festivalera, puesto que el Festival Internacional de Cine de LPGC suele prestar especial atención al pujante cine asiático), en una variopinta oferta que incluye títulos como "Service" del filipino Brillante Mendoza, brillante (si me permiten el fácil juego de palabras) pionero de la penetración del cine de su país en Occidente, que en fechas recientes obtuviera en el Festival de Cannes el galardón al mejor director por "Kinatay" (y al que tuvimos ocasión de conocer el pasado año con motivo de su visita a la isla), "The Rainbow Troops" ("Laskar pelangi" o "Las tropas del arco iris"), que estuviera nominada en la categoría de Mejor película en los Premios del Cine Asiático, al igual que otra de las cintas programadas, el musical "Opera Jawa".


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En resumidas cuentas, una estupenda oportunidad de descubrir, o reencontrarse con, un cine repleto de sugerencias, afortunadamente alejado de los estereotipos, tipismos y folklorismos que suelen lastrar nuestra apreciación del cine asiático (o africano, sin irnos más lejos); aquello que el crítico Antonio Weinrichter definía atinadamente como "efecto kimono", según el cual el espectador occidental puede ver alterado el rigor de su juicio a causa de la atracción no cinematográfica que tienen unas imágenes rodadas siguiendo patrones culturales de los que, por lo general, poco o nada conoce, pudiendo llegar a conclusiones equivocadas (muy en la línea del "orientalismo" denunciado por Edward Said, que se concreta en una constelación de falsos prejuicios en el fondo de las actitudes occidentales con respecto a Oriente).


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El pasado lunes daba comienzo en el Centro de Iniciativas de la Caja de Canarias (CICCA) el ciclo que la Asociación de Cine Vértigo dedica al influyente, y lamentablemente desconocido por el gran público, director húngaro Béla Tarr. A lo largo de mes de noviembre, repasaremos su filmografía a través de cuatro títulos que resumen fielmente su trayectoria como realizador, desde sus comienzos en el docudrama con vocación contestataria hasta su apertura al cine internacional a raíz de su creciente valoración en el circuito festivalero, donde su nombre va asociado con una cierta renovación ética y estética del cine llegado del Este.


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Bajo el epígrafe "Béla Tarr: Un mundo sin armonía", comenzaban las proyecciones con "Nido familiar", asfixiante crónica del quehacer cotidiano de una familia de clase media húngara enfrentada al hacinamiento y el autoritarismo del pater familias, donde la visión del hogar como trasunto del propio estado opresor resulta especialmente sorprendente si tenemos en cuenta las condiciones de trabajo dentro de un régimen totalitario o la edad del director, apenas 22 años cuando rodó esta audaz y pertinente ópera prima, con ecos de Cassavetes y el primer Loach (como la sofocante "Family Life"), que le abriría las puertas del profesionalismo. Durante algunos años su cine se enmarcó dentro de la llamada "ficción documental" hasta que, en un giro copernicano de su cine, emprende una reinvención de su personalidad fílmica que le acabará convirtiendo en radical apologeta del plano secuencia, la planificación férrea y la simplificación extrema, rayana en la abstracción, de las tramas. "La condena" (Kárhozat, 1987) supuso su primer paso en esa dirección, y es el título que podremos ver esta misma noche en el CICCA.


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Basada en un cuento del escritor László Krasznahorkai (autor también del material de base de las posteriores "Armonías de Werckmeister" y "Sátántangó"), "La condena" nos hace partícipes de la solitaria y desesperada vida de Karrer en un entorno triste y plúmbeo, sólo aliviado por la presencia de la bella (y lamentablemente casada) cantante del bar Titanik. En semanas sucesivas podremos ver también "Armonías de Weckmeister" y "Un hombre de Londres", como siempre los lunes a las 19:30, con entrada gratuita y en versión original subtitulada. Para un análisis más detallado de los títulos que integran este fascinante ciclo, les recomiendo encarecidamente que visiten el blog de nuestro compañero vertiginoso (y, a pesar de ello, también amigo) Jesús Gª Hermosa.


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