El miércoles 25 de enero, a partir de las 20.30 horas, el CICCA acoge la segunda edición de Visionaria, una muestra de cortometrajes que cada año sirve para conciliar reflexión y cinematografía. Se trata de un concurso abierto a la ciudadanía, a través del cual ésta puede expresar su visión de Las Palmas de Gran Canaria. En esta ocasión, los diez participantes resumen en un minuto o minuto y medio cómo ven la relación de Las Palmas de Gran Canaria con la cultura.
El jurado encargado de otorgar los premios está compuesto por Diego Grimaldi (cofundador del Aula de Cine de la ULPGC y subdirector de la misma), Natalia Medina (bailarina, coreógrafa y directora de MASDANZA, Festival Internacional de Danza Contemporánea de Canarias) y Sergio Miró (director del magazine "Canarias en la Onda" de Onda Cero Las Palmas, y batería de bandas como The Good Company, The Birkins o Señor Natilla). Como novedad en la edición de este año, se entregará un Premio del público, concedido tras votación directa de los asistentes.
"Visionaria, conceptos de ciudad" está organizado por la Asociación de cine Vértigo y proa2020. Forma parte de una iniciativa incluida en "Las Palmas de Gran Canaria, respira cultura", una de las cuatro dimensiones sobre las que se asienta el Plan Estratégico de Las Palmas de Gran Canaria.
El Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, ha contado casi siempre con dos fieles escuderos en cada proyecto acometido. Kathleen Kennedy y Frank Marshall han participado como productores en una gran parte de las obras dirigidas o producidas por Spielberg. En ocasiones se han involucrado en proyectos más personales (Kennedy produjo "La escafandra y la mariposa" o "Persépolis") o han acabado dirigiendo sus propias películas (Marshall dirigió "Viven" o "Aracnofobia")
Esa última película, rodada en 1990, ilustraba las peripecias del joven médico de una pequeña y tranquila ciudad americana, acosada por una legión de arácnidos recién llegados desde el corazón del Amazonas. La película no era especialmente brillante, pero cuando aparecían aquellas olas de arañas, era inevitable sentir que algo te estaba caminando por la espalda. Aquella marea de pequeñas arañas era realmente inofensiva, no así la tarántula gigante que aparecía después, una especie que se alimenta de pequeñas aves y que tiene una mordedura letal. Aquel joven médico con aracnofobia estaba encarnado por el actor Jeff Daniels, nacido en Athens (Georgia) en 1955, el mismo año en que un compatriota suyo, el director Jack Arnold, estrenó una de las más recordadas películas sobre arañas gigantes: "Tarántula".
En 1954, la Warner Bros. había estrenado "Them!", considerada como una de las primeras películas de monstruos nucleares y la primera dentro del subgénero de las "Big bug films". El éxito de aquella obra invitó a la Universal a subirse al mismo carro, encargando a Jack Arnold la realización de una película no sobre hormigas, sino sobre algo más peligroso: una tarántula. El departamento de efectos especiales del estudio optó por una araña de verdad para los planos generales, reservando los prototipos articulados para los primeros planos. La araña se movía en la dirección deseada porque un técnico, hábilmente situado cerca del arácnido pero fuera de plano, soplaba por un pequeño tubito, haciendo que la araña se moviese a su gusto. A diferencia de otras películas de ciencia ficción de aquellos años al amparo del miedo nuclear, aquí lo que genera al monstruo no son malvados genios locos ni bombas devastadoras, sino las supuestas (y discutibles) buenas intenciones de científicos benefactores.
Su historia es sencilla: Un científico es acusado del crimen de dos compañeros, pero pronto se descubre que la responsable de esas terribles muertes es una tarántula gigante, producto de un fallido experimento encaminado a acelerar el crecimiento de los animales. El monstruo escapa del laboratorio y comienza a sembrar el pánico...
"Tarántula" se proyecta en el CICCA, el lunes 23 de enero a partir de las 19:30 horas, como cierre del ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado al director Jack Arnold.
Richard Sherman (Tom Ewell), tiene la tentación en el piso de arriba, en forma de una exuberante modelo a la que encarna una espectacular Marilyn Monroe. Son los protagonistas de "La tentación vive arriba", una estupenda comedia dirigida por Billy Wilder en 1955 y que ha pasado a la historia del cine, entre otros méritos, por una escena especialmente sugerente en la que ambos participan:
Esa película que acababan de ver Ewell y Monroe llevó en España el título de "La mujer y el monstruo". Dirigida por Jack Arnold en 1954, es considerada hoy en día una pieza de culto indiscutible entre los amantes del fantástico. Cuenta la historia de una expedición científica que se dirige hacia lo más profundo del Amazonas, buscando nuevas especies animales. Mientras una de las integrantes del grupo se baña, un monstruo submarino queda fascinado por su belleza y la rapta, llevándola a su gruta. El resto de la expedición sale en su búsqueda, con la idea de liberar a la bella y atrapar al monstruo...
Esta película tiene su origen en William Alland, actor ocasional y compañero de fatigas de Arnold (al que le produjo siete películas entre 1953 y 1964). Alland se sintió fascinado por una historia que le contó el fotógrafo Gabriel Figueroa en 1941, durante el rodaje de "Ciudadano Kane" (donde Alland encarnaba al periodista Jerry Thomson). Le habló de unos extraños seres, mitad humanos mitad peces, que vivían en las profundidades del Amazonas. Fascinado por el relato, Alland escribió una pequeña historia a la que tituló "The Sea Monster", y en la que pasaba aquella fábula por el tamiz de" La Bella y La Bestia". Coincidiendo con el éxito de otra producción en 3 -D de la Universal, "House of Wax", (1953), Alland rescató aquella historia y le propuso a Arnold que se encargase de dirigirla.
Considerada como un icono de la década de los cincuenta, sus aciertos y sus defectos están en perfecto equilibrio. Es intocable para una gran cantidad de aficionados al cine, y se cuenta que el mismísimo Ingmar Bergman se regalaba en cada cumpleaños un nuevo visionado de esta delicada fantasía que se proyecta en el CICCA el lunes 16 de enero a partir de las 19.30 horas dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica a Jack Arnold. Este ciclo finalizará el 23 de enero con la proyección de "Tarántula", (EE UU, 1955. 80').
Mary Perkins nació en el corazón de Inglaterra, en el año 1615. Con apenas dieciséis años su familia embarcó hacia el Nuevo Mundo, esperando encontrar allí algo de la fortuna que hasta ese momento no habían siquiera rozado. Se instalaron en un pueblecito de Massachusetts, y fueron prosperando poco a poco. Mary se casó con un hombre de bien, el capitán Thomas Bradbury, de quien tomó el apellido, y siendo ya una venerable anciana de 72 años, se vio envuelta a su pesar en uno de los momentos cumbre en la historia de la intolerancia: los juicios por brujería de Salem.
Mary fue condenada, como tantas otras mujeres, a partir de testimonios infundados, derivados a veces de rencillas personales, o empujados otras por predicadores sedientos de sangre y notoriedad. Le esperaba la muerte en forma de orca, pero su ejecución se dilató lo suficiente como para que pasara la fiebre inquisidora. Su final le llegó unos años después, a la edad de ochenta y cinco años, mientras dormía plácidamente. Su familia cargó con su historia, primero con vergüenza y después con cierto orgullo reivindicativo. El destino, el caprichoso destino, quiso que uno de sus descendientes directos, Ray Bradbury, fuese mundialmente conocido siglos después por escribir historias de terror, ciencia ficción o misterio, un material por el que hubiera ardido en la hoguera en tiempos de la abuela Mary...
Bradbury devoraba de pequeño las estanterías de las bibliotecas que se ponían en su camino. Le encantaban Poe, Wells, Verne y Burroughs. Cuando en 1938 su miopía le impidió entrar en el ejército, comenzó a publicar pequeñas historias de ciencia ficción en varios fanzines y revistas pulp. Su carrera como escritor se iniciaba, escalando posiciones a medida que publicaba obras cada vez más aclamadas: Dark Carnival (1947), The Martian Chronicles (1950), The Illustrated Man (1951), Fahrenheit 451 (1951), etc.
Es en los 50 cuando la televisión y el cine se fijan en él. El primer gran estudio que llamó a su puerta fue la Universal, quien le pide "una historia sobre una hipotética invasión alienígena". Haciendo uso de una gran habilidad, Bradbury ofreció dos versiones, una que se acercaba a los gustos del momento (aliens malvados en los que encarnar los miedos colectivos e histéricos de entonces) y otra más de su gusto personal, en la que los invasores no eran esencialmente dañinos. La sorprendente decisión del estudio de apostar por la segunda opción posibilitó que Bradbury continuase apoyando el proyecto a pesar de que quien firmara el guion con el título de "Vinieron del espacio" fuera Harry Essex, uno de tantos guionistas a sueldo de la Universal.
Promocionada en su momento como la "primera película de la Universal en 3-D", alcanzó muy pronto el estatus de "obra de culto", elevando a su director, Jack Arnold, al Olimpo de los amantes de la ciencia ficción, un género que en esa década de los cincuenta alcanzó quizás unos de sus momentos de mayor gloria. Cuenta la historia de un astrónomo aficionado, testigo inesperado del aterrizaje forzoso de una nave espacial de la que emerge una misteriosa criatura, que poco después desaparece en la oscuridad...
Esta pequeña joya de las Series B se proyecta en el CICCA el lunes 9 de enero en el inicio de un ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al director Jack Arnold. El resto de películas de este ciclo son:
- 16 de enero: La mujer y el monstruo, (EE UU, 1954. 79')
- 23 de enero: Tarántula, (EE UU, 1955. 80')
El Festival de Cannes 2011 se acercaba a su final. El descomunal Grand Théâtre Lumière acogía a una legión de soñolientos periodistas, muchos de ellos con las heridas de guerra que deja la peligrosa noche cannoise si te pilla desprevenido. Por la sección oficial del Festival habían pasado un buen número de apellidos ilustres (Moretti, Dardenne, Malick, Kaurismaki, Cavalier, Kawase, Von Trier, Almodovar, Miike, Ceylan, etc.), y muchos títulos teñidos de esa solemnidad autoral que muchos reclaman de una competencia de este tipo.
Quien esto escribe tiene algunas manías cuando puede asistir a un Festival. Una de ellas es leer lo menos posible sobre las películas de sección oficial antes de verlas. Podría decir que me gusta disfrutar de ese pequeño momento de sorpresa que puede generar lo inesperado. Es evidente que si se trata de una película de, por ejemplo, los Dardenne, te puedes hacer una idea de lo que te espera, claro. Pero a veces funciona esta táctica. Cuando arrancó la proyección de "Drive", no tenía ni idea de lo que iba a ver. Debo reconocer que desconocía (y desconozco) la obra anterior de su director, el danés Nicolas Winding Refn, por lo que las ideas preconcebidas eran totalmente nulas. Los primeros minutos me dejaron desconcertado. "¿Qué hace esta película aquí"? Parecía una película de acción trivial, una de tantas, sin apenas indicios de ser eso que a veces llamamos pomposamente "cine de autor". Pero la extrañeza duró no más de cinco minutos, los mismos que el protagonista de esta historia concede a sus clientes. En ese momento comenzó una sesión intravenosa de cine autentico, intenso, violento, profundo y cargado de un halo de romanticismo fatalista que lo envuelve todo. Al encenderse las luces, ya no quedaban rastros de las ojeras. Se habían esfumado a golpe de aplausos.
Una espléndida fotografía, una acertada dirección artística y un sobrio reparto ayudan a definir un look ochentero realmente conseguido, pero el peso de esta obra fascinante recae en una especie de ángel caído, tan pleno de belleza como de dolor, encarnado por Ryan Gosling. Su chaqueta de cuero salpicada de sangre pasa desde estos momentos a la misma sala del Olimpo en la que están el chándal amarillo de "La Novia" o el chaleco de Han Solo.
Gosling va a ser uno de los nombres de este recién estrenado 2012. Aquí encarna a un conductor sin nombre, que combina su trabajo en un taller de reparación con esporádicos trabajos como especialista en películas de acción. Pero donde de verdad alcanza su plenitud es como mercenario a sueldo, vendiendo sus habilidades al volante en arriesgadas aventuras criminales.
"Me dices dónde te recojo, dónde te dejo y hacia dónde te llevo después. Tienes cinco minutos desde que sales del coche. Pase lo que pase, soy tuyo durante esos cinco minutos. A partir de ahí, me da igual lo que te pase. No voy a esperarte aunque te vea venir corriendo. Y no esperes que lleve un arma. Yo conduzco."
Hervir un huevo parece algo sencillo, pero esconde un mundo complejo detrás. Cuidado con confundir un huevo pasado por agua con un huevo duro. Cada maestrillo tiene su librillo, pero el que yo he consultado me dice que un huevo duro hierve unos doce minutos, pero un huevo pasado por agua no debe superar los cuatro minutos de cocción. Hay teóricos que sugieren el apoyo de la religión para definir el tiempo de cocción perfecta: seis credos para un huevo duro y un padre nuestro para uno cocido. ¡Qué hambre me está entrando!
En cualquier caso, en menos de lo que se cuece un huevo, el grancanario David Pantelaleón fue capaz de plasmar en imágenes su particular concepto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria desde dos puntos de vista muy diferentes. El resultado, de apenas 90 segundos de duración e inspirado a partes iguales por Woody Allen y Godzilla, se tituló "Ciudad XXI", y fue la vencedora de la Primera Muestra "Visionaria, conceptos de ciudad", organizada por proa2020 y la Asociación de cine Vértigo a principios de 2011. El huevo y la gallina. O, en este caso, el pollito.
Quienes quieran seguir los pasos de Pantaleón, tienen la oportunidad de participar en la segunda edición de esa Muestra. En esta ocasión, los participantes deben resumir en un minuto o minuto y medio cómo ven la relación de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria con la cultura. Con esta Muestra-Concurso se pretende abrir la posibilidad a las realizadoras y realizadores canarios, tanto amateurs como profesionales, y a la ciudadanía en general, de demostrar su creatividad y amor por Las Palmas de Gran Canaria, a través del cine. Al igual que en la convocatoria anterior, los participantes deben ser mayores de 18 años y acogerse a la temática específica antes citada, pudiendo optar por una aproximación abstracta, minimalista, global o lineal sobre. El cartel de esta edición, obra de MAT Publicidad, toma como punto de partida una fotografía de Teresa Correa y, de alguna forma, anticipa una de las múltiples vías de aproximación posibles a lo que pretende Visionaria.
Los concursantes tienen tiempo para inscribirse hasta el 15 de enero, entregando por correo certificado, por mensajero o en mano, en las oficinas de proa2020 ubicadas en la calle Rafael Cabrera, 1, 2 planta, oficina 4, de la capital grancanaria, la ficha de inscripción y el cortometraje en formato, preferiblemente, DVD. De entre todos los cortometrajes presentados, un jurado formado por tres personas de reconocido prestigio en el ámbito de la cultura, elegirán los trabajos galardonados con el premio al Mejor cortometraje y al Segundo mejor cortometraje dotados con un premio de 1.000 € y 500 €, respectivamente; el Premio del Público, que será para el cortometraje elegido por votación directa del público asistente el día de la proyección, y el Premio del Jurado, consistirán en una placa. Para más información puede visitar la web www.proa2020.org, en la pestaña ubicada en la página de inicio 'Visionaria, conceptos de ciudad'.
Después del éxito de "La Pantera Rosa", Blake Edwards quiso apostar de nuevo por Peter Sellers, pero ya como estrella absoluta de la función. El título elegido no dejaba lugar a la duda, "El nuevo caso del Inspector Clouseau" (1964), pero el resultado final no fue especialmente grato. Director y actor siguieron colisionando durante el rodaje, ahora con más fuerza que en su primer trabajo juntos, declarando públicamente tras el estreno de la película que nunca más trabajarían juntos.
Edwards se embarcó a continuación en una comedia de tintes faraónicos, "La carrera del siglo", protagonizada por Jack Lemmon, Tony Curtis, Natalie Wood, y Peter Falk. Costó doce millones de dólares y no fue bien recibida por la crítica, teniendo el dudoso honor de ser considerada como el primer gran fracaso de Blake Edwards. Una comedia antibelicista ("¿Qué hiciste en la guerra, papi?", 1966) y la adaptación de su propia serie de televisión ("Gunn" - 1967) no llegaron a permitir que Edwards recuperase todo el crédito perdido. Simultáneamente, Sellers fue encadenando trabajos con algunos directores de renombre como Clive Donner ("¿Qué tal, Pussycat?", 1965), Vittorio de Sica ("Tras la pista del zorro", 1966) o John Huston ("Casino Royale", 1967), pero sin ganar el mismo prestigio que alcanzó con Edwards. Parecían condenados a tragar sapos y aprovechar el torrente de talento del otro en beneficio de sus carreras. Y así fue.
Decidieron que tenían que escaparse del personaje de Clouseau. Sin perder el mismo sentido del humor de "La pantera rosa", decidieron amplificarlo en una nueva película titulada "El guateque". Se minimizaron los diálogos en beneficio de la arrolladora gestualidad de Sellers y de un toque a medio camino entre Tati y el absurdo, realmente sorprendente para una producción del Hollywood de aquellos años. El guion con el que se empezó el rodaje tenía apenas 63 páginas (el más corto rodado por Edwards, según sus propias palabras) y fue más bien el punto de partida para unas innumerables sesiones de improvisación encabezadas por Sellers. Éste interpreta a Hrundi V. Bakshi, un peculiar actor hindú que trabaja como extra en Hollywood. Durante un rodaje, su torpeza innata provoca la destrucción del decorado y su despido. No obstante, recibe por error una invitación a una fiesta que da el productor de la película. Allí, el caos que rodea a Hrundi surge en forma de una invasión de espuma, un elefante bebé, un camarero alcohólico, un pollo volador, una troupe de músicos rusos y un lorito.
Fue la única colaboración entre Edwards y Sellers fuera del universo de Clouseau. Relegada durante muchos años, hoy es una obra de culto, al igual que el trabajo de Mancini para esta película, poco valorado en su momento. El compositor llegó a decir que "eso me pasa por escribir buena música para una comedia. La gente se ríe y no atiende a la música." Se proyecta en el CICCA el 19 de diciembre 2011 a partir de las 19:30 horas, como cierre del ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado a este maravilloso tándem.
Dicen que la mitad más uno de los argentinos son hinchas de Boca. Muchos pensarán que esto es una exageración, pero no seré yo quien lo ponga en duda. ¡Un respeto para los actuales campeones! Este histórico equipo de fútbol fue fundado en el pintoresco barrio de La Boca en abril de 1905. Desde su nacimiento, las tardes de domingo tienen sabor a balón y césped en el barrio. Hoy juegan en el mítico y viejo estadio de "La Bombonera", pero han jugado en diversos estadios anteriormente, casi siempre dentro de La Boca. Después de regresar de una gira triunfal por Europa, Boca Juniors era ya un referente en todo el país. Se hacía necesario un nuevo estadio para atender tanta expectación y así, en julio de 1924, el Presidente de la República Argentina, Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, procedió a inaugurar el nuevo estadio del Club Atlético Boca Juniors.
Alvear fue presidente argentino durante seis años, y se le recuerda por su decidida voluntad de conseguir una sociedad armoniosa y sin conflictos, al mismo tiempo que convirtió a la economía argentina en un referente mundial al alcanzar el 6º puesto en lo que a P.I.B se refiere. Pero también se le recuerda por cierto afán exhibicionista, sobre todo en lo que a inauguraciones se refiere. En ningún otro periodo se hicieron tantos monumentos, ni tantos nuevos edificios públicos. Uno de ellos fue la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), fundada el mismo año que el estadio de Boca, en 1924, aunque fue oficialmente inaugurado el 12 de octubre de 1928. Se trataba de un edificio destinado a la formación de suboficiales de esa institución en mecánica e ingeniería de navegación.
Durante décadas, su regia fachada saludaba a los bonaerenses a su paso por lo que hoy se conoce como Avenida del Libertador. Pero desde el 24 de marzo de 1976, aquella majestuosidad se convirtió en una tenebrosa presencia. El ejército argentino no podía dejar pasar la ola reaccionaria que había acabado con todas las democracias colindantes, y tomó el poder de forma fiera y despiadada. Desde aquel mismo día, la ESMA se convirtió en un centro clandestino de detención, pero no en uno cualquiera, ya que terminó por convertirse en el más grande y activo de todos los centros de detención del régimen.
La reconstrucción de los trágicos acontecimientos ocurridos dentro de la Escuela tras el golpe militar de 1976, es el eje de un documental titulado "ESMA. Memorias de la Resistencia", que se estrena en España el jueves 15 de diciembre en la Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, a partir de las 20.30 horas y con entrada gratuita. La Asociación Ex-Detenidos Desaparecidos y el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, presentan un trabajo que se sostiene en los relatos de quienes estuvieron allí en cautiverio y lograron sobrevivir. Esta proyección forma parte de la programación de "Colón Cinema", coorganizada por la Asociación de cine Vértigo.
A veces un camino se tuerce para mejor. Los capitostes de la United Artist estaban dándole vueltas a "La pantera rosa", un proyecto con el que rentabilizar a David Niven, en la cresta de la ola gracias al Oscar alcanzado en 1958 por "Mesas separadas". Niven estaba disfrutando de una segunda juventud en lo que a popularidad se refiere, y era ideal para encabezar el cartel de cualquier producción de los grandes estudios. Idearon una comedia sofisticada protagonizada por un glamuroso y elegante ladrón de joyas, el cual, por supuesto, encarnaría Niven. A su lado, la belleza animal de Ava Gardner, con quien acababa de trabajar en la taquillera "55 días en Pekín", y un secundario de lujo y amigo de Niven, el camaleónico Peter Ustinov, quien estaba todavía sacando brillo al Oscar recibido por "Espartaco" (1960), y que daría vida al policía que sigue los pasos del ladrón.
Al mando del proyecto, Blake Edwards, bien arropado tras sus éxitos de taquilla anteriores. Todo parecía estar en su sitio. Sin embargo, la Gardner se puso en plan "estrellita" y mandó un interminable listado de caprichos asociado a su contrato que acabaron con la paciencia del estudio, y Ustinov abandonó el proyecto un par de días antes de iniciarse el rodaje, de forma muy poco delicada. Para el papel femenino se apostó por la no menos bella actriz y modelo francesa Capucine. Pero para sustituir a Ustinov, Edwards tuvo muy poco tiempo. Estaban a viernes y empezaban a rodar el lunes siguiente. Casi sin tiempo a pensárselo mucho, se decidió por un actor británico con fama de difícil, pero bastante efectivo: Peter Sellers.
Sellers y Edwards se convirtieron en una pareja singular durante este rodaje y durante el resto de sus vidas. Ambos tenían un sentido del humor muy peculiar y a la hora de rodar se retaban constantemente a hacer nuevas tomas, improvisaciones, cambios de guión, etc. Niven, acostumbrado a rodajes más envarados, se sintió desde el principio muy lejos de aquella pareja de locos que estiraban una y otra vez cada toma, repitiéndola cada vez de forma totalmente distinta a la anterior. Entre risas y tremendas discusiones, Edwards se fue dando cuenta del enorme potencial que le brindaba Sellers, un actor que sabía cómo impregnar su interpretación con la esencia de algo que Edwards amaba con locura, el humor del cine mudo americano.
Edwards fue dándole cuerda a Sellers poco a poco, permitiéndole que "robara" planos a la estrella principal (Niven) con total descaro, y convirtiendo a su Inspector Clouseau, personaje inicialmente secundario, en el alma de "La pantera rosa" y, posteriormente, en el protagonista de las siete secuelas de esta comedia de altos vuelos. Además, los créditos iniciales de esta película presentaron una fantasía animada obra de DePatie-Freleng Enterprises, y en la que el animador Hawley Pratt creó un personaje inspirado físicamente en el Clouseau de Peter Sellers e inventó a una verdadera pantera rosa como alter ego del irascible y torpe inspector francés. Esos dos personajes alcanzaron tanta popularidad que se les dio su propia serie de televisión, "The Pink Panther Show", en la que la música creada para Mancini para la película se convirtió en una de esas tonadas que forman parte de la banda sonora de nuestras vidas.
"La pantera rosa", se proyecta en el CICCA, el lunes 12 de diciembre a partir de las 19.30 horas y con entrada gratuita (previa retirada de invitación en el propio CICCA), dentro de un ciclo de cine que la Asociación de cine Vértigo le dedica al director Blake Edwards y al músico Henry Mancini.
La última proyección de este ciclo será la siguiente:
19 de diciembre: El guateque, de Blake Edwards (EEUU, 1968. 99')
Henry Mancini nació en 1924 en Cleveland. Su padre, obrero metalúrgico, inculcó el amor por la música en el pequeño Henry, compartiendo su pasión en una pequeña orquesta llamada "Sons of Italy", donde tocaban la flauta. Admitido en la Juilliard School of Music de Nueva York, sólo estuvo allí un año, al ser llamado a combatir en la Segunda Guerra Mundial. De vuelta a casa entró en la industria de la música, trabajando en varias orquestas y desarrollando gradualmente sus habilidades como pianista, compositor y director.
En 1952 entró en el cine gracias a un contrato como compositor de apoyo en la Universal. Aunque no apareció en los créditos, su primer trabajo fue para Douglas Sirk, "¿Has visto a mi chica?" (1952). Su nombre se pudo ver por primera vez en la pantalla como escritor de una de las canciones de "El caballero del Missisipi" (Rudolph Maté, 1953). Admirado por la introducción del jazz en sus composiciones, Mancini fue requerido por Stanley Donen ("Charada"), Howard Hawks ("Hatari!") o Vittorio de Sica ("Los girasoles"), pero será recordado por su vinculación con Blake Edwards, a quien conoció en 1957, cuando compuso la banda sonora del tercer largometraje dirigido por éste, "El temible Mr. Cory".
Nacido en 1922 en Tulsa, el suegro de Edwards había sido productor y su padre director de cine mudo. Esos contactos le permitieron iniciar su carrera como actor en 1942, con un pequeño papel sin acreditar a las órdenes de Henry Hataway en "Diez héroes de West Point". Trabajó para Otto Preminger, John Ford o William Wyler, pero su actitud irreverente le generó mala fama. En 1948 produce y escribe el guión de un western en el que se reserva un papel secundario, "Imperio del crimen". Poco después, en 1953, firma su primer trabajo como director en uno de los capítulos de la serie de televisión "Four stars Playhouse". Su debut como director de largometrajes se produce en 1955 con la comedia musical "Venga tu sonrisa".
Hasta su muerte en 2010, Edwards se granjeó fama de ser un gran profesional. Según su propio credo, "... alguien que quiere expresarse artísticamente dentro de esta industria tiene que cumplir lo que promete, no perder su integridad y esperar que al final del camino sigan a su lado un par de buenos amigos que le entiendan." Señalado como un "mero director de comedias", supo demostrar su valía en el drama. Nunca ganó un Oscar como director, ni fue candidato en esa categoría. Lo más cerca que estuvo de ser premiado fue en 1983, nominado como guionista de "¿Víctor o Victoria?". En 2004, en una demostración de remordimiento de conciencia de la Academia, recibió un Oscar honorífico por su trayectoria.
Su gran amigo Mancini sí fue premiado, pero se llevó más palos que alegrías. Alcanzó diez nominaciones en la categoría de mejor canción, ganando dos ("Días de vino y rosas" y "Desayuno con diamantes"). En la de mejor compositor tuvo seis nominaciones y dos triunfos, "Desayuno con diamantes" y "¿Víctor o Victoria?". Mancini falleció en 1994, el mismo año en que Edwards inició su último trabajo como director, una versión televisiva de "¿Víctor o Victoria?". Ambos trabajaron juntos en treinta largometrajes, tres telefilmes y dos series televisión, sin duda una de las colaboraciones más largas y provechosas del cine americano.
La Asociación de cine Vértigo dedica sus proyecciones del mes de diciembre de 2011 a tres de las películas en la que coincidieron los talentos de Blake Edwards y Henri Mancini. La primera de ellas se proyectará el lunes 5 de diciembre, a partir de las 19.30 horas y con entrada gratuita. Su título, "Desayuno con diamantes" (1961), sin lugar a dudas una de las piezas fundamentales sobre las que se ha construido el mito del cine americano. Cuenta la historia de un joven escritor, mantenido por una mujer mucho mayor que él, que se muda a un edificio de apartamentos. Allí conocerá a una peculiar vecina, la joven y bella Holly, una aspirante a actriz que va sin rumbo por la vida, siempre disconforme y un tanto alocada, y que solo es feliz visitando la tienda de diamantes Tyffany's.
La mística de esta gran película se construye sobre una increíble suma de casualidades. Truman Capote vendió los derechos de su novela "Breakfast at Tiffany's" e insistió en que la protagonista fuese Marilyn Monroe. Sin embargo Lee Strasberg convenció a Marilyn para rechazar el papel, alegando que interpretar a una puta sería malo para su carrera. Cosas de la vida, hoy nadie se imagina a otra Holly que no sea Audrey Hepburn.
La decisión de asignar a Edwards como director sorprendió a muchos, ya que no tenía detrás una carrera especialmente brillante. Pero su trabajo en la dirección hizo callar muchas bocas, colocándole como figura de culto entre la crítica. Su complicidad con Mancini dejó para la historia el tema "Moon river", a pesar de que los ejecutivos del estudio estuvieron a punto de eliminar esa canción. Felizmente, Audrey Hepburn se puso del lado de Edwards y Mancini: "¿Quitar esa canción? ¡Sobre mi cadáver!"
El resto de proyecciones de este ciclo serán:
12 de noviembre: La pantera rosa, de Blake Edwards (EEUU, 1963. 115')
19 de noviembre: El guateque, de Blake Edwards (EEUU, 1968. 99')
Comentarios recientes