Todavía está en cartel la última de Clint Eastwood, "Invictus". Esta película menor dentro de la filmografía de este veterano actor y director nace entre otras cosas de la fascinación que provocó en Clint la actitud de Mandela tras sus casi tres décadas de cárcel. La venganza, el derecho casi innato a la venganza, está muy presente en su cine, respondiendo de alguna manera a unos valores muy cercanos a lo "intrínsecamente americano".
Después de tantos años encerrado, a Clint quizás le hubiera resultado algo natural que Mandela encabezase una especie de revolución negra, pasando a cuchillo a la minoría blanca reinante en Sudáfrica. Pero precisamente esa negación de la venganza y, por el contrario, su subversiva propuesta de reconciliación es lo que le enganchó. Bueno, esto y la sutil "presión" de su colega y sin embargo amigo Morgan Freeman, quien vio en el personaje de Mandela una gran oportunidad de lucimiento profesional y humano.
La venganza está también muy presente en la película surcoreana "Oldboy", que se proyecta el lunes 8 de febrero en CICCA a partir de las 19.30 horas. Y no sólo la venganza, sino el derecho a la venganza. ¿Qué opinaría Clint de esta estupenda película? Un hombre es secuestrado sin motivo aparente. Quince largos años después, y también sin motivo aparente es puesto en libertad. ("¿Si me hubieran dicho desde el principio que iban a ser quince años, hubiera sido más fácil"?)
Basado en un manga japonés de mismo nombre, "Oldboy" irrumpió con fuerza en el Festival de Cannes de 2003, alcanzando contra el pronóstico de mucho crítico anquilosado el Gran Premio del Jurado. En realidad era la segunda parte de una Trilogía de la Venganza iniciada el año anterior por su director Chan-wook Park, con "Simpatía por Mr. Venganza" y finiquitada en 2005 con "Simpatía por Lady Venganza". Las dos tuvieron cierta transcendencia en circuitos freaks y/o minoritarios, pero no alcanzaron el renombre de la película que nos ocupa.
Después de ver "Oldboy" uno puede tener tal torbellino de sensaciones dentro que difícilmente va a ser capaz de darse cuenta de que no muere tanta gente como parece. El uso vertiginoso del montaje imprime un ritmo desenfrenado, chispeante, más propio de una montaña rusa. El seductor diseño visual terminan por hacer absolutamente irresistible e hipnótico su visionado, incluso para quien pueda sentir ciertos (y lógicos) prejuicios hacia la representación fílmica de la violencia.
Durante los cuatro lunes del mes de febrero, la Asociación de cine Vértigo prosigue con su incansable singladura por otros horizontes del cine mundial. En esta ocasión, la nave recala en los fondeaderos orientales, desde donde asoman con cada vez mayor regularidad algunos de los platos más apetecibles y memorables de la última década. En semanas consecutivas, siempre a las 19:30 horas con entrada gratuita e imprescindible V.O.S., nos asomaremos a la obra de cuatro de los francotiradores más interesantes del nuevo cine asiático: los chinos Wong Kar Wai, Johnnie To y Andrew Lau, y el surcoreano Park Chan-wook. Un ciclo que, por su propia brevedad, apenas permitirá vislumbrar someramente parte del fulgor de la obra de estos cuatro magníficos cineastas, pero que pretende servir de acicate (a lo que esperamos contribuir también desde el coloquio) para una aproximación posterior más exhaustiva a su obra.
Hoy lunes 1 de febrero, abriremos fuego (nunca mejor dicho) con una película hongkonesa del año 2002 titulada originalmente Mou gaan dou, conocida internacionalmente como Infernal Affairs, y estrenada en nuestro país en DVD (lo cual dice mucho de la miopía de nuestros distribuidores) con el poco afortunado título Juego sucio. Dirigida a cuatro manos por Wai-keung "Andrew" Lau y Alan Mak, constituye uno de los más aclamados títulos del reciente cine policíaco hongkonés (todo un brillante subgénero repleto de obras maestras), llegando a conocer dos continuaciones (en la línea marcada por uno de sus modelos más evidentes, la saga de "El Padrino" de F. F. Coppola, precuela incluida), y un remake hollywoodense a cargo del Martin Scorsese de encargo (aquel que firmó también la revisión de "El cabo del terror", por poner un ejemplo evidente). Su argumento es el siguiente: No parece vislumbrarse un final para la interminable guerra entre la policía y las tríadas de Hong Kong. Chan Wing Yan es un policía veterano que lleva 10 años infiltrado, lo que le ha permitido alcanzar un cierto estatus de relevancia dentro de la organización. Lau Kin Ming es un topo infiltrado hace años por el jefe de las tríadas en el departamento de policía. Esto dará lugar a una peligrosa lucha de fuerzas de la que sólo uno podrá salir victorioso. Llevando vidas paralelas, ambos sienten que se están atrapando cada vez más en sus falsos mundos. Divididos entre la lealtad hacia sus jefes y la creciente camaradería con sus colaboradores, pronto se verán inmersos en una carrera por escapar del juego sucio en que se ven inmersos... con vida.
A mediados de los años 80, Hong Kong sorprendió al mundo con una serie de thrillers de acción que vinieron a renovar un género anquilosado con interminables coreografías orgiásticas de tiros, situaciones imposibles, interpretaciones más grandes que la vida y sorprendentes efectos especiales, aliñados con un cuidado tratamiento fotográfico y un sobresaliente uso del montaje. Era, eso lo descubriríamos luego, lo que se vino a conocer como "Heroic Bloodshed" (literalmente, derramamiento heroico de sangre). Fueron los años de descubrimiento, propiciados en buena medida por el floreciente mercado del vídeo, que encontró en Asia un filón que abarrotó las estanterías de los vídeo-clubs con toda una ensalada mixta de géneros. Atrás habían quedado los espectáculos de artes marciales, que tanto éxito habían alcanzado apenas una década antes. Los nombres de John Woo (sin duda el principal detonante del estallido tras el éxito internacional de The Killer), Ringo Lam, Tsui Hark, Ronny Yu o Kirk Wong (todos ellos pronto asimilados por la industria hollywoodense, casi siempre con escaso éxito y relegados a mediocres vehículos de acción para estrellas del cine de acción como Jean-Claude Van Damme) se convirtieron en moneda común, y surgió todo un nuevo star-system encabezado por el simpar Chow Yun-Fat.
En apenas un par de lustros, del fuego inicial que había incendiado el mundo del celuloide apenas quedaban rescoldos. Emigrado a EE.UU. lo mejor de cada casa (con la notable excepción del soberbio Johnnie To, inmune a los cantos de sirena hollywoodense desde su vía láctea), el cine policíaco entro en un prolongado período de recesión, agotado el brillo inicial en una interminable sucesión de mediocres vehículos estelares aferrados a fórmulas inamovibles que recordaban, desafortunadamente, a la producción en serie del cine norteamericano. El mercado internacional evidenció también un cierto cansancio, subsanado en parte por la irrupción de personalidades tan acusadas como Wong Kar Wai. Llegados a este punto parecía inevitable que había que reinventarse para no morir de éxito, pues lo cierto es que el público hongkonés no parecía cansarse de las secuelas, remakes y reformulaciones de sus grandes éxitos. Y he aquí que aparece, como salida de la nada, una película como "Infernal Affairs" que, como diría Lampedusa, vino a cambiar las cosas para que todo siguiese igual.
Planteada como la primera producción de la nueva compañía de Andrew Lau, Basic Pictures, se intentó reunir a lo mejor de cada campo para lograr un producto que combinase la comercialidad con una cuidada imagen. Así, se contrató a los 4 actores más populares del momento en Hong Kong y, en mi opinión, de los más brillantes y versátiles de la actualidad con independencia de nacionalidades (no olvidemos que Yun-Fat ya había sido fichado por los americanos): Andy Lau, al que los espectadores españoles apenas hemos tenido ocasión de conocer (en, por ejemplo, La casa de las dagas voladoras de Zhang Yimou), pero que lleva dos décadas siendo una superestrella y uno de los actores más galardonados de Hong Kong gracias a su trabajo con directores del calibre de Johnnie To (Fulltime Killer, Running Out of Time o Running on Karma); Tony Leung Chiu Wai, quizás el más reconocible del póker de estrellas gracias a su trabajo con Wong Kar Wai en Deseando amar, Happy Together, o 2046; Anthony Wong Chau-Sang, mi favorito del lote, inolvidable presencia amenazante en films de Woo o To, que aquí realiza una de sus interpretaciones más brillantes; y Eric Tsang, enorme actor de comedia muy lejos aquí de sus registros habituales. Además, por si fuera poco, también a las dos actrices más populares del año, Kelly Chen (pronto protagonista de Breaking News a las órdenes del omnipresente Johnnie To) y Sammi Cheng (también salida de la factoría Milkyway, la productora de To), a dos prometedoras estrellas que tendrían más ocasión de brillar en la secuela-precuela al año siguiente, Edison Chen y Shawn Yue, la supervisión visual del grandioso Christopher Doyle (director de fotografía habitual de Kar Wai, pero que también ha colaborado con Van Sant, Jarmusch, Ratanaruang o Shyamalan), el montaje de Danny Pang (que ya había debutado como director con Bangkok Dangerous y pronto alcanzaría el superestrellato gracias a The Eye y sus secuelas) y la supervisión de las escenas de acción de Dion Lam, cuyas inolvidables coreografías le llevarían finalmente a Hollywood y a sagas como Matrix o Spiderman).
El resultado fue un éxito arrollador en las taquillas hongkonesas, estableciendo numerosos records de recaudación. La aclamación crítica no fue, en modo alguno, menor, acaparando hasta 7 galardones en los Hong Kong Film Awards (de ¡16 nominaciones!), 5 Golden Horse Awards (los más importantes premios del cine chino) y unas reseñas excelentes, lo que atrajo inmediatamente la atención de las productoras estadounidenses. Así, apenas cuatro años después, Martin Scorsese dirigía con gran éxito Infiltrados, hábil pero algo impersonal traslación a Chicago del film original, que le supuso su primer Óscar (cosas de la Academia, siempre con sus equilibrios para contentar a todos) y un notable éxito internacional (en parte debido al desconocimiento de la película original). Porque si en algún caso las comparaciones son odiosas, Infernal Affairs podría ser un ejemplo paradigmático. Un maestro del cine americano (autor de obras maestras como Taxi Driver o Toro Salvaje) que pierde a los puntos en su enfrentamiento con unos hábiles "artesanos" del cine asiático. Ya saben aquello de "Busquen, comparen y...". Esperamos que la disfruten.
Cada mañana en el Central Park de Nueva York, Babe Levy, un joven judío, estudiante de historia de la Universidad de Columbia, se entrena para correr la Maratón. Christian Szell, un célebre criminal de guerra nazi, apodado "El ángel blanco" y refugiado en Uruguay, llega a Nueva York para asistir al entierro de su hermano Klaus, fallecido en un accidente de circulación. Estas dos líneas constituyen el eje sobre el que se mueve "Marathon man", de John Schlesinger. Esta película tuvo el curioso honor de ser la primera que mostró escenas rodadas con steady cam. Localizaciones muy reconocibles para cualquiera de nosotros de Paris y Nueva York fueron escogidas con esmero por el equipo comandado por Schlesinger, un todo terreno capaz de rozar la excelencia unas cuantas veces a lo largo de su carrera.
Situémonos en un momento de aquel rodaje. La primera escena del día ilustra el patético estado en que queda el personaje de Babe, interpretado por Dustin Hoffman, tras la severa sesión de limpieza dental a la que es sometido por Szell (Laurence Olivier). El gran actor inglés, impecable como siempre, espera por su compañero de escena para iniciar el baile. El pequeño (de estatura) Dustin llega despeinado, ojeroso, a medio afeitar y con cara de muy, pero que muy cansado.
Algún integrante del equipo de rodaje lanza el bulo de que Dustin, gran defensor del "Método", ha estado las dos últimas noches sin dormir para alcanzar el umbral de desgaste físico requerido para esa escena. Olivier, rey de su escepticismo, deja escapar una sonrisa. El inglés nunca creyó en eso del Método. Cuando interpretó al Príncipe de Dinamarca era Olivier. Incluso cuando hacía de Olivier, era Olivier. Nunca fue más actor que en su vida privada.
Cuentan que mientras le alisaban el pelo a Hoffman, el gran actor inglés se le acercó y le dijo a media voz algo que ha quedado para la historia: "Try acting....It´s much easier!". Hoffman le miró con todo el coraje que pudo, aunque no precisamente por lo que a primera vista muchos puedan suponer. No es que a Hoffman le molestase mucho que un actor de más enjundia que él le enmendase la plana (aunque algo de fastidio sí que le provocaba, claro). Lo que ocurría es que Olivier sabía que esas noches en vela de Hoffman no respondían a un austero programa de aproximación física a su personaje, sino a algo más mundano: fueron más bien un par de noches de sexo, droga y, quien sabe, hasta rock´n roll, con las que Hoffman intentaba ahogar las penas de su proceso de separación.
Olivier sabía mucho de esos excesos. Desde la atalaya de sus 69 años bien llevados tenía una buena perspectiva de sus años mozos y de sus múltiples travesuras sexuales. Y sabía que incluso para esos momentos de desfase siempre viene bien cierta dosis de contención prediseñada, un poco de freno de mano en medio de tanta locura. A él no le fue mal con esa receta, y pensó que un tipo con el talento del pequeño gran americano podría aprender la lección.
Aunque para la historia ha quedado "Marathon man" como un ejemplo de enfrentamiento no sólo entre dos estilos de interpretación sino entre dos personas, lo cierto es que Hoffman alabó a Olivier siempre que pudo, presumiendo de mantener con el inglés una bonita y duradera amistad.
Schlesinger comentó con sorna que eso del Método siempre le resultó muy curioso. Cuando llegó el momento de rodar con Hoffman los momentos posteriores a uno de sus entrenamientos, había dispuesto al equipo de maquillaje para proceder a embadurnar la cara y las prendas del actor con agua y glicerina para dotar del realismo necesario a la escena. Sin embargo, el actor prefirió correr un par de kilómetros por Central Park para enfrentarse a la cámara con respiración agitada y sudor de verdad. El director no tuvo más remedio que "aceptar" la sugerencia de su estrella, pero a sus más íntimos les comentó aliviado que "menos mal que no tiene en el guión ninguna escena en la que mate a nadie...o en la que tenga un encuentro sexual...."
Quienes acudan el lunes 25 de enero al CICCA (19:30 horas) podrán deleitarse no sólo con estas dos formas tan antagónicas de aproximarse a un personaje sino con una película interesante, sombría y tras la que una visita al dentista va a ser más difícil de planificar que nunca.
Ella no lo sabe. A veces, por las mañanas, camino del trabajo, me cruzo con ella. Vive en mis sueños, pero ella no lo sabe. No. No es que esté locamente enamorado ni que sueñe con ella. Es que "literalmente" vive en mis sueños, vive en un edificio construido donde vi mil y una películas, donde nacieron muchos de mis sueños. Creo que algunos siguen viviendo allí.
Allí se alzaba uno de esos viejos cines de barrio. Enorme, anticuado, incómodo si se quiere. Con esa decadencia elegante de quien habiendo sido grande se resiste a admitir el paso del tiempo. Uno de esos cines de reestreno, donde los domingos podías ver estrambóticos programas dobles y donde un día del espectador se abrieron las puertas de mi percepción mientras The Doors anunciaban el final de "Apocalypse Now".
Aquel cine de barrio murió como tantos otros. En su solar, un edificio de viviendas. En otros solares similares hoy viven supermercados, bingos, billares, tiendas de ropa e incluso una iglesia evangelista. Uno de ellos, quizás el más afortunado, se ha travestido en forma de rimbombante Teatro Cuyás. Otro más desafortunado, convertido en el Teatro Guiniguada, es hoy un insigne edificio dejado de la mano de Dios y cerrado a cal y canto. Eran un símbolo de un tiempo que murió con ellos, dando paso a la moda de los multicines, últimos reductos del buen cine, hoy también en trance de desaparición.
En tiempos de pensamiento único parece que todo nos conduce a un cine único, un cine unitario, monolítico. Cine para una masa única, una masa intercambiable y aparatosa. Un cine también intercambiable y aparatoso. Y en muchas ocasiones, insustancial.
En muchas capitales de provincia sólo se puede ver algo de cine en las macro salas de los macro centros comerciales, generalmente alejados del centro urbano. En algunas incluso eso está en peligro. Y no hablemos de los pueblos, muchos de los cuales tenían el poderío suficiente como para mantener un cine señorial. De reestreno también, cierto, pero señorial. Hoy casi no quedan pueblos con cine. Pero felizmente hay gente que se rebela contra eso: por ejemplo, en Llanes, un grupo de alumnos del instituto ha iniciado una campaña para que el único cine de ese concejo asturiano abra de nuevo sus puertas, evitando así los kilométricos desplazamientos por carretera de los cinéfilos locales. Quizás hagan falta un par de revoluciones como ésta.
Hace unos meses Adrien Boudet contaba en Cahiers du cinema que en Camerún no hay ni una sola sala de cine. Seguro que muchos de ustedes pensarán, con acierto, que hay mil cosas más necesarias que también faltan en Camerún. Pero ese artículo está en el origen de este comentario. Siento resultar frívolo, pero no puedo dejar de pensar en lo triste que sería mi vida sin un cine cerca donde volver, a ratitos, a soñar.
Hay quien se empeña en algo y no para hasta conseguirlo. En 1986, Roman Polanski fracasó estrepitosamente con "Piratas", un fallido intento por recuperar el cine de tesoros y bucaneros. Muchos ventajistas de Hollywood le dijeron entonces "ya te lo habíamos dicho". Y era verdad.
Diez años antes todos los grandes estudios se habían negado a financiar este proyecto a pesar de contar con Jack Nicholson como protagonista. En aquel momento Polanski les hizo caso y metió ese guión en un cajón. Quizás debería haberlo quemado, pero no lo hizo. No obstante, lo que sí permitió aquella pequeña derrota es que se embarcase en la que para muchos es la mejor película de su carrera: "El quimérico inquilino".
El germen de esa película está en un libro escrito por el pintor, actor y escritor parisino Roland Topor. Miembro del pintoresco Grupo Pánico creado por Alejandro Jodorowski y Fernando Arrabal, Topor escribió una obra a la que se le han colgado una gran diversidad de calificativos, y casi todos buenos. Polanski se sintió atraído por dos de los niveles de interés de la obra: su asfixiante terror psicológico y un inteligente cuestionamiento del proceso de reafirmación individual del ser humano.
Rodada a toda velocidad para llegar a tiempo al Festival de Cannes (donde por cierto fue muy mal recibida), el propio Polanski se encargó de encabezar un reparto en el que destacaba una emergente estrella del cine francés llamada Isabelle Adjani, quien con tan solo 22 añitos ya tenía una nominación al Oscar por "Adele H". Junto a ella dos veteranos del gran Hollywood (Melvyn Douglas y Shelley Winters) y dos estupendos actores franceses (Josiane Balasko y Michel Blanc).
"El quimérico inquilino" cuenta la historia de un tímido conserje que acaba de mudarse a la misma habitación en la que tiempo atrás una chica intentó suicidarse arrojándose por la ventana. A medida que va pasando el tiempo, el nuevo inquilino se convence de que sus nuevos vecinos intentan conducirlo a un estado de paranoia para que también salte por la ventana.
Ésta es la segunda película que dentro del ciclo titulado "Años 70: Tres visiones del mal" ofrece la Asociación de cine Vértigo en el CICCA, el lunes 11 de enero a las 19:30 horas.
La Asociación de cine Vértigo empieza el año con maldad. No es que vayan a empujar a ancianitas por las escaleras, ni a quitarles la merienda a los niños del orfanato. Bueno, eso al menos no está previsto. Lo que ocurre es que Vértigo ha decidido comenzar sus proyecciones de 2010 en el CICCA con un ciclo titulado "Años 70: tres visiones del mal".
Todo evoluciona, y el mal no iba a ser ajeno a esa tendencia natural. Cada época tiene sus formas y modos, cada década contiene en sí misma aspectos que la diferencian de las otras, a veces por evolución, a veces por involución. La forma en que el cine ha ido mostrando el Mal (así, en mayúsculas) ha ido mutando de forma permanente, pero también ha sido el propio cine, sus cineastas, quienes han ido cambiando, y con ello se han prestado mayores atenciones a determinados aspectos que antes pasaban desapercibidos o que, por qué no decirlo, nadie se atrevía a tocar.
Este ciclo se centra en la encarnación masculina del mal y la forma en que tres cineastas muy distintos la reflejaron durante los ahora tan de moda años 70. ¿Opinan que se podría hablar también de una Maldad femenina o de una Maldad sin género? Pues seguro que tienen razón. Pero como diría Kipling, "esa es otra historia".
La primera proyección tiene lugar el lunes 4 de enero, a las 19:30 horas y, como es habitual, con entrada gratuita y en versión original con subtítulos. Este último hecho puede ser una novedad para muchos espectadores que ya hayan visto la película a proyectar, ya que se trata de un clásico que puede que ya hayan visto en televisión en versión doblada. Hablamos de "Frenesí", una de las últimas películas rodadas por el maestro del suspense, el gran Alfred Hitchcock.
"Frenesí" fue su penúltima película y, para muchos, su canto del cisne. Venía de un par de títulos menos afortunados de lo habitual ("Cortina rasgada" y "Topaz"), y las voces sobre su posible agotamiento creativo eran cada vez más sonoras. Quizás eso influyó en que Hitchcok decidiese abandonar los rodajes americanos y volver a casa.
Como fue habitual durante toda su carrera, el texto de base se lo proporcionó una novela, en este caso "Goodbye Picadilly, farewell Leicester Square", de Arthur La Bern, quien tomó prestado el título de esa famosa canción popular inglesa titulada "It´s a long way to Tipperary" que muchos de nosotros aprendimos en la escuela. El encargado de la adaptación fue Anthony Shaffer, quien ese mismo año se encargó de adaptarse su propia obra en la espectacular "La huella". Cuentan que La Bern no quedó muy contento con la adaptación de su obra, por cierto.
El rodaje de interiores tuvo lugar en los célebres Pinewood Studios, mientras que los exteriores tomaron como referencia el centro de Londres. Quizás como homenaje tardío a su padre, tendero de un puesto de frutas y verduras en Covent Garden, Hitchcock escogió cuidadosamente un buen puñado de localizaciones cercanas a aquellos lugares tan transitados en su niñez. El Támesis, Oxford Street, The Bridge Tower...todo muy reconocible para cualquiera que visite Londres. Si pasan por la zona pueden buscar por esa zona uno de los pubs que aparecen en la película, The Nell Old Drury, todavía abierto al público.
Hitchcok retomó las historias de asesinatos y el interés por quien se ve sometido a una persecución por parte de un amenazante enemigo exterior. Lo novedoso es que no es un hombre inocente el centro de su interés, sino precisamente el criminal. Quizás se estaba dando cuenta Hitchcok de que un buen malvado presentaba las suficientes aristas en su personalidad como para ser más interesante. O quizás es que el público era cada vez más morboso.
El arranque es ciertamente impactante: En las aguas del Támesis aparece el cadáver de una mujer desnuda y estrangulada con una corbata a rayas. La mujer presenta, además, síntomas de violación y otras señales que hacen sospechar que se trata de un maníaco sexual. Muerte, sexo, tensión y crimen. Todo esto había estado ya presente en el universo del director, pero quizás no de forma tan descarnada, tan expuesta a nuestros ojos como en esta película. De hecho, fue su única obra calificada con la restrictiva "R" en su estreno americano, y la única donde se pueden ver algunas escenas de desnudos.
El resto de películas de este ciclo serán las siguientes:
LUNES 11 de enero
EL QUIMÉRICO INQUILINO (Roman Polanski)
LUNES 25 de enero
MARATHON MAN (John Schlesinger)
En definitiva una buena oportunidad para ver buen cine y para hablar del Mal. Desde este blog les invitamos a acudir a esas proyecciones y, aprovechando la ocasión, les queremos desear un feliz 2010.
Los últimos días de un año se prestan, entre otras cosas, a la aparición de listas diversas sobre lo mejor del año. Cuando además coincide ese fin de año con el penúltimo año de una década, como nos ocurre ahora, la fiebre por los listados se recrudece y parece que de todo hay que hacer un decálogo.
El mundo del cine, tan dado a las clasificaciones y calificaciones, no podía ser menos. Posiblemente hayan leído o visto algo similar en los últimos días, pero en este caso nos vamos a hacer eco de una noticia que nos llega desde el lejano Canadá. Más concretamente desde la provincia de Ontario, la más poblada del país y la que acoge a la ciudad con mayor población: Toronto.
En la ciudad de Toronto se celebra anualmente el TIFF (Toronto International Film Festival) un evento de reconocido prestigio y que se define a sí mismo como "organización cultural sin ánimo de lucro cuya misión es transformar la manera en que la gente ve el mundo a través del cine". Implicado en una visión del cine mucho más compleja que la que se puede manejar desde las trincheras de un festival de cine, el TIFF creo en 1990 "Cinemateqhe Ontario", institución consagrada a realizar durante todo el año un variadísimo programa de proyecciones que recorre la historia del cine hasta nuestros días, además de propiciar espacios para el debate, el estudio o la investigación.
Este año, dentro de su afán por tomar el pulso a la realidad del séptimo arte, ha realizado una exhaustiva consulta encaminada a plasmar en un listado las mejores películas de la década. Con las reservas que toda encuesta de este tipo conlleva (las películas no son caballos de carreras que compitan por un mismo trofeo en un mismo hipódromo), entendemos que la rigurosidad puesta en el diseño de esta encuesta merece ser tomada en cuenta.
Se ha pedido opinión a más de 60 historiadores, críticos de cine y programadores de festivales de todo el mundo, los cuales previamente habían demostrado poseer una perspectiva compleja y con criterio, expuesto habitualmente en libros, ensayos u otro tipo de textos publicados. En palabras del responsable de programación de la Cinemateque, James Quandt, "su perspectiva nos debería aportar una visión más amplia del cine realizado en esta pasada década, de los títulos que han marcado un hito y de los que deben ser tomados en cuenta por su influencia histórica". Quienes han respondido a esa encuesta trabajan en instituciones públicas y privadas de gran relevancia en el concierto internacional. Baste citar el Museum of Modern Art (New York), el British Film Institute (Londres), el UCLA Film & Television Archive (Los Angeles), la Filmoteca de la UNAM (Mexico D.F.), el Austrian Film Museum (Viena), el Berkeley Art Museum and Pacific Film Archive (Berkeley), el Swedish Film Institute (Estocolmo) o el Festival Internacional de Cine de Berlin. Curiosamente, de entre el listado de participantes, un nombre con sabor español: el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.
Lanzando una mirada al listado final, se comprende la presencia del Festival de LPGC en ese grupo de encuestados. No en vano una gran parte de los títulos en ella detallados han formado parte de su programación, y un buen puñado de los directores reseñados han estado presentes de una u otra forma en el Festival.
Es evidente que es un listado, que no hay verdades absolutas y que en cualquier momento se publica un listado similar, con participantes más reputados y no se incluye ninguno de estos títulos. A cualquiera de ustedes seguro que le sobra algún nombre y/o le falta alguno, pero al menos en mi humilde opinión creo que estamos ante un acertado resumen de lo más destacado de esta década que se nos escapa entre las manos.
A continuación les detallo el listado completo. Si me lo permiten, yo levanto mi lanza contra la ausencia de cualquiera de los títulos de Lisandro Alonso y, puestos a premiar al bueno de Apichatpong, yo hubiera colocado en el primer lugar su "Tropical malady". ¿Qué opinan ustedes?
1. Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul, Thailand) - 53 votos
2. Platform (Jia Zhang-ke, Hong Kong, China/China/Japan/France) - 49 votos
3. Still Life (Jia Zhang-ke, China) - 48 votos
4. Beau travail (Claire Denis, France) - 46 votos
5. In the Mood for Love (Wong Kar-wai, Hong Kong, China) - 43 votos
6. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, France/Thailand/Germany/Italy) - 38 votos
7. The Death of Mr. Lazarescu (Cristi Puiu, Romania) - 35 votos Werckmeister Harmonies (Béla Tarr, Hungary) - 35 votos
8. Éloge de l'amour (Jean-Luc Godard, Switzerland/ France) - 34 votos
9. 4 Months, 3 Weeks, 2 Days (Cristian Mungiu, Romania) - 33 votos
10. Silent Light (Carlos Reygadas, Mexico/France/Netherlands) - 32 votos
11. Russian Ark (Alexander Sokurov, Russia/Germany) - 31 votos
12. The New World (Terrence Malick, USA) - 30 votes
13. Blissfully Yours (Apichatpong Weerasethakul, France/Thailand) - 29 votos
14. Le Fils (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Belgium/France) - 27 votos
15. Colossal Youth (Pedro Costa, Portugal/France/Switzerland) - 25 votos
16. Les Glaneurs et la glaneuse (Agnès Varda, France) - 24 votos
In Vanda's Room (Pedro Costa, Portugal/Germany/Italy/Switzerland) - 24 votos
Songs from the Second Floor (Roy Andersson, Sweden/Denmark/Norway) - 24 votos
17. Caché (Michael Haneke, France/Austria/Germany/Italy) - 23 votoo
A History of Violence (David Cronenberg, USA) - 23 votos Mulholland Drive (David Lynch, France/USA) - 23 votos
Three Times (Hou Hsiao-hsien, Taiwan) - 23 votos
18. Rois et reine (Arnaud Desplechin, France) - 21 votos
19. Elephant (Gus Van Sant, USA) - 20 votos
20. Talk to Her (Pedro Almodóvar, Spain) - 19 votos
21. The Wind Will Carry Us (Abbas Kiarostami, Iran/France)- 18 votos
YI YI (A One and a Two) (Edward Yang, Taiwan/Japan) - 18 votos
22. Pan's Labyrinth (Guillermo del Toro, Spain) - 17 votos
23. L'Enfant (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Belgium/France) - 16 votos
The Heart of the World (Guy Maddin, Canada) - 16 votos
I Don't Want to Sleep Alone (Tsai Ming-liang, Taiwan/France/Austria) - 16 votos
Star Spangled to Death (Ken Jacobs, USA) - 16 votos
24. The World (Jia Zhang-ke, China/Japan/France) - 14 votos
25. Café Lumière (Hou Hsiao-hsien, Japan) - 13 votos
The Headless Woman (Lucrecia Martel, Argentina/Spain/France/Italy) - 13 votos
L'Intrus (Claire Denis, France) - 13 votos
Millennium Mambo (Hou Hsiao-hsien, Taiwan/France) - 13 votos
My Winnipeg (Guy Maddin, Canada) - 13 votos
Saraband (Ingmar Bergman, Sweden) - 13 votos
Spirited Away (Hiyao Miyazaki, Japan) - 13 votos
I'm Not There (Todd Haynes, USA) - 13 votos
26. Gerry (Gus Van Sant, USA) - 12 votos
27. Distant (Nuri Bilge Ceylan, Turkey) - 11 votos
Dogville (Lars von Trier, Denmark/Sweden/UK/France/Germany) - 11 votos
The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, USA) - 11 votos
28. Alexandra (Alexander Sokurov, Russia/France) - 9 votos
demonlover (Olivier Assayas, France) - 9 votos
29. Atanarjuat, The Fast Runner (Zacharias Kunuk, Canada) - 8 votos
Goodbye, Dragon Inn (Tsai Ming-liang, Taiwan) - 8 votos
30. Longing (Valeska Grisebach, Germany) - 7 votos
Secret Sunshine (Lee Chang-dong, South Korea) - 7 votos
Vai e Vem (João César Monteiro, Portugal) - 7 votos
Far From Heaven (Todd Haynes, USA/France) - 7 votos
Alfredo James Pacino nació al este de Harlem y cuando su padre se fugó de casa tuvo que educarse en las calles del Bronx. Hubiera sido un tipo duro a pesar de que apenas alcanzó el 1,65. Le sobraba carácter y tenía a su favor la sangre siciliana que corría por sus venas.
Brian Russell De Palma nació en New Jersey y su padre era cirujano. Quizás por eso prefirió pasar más tiempo en la universidad que en la calle, donde su 1,80 de poco le habría valido. Ambos encontraron en su juventud un desvío en sus caminos. Predestinados como estaban a la calle y las aulas, respectivamente, fue el arte lo que los terminó por unir, a uno desde la interpretación y al otro desde la realización cinematográfica.
Lo cierto es que sus carreras no se han cruzado con la asiduidad que muchos hubiéramos querido. Paradójicamente, De Palma fue el artífice del debut en 1968 de otro gran actor ítaloamericano que ha sido para muchos la némesis de Pacino: Robert de Niro. Además fue el propio De Palma quien llevó de la mano al joven De Niro ante otro director novato en busca de alter ego: Martin Scorsese. Muchos años después se sigue idolatrando la pareja Scorsese/De Niro sin saber que fue De Palma quien primero confió en ese actor.
La primera colaboración entre De Palma y Pacino tuvo lugar en 1983. El director venía del relativo fracaso de crítica de "Blow out" y el actor había sido nominado al Globo de Oro por "¡Autor, autor!", ambas de 1982. A manos del director llegó un guión escrito por Oliver Stone en Francia mientras se desintoxicaba de su adicción a la cocaína. De Palma se deleitó con aquel retrato brutal de las mafias cubanas que dominaban Florida, pero sobre todo con el magnetismo que desprendía su principal protagonista, Tony Montana, un refugiado que termina por convertirse en despiadado rey de los narcotraficantes. Para ese papel no valía cualquier actor, y por eso eligió a Pacino. Su interpretación es antológica y Montana es hoy en día un icono pop, dueño de frases y actitudes que se han copiado y homenajeado hasta la saciedad no sólo en otras películas sino en canciones, videojuegos o series de televisión. Curiosamente, la película fue muy castigada por cierta parte de la crítica (cegada quizás por su violencia extrema), se mutiló su metraje y hasta fue nominado de Palma a los Razzie como peor director. Hoy, cosas de la vida, es una película de culto casi indiscutible.
Años más tarde, De Palma leyó una novela escrita por el juez Edwin Torres y que se titulaba Carlito´s way. Relataba las andanzas del capo de la heroína en el Harlem de los 60, un tipo duro de nombre Carlito Brigante. Subyugado por este personaje, De Palma no podía dejar de pensar en Pacino en el papel de Brigante, pero se desesperaba al reconocer que el actor era demasiado mayor para el papel. Sin embargo, Torres había escrito una segunda novela, titulada After hours, en la que relataba la salida de prisión de Brigante y sus esfuerzos por alejarse de la mala vida. Y esto sí era ideal para Pacino. Decidieron no utilizar el título del segundo libro para evitar problemas legales con la película de su amigo Scorsese y se embarcaron diez años después de su primer trabajo en otro proyecto que con el paso del tiempo también ha ganado en reconocimientos.
A Pacino le gusta la ópera. A De Palma Springsteen. Quizás sean demasiado distintos para repetir colaboraciones, pero es cierto que se admiran profundamente y que no les cuesta nada hacerlo público.
* De Palma: "... una de las muchas cosas que hacen grande a Pacino es la forma en que se mueve. Nadie lo hace como él. Cuando rodábamos Atrapado por su pasado no podía dejar de filmarle cada vez que se ponía a caminar."
* Pacino: "¿Mi mejor papel? Sin duda, el de Tony Montana, a las órdenes de De Palma"
Desgraciadamente parece que tendremos que esperar algo más de diez años para que vuelvan a coincidir. Mientras tanto, contentémonos con estas dos estupendas películas llenas de talento y que ofrece la Asociación de cine Vértigo en el CICCA (Las Palmas de Gran Canaria) durante el mes de diciembre, como siempre a las 19.30 horas, gratis y en versión original con subtítulos en español: "El precio del poder" (21 de diciembre) y "Atrapado por su pasado" (28 de diciembre).
Hay películas que te proponen un esfuerzo intelectual la mar de reconfortante. Te sientes atrapado por sus juegos dialécticos, disfrutas con sus enunciados teóricos y te animas con facilidad a debatirla desde la racionalidad. Otras películas te llegan por las tripas y te atrapan desde la epidermis. Sientes hacia ellas una reacción física a la que es difícil encasillar dentro de una teoría.
A veces esas películas "intelectuales" pecan de frialdad. A veces esas otras obras "físicas" están más vacías de lo deseado. En mi caso particular no distingo entre una y otra forma de dejarme seducir por una película. En algunos momentos un impacto físico puede ser más que suficiente. Seguro que hay quien piensa que habría que posicionarse, pero que no cuenten conmigo.
Sin embargo, a veces se da la curiosa circunstancia de que una película es capaz de revolverme las entrañas mientras conduce mi intelecto hacia encrucijadas poco concurridas. No es que pase muchas veces, pero cuando eso ocurre siento que se justifica con creces el precio de la entrada. Durante la décima edición del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria tuve la suerte de llegar a ese encuentro afortunado. En su sección oficial se dieron cita un buen puñado de películas, pero una de ellas fue especial: la francesa "Un lac" (2008), de Philippe Grandrieux.
Sin identificar plenamente el lugar en que la acción tiene lugar (ni falta que hace), asistimos a la llegada de un misterioso forastero. Viene a turbar la aparente placidez de una familia que vive aislada entre un bosque perennemente cubierto de nieve, un lago amenazador y una niebla casi fantasmagórica. Esa familia la componen una madre ciega, un padre y tres hijos. Las enfermizas relaciones que se intuyen en el seno familiar, el místico vínculo que parece unir a sus miembros con la sobrecogedora naturaleza que les atrapa y protege, la turbadora presencia de ese extraño.....todo eso le confiere a "Un lac" una pátina especial que el jurado del Festival supo apreciar, concediéndole el Premio a la Mejor Fotografía y una Mención Especial del Jurado.
Retomando una especie de regla no escrita Festival de Las Palmas de Gran Canaria, Grandieux será uno de nombres propios de la edición de 2010. Francés de nacimiento, fue en Bélgica donde estudió en el Instituto Nacional Superior de las Artes del Espectáculo y donde sus obras primerizas, de marcado carácter experimental, recibieron cobijo en los museos locales durante buena parte de los 70 y los 80. Después comenzó a colaborar con el Instituto Nacional del Audiovisual de Francia, en busca de nuevas formas y formatos audiovisuales, paseándose sin prejuicios entre la experimentación, el videoarte, el ensayo o las instalaciones. De esa época destaca el premio entregado en 1983 por la Asociación Francesa de Críticos de televisión a una de sus piezas titulada "Pleine lune"
Dirigió un par de capítulos de la película colectiva "La Roue" (1993), donde cada director se centraba en un ciclista profesional determinado. Fue especialmente relevante el dedicado por Grandieux al polémico holandés Gert Jan Theunisse, alias "La Bestia", un estupendo escalador que destacó sobremanera en el Tour de Francia y que estuvo permanentemente cuestionado durante toda su carrera por unas sospechas de dopaje posteriormente confirmadas y ampliadas.
Grandieux nunca ha abandonado el videoarte y las instalaciones, alternando sus trabajos en estos campos con el cine más "tradicional" (si es que en el caso de Grandieux se puede emplear ese adjetivo), sobre todo después de su debut en el largo en 1998 con "Sombre" (1998). Con aquella película alcanzó una Mención Especial del selecto Festival de Locarno, seduciendo a su jurado con su narración fragmentada, sus imágenes convulsas y una extraña trama donde curiosamente tenía especial relevancia un coche que sigue el devenir del Tour de Francia.
Tuvieron que pasar cuatro años para que en 2002 llegase su segundo largometraje, "La vie nouvelle", una historia impactante sobre la trata de blancas en la Europa del Este y que recorre la sordidez de los clubs de alterne al ritmo de las pasiones enfermizas de sus personajes.
Incluso ha tenido tiempo para dirigir un videoclip de Marilyn Manson titulado "Putting Holes in Happiness", single de su álbum de estudio de 2007 "Eat me, drink me". En el video asistimos a la confrontación entre Manson y una especie de bruja que parece burlarse del músico. La presencia insistente de un bosque tranquilo y nublado parece prepararnos para lo que vendría al año siguiente: el estreno en 2008 de "Un lac".
Grandieux estará en Las Palmas de Gran Canaria para presentar una buena parte de su filmografía y seguramente para algo más. Sin duda, una oportunidad única para aproximarnos a un artista singular, atractivo y sugerente.
Uno espera el ascensor y se sorprende de que al abrirse la puerta aparezca alguien allí. Es lo más normal del mundo que haya alguien dentro, sobre todo si es el ascensor de un hotel que rebosa huéspedes. Pero da igual. Uno siempre se sorprende. Quizás porque la situación que se genera a posteriori es un poco violenta. Una mirada. Un "Hola" musitado a regañadientes. Un intento de cordialidad con el "¿a qué piso va?". Es como un baile forzado, de esos que a veces se dan en las bodas, donde te toca bailar con quien menos te lo esperas.
Eso le pasó al actor Ricardo Darín en el Hotel María Cristina. Había acudido al Festival de Cine de San Sebastián y se disponía a bajar hacía el vestíbulo del hotel. Cuando ya casi alcanzaba la planta baja, el ascensor se paró y entró un tipo de melena alborotada y mirada involuntariamente distraída. Era el director Fernando Trueba. No se habían visto antes, y apenas intercambiaron unas palabras. Pero antes de despedirse, se dieron un efusivo apretón de manos y Trueba soltó algo así como "un día trabajaremos juntos", a lo que Darín respondió con una de esas sonrisas desarmantes tan suyas.
Dicen que la vida es una sucesión de casualidades y decisiones. Es posible. A lo mejor si Darín hubiese decidido bajar por las escaleras nunca habría llegado a ser el protagonista de la más reciente película dirigida por Fernando Trueba, "El Baile de la Victoria". Incluso es posible que nunca se hubiera hecho esta película, al menos en la forma en que ha llegado a nuestras pantallas.
Es una película floja, un tanto fallida y que no consigue levantar el vuelo. No funciona ni en lo simbólico ni en lo narrativo. No interesan ni las andanzas románticas, ni las intrigas criminales ni el supuesto ajuste de cuentas a la dictadura de Pinochet. Desconozco si ha sido fiel al libro de Skármeta y si les digo la verdad, no es algo que me importe. Como película resulta muy poco interesante, rozando en algunos momentos la ridiculez.
Mención especial merece uno de los protagonistas, el argentino Abel Ayala. Por momentos llega a provocar tal grado de irritación que uno se alegra de todo lo malo que le pueda pasar. Su repertorio de tics, sonrisas bobas y andares ridículos parece interminable, llegando a recordar a los peores imitadores del gran Cantinflas. Mientras me retorcía en la butaca cada vez que aparecía en pantalla, algo me decía que lo había sufrido antes. Finalmente recordé que fue el protagonista de una película sorprendentemente bien recibida en su momento, "El Polaquito" (2003), donde para terror de la humanidad era el protagonista absoluto.
Darín, acostumbrado a estar bien incluso en obras muy por debajo de sus posibilidades, a veces da la impresión de no saber qué diantres está haciendo en esta película. Incluso a veces me daba la sensación de estar maldiciendo la hora en que entró en aquel ascensor del Hotel María Cristina.
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