El individuo friki es considerado por muchos un ser extraño, raro. En ocasiones algo antisocial, imaginativo, solitario, de humor inteligente pero incomprendido y, sobre todo, con mucho poder adquisitivo que le permita hacerse con el último [ponga su cómic/videojuego/juego de rol aquí] del mercado. Pues bien, yo no tengo un duro, lo cual me convierte en lo raro entre los raros. Mira tú qué bien.
Así pues, yo soy un poco del tipo de friki parásito: mientras otros compran, yo pongo la mano, estrategia que me ha llevado a poder leer y jugar sin tener que rematar a mi economía moribunda.
Sin embargo, todo tiene un límite, y ese límite se llama World Of Warcraft. Este juego de rol online cuesta alrededor de 15 € al mes (no me hagais mucho caso), cantidad que por mi ausencia de ingresos, únicamente podría conseguir de maneras poco éticas, lógicas y/o civilizadas, con lo cual sólo podía mirar con ojillos de deseo a los ordenadores de mis amigos mientras finjía que no me gustaba. Hasta que lo vi: los gráficos, los personajes,...y mola. Es un hecho, no gano nada negándolo.
Peeeeeeeeeero...oh, bendita era tecnológica. Cierto es que me quedo sin el Wow, pero tengo el Lineage, juego de peores condiciones pero coste 0. Así que, frikis pobretones del mundo, ya sabeis: a falta de Wow, bueno es el Lineage.
Aunque me hayan matado ya un orco y...una seta.
Pero era una seta muy grande.


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