Época de mudanzas
Lo voy a contar de una vez. Sé que muchos piensan que he perdido el interés por escribir en este blog y, como estoy un poco harta de blogeros reivindicadores que me asaltan incluso en la calle, lo digo ya. Sin más esperas y rodeos. Me mudo, me voy a mudar, me estoy mudando. No a China ni a ninguno de esos lugares exóticos que tanto me gustan. Me voy a Tenerife a trabajar y vivir. Una isla de la que sólo conocía Teno, en un speed-viaje de trabajo que hice hace al menos un par de años. Los motivos de este viaje de ida son complicados y sencillos al mismo tiempo.
A mi pareja, a la que prometí no mencionar nunca en este blog, le trasladan a Tenerife. Y yo me voy con él. Vida nueva, trabajo nuevo, nueva casa. Adiós a mis Canteras... (sniff, sniff).
Este anuncio de cambio coincide con la recién renovada web, en la que espero que encuentren este blog en una rápida visual. Ha quedado guapa la paginita, hay que decirlo. Ya saben lo que dicen, el cambio es lo que mueve al mundo y, aunque el mundo en sí es un poco traumático, los cambios son divertidos.
Por ejemplo, la agotadora búsqueda de piso este fin de semana en Santa Cruz de Tenerife me ha hecho recordar otros momentos desesperados, en los que una nunca terminaba de encontrar su sitio. La mayoría de las viviendas que vi, hay que reconocerlo, estaban bastante bien. Pero luego estaba ésa. La que te enseña el viejito que no puede ni meter la llave en la cerradura porque no la ve, con una calurosa bienvenida de pequeñas cucarachas en la cocina. ¿Los muebles? Pues de la edad del viejito, de madera oscura y molduras que se comen el espacio y la luz.
Impresionante también fue uno grande y céntrico, de cuatro habitaciones, pero amueblado con lo que me sobró de aquí y de allá. Que digo yo que sería mucho mejor dejarlo vacío y que cada uno ponga lo que quiere a semejante atentado, no contra el buen gusto, sino contra el gusto en general.
Bueno, no me quiero hacer mala sangre porque encontré algo que me gustaba y la semana que viene ya estoy instalada en Tenerife. Desde allí también les escribiré aquí. No historias de Las Canteras que me quedarán más lejos que antes, pero todo lo que vaya descubriendo.
Para abrir boca les propongo una preguntita: ¿Qué es un cortado natural en la isla chicharrera? Menuda desesperación, cuando una ya sabía lo que era un emboste, los longorones y el leche y leche, ahora toca volver a empezar de nuevo. Cualquier sugerencia será bien recibida. Mientras tanto, esta última semana pienso despedirme de Gran Canaria con una gran juerga. Así es que, quien me vea cambá la peluca, que sepa que no es vicio. Es que una pasa el trago de las despedidas como buenamente puede.



