« Septiembre 2007 | Inicio | Noviembre 2007 »

16 de Octubre 2007

Época de mudanzas

Lo voy a contar de una vez. Sé que muchos piensan que he perdido el interés por escribir en este blog y, como estoy un poco harta de blogeros reivindicadores que me asaltan incluso en la calle, lo digo ya. Sin más esperas y rodeos. Me mudo, me voy a mudar, me estoy mudando. No a China ni a ninguno de esos lugares exóticos que tanto me gustan. Me voy a Tenerife a trabajar y vivir. Una isla de la que sólo conocía Teno, en un speed-viaje de trabajo que hice hace al menos un par de años. Los motivos de este viaje de ida son complicados y sencillos al mismo tiempo.

A mi pareja, a la que prometí no mencionar nunca en este blog, le trasladan a Tenerife. Y yo me voy con él. Vida nueva, trabajo nuevo, nueva casa. Adiós a mis Canteras... (sniff, sniff).
Este anuncio de cambio coincide con la recién renovada web, en la que espero que encuentren este blog en una rápida visual. Ha quedado guapa la paginita, hay que decirlo. Ya saben lo que dicen, el cambio es lo que mueve al mundo y, aunque el mundo en sí es un poco traumático, los cambios son divertidos.
Por ejemplo, la agotadora búsqueda de piso este fin de semana en Santa Cruz de Tenerife me ha hecho recordar otros momentos desesperados, en los que una nunca terminaba de encontrar su sitio. La mayoría de las viviendas que vi, hay que reconocerlo, estaban bastante bien. Pero luego estaba ésa. La que te enseña el viejito que no puede ni meter la llave en la cerradura porque no la ve, con una calurosa bienvenida de pequeñas cucarachas en la cocina. ¿Los muebles? Pues de la edad del viejito, de madera oscura y molduras que se comen el espacio y la luz.
Impresionante también fue uno grande y céntrico, de cuatro habitaciones, pero amueblado con lo que me sobró de aquí y de allá. Que digo yo que sería mucho mejor dejarlo vacío y que cada uno ponga lo que quiere a semejante atentado, no contra el buen gusto, sino contra el gusto en general.
Bueno, no me quiero hacer mala sangre porque encontré algo que me gustaba y la semana que viene ya estoy instalada en Tenerife. Desde allí también les escribiré aquí. No historias de Las Canteras que me quedarán más lejos que antes, pero todo lo que vaya descubriendo.
Para abrir boca les propongo una preguntita: ¿Qué es un cortado natural en la isla chicharrera? Menuda desesperación, cuando una ya sabía lo que era un emboste, los longorones y el leche y leche, ahora toca volver a empezar de nuevo. Cualquier sugerencia será bien recibida. Mientras tanto, esta última semana pienso despedirme de Gran Canaria con una gran juerga. Así es que, quien me vea cambá la peluca, que sepa que no es vicio. Es que una pasa el trago de las despedidas como buenamente puede.

14 de Octubre 2007

La gran familia china

Aunque un poco tarde, me decido a comentar esa frase que fue actualidad hace unas semanas. Algo así como que en Irán no había homosexuales, dicho por uno de los políticos del país árabe. Y enlazo con China, donde la población gay es invisible en muchos sitios, y comienza a asomar en otros. (Es que China es mu grande, da para todo un poco). En realidad, debería empezar por explicar el enorme peso de la familia en esa sociedad comunista con hondas tradiciones que ni Mao ni nadie ha podido ni ha querido mover.

Lo normal, según me contaron, es que a los 25 años las mujeres ya estén casadas. De hecho, si no es así, los padres comienzan a presionar a éstas en el plan de ‘se te va a pasar el arroz’. Al parecer esta costumbre viene de que los hijos son los encargados de cuidar a los padres cuando éstos son ancianos. Pero no como aquí, sino más bien por un rollo de honrar a los mayores, que representan la sabiduría familiar.
Aunque pueda parecer que tampoco es tan extraordinario, que en España pasaba algo parecido hace no muchos años, me llamó mucho la atención. Y es que China no es una sociedad machista. Dentro de la ideología comunista de que todo es para el pueblo, ese pueblo también son las mujeres, que trabajan a destajo como todo hijo de vecino por allí. Van y vienen solas, no parecen depender de nadie ni atraen esas miradas un poco incómodas de algunos países árabes. De día y de noche ellas tienen su propio espacio y nadie lo discute. Pero (ajá, siempre hay un pero), la feminidad es un valor en sí mismo y hay que cuidarlo.
Durante mi estancia en China me crucé con muchas muñequitas orientales que, paraguas en mano, se protegían del sol por las calles para evitar que su piel de porcelana se volviera tostada. No suelen fumar (hasta creo que está mal visto que una mujer fume) y las más jovencitas suelen ir de la mano de su amoroso novio.
No sé si es por esa exaltación de la familia o por otra cosa, pero lo cierto es que la población gay es casi invisible. Yo, al menos, no la vi y tuve muchos días para fijarme en todo. El Corresponsal me contó que ahora en Pekín se ha abierto alguna que otra discoteca de ambiente, donde van los chinos gays. Pero lo cierto es que siempre que hablaba con alguien del país y le comentaba que en España los homosexuales se pueden casar me arrugaba la nariz. Primero me miraban con esa cara de 'me estás tomando el pelo, ¿verdad?', que luego se tornaba en una ligera mueca de desagrado. Supongo que, como en Irán, existen lugares en el mundo donde todavía hay un sector de la población que es invisible y, como tal, no existe.
Lástima que las revoluciones que se inician bajo la bandera del todo para el pueblo se olviden de que las personas son diferentes entre sí y que en esa diferencia reside precisamente la riqueza más auténtica de cada país.


china%20272.jpg

Unos novios posaban ante un fotógrafo en las cercanían del lago Hou Hai, en Pekín, y yo también les hice una foto.

7 de Octubre 2007

Aterrizar de nuevo

Tengo algo dejado este blog, aunque prometo enmendarme. Sin intentar excusar mi falta de post en una semana les cuento que me ha costado reincorporarme al ritmo del trabajo diario. Eso sin mencionar que la nueva redacción de Canarias7 me desconcierta con su luminosidad y su blancura hasta tal punto que, en ocasiones, me siento en un puesto que no es el mío. No me voy a escudar en el jet-lag que ya pasó a la historia, pero por si fuera poco acabo de hacer un speed-viaje de trabajo a El Hierro.

Y es que eso de tener fama de viajera no se crean que es tan bueno. Cuando estaba comenzando a aterrizar en mi casa, en Gran Canaria, me avisan con menos de 24 horas de antelación de que me voy a El Hierro a hacer un reportaje. Para ser fieles a la verdad me preguntaron que si quería ir, pero sabían de antemano que les iba a decir que sí.
Ya conocía la isla pero confieso que, el pasado año, cuando me planté allí, no me gustó mucho. A parte del hecho de que también era un viaje de trabajo y curramos como negros, me pareció que era de un sosiego asfixiante. Toda esa tranquilidad me pareció más propia de un cementerio que de un lugar habitado, aunque fuera por unas pocas miles de personas.
Sin embargo, esta vez, vaya usted a saber por qué, me pareció un lugar maravilloso. Reconozco que el alojamiento también ayudó. El Parador de El Hierro. Un lugar que parece construido en el fin del mundo, al pie del mar, y con una enorme pared de roca en frente que impresiona, amenaza, como un hombre eterno que mira fijamente al mar.
La primera vez que estuve en el parador de El Hierro pensé que estaba aislado, era silencioso en exceso y tenía tal vez un parecido siniestro con la película de El resplandor. En esta ocasión la impresión que me llevé fue muy positiva. Estaba encantada con la paz reinante para dormir, la tranquilidad de la piscina, de la terraza, donde podías tomarte una coca-cola mirando al mar y escuchando de fondo un bolero.
El personal que trabaja allí es amable, pero no agobiante. No sé ustedes, pero yo no soporto esos camareros que están siempre encima de una, esperando para llenarte la copa como si una no tuviera dos manos para hacerlo, y, de paso, escuchando una conversación privada. Aquí, lo dicho, serviciales, pero no en exceso. Cercanos, pero no confianzudos. Me aconsejaron volver más tranquilita, no por trabajo sino por placer.
Conseguí relajarme y eso que siempre estoy cercana al ataque de histeria. De hecho la tranquilidad me embargó de tal manera que casi pierdo el avión de vuelta. Salía a las 16.40 y ahí me ven, a las cuatro menos cinco, saliendo del Parador. Esta visto que hay personas que no podemos disfrutar de la tranquilidad sin estar a punto de provocar una catástrofe