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Novedades en la categoría rock and roll

Hola de nuevo, bienhallados todos.


Sed buenos y seguid el orden de los videos y los textos tal y como os los pongo. Echadle un ojo, primero, a esto:


Un buena parte de vosotros dirá; "Ya, es Mika, ¿y qué?", pero -creo yo que- la mayoría se habrá quedado sorprendida al escuchar por primera vez semejante portento de voz. Llamadme -los enterados,en el mejor sentido de la palabra- burro, cavernícola, anacoreta o carca, pero he de confesar que yo mismo, hasta este verano, no tenía ni puta idea de la existencia de este pollo. Antes de seguir, echadle un vistazo a esto. Es la misma canción que antes cantaba en básico, pero "vestida" y en el Parque de los Príncipes de Paris. No os perdais el final, con los solos de percusión.

Bueno, ¿A alguien le cabe la menor duda de que estamos hablando de una nueva megaestrella mundial? ¿alguien recuerda a otro cantante de pop rock que alcance estos registros vocales? Lo más aproximado que me viene a la cabeza (ya vereis que no es casual) es Freddie Mercury, pero ni así.

Os cuento sumarísimamente lo que me ocurrió. Este verano, en Galicia, un viejo amigo reaparecido tras muchos años sin vernos me invitó, nos invitó a Ángeles y a mí, a ver un concierto de Mika, que tocaba en el auditorio natural del parque de Castrelos, en Vigo. Yo, como ya dije, ni puta idea. Ángeles, que se lee hasta la guía de teléfonos, sí había oído hablar del tipo y me advirtió que era alguien muy especial: un libanés afincado en Londres de 27 años que hablaba perfectamente varios idiomas y al que la crítica comparaba, ahí es nada, con Elton John o con Freddie Mercury. Mi anfitrión, un músico de gran prestigio, también me advertía que se trataba de un artista fuera de lo común, y los periódicos prometían el espectáculo más memorable del verano. Así que para allá fuimos con curiosidad e ilusión.

Me encontré con un escenario de considerables proporciones para lo que habitualmente se ve en Castelos. Cuando se apagaron las luces, y tras escuchar (por primera vez en mi vida) el aullido del cantante en los primeros compases de Relax (Take it easy) ya me di cuenta de que estaba presenciando un fenómeno de esos que no se ven todos los días. De esos que se ven una vez cada 10 años, o así. Más o menos tal que esto (el escenario era bastante más pequeño; si alguien está interesado, que ponga el youtube "MIka Vigo", que hay vídeos, aunque de menor calidad que éste):

Un poco de historia para darle fondo al artículo, aunque los que estén interesados en profundizar un poco más pueden hacerlo en la wiki, picando aquí. MIchael Holbrook Penniman Jr. Mika, nació el 18 de agosto de 1983 (tiene pues 27 años) en Beirut, Líbano. Pasó los primeros nueve años de su vida en Francia y después se traslado a Londres con sus padres. Es hijo de una libanesa y un estadounidense. Tuvo una profesora de canto rusa desde pequeño, y a los 15 años ya cantaba como contratenor o sopranista, "el equivalente", dice la Wiki, " a los antiguos castrati". Se matriculó en la London School of Economics para estudiar geografía, sigue la web, "pero duró un día, y dos semanas después ya estaba estudiando música en el Royal College of Music".

Vayamos a lo que no cuenta la Wiki, aunque dé pistas. Ya en 2008 ganó el Brit Awards como mejor artista en directo del año. Merecido, vive Dios, visto lo visto en Castrelos. Un sonido demoledor, de altísima calidad (yo no recuerdo nada que haya sonado igual en el abarrotado parque vigués), una banda de auténticos patas negras (mención especial para la percusionista, Cherisse Osei, y la atómica corista, Erika Footman) y un saber estar en el escenario que hipnotiza. Es encantador -lo veas desde el sexo que lo veas-, elegante, atlético, simpático y muy teatral. Habla cinco o seis idiomas con fluidez, español incluido, y no deja indiferente a nadie. Un dato marujo, es bisexual declarado. ¿Vamos con otra muestra? Vamos. Esta es su balada/himno de bandera, lo que a Prince sería el Nothing compares 2 U , y no lo cito por casualidad (no pierdan de vista al payaso de los globos, que al final hace una gabrielada digna de supper´s ready, los más viejos del lugar me han entendido):


Algunos críticos, ya lo dije, le comparan con Elton John, será porque toca el piano. A mí es en lo único que se le parece a sir Reginald, yo creo que para atreverse a establecer tal simil habría que esperar unas décadas. Sí me atrevería más a refrendar a los que le acercan a Freddie Mercury en cuanto a la forma de cantar y, sobre todo, a los que le ven discípulo de Prince, tanto como cantante como en su rol de compositor y de ingeniero de espectáculos, porque en los bailes, el colorido, la puesta en escena, la elección de acompañantes y la percusionista-prodigio, son igualicos. En lo musical, salvando las distancias temporales, me recuerda el Mika éste a los Talking Heads, por la faclidad para crear estribillos geniales de bases altamente sencillas. Sobre todo en el love today que antes les puse por partida doble.

Tiene dos discos en el mercado, creo: Life in Cartoon Motion (2007) y The boy who knew too much (2009), que saca el título de un pensamiento de Bart Simpson (sí, el chaval es muy naif...en apariencia), y creo que en este septiembre, o sea ya, saca su tercer disco, y si alguien sabe más que me corrija. Los dos primeros han sido disco de platino en España y en medio mundo, así que, una vez más, reitero mi condición de pureta-ignorante, pero seguro que a muchos de vosotros os ha pasado lo mismo, ¿no?

Me atrevería a decir que estamos ante una de las futuras megasestrellas del panorama pop-rock internacional. Recuerden que sólo tiene 27 años. Al tiempo.


Les dejo con la pieza más emblemática y pegadiza que ha grabado hasta el momento, en la que hace toda una declaración de intenciones: Grace Kelly. De aquí viene el título de mi post, ya que la letra dice, "Me hubiera gustado ser Grace Kely, pero todo en ella es triste, así que intenté ser un poquito Freddie [Mercury]". Otro dato a tener en cuenta: le encanta a los niños y es (casi) para todos los públicos, porque sus dobles sentidos son muy sutiles. En fin, que Hope you like it.


PD: De comer, en unos días nuevo video: Zanahorio. Temblad, malditos.


levin1.jpgEfectivamente, como os anuncié la semana pasada, el 22 de julio, esto es, el jueves que viene, tenemos a Tony Levin dando un concierto en el CICCA, en la Alameda de Colón.

La nota oficial

En primer lugar, y para los neófitos, copio y pego la nota de prensa que me pasa el promotor del concierto, que es mi amigo (por no decir hermano, tras 23 años de en-otro-tiempo-más-escandalosas-y-hoy-ya-inocuas-correrías-otro-día-os-cuento) Juan Salán: Ahí va:

"Peter Gabriel, John Lennon, Pink Floyd, Yes, Alice Cooper, Lou Reed y King Crimson tienen en común, aparte del hecho de ser monstruos de la música atemporal, un nombre: Tony Levin. El eximio bajista ha tocado con todos ellos, aparte de muchos más, lo que unido a su recorrido en solitario lo ayudó a erigirse como uno de los grandes músicos de todo el orbe. Ahora, de la mano de la Obra Social de La Caja de Canarias, este auténtico mito llega a Gran Canaria a dar un único concierto junto a la banda 'Stick Men'.

En la banda figura, además, Pat Mastelotto, un capo dentro de los capos de la batería, de currículum igual de venerable. Mr. Mister, XTC, David Sylvian, The Rembrandts, Kimmo Pohjonen y King Crimson (donde milita desde hace más de 15 años) han sabido de su maestría.

El combo se completa con el multi instrumentista Michael Bernier, que ha pasado por las bandas de Sonny Rollins, Natalie Merchant, Paige Hamilton, Jack DeJohnette y Tony Levin.

El principal protagonista del show es el Chapman Stick, instrumento que precisamente fue popularizado por Tony Levin en sus apariciones con King Crimson y como miembro de la banda de Peter Gabriel.

El Chapman Stick es un instrumento eléctrico creado por el luthier californiano Emmett Chapman a principios de los 70, cuyas cuerdas pueden desarrollar líneas de bajo y de guitarra junto a un elemento que hace las veces de percusión cuando se golpean. Se ejecuta utilizando la técnica de "tapping", tocar el instrumento por el cuello de éste con ambas manos y presionando las cuerdas sobre el diapasón.

La cita es el jueves 22 de julio a las 20:30 hrs en el Centro de Iniciativas de La Caja de Canarias (CICCA). Entradas a la venta en www.cajatique.com, 902 405 504, cajeros expendedores y taquilla del CICCA".

Mi visión del músico

Contada la historia oficial, paso a la extraoficial, que es mi experiencia personal con Levin. Y el que quiera academicismos, datos y demás, que pinche aqui, que yo ya estoy muy mayor para tirarme el pisto.

Mi conocimiento principal de Tony Levin viene determinado por mi pasión por Peter Gabriel, así que me referiré exclusivamente a esta faceta del bajista. Entre otras cosas, porque si ya poco poquito en la vida me ha interesado King Crimson -aún reconociendo sus méritos en los sesenta y setenta y sin ánimo de faltarles al respeto-, menos aún me interesaba en los ochenta, que fue cuando el bueno de Levin se unió a la banda.

Así pues, para mi Levin es, principalmente, el bajista de Peter Gabriel y, después, un interesante investigador de las posibilidades del chapman stick (repito, váyanse a la Wiki si quieren saber más ), que es lo que vamos a ver aquí este jueves. Aquí les inserto un vídeo promocional para que sepan de qué estamos hablando.

Yo a Levin lo conocí como músico, manda cojones, allá por el año 77, cuando Peter Gabriel sacó su primer disco en solitario, el Gabriel I, también conocido como "Car" por su portada -por cierto, bastante cutre para lo que se esperaba del entonces arcángel de los disfraces-. Si bien ya ahí había cosas que se salían de lo común para la época, (Moribund the burguermeister, por ejemplo), para este que les escribe no sería hasta el Gabriel III o Melt (el de la cara derretida) que descubriría a Levin como un bajista extraordinario, a traves de títulos como I don´t remember, Family Snapshot, Not one of us o Games without frontiers. Y aunque no sea precisamente en esta última donde muestra Levin sus mejores talentos -se le ve más ocupado en los teclados, aunque alguna filigrana se marca-, no me resisto a insertarles esta vibrante versión, con un Gabriel en lo mejorcito de su carrera, con 37 años y girando el exitoso So en el periodo 86-87, (fue la primera vez que lo vi en directo, aún no me he recuperado):

Potente, ¿eh? nada que ver con las versiones amariconadas que ha hecho últimamente, rulando por el escenario en un segway como un jubilado recién bajado del Queen Elizabeth por Vegueta, con su hijita, la Melanie del carajo, destrozando los coros. (Aggg, tenía que largarlo).

Otrosí, decirles que esta filmación que acaban de ver, perteneciente a la película P.O.V. (Point of View, punto de vista), cuenta con la producción ejecutiva de Martin Scorsese. En los extras que la adornan vemos trozos de películas familiares de Peter Gabriel; el niño que saluda asomado a un balcón es él.

Bueno, que hablábamos de Levin. Creo yo que más por simbiosis con Gabriel que siguiendo sus indicaciones, el bajista va confirmándose a lo largo de los álbumes de PG como un brillante investigador, un hábil multiinstrumentista que maneja como pocos los recursos de la técnica (El Fairligth CMI, por ejemplo, a partir del Gabriel III o las baquetillas para bajo) hasta convertirse en un creador de atmósferas más que un simple acompañante. Miren, si no, el pasote que se pega aquí, baquetillas incluidas, en esta notable versión de Steam (1993). Pueden saltarse la intro tranquilamente.


Voy finalizando. Además de tocar el bajo, Levin, entre otras aficiones, cultiva -como yo- los paseos en bicicleta (pregúntenselo si no lo creen a los hermanos Cedres o a Miguelo Arencibia, a los Coquillos, vamos, que lo vieron entrenar el Cáceres), la fotografía digital o el blogging, y a esto último quería yo llegar. El calvorota de Woodstock tiene dese hace la intimerata un completísimo blog /página web en el que da cuenta de sus andanzas a lo largo del mundo y permite ver la cara más humana de la estrella del rock. A través de esta web he seguido yo las últimas giras de Peter Gabriel, tanto que cuando llegaba a verlo en directo de verdad ya me las sabía de memoria, y he llegado a identificar a Levin casi como a un amigo, por lo cercano de sus comentarios y lo sensible que se muestra con sus seguidores, a los que trata con un respeto poco habitual.

Una cosa más quiero apuntar, por curiosa y porque cierra un círculo, otro: El Chapman Stick se toca con la técnica del tapping, que, para que me entiendan, viene a ser como lo que hago yo en el ordenador del periódico los viernes por la tarde: percusionando en las cuerdas furiosamente con las yemas de los dedos, lo pueden ver en el primer vídeo que les colgué aquí. Bueno y, ¿quien inventó el tapping, amiguitos? pues el señor Steve Hackett, que entrevistó este menda en exclusiva para Entremesas cuando se dejó ver por aquí el año pasado. ¿Y quién era Steve Hackett, cuates míos de mi refajito mismo? Pues el guitarrista de Genesis entre 1971 y 1977, y sobre todo de la era de Peter Gabriel. Hala, Todo queda en casa, qué bueno que vinite.

Para ilustrar esto último, un video que ni pintado, en el que un fan de Genesis recrea el sólo de entrada de Steve Hackett en la primera pieza en la historia en la que se utilizó la técnica del tapping o fingertapping. The return of the giant howeed, de 1971, elepé Nursery Crime ¿Que el tapping lo inventó Van Halen? ¿que fue Brian May? Venga. Rechacen imitaciones.

Interrumpimos nuestra programación habitual ante la aparición de una noticia de alcance.


Lo anunció ayer en una rueda de prensa en Alemania con motivo de la presentación del musical Tarzán: Phil Collins no podrá tocar la batería nunca más.

Fue sometido a una operación de columna vertebral, y a consecuencia de ésta, ha perdido la sensibilidad en las manos. "La única forma en la que podría tocar sería pegándome las baquetas a las manos con pegamento", expuso. Y a continuación anunció que seguirá cantando y que ya prepara un disco de versiones de los clásicos de la Motown.

Sinceramente, a mí no me importaría excesivamente que hubiera anunciado que lo que ha perdido es la voz, porque, como cantante, nunca me ha dicho gran cosa. Pero que Collins deje de ser un batería me deja especialmente triste, además de notablemente más viejo. Phil era...¿cómo decirlo? el batería de mi vida, el batería de Genesis. Yo soy un gabrielino, es decir, un defensor a ultranza de los Genesis de Peter Gabriel, y como todos los gabrielinos, siento especial repulsa por los discos de Genesis en los que canta Phil Collins. Bueno, por todos no, salvo de la hoguera A trick of the Tail, Wind and Wuthering, Seconds out y, apurándome mucho, Duke. Pero al Genesis de los ochenta en adelante no los puedo soportar. Buena parte de la culpa es de Collins, sus payasadas y sus baladitas pajilleras.

Pero, coño, que deje la batería... creo que Phil es, era, uno de los mejores percusionistas de todos los tiempos, uno de los míticos, junto a Lionel Hampton, Alan White, Cozy Powell, Stewat Copeland, Ginger Baker o Carl Palmer. Y no puedo evitar una lagrimita.

La noticia también confirma con rotundidad que ya no hay ninguna posibilidad de que Genesis repita el concierto de reunión con Gabriel, lo que aún anhelábamos los viejos del lugar. Y evidencia que, afortunadamente, tampoco volverá Genesis a presentarse en formato santísima trinidad (Collins, Banks, Rutherford), lo que a riesgo de que me tachen de malvado, también me parece tranquilizante, porque hay que ver como desangraron la marca estos tres tunantes.

El video es una joyita, la filmación de la gira de Seconds Out en Dallas (1976) con el legendario dueto de baterías Collins-Thompson.

Adiós, mi admirado batera.

la cola bruce.jpg

Observen la foto de la derecha, publicada por La Voz de Galicia. Es una de las colas para acceder al concierto que ofreció Bruce Springsteen en el auditorio del Monte do Gozo de Santiago de Compostela el pasado 2 de agosto.

Si se fijan en la parte superior de la imagen, verán que se aprecia un pequeño claro, y se intuye, a la izquierda, que su razón es que existen unas vallas amarillas que delimitan -muy poco, ciertamente- el lugar por donde se accede al recinto.

Esas vallas las colocamos, in extemis, mi mujer, Ángeles, mi sobrino Juan y yo.

Lo hicimos a eso de las siete de la tarde, cuando ya llevábamos casi cuatro horas de espera, y ante la evidencia de que la multitud no iba a respetar de ninguna manera el amago de civilizada cola a la que nos habíamos unido cuando llegamos al lugar sobre las 15.30 horas. Las vallas en cuestión estaban apiladas al otro lado de la carretera. Sírvase usted mismo; nadie de la organización se había molestado en colocarlas. Bueno, es que allí no había nadie de la organización, sólo un par de tipos que custodiaban el acceso al hemiciclo.

Dos tipos para controlar a...¿cuánta gente creen que puede haber en esa cola? Tengan en cuenta que la foto sólo muestra una parte de la multitud, una pequeñísima parte.

Los habituales recordarán el reciente post sobre la historia del músico al que una compañía aérea le rompió la guitarra, el que se vengó con una canción. "United breaks guitar", se llamaba la pieza. Si yo supiera música, compondría una titulada "Doctor Music jugó con nuestras vidas".

Porque esa es la verdad: El civismo del público evitó una catástrofe en el concierto de Springsteen en Santiago. Pudo haber un muerto. dos, diez, cien heridos...si no pasó nada fue porque Dios, el apóstol Santiago o Prisciliano de Compostela, a saber, son grandes (a veces). Pero desde luego, no porque la organización o las autoridades competentes hicieran algo para evitarlo.

El auditorio del Monte do Gozo (para que se hagan una idea, lo puede ver aquí debajo, dormitando bajo las gaviotas ; pinchen para verlo en detalle) es sin duda un espacio natural formidable....para 25.000 personas, para de contar, pero es que en esta olla metieron el 2 de agosto a 40.000 almas, así, a lo bruto, sin pasillos, sin señalizaciones, sin orden alguno. Auditorio_del_Monte_del_Gozo.jpg

El perímetro de la instalación era inconmensurable. Desde fuera, imposible hacerse una idea de sus dimensiones. La señalización, escasísima, provisional y apresurada, tanto que a día de hoy no tengo claro cuantos accesos había, si dos, tres o cuatro (en todo caso, una cífra rídicula: ¿cuántas puertas tiene uun estadio?). Ni Doctor Music ni las autoridades ¿competentes? dispusieron de efectivos para controlar el orden de las colas, y las puertas se abrieron más allá de las 20.30 (media hora larga más allá del horario señalado en las entradas) para un concierto que empezaba teóricamente a las 22 horas.

Es decir, que cuando se permitió el acceso, la marea humana en el exterior era de pesadilla. Esto provocó una armageddónica avalacha sobre las gradas (soterradas ad hoc para ganar más espacio, por cierto), que si no llegó a desgracia fue porque en las puertas de control interior (¿digo puertas? dos vallitas sobre la hierba enfanganda) se dieron cuenta (afortunadamente) de que no podían cortar las entradas una a una -eso habría creado peligrosísimos tapones- y optaron por entender que todo el que había llegado hasta allí la portaba. Siendo una opción deplorable, era la mejor en aquel momento, dadas las circunstancias.

Mucha gente llegó al graderío con la entrada sin cortar, y alguna hubo (yo creo que poca; ahora lo explico) que se coló. Sea como fuere, la gente que había creído que aquello iba a ser algo civilizado y decidió llegar, digamos, dos horas antes del concierto, que es lo más normal en sociedades civilizadas, se encontró con que el recinto estaba ya petado y ellos, tras pagar la friolera de 74 euros, no podían entrar o tenían que verlo desde el quinto pino, y esto es literal. Aquí les cuelgo uno de los videos que grabó un universitario que se quedó en el extrarradio. El cabreo del joven es antológico y está justificadísimo.

Les decía que no creo que mucha gente se colara. Sin duda, algunos -qué se yo, 200 o 300- sí lo hicieron, pero es un poco peregrino pensar que 10.000 o 15.000 caraduras llegaron hasta el lejano auditorio sin entrada y con clarividencia para saber que aquello iba a ser la casa de putas en que devino y que podrían pasar por la cara.

Me parece que la explicación es mucho más sencilla: se vendieron más entradas que las que soportaba el aforo. Presuntamente, la -en apariencia, que está sub iudice- codiciosa y negligente Doctor Music (el primer sorprendido soy yo, que los tenía por experimentadísimos y solventes profesionales) no pensó en otra cosa que en la pasta y metió a una multitud casi sin precedentes en la historia del recinto en una lata de sardinas, sin valorar cómo podía acabar aquello. Sigamos con nuestro amigo el estudiante:


Chiquito mosqueo, ¿verdad? Bueno, pues mientras este buen hombre se desesperaba en el quinto coño, nosotros, por circunstancias que ya explicó Ángeles en su post en caliente, estábamos en la primera fila detrás del foso. Felices, pero desde luego atrapados. No way out. También explicó Ángeles que fuimos previsores y no ingerimos ningún líquido desde las tres de la tarde.

Si hubiéramos tenido una necesidad, nos la tendríamos que haber hecho encimba. Y ese era el mal menor.

Imagínense que entre tanta gente civilizada se cuela una panda de maquis pasados de ácido o de cualquier psicotropo -lo que no es descabellado ni mucho menos- que se quedan como el estudiante del vídeo (en la puta calle, o en el puto monte), se mosquean, empiezan a empujar y crean una avalancha. Imagínense que en lugar de Springsteen toca AC/DC o los Stones, imaginen que en lugar de una tarde fresquita hace un día de calor extremo y la gente se pone nerviosa, o que cae un aguacero y la hierba se convierte en un barrizal.

Miren cómo acabó nuestro hombre:


Por si esto fuera poca tomadura de pelo, al día siguiente Doctor Music sale al paso de la carajera que se estaba montando en los foros de internet, en El País, en la Voz de Galicia y en casi todos los periódicos de España, y un portavoz dice que no pudieron evitarlo porque el avión que traía al Boss aterrizó tarde (más allá de las 19.30 horas, creo que dijo), en el aeropuerto de Santiago. Falso: La Voz de Galicia cuelga en la web un pantallazo de la bajada del músico del avión y se ve en el registro de la cámara que son las 18.21 horas de la tarde. A continuación le larga el mochuelo a la Xunta de Galicia.

La consejera del ramo ofrece una rueda de prensa esa misma tarde y muestra el contrato con la productora, donde se especifica claramente que la organización en el monte del carallo es competencia de esta última (mucho habría que decir sobre esta lavada de manos ¿no? pero lo cierto es que está por escrito. Bueno, esa sería otra historia).

La evacuación fue casi tan caótica como la entrada. En lo que se refiere a nuestra experiencia personal, ya les dije que estábamos en primera línea de fuego, sin posibilidad de movernos. Esperamos como 20 minutos desde que se encendieron las luces, y cuando empezamos a ver algunos claros, subimos monte arriba y nos tomamos la primera y única cerveza del día en un bar del interior del auditorio, que, claro, nos supo a gloria. Comimos un gomoso bocata en el mismo bar, y como ya había pasado más de media hora de la apoteosis, entendimos que podíamos regresar a casa con cierta tranquilidad.

Los cojones: La puerta de salida tenía el ancho del portal de mi casa (metro y medio), y por ahí aún fluía lentamente la riada humana, a oscuras, haciendo trial por el monte, sorteando escaleras, apelotonándose en un camino estrecho y cuesta abajo...

El concierto acabó a eso de la una de la madrugada. Llegamos a Vigo (a 90 kilómetros por autopista) a las cuatro de la mañana.

Les dejo con la noticia tal y como la emitió Antena 3 en caliente. Doctor Music, no cuentes conmigo para la próxima.



PD: Para aquellos que accedan a este post por casualidad y no conozcan el blog, para ver la primera parte de la crónica, referida al concierto en sí, pinchen aquí.

Otrosí, muchas gracias y un aplauso al estudiante que grabó las imágenes del caos.


bruce santiago panorámica.jpg

Bruce Springsteen and the E Street Band. Working on a Dream Tour. Auditorio del Monte do Gozo, Santiago de Compostela.
Bruce Springsteen, voz, guitarra
Clarence Clemons, saxo, percusión, voz
Max Weinberg, batería
Roy Bittan, piano, sintetizador
Steven Van Zandt, guitarra, voces
Nils Lofgren, guitarra, acordeón
Charles Giordano, teclados
Soozie Tyrell, violín, coros
2 de agosto de 2009
Entrada: 74 euros
Aforo completo
Duración: Dos horas y 50 minutos aproximadamente.

El boss cumplirá 60 años dentro de un par de semanas, concretamente el 23 de septiembre. Esa es una realidad inapelable a la que suelen recurrir sus detractores (y también gentes dedicadas al hermoso arte de joder por joder) para hablar de agotamiento, de falta de creatividad, de olor a Imserso y de todos los sambenitos que les suelen colgar a los viejos rockeros. Digo esto porque, tras su aparición en el festival de Glastonbury a principios de verano, se habló mucho de que si Springsteen iniciaba por fin la cuesta abajo, de que si el ocaso del boss, de que si...pollas en vinagre.

Puedo estar de acuerdo, y de hecho lo estoy, con que su último disco, Working on a dream, es bastante flojito. Más parece un edredón elaborado con los retales sobrantes de Magic, su magnífico trabajo anterior, que un producto original. Creo incluso que el propio Springsteen lo admite implicitamente cuando sólo interpreta en la gira promocional del disco en cuestión dos de sus temas. Pero ese sería otro debate, porque hablamos de un concierto en directo. Y en este terreno, Springsteen sigue siendo el número uno mundial, desde mi punto de vista de una forma indiscutible.

Muy probablemente, no sea el de Jersey el rey del rock and roll, pero sí es el rey del buen rollo en escena, asunto distinto este, veamos; para mi gusto el rey del rock, o el mejor músico de rock vivo actualmente, podría ser Keith Richards, pero yo no le confiaría a mis hijas ni quince minutos. Con Bruce, sin embargo, les permitiría ir de acampada a Ayacata durante una semana.

Hablaremos de los desastres organizativos del concierto de Santiago en una segunda entrega, que el asunto tiene tela. Ya lo abordó Ángeles al día siguiente del evento, en caliente, con los pies aún doloridos por el vía crucis y en una crónica palpitante, aunque esté mal que yo lo diga. Vamos a centrarnos en el aspecto estrictamente musical, que yo creo que merece la pena.

El espectáculo comenzó con un golpe de efecto sin riesgo alguno, un truco de vendedor de crecepelo para meterse al respetable en el bolsillo: Probablemente ya lo han oído: sale Lofgren con un acordeón y toca la canción más tradicional del lugar, probablemente aprendida en el avión veinte minutos antes. En Udine (Italia) fue una tarantela, en Bilbao el Desde Santurce..., y en Santiago...pues claro, a Rianxeira.

Nada que objetar -that´s entertainment- y, mientras las ondiñas vienen y van, los músicos se afianzan en sus puestos. Del backstage emerge Bruce asistiendo al big man Clemons -supercastigado por la artritis; se operará en enero; suerte, monstruo- , el personal enloquece y contiene la respiración. "¡Santiago, boas noites!", brama el boss, y con el tradicional "One, two, three!", da paso a una atropellada versión de Badlands. Veámoslo.

Estoy a unos veinte metros del escenario, en el centro (les remito de nuevo al post de Ángeles para que entiendan cómo lo conseguimos). Primera línea de fuego. El himno de Darkness on the edge of town me suena...apresurado. Totalmente desangelado si lo comparamos, por ejemplo, con la versión del vídeo grabado en Barcelona en 2007. Además, no me parece la mejor elección para abrir un concierto, ni siquiera con el lubricante de A Rianxeira. Es una de las piezas más épicas, emblemáticas, emocionantes y potentes del repertorio de Springsteen. Lo diré; una de las legendarias (y no le den al adjetivo el prostituido uso que le da hoy en día la televisión, por favor, donde se tacha de legendario hasta al badajo del Dinio) y, para mi gusto, sería ideal para cerrar antes de los bises, incluso como último bis, pero nunca la pieza de apertura. Badlands debe ser una recompensa, un premio después de dos horas de concierto y de tragarse algún que otro coñazo, una pieza sudada, no un anticipo a cambio de nada.

Para que me entiendan mejor, les adjunto la versión que tocó en Barcelona hace pocos años. Me parece que ya la colgué en anteriores entradas. Y la colgaré las que haga falta, porque es el mejor ejemplo de comunión rockera entre un artista y su público que he visto en mi vida:

Aterricemos. Volvamos al Monte do Gozo, comienzos del espectáculo. El grupo no ha probado sonido (bajaron del avión media hora antes del concierto), hay bastantes imperfecciones en los graves y la gente aún no está metida en harina. Badlands casi se malgasta. Un primer vistazo confirma que la Scialfa se ha dado la fugona en la gira Europea, pero no parece importar demasiado. Sozzie Tyrell lleva el mismo farandol y se coloca en su mismo lugar, y nadie parece quejarse. Algunos incluso la confunden con la señora Springsteen.

Pequeños detalles aparte, los tres bombazos elegidos para ir haciendo boca ya nos colocan al borde de la afonía: Tras Badlands, la maravillosa Out in the Street (oh-oh-oh-oh-oh), clasicazo de The River, y sin solución de continuidad y de la misma fuente, Hungry Heart, que el boss deja cantar casi en toda su extensión al público. El sonido va transformándose en el que cabía esperar, cristalino, y los cámaras que se encargan de mostrar al público el detalle desde las macropantallas evidencian que están a la altura de las circunstancias.

Alguien había escrito, en críticas de shows anteriores, que Bruce se estaba mostrando reacio al contacto físico con el público en esta gira. Los cojones; En Santiago baja a la arena como un torero, sin el más mínimo titubeo. Coge manos, da besos, se deja tocar (hasta le soban el paquete en algún momento), recoge un guiñol del público, lo usa para hacerle cosquillas a Weinberg y a Van Zant, lo devuelve para que el dueño tenga algo que contar a sus nietos, se recorre el escenario varias veces, no deja de sonreír, hace muecas, payasadas... es imposible que esté simulando que lo pasa en grande. El boss está contento y sus acólitos no caben en sí de gozo. La energía que emana del escenario no nos permite dejar de saltar, a pesar de llevar siete horas de pie (les remito de nuevo al post de Ángeles)

Cae Outlaw Pete, el single de su último disco, entre espectaculares imágenes crepusculares del valle de la muerte. Un hit de más de siete minutos al que, para mi gusto, le sobran estrofas, siendo benévolo. Se suceden sin demasiada huella Spirit in the nigth, un mediotiempo de su primerísima época, y Working on a Dream, la pieza más comercial del último disco. Entramos en una de las mejores fases del concierto, rockera sin concesiones: Adam raised a Cain, Murder Incorporated, Jhonny 99 y Darkness on the edge of town. Rock en estado puro. "Tengo algunas cervezas y la autopista es gratis, qué me dices a ello, querida", proclamaba Bruce en Sherry Darling, que desgraciadamente no cayó en Santiago. Pero sí el olor a asfalto; la E-Street circula a velocidad de crucero, engrasada como un Studebaker de los cincuenta. Se echa de menos a Danny Federici, el teclista que otorgaba a la banda su sonido característico (murió de cáncer a principios de año), pero Giordano, su sustituto, tampoco lo hace mal. Acaba la tanda con Raise your hand, y pasamos al momento endémico de los shows del Boss en el que la banda complace las peticiones del público.

Ya saben, y si no lo saben, les cuento: En todos los conciertos desde hace muchos años, desde que llena estadios, Bruce reserva el foso ante el escenario a sus seguidores más fieles, los que acuden al recinto por la mañana, o incluso el día antes. A esos, que en Santiago eran unos 1.300 (nosotros nos quedamos fuera por un par de horas), se les toma la filiación antes del concierto y se les concede la famosa y codiciada pulserita fluorescente, que les permite acceder a las primerísimas filas, ver el concierto a sus anchas con la cerveza en la mano (tiene su propio bar) y sobar literalmente a su ídolo.

Estos iniciados (no confundir con los vips, en Santiago colocados en el quinto coño monte arriba) acuden con pancartas en las que escriben las canciones que desearían oir. Llegados al punto previamente establecido, el boss baja a la arena, coge algunos de esos carteles y cumple los sueños de unos pocos.

Las cámaras de detalle nos permitieron ver como Bruce pasaba de largo -para mi desazón- ante carteles que reclamaban Sandy, Because the nigth o Sherry Darling, y elegía otros en los que se leía Burning love, Born to be wild -sí, sí, la de Steppenwolf- y unas cuantas más que finalmente no tocó.

No sé si lo de Born to be wild estaba preparado de antemano, pero lo cierto es que la banda ejecutó una versión perfecta, como si no hubieran hecho otra cosa en toda la gira. Un alma generosa lo grabó (no fui yo) y lo colgó en youtube:


Y, aunque pareciera increíble, aquello aún estaba empezando. Sin parar, con el único respiro de los atronadores one,two, three!, caen las vitalistas My love will not let you down y Waitin' on a sunny day (con niño preparado, como en los mitines políticos), el himno The promised land, la hermosísima This life y los cañonazos que anuncian el intermedio: Backstreets, gloriosa, Lonesome Day, The Rising y, fin de etapa, Born to run, atronadora, esta sí en su sitio. No cuelgo ningún video -que los hay, bastantes- porque no había nadie en condiciones para grabar sin que se moviera la cámara.

A estas alturas, cada golpe del pedal del bombo no percute en el parche, sino directamente en mi estómago. Parece que Gary Talent se ha creído que mi esófago es la cuerda de su bajo. "Los vagabundos como nosotros hemos nacido para correr, nena", aúlla Springsteen por encima de 40.000 parroquianos extasiados. Todos coreamos con una sonrisa boba de felicidad plena. Dios, que pedazo de cabrones, qué buenos son. Mis dos acompañantes, muy poco brucistas hasta hace apenas dos horas, están casi en trance. De hecho, los tres levitamos por momentos, aunque se debe más a la compresión de la primera línea de fuego que a un milagro.

La tanda de bises comienza machacándonos a arengas: primero, con una versión acústica del No Surrender, himno del Born in the USA que también lo fue de la campaña demócrata de Kerry. Este mediotiempo precede a otra de las banderas del boss post 11-S, Land of hope and dreams, y ésta, a otra pieza aún más épica si cabe, American Land, de las sesiones de Pete Seeger. Cuando ya nos estamos cansando de tanto héroe desterrado, y otra vez sin reposo, Bruce enciende la traca final: Glory days, Dancing in the dark (ya no saca a bailar a jovenzuelas, de nuevo eligió a un niño) el Rockin' All over the world del ex Creedence Jhon Fogerty, un middle entre Twist and shout y La Bamba y, para cerrar, fuera de todas las quinielas y por primera vez en toda la gira, Born in the USA.

En medio de aquel acabose, una última y genial payasada: vio un cartel entre el público que le felicitaba por su inminente 60 cumpleaños, corrió a cogerlo, se lo colgó al cuello y simuló un desmayo, mientras un roadie disfrazado de médico acudía presto a suministrarle oxígeno. Aspiró dos o tres bocanadas, se levantó, gritó por enésima vez "one, two, one, two, three!" y se volvió a desatar la tormenta.

Aquí les cuelgo un video de un alma cándida que aún fue capaz de sujetar la cámara para grabar el final. ¿Se mueve mucho? Pues claro. A ver si tú lo harías mejor a esas alturas.



Probablemente muchos de los lectores ya habrán sacado su moraleja de lo narrado, ya; No hay nada nuevo bajo el sol de Bruce, y este concierto podía haber sido el de hace cinco o diez años, porque sus hitos son una apuesta segura y se compusieron hace lustros, cuando no décadas. Es posible, es posible que Springsteen esté viviendo de rentas en cuanto a creatividad, pero, como decía al principio, sigue sudando la camiseta como nadie en el mundo, y cuando digo nadie, digo nadie. Y además, con una sonrisa en los labios, que no es lo mismo que tener los labios hinchados, ¿vale, Mick?


Ya casi me olvidaba del maridaje! Como habitualmente lo que hacemos es colgar una receta y procurarle una música, en esta ocasión buscaremos una receta que cuadre con lo narrado. Mi amiga Fátima me manda un video que casa muy bien con el registro Soprano de Steve Van Zant, ya saben, el que encarna a Silvio en la serie. Espero que os guste, es muy creativo.



PD. A los que acaban de regresar de vacaciones, ánimo, que ya queda menos. A los que se van, que las disfruten mucho con su familia, de la que no dejo de acordarme (joder, es una broma, que lo paseis muy bien).


Bueno, aquí lo teneis. Que tío más majo. Todo lo que tenía que decir acerca de lo que siento por Hackett ya lo dije aquí hace un par de semanas, y ahora verdaderamente tengo prisa por colgar el video, para que lo puedan ver los que van a ir al concierto de esta noche. Así que el menudeo sobre la historia de la entrevista lo hago mañana. ¿Vale? (postscript: ir al final de la entrada)

Sólo una pequeña explicación: no lo he subtitulado todo porque el Windows Movie Maker, el programa de edición de video que uso, no es muy cómodo para esos menesteres. Yo creo que se entiende bastante bien. Espero que os guste.

(Perdón por las erratas en los subtítulos, producto igualmente de la prisa. Las corregiré este fin de semana, es un proceso de reedición del video que lleva su tiempo. Hablando de esto, lo tuve que colgar en vimeo porque era demasiado largo para youtube. Igual os pide que actualiceis el flashplayer, hacedlo, vuestro equipo lo agradecerá)


Interview with Steve Hackett from antonio f. de la gandara on Vimeo.


Bueno, ahora que ya ha pasado todo (es domingo), y superada incluso la morriña que me quedó cuando acabó(morriña con serpentine song como música de fondo), os cuento que la experiencia fue, qué os voy a decir, excelente. Hackett es un gran señor que aguantó el chaparrón con gran amabilidad y paciencia. Me imagino que estaría hasta los huevos de entrevistas como la que le hice, de hablar de Genesis, de recordar las épocas de The Lamb, y sin embargo no tuvo un mal gesto, lo que no puedo decir de otros "number one" que he entrevistado, como por ejemplo Carl Palmer o Serrat. Le invitamos -Javier, el amigo que me ayudó con la cámara- y yo a un par de rones (canarios por supuesto) con coca cola (ojo, digo par porque su novia se tomó otro, no porque él tomara dos). Después de mí le entrevistó un compañero que venía de Sevilla ex profeso (otro incondicional como yo; vestía una camiseta de A trick of the tail y traía seis o siete vinilos para que se los firmara) que se tiró 45 minutos hablando con él. Al acabar el concierto me lo volví a encontrar y le comenté, "Carallo, lo exprimiste", y él me dijo que había sido él, motu proprio, quien se había soltado. Y eso que a aquellas horas aún no sabía si iba a tener o no las guitarras.

Incluso, cuando acabó con el compi sevillano, le volví a dar la lata, como un quinceañero, para que saludara a través del teléfono a mi sobrino Juan, que heredó la pasión de mí y de mis hermanos. Pues el tío, "venga, pásamelo", y charló un ratito con él en un tono muy cordial. Ya después del concierto (me saludó con un gesto al verme en las primeras filas) no quise darle más la vara, y no hice ni el amago de acudir al camerino. Buen viaje mister Hackett, y hasta siempre.


Supongo que a alguno de los freakis que comparten mis pasiones le gustará leer la crónica del concierto, que se publicó el domingo en la edición de papel de Canarias7. Aquí la teneis

Lo bello y lo bestia


Los 400 parroquianos que colmaron el aforo de la sala San Borondón del Kraus -qué espacio tan fantástico para conciertos de rock, ¿lo podrían usar más, por favor?- salieron a la noche del viernes apabullados, con la boca abierta. Durante casi dos horas y media, lo que se dice sudar la camiseta generosamente, Steve Hackett y su banda de ibéricos de Guijuelo hicieron disfrutar de verdad a la concurrencia repartiendo cal, arena, campiña, sangre, sudor, lágrimas y algunas cosas más. Lo que se vio, oyó y sintió es difícilmente etiquetable. Ahora te mimo, ahora te reviento a hachazos. Ahora te doy pop fresquito, chatín, ahora toma palo de rock tenebroso, cacho cabrón. Ahora Genesis, ahora salfumán. Lo bello y lo bestia, en un mismo lote.

No me atrevería yo a decir que el señor Hackett sea bipolar como el viejo Gabriel -o como William Blake, fuente de inspiración de ambos- pero sí que su voluminosa obra destila creatividad ciclotímica por todos sus poros. Es algo difícil de explicar sin tener un tocadiscos a mano: Hay un Hackett, digamos, de campiña, casi irlandés, que parece primo de Sally Oldfield (por citar algunas muestras que se oyeron en el concierto, Everyday, Serpentine song, Spectral mornings), y hay otro con muy mala hostia que parece el cuñado de Darth Vaden, tal vez un Alan Parsons sin almíbares, que pone los pelos de punta con un rock despiadado, de noche con aforo completo en la cúpula del trueno (Valley of the Kings, Darktown, Mechanical Bride -puro gore-, A tower Struck Down). Y, como no hay dos sin tres, está luego el sublime guitarrista de Genesis, abriendo el joyero y hurgando en la memoria con orfebrería de 24 kilates (Horizons, Blood on the rooftops, Los Endos, Fly on a Windshield, Broadway melody, Firth of Fifth,In that quiet earth ).

Decir que el sonido fue perfecto es decir poco. Fue cristalino, sobrecogedor, ajustado, elegante y tridimensional. Ví todo el concierto en primera fila (el pedal del bombo me golpeaba directamente en la frente) y al salir del concierto no tenía ni el más mínimo pitido, que es la prueba del algodón. Cómo se notó, y agradeció, que trajera su propio técnico de luces. Apenas 10 focos y dos vari-lites, pero qué juego. Mención especial para la combinación estroboscópica en Mechanical Bride. Y en hablando del lado oscuro de la fuerza, la verdad es que todas las piezas reviradas con las que nos agasajó sólo tienen sentido en directo. No acabo de ver una sobremesa con los amigos escuchando, por ejemplo, Darktown.

Me dio la impresión de que Hackett estaba a gusto, en su salsa, a pesar de que tuvo algunos problemas técnicos con los pedales de las guitarras (amén de que se las perdieron durante unas horas en el viaje desde Londres) y con la batería, prácticamente imperceptibles para el público. Fue sobrio en la exhibición de cordajes y, creo recordar, despachó todo el concierto con su legendaria Les Paul negra de doble pastilla y con una española sin florituras. De la Gibson sacó momentos memorables, como cuando ejecutó el mítico -creo que aquí está justificado el adjetivo- solo de Firth of Fifth (aquí demostró en qué consiste la técnica del tapping, el punteo sobre el mástil) o el dominio del vibrato en Please don´t touch.

El acompañamiento, ya lo dije, de lujo, dos veteranos de las grandes guerras (Roger King en los teclados y Nick Beggs en el bajo) y dos alumnos aventajados (Gary O´Toole en la batería -físicamente clavao a Teo Cardalda e igual de virtuoso- y Rob Townsen, un escindido del jazz, en los vientos). Cuánto más efectivo es este Hackett con formación eléctrica frente al acústico. O´Toole es correcto a la hora de cantar las piezas de Genesis (Rooftops, Firth, Broadway) y Beggs parece que aprendió a contrapuntar las voces del mismísimo David Crosby.

El público lo pasó teta, y yo creo que aparte de los entregados de las primeras filas, la mayoría no tenía muy claro de qué iba a ir aquello, pero rápidamente se metió en harina. Dos horas y media es casi una sesión de Springsteen. Aquí se sudó menos, a pesar del calorazo que hacía, porque no había demasiado que bailar y sí mucho que ver y oir. Un concierto de los de estar calladito y extasiado, vamos. Hackett chapurreó un poco de español y demostró que es cierto aquello de que los de Genesis no se metían cosas raras: se conserva muy bien (59 años), miopía aparte, la verdad es que bastante mejor que Phil Collins, que es un año más pequeño.

Para los minuciosos, la lista de canciones, más o menos como la recuerdo: Fire on the moon, Everyday, Ace of Wands, Valley of the Kings, Darktown, Slogans, Circus of becoming, Serpentine song, Firth of fifth, Horizons, Blood on the Roooftops, Mechanical Bride, Spectral Mornings, Fly on a Windshield/Broadway melody of 1974, Please don´t touch, A tower struck down, In that quiet earth, Stormcatcher, Los Endos y Clocks.

Ficha: Steve Hackett en concierto. Ciclo Arrecife de las músicas. Sala San Borondón del auditorio Alfredo Kraus, 19 de junio de 2009. Aforo completo (400 personas).
Steve Hackett (guitarras, voz); Rober King (teclados); Gary O´Toole (batería y voz); Nick Beggs (bajo, voces); Rob Townsed (vientos y voces).


No quiero cerrar el capítulo sin darle las gracias a Javier Díaz Torres por estar ahí y hacer de cameraman y a Pablo Comesaña por su gran ayuda con el inglés.

Bajo el telón con uno de los temas que más me encandiló en el concierto: Serpentine Song (fijaos si miento o no cuando digo que el batería es clavado a Teo Cardalda)


"Habrá que resucitar a algunos si queremos llenar pabellones", decía Peter Gabriel al comenzar la gira del 2003. En este caso no creo que sea necesario, porque nuestro hombre actuará el 19 de junio próximo en la sala San Borondón del auditorio Alfredo Kraus, que es muy coqueta y sólo admite a 400 espectadores. Aunque a lo mejor nos llevamos una sorpresa y hay que saltar al escenario principal. Modestamente, me barrunto que hay más de 400 almas (vivas) en Gran Canaria que saben quién es Steve Hackett (Pimlico, Gran Bretaña, 12 de febrero de 1950) y que están dispuestos a pagar una entrada por verlo en directo.

Lo más aséptico sería decir que Hackett es un versátil guitarrista inglés con casi 40 años de carrera en sus espaldas y 23 discos en solitario. Lo realmente efectivo, a qué engañarnos, es recordar que fue el guitarrista de Genesis entre 1971 y 1977, para muchos -los más viejos del pueblo- la etapa más gloriosa de la banda. Que firmó en los cuatro discos de gloria cuando la formación era un quinteto -Nursery Crime, Foxtrot, Selling England by the Pound, The Lamb lies down on Broadway-, se mantuvo en otros tres donde aún quedaba algo de aquel asombroso lirismo -A trick of the tail, Wind and Wuthering y Seconds Out- y se fue para no colaborar en la -a mi gusto- bochornosa conversión de la banda en una caricatura comercial de lo que había sido.

Si se hubiera definido el mobbing en 1977, probablemente Hackett habría llevado al teclista Tony Banks -entonces líder espiritual de Genesis- a los tribunales. Breve rodeo: Andy Summers, el guitarrista de The Police, recuerda en su biografía que, cuando presentó a Sting el master de Behind my camel (que acabaría siendo premiada como la mejor pieza instrumental del año en 1980), éste cogió una azada y enterró la cinta en el jardín. En la segunda mitad del 77, a Hackett le pasaba algo similar con sus aportaciones a la producción de Genesis. NI puto caso, para entendernos. Acabó hartándose cuando puso sobre la mesa la pieza Please don´t touch y apenas logró que sus coleguis, Banks, Collins y Rutherford levantaran la cabeza de sus crucigramas. "Hasta aquí hemos llegado", vino a decir, recogió sus bártulos y se dio el bote, mientras la trinidad ponía rumbo hacia pastiches comerciales del corte Follow you, follow me. La canción de la discordia acabaría dando título al segundo disco en solitario del guitarrista en 1978.

Si me permiten un apunte personal, para mí ver a Hackett, y espero que poder conocerlo personalmente -lo admito, soy un enchufao, y además he tenido el honor de firmar un texto en el programa de mano- va a significar algo muy importante. Es el guitarrista de la banda sonora de mi vida, el que me ha acompañado durante ¿cuántos años ya? ¿33? pues por ahí. Sonaba la guitarra de Hackett cuando tuve mis primeros ligues, sonaba After the ordeal cuando enterré a mi querido hermano Ángel hace ya 17 años, suena el solo de fifth of firth cada vez que hago una fiesta veraniega con mis restantes hermanos y mis sobrinos y suenan en mi cabeza los quejidos de la Les Paul de Hairless heart cuando me pongo melancólico. Hace algunos años conocí personalmente a Chris Stewart, en primer batería de Genesis, hoy novelista de éxito. Ahora, si Dios quiere, voy a conocer al genio de Blood on the rooftops. De verdad, no tengo palabras.


Algunas muestras de lo que nos espera. La primera, recreando a Genesis, la sobrecogedora Fly on a windshield, de The Lamb (1975):

Aquí lo tenemos con su joyita de Foxtrot (1972), Horizons

Para mí, su mejor trabajo con la banda, la introducción de Blood on the rooftops, para Wind and Wuthering, 1977.

Y dos maravillas de su carrera en solitario: Ace of Wands de Voyage of the acolyte (1976) y Narnia para Please don´t touch (1978):




¡Ya coño!, Me olvidaba del enlace para las entradas, aquí


Me bailan mariposas en el estómago desde que el otro día me enteré de que Bruce Springsteen ofrecerá un concierto en Santiago de Compostela el 2 de agosto, acompañado de la E Street Band.

Estaré en Galicia en esos días y, por supuesto, asistiré al concierto. Ya he consignado una alarma en "Ticktackticket", el punto oficial de venta, y otro en la web oficial del boss, para estar al quite un día antes de que se pongan a la venta las entradas. Si no han cambiado las tornas, la mayor dificultad para ver al de Jersey estriba precisamente en estar muy atento a la pantalla del ordenador, pues las entradas se agotan en cuestión de horas, poco importa que los aforos sean mastodónticos.

bruce.jpgLo confieso, en la actualidad no soy precisamente un fan de Springsteen, más bien debo de admitir que le vine a perder la pista -como incondicional, entiéndase; cualquier terrícola convendrá conmigo en que ha sido del todo imposible librarse de él en los últimos 20 años- hace ya un huevo de tiempo, en el jurásico. Exactamente cuando saltó -con no poca valentía, hay que admitirlo- del vibrante "The River" (1980) al pausado "Nebraska" (1982). Desde entonces lo he seguido de forma muy vaga.

Desde esta perspectiva, debo decir que el Boss nunca me volvió a emocionar como lo hizo a finales de los setenta y primeros de los ochenta con discos como "Greetings from Asbury Park", "The wild, the innocent and the E-street Suffle", "Born to run" o, sobre todo, "The River". Las composiciones que vinieron después, que capté como piezas sueltas por mi creciente desinterés -Streets of Philadelphia, Tunnel of love, Brilliant disguise, The rising...- no es que no me agradaran, pero no les he visto, ni por asomo, la chispa de una "Sherry Darling" como la que les propongo hoy como canción de bandera, un "Out in the street", un "Rosalita" o un "4 de julio, Asbury Park", por citar algunas.

Hay, por supuesto -joder, casi me olvidaba- un paréntesis muy interesante, el "Born in the USA" (1984), pero, ¿quién no acabó hasta las pelotas? Aún así, corrijo lo anteriormente dicho y salvo tres o cuatro cositas de este disco, por ejemplo "My hometown", "Dancing in the dark" o "I´m on fire".

Y dicho esto, lo que no les voy a negar es que ver a Springsteen con la E-Street Band me parece un plan formidable para comenzar las vacaciones de verano. Sé que de aquí a agosto tendré que someterme a un severo aggiornamento sobre la discografía del nota para que me suene la mayor parte del repertorio -Mañana mismo un buen amiguete me trae de la Fnac de Barcelona el nuevo disco, Working on a dream, con dvd y demás puñetas a muy buen precio- , pero espero verme recompensado con una buena tanda de viejos himnos que me recuerden el verano del 81, cuando sonaba a todo meter "Sherry Darling" en el Woody´s de Bayona y acabábamos subidos encima de la barra. Además, si hay algo que consta es que Springsteen en directo es un tipo demoledor, sincero y artesano, y sus compinches -joder, Clarence Clemons, Nils Lofgren, Steve Van Zant- unos calaveras legendarios. Morbo añadido el de ver a Little Steven tras su paso por Los Soprano (sí, el guitarrista de Springsteen era Silvio, no te descubro nada nuevo; aquí lo tienes cargándose a Adriana).

Vamos con los videos, que es a lo que veníamos. Aquí va Sherry Darling. Es una canción muy de The River, álbum que venía trufado de letras macarrillas, descaradas y callejeras. La pieza está grabada en falso directo para subrayar el demoledor sonido de la E Street sobre el escenario. He elegido una versión traducida sobre fotomontaje; se pierde la imagen, ya, pero merece la pena entender de qué va la cosa. Como dirían algunos años después los Prefab Sprout, lo de Bruce es (era entonces) bastante monotemático: "Cars And girls".



Esta otra es mi preferida de Bruce. Titulé por Sherry Darling porque tuvo mayor tirón y es más reconocible, pero a mí la que siempre me puso en pista fue ésta, Out in the Street, y el video es inmejorable: extractado de un dvd, en alta calidad y con subtítulos.


Y para no darles mucho el huevo, acabo con una que bien podía haber sido incluída en la fiesta de la canción petarda. Tras el éxito de Born in the USA y su demoledora gira promocional, The Boss dio cuartelillo a sus chicos para que hicieran lo que les viniera en gana. Clemons se juntó con Jackson Browne e hizo esta cancioncilla, que no está mal, pero la promocionó con un video que, como podrán ver, tiene mojo con morena. O más bien con rubia, porque ya me dirán que coño pinta en este mariconeo que se traen los dos freaks una Daryl Hannah voyeur (por supuesto, ya sé que está como un queso, pero eso es otro cantar). Hasta luego.



Divertida perspectiva la que me remite mi amigo Jorge T. desde Bilbao. El remitente original, el que se la mandó a Jorge, concluye con sorna que estamos ante una gran estafa: "¡todas las canciones son la misma, y sin embargo la SGAE nos las cobra por separado!", brama. Hay algo de cierto en el fondo de algunos temas, otros están bastante forzados para ceñirse al guión. En todo caso, está claro que son los acordes más socorridos de la historia de la música pop, y no se salvan de la hoguera ni los Beatles. Si esto lo enlazamos con la reciente polémica sobre Coldplay...en fin, juzguen ustedes mismos:


No se ha cortado ni un pelo el segundo guitarrista de los Rolling Stones, Ron Wood, a la hora de contarnos su vida.

Ya saben, la mayoría de los monstruos escénicos miente descaradamete ante sus biógrafos o ante el folio en blanco. Aún tengo sobre la mesilla algunas autobiografías/hagiografías de estrellas del siglo XX (Ava Gardner, Marlene Dietrich, Edith Piaf) que pasan de puntillas sobre ciertos datos escabrosos incontestables de su paso por el mundo, cuando no los omiten descaradamente (de Ava me refiero a su autobiografía, no al completísimo ensayo de Marcos Ordónez del que les hablé hace algunos meses, que por cierto puede que se lleve al cine).

El bueno de Ronnie se ha desnudado a la hora de contar su vida: Las 341 páginas de Memorias de un Rolling Stone (Globalrythm, 2007; Ronnie en la versión original) apestan a vermouth con vodka en ayunas y a coca base, rezuman sexo guarrindongo -groupies en pelotas corriendo por los pasillos- y recrean los más espectaculares destrozos en habitaciones de hoteles de la historia del rock. Los Freak Brothers eran unas carmelitas descalzas al lado de Wood y sus malas compañías.

La lectura del libro de Ronnie es imprescidible para los amantes del rock and roll, especialmente para aquellos que crecieron cuando el rock era rock, no la mariconada que ahora venden efebillos rebosantes de lactobacilus casei con poses de falsa agresividad. Amiguitos, el rock de la segunda mitad de los sententa era un negocio peligroso donde camellos y demás gente de mal vivir campaban a sus anchas en el backstage y la existencia era puro desenfreno, ¿Estoy diciendo que aquello era bueno? pues claro que no. Estoy diciendo que aquello era así, por mucho que algunos se empeñen en reescribir la historia y asegurar que tampoco era para tanto, más que nada para no asustar a papás santurrones.

ronnie_wood_rod_stewart_450x338.jpgEn Memorias de un Rolling Stone podemos ver a un Hendrix pasado de ácido hasta las cejas, a Clapton intentando salir de la heroína tras más de dos años encerrado en un piso de Londres chutándose caballo a diario, a Rod Steward vestido con una bata de médico (y nada más) haciéndole exploraciones ginecológicas a las groupies, a Richards dándole al pico y sacando con demasiada frecuencia su calibre 45 (y me refiero a una pistola, no es una metáfora)... Ya les digo, no se achanta Woody a la hora de mirar hacia atrás sin ira. Admite sin ambages el músico su trato con los dealers de coca más peligrosos de Nueva York y Londres (alguno de ellos llegó a ser su mánager) o cómo se enganchó a la coca base llevándose a la letal excursión a su mujer. De paso, rompe algunos mitos: lo de que Keith se limpia la sangre periódicamente en una clínica de Suiza es un bluff, aunque, Ronnie dixit, sí es verdad que ambos músicos recurren al electroshock periódicamente como terapia para deshabituarse de los vicios. Incluso Richards, nos desvela su coleguilla, tiene su propia maquinita de calambres en el salón de casa.

¿Y Jagger?, se preguntarán ustedes, ¿se salva de la quema en el cáustico fresco que pinta su segundo guitarra (por cierto, excelente artista plástico)? Bueno, pues digamos que es tratado con cierta deferencia. No lo pinta Wood como un santo, pero tampoco recuerda su asistencia a la orgía continua de aquellos años con la frecuencia que cabía esperar. El boss es el boss.

No les cuento más: Compren el libro, que, por cierto, también habla de música. Y es por la música por lo que podemos perdonarles todo.

Ilustración: Ron y Rod Stewart en la época de los Faces, cuadro del propio Ron Wood.

Para amenizar la entrada, he encontrado un fantástico video de Keith y Ron improvisando, pero no permite la inserción, así que lo vinculo aquí.


Post script ( o post scriptum, como dice el brillante Javier Moreno, que queda más allegro-vivace-haendelsoniano: Me ha mandado mi amigo Victor Pinovsky la portada de un libro memorable sobre el mismo asunto, y aquí la cuelgo. Éste habla de la gira del 75, que ya les dije que era legendaria. Y mis habituales saben que no soy de los que usa gratuitamente tal calificativo.

Viajando R S.jpg


Post script II: El inefable PInovsky ha encontrado el libro/album sobre la gira de los Stones del 75, cuya portada paso a colgar. Por cierto, un apuntillo más: si se abrevia al aludir a la banda, debe de decirse "Los Stones", que es el nombre, y no "Los Rolling", que es el calificativo, como decimos "Los Zepellin" y no "Los Led" o "Los Floyd" y no "Los Pink", por poner algún ejemplo coetáneo, o "Los Furs" y no "los Psychedellic", más reciente . A mi oir "Los Rolling" me suena como "las antiguas pesetas", aunque, bueno, tampoco es delito, puñeterito que es uno. Rolling 01.jpg