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Novedades en la categoría restaurantes

Los viejos del lugar recordarán aquella desternillante obra de teatro en verso de Pedro Muñoz Seca titulada La Venganza de don Mendo, que cuando había Estudio Uno en TVE -con Manuel Galiana y los Gutiérrez Caba de internos- la representaban cada dos por tres, y que incluso fue al cine en versión -bastante casposilla, a qué negarlo- de la época y protagonizada por Manolo Gómez Bur. Claro que podría bucear ahora en internet y vincularos vídeos, fechas y críticas, pero para ser sinceros me da una pereza del carajo, el que quiera lapas que se moje el culo, con perdón

Lo que aquí nos interesa de la obra en sí -aparte de aprovecharla yo mismo para colar un emotivo recuerdo a mi padre, que lo pasaba en grande con aquella farsa en la grunding en blanco y negro, a ver por qué no voy a darme el gusto- era el chispeante verso del libreto, entre otros aquel que -sin mucho sentido, la verdad- cuela en escena a tres primos asturianos del conde Nuño que, al aparecer sobre las tablas, explicaban algo así como que "para lavar la mancha que agravia a Nuño, henos aquí, henos de Pravia" (la obra es de principios del siglo XX, cuando ya se comercializaba el agradable...¿cosmético? ¿ambientador? ¿jabón? vosotros mismos).

Bueno, tan largo introito viene a servir, aparte de para avivar los recuerdos de mis ancestros y de mi familia -que mas de uno/a se descojonará con el asunto-, para presentar unas fabes de pravia que desde hoy viernes se pueden comer en el hotel escuela de Santa Brígida y que el otro día probamos en "comida piloto" en Casa Jorge.

Me sirvió la comida para conocer a varios simpáticos amigos de Gijón, y mira tú, de percha para presentar en vídeo el nuevo local de mi amigo Jorge, donde triunfa a diario con su buen hacer culinario y su inmejorable mano para el trato con el público. Los de Gijón vinieron en nombre de la concejalía de Turismo de aquella ciudad, nos hablaron del tirón que le están dando a la apuesta del gastroturismo y dejaron tarjetas de visita, sidras de nuevo cuño, quesos con trato de usía y unas fabes de pravia que, ya se ve en el vídeo, te hacen olvidarlo todo. Y mira, a callar y al turrón, que es de lo que se trata.

Fabada madrina (jornadas gastrónomicas de Gijón en Las Palmas) from antonio f. de la gandara on Vimeo.

Musiquita? Claro que sí, claro que Bruce, que ya tengo la entrada. Aquí viene con unos amiguetes, yo creo que sobran presentaciones.



IMPORTANTE. Me informan de Hecansa que me confundí en el teléfono de reservas del hotel escuela. A estas alturas no puedo modificarlo en el vídeo, y como esstá en vimeo ni siquiera puedo agregar una corrección sobre la marcha. El fetén es el 928 478412. Disculpas (a ver si lo cambiamos un poquito menos)


Tiene su historia, este restaurante que os presento hoy. Lo montó a mediados de 2009 el tokiota Takao Kondo, un personaje casi de cómic manga que llegó a Gran Canaria en un velero en el que daba la vuelta al mundo, se enamoró de la isla y decidió crear en su capital un restaurante japonés sin la más mínima concesión a las tendencias europeas, en el que sus paisanos se sintieran verdaderamente como en su país. Para ello, se trajo de allá a un cocinero experto en sushi y en otras artes que luego les comento, el paciente Tomokazu, y contrató a un magnífico estudio de arquitectos que le montó el que a mi gusto es uno de los locales más originales de la capital grancanaria, tan minimalista que parece una sala de multicine, con los detalles mínimos para que el comensal esté a lo que hay que estar.

Vino pues Takao con su Benkei, antes de abrirlo lo presentó en un almuerzo con periodistas en el Hotel Escuela de Santa Brígida en el que Tomokazu hizo filigranas con su sushi, nos vaticinó una auténtica revolución...y no pasó nada.

takao.jpgBueno, si pasó, yo creo que lo que pasó fue que el bueno de Takao no entendió a los del país o se creyó que podía subirse a la parra sin conocer a nadie ni saber una palabra de español. Con una mentalidad casi de samurai, se empeño en elaborar una carta cerrada al gusto de su tierra a precios prohibitivos y no se bajó de la burra, y dicen que al pobre Tomokazu lo trajo por la calle de la amargura con sus exigencias (la foto es de cuando se presentó en el hotel escuela; ahí podemos ver a Takao de corbata y al bueno de Tomokazu a la izquierda, minutos antes de hacerse en hara-kiri). A los seis meses de la apertura o así fuimos por allí Mario Hernández Bueno, Luz Cappa y yo por mediación de un relaciones públicas que intentaba echar una mano al tokiota y nos encontramos el local vacío y a Takao, atacao. Que nada, que no sabía que hacer con el negocio para que marchara. Por cierto, el único cliente que había aquel día era un nipón de cerca de ochenta años que nos contó que había sido kamikaze en la segunda guerra mundial (fracasado, se entiende, ¿no? a ver cómo iba a contrarlo si no...).

Bueno, consolamos a Takao como pudimos, Mario le dio algunos consejos como técnico que es en materia de hostelería y la verdad es que no volvimos a saber nada del Benkei ni de su peculiar propietario hasta que el otro día un buen amigo, abogado de la isla, me dijo que el restaurante había cambiado de manos y ahora lo regentaba otro letrado, el madrileño José Antonio Infiesta, casado con una japonesa especialista en sushi.

Lo primero que hizo Infiesta, un tipo tranquilo, culto, viajado y muy agradable, ha sido confirmar en su puesto a Tomokazu y dejarle hacer como él sabe, y al pobre cociinero fue como si le hubiera venido a ver Dios de lo mobbingizado (palabro que me acabo de inventar) que estaba con su anterior patrón. Ha bajado los precios (viene a salir por unos 30 euros el cubierto, puede ser menos y puede ser más, claro) y mantiene la alta calidad del producto. A mí me fascina lo que me suele fascinar en todos los restaurantes japoneses de alta gama, el maguro (atún toro) que parece pata negra, con sus sublimes infiltraciones de grasa sana, pero también me gusta dejarme llevar por Tomokazu y que me sorprenda con sus platos tan ricos como visuales. Bueno, basta de cháchara y al turrón.

PD: Creo que Takao se ha dejado melena y anda navegando por el mundo. Espero que le vaya bien donde quiera que esté

PD 2: Me olvidaba de apuntarlo: Tomokazu está licenciado para preparar el fugu (tamboril), ese famoso pez globo letal si no se sabe trabajar, lo que pasa es que aún no ha dado con la forma de traerlo. Mario dice que el fugu es el tamboril, sí que se parecen, pero a saber. Yo, por si acaso, kioto parau.

Restaurante Benkei en Las Palmas from antonio f. de la gandara on Vimeo.

Joder, si casi se me habían olvidado las claves para entrar en el blog. Qué desastre.

Por supuesto, la culpa de que esto haya estado casi un mes parado no es mía -si nadie asume responsabilidades, no voy a ser yo menos-, sino de la efervescencia de la actividad que me da de comer, que no es precisamente ésta. A diferencia de los gastrónomos de verdad, que tienen que "comer mucho caviar para llevar a casa garbanzos", como lamentaba el cachondo de Antonio Miguel, los gourmets de todo a un euro like me nos tenemos que contentar con que cocinen para nosotros muy de vez en cuando, y siempre que la autoridad judicial nos de el plàcet. Y como de un tiempo a esta parte, la autoridad judicial está poniendo las islas patas para arriba, pero de verdad, listas para plantar papas -véase el chaslén de Torres Baena-, pues uno anda por ahí, echando el bofe detrás de los secretos de sumario, y la casa sin barrer.

No me extenderé más sobre esta desgraciada materia. El resumen es el de siempre, lo ha dicho Torres Baena y lo dicen casi todos los de la operación Unión: "Yo no fui, son ellos, que me tienen envidia".

Traigo pues al reencuentro las novedades de hace un mes, que es lo que tengo de trabajo atrasado, La primera es la plena activación en vuelo libre del blog de mi amiga y colega Marisol Ayala, que se llama así, como suena, El blog de Marisol Ayala .

marisolayala.jpgMarisol es una persona muy querida en casa de toda la vida, y dicho así, mira, suena como si nuestra casa fuera el Palacio de Liria y además de los cuatro de siempre tuviéramos 12 sirvientes internos de confianza y Mary le hubiera pagado los estudios a la hija de alguno de ellos, que podría ser, pero no. Durante muchos años trabajamos juntos-Marisol y yo, no mis sirvientes y yo-, mesa con mesa y pitillo con pitillo (entonces se fumaba hasta en los quirófanos), en La Provincia, ahí forjamos una sólida amistad y cuando Ángeles y yo nos fuimos de aquel periódico -con muy buen rollo con todo Dios, por cierto- seguimos frecuentando su arrolladora personalidad y riéndonos con ella.

La vida da bandazos, bandazos te da la vida, y nos podemos tirar largas temporadas sin hablarnos o sin vernos, que es lo que tienen las amistades de fondo y no las de sprint e intereses que tanto triunfan ahora, pero ella sabe que nosotros estamos ahí y nosotros que ella ídem de ídem. Su blog se parece muuuucho a ella, es clavadito, y sirve tanto para informarse como para reir. "Quéjese aquí", dice en una de sus pestañas. Talmente Mary, que podía ser una pelicula de Mankiewicz, pero que no, que es nuestra Ayala in person.

Habla de sus cosas; preferentemente, de las cosas más humanas, de sus grandezas y sus miserias, y de vez en cuando se trae a sus invitados para que se pasen la tarde hablando y le dejen todo perdido de colillas, es una figura literaria porque ahora, como dice mi amigo Melchor de Macanaz, "sólo fuman los albañiles" (y no lo digo porque yo haya dejado de fumar, que esto me lo decía Macanaz cuando fumaba como un cosaco. Y antes de cerrar el paréntesis lanzaré un enigma: España aún no está preparada para que Macanaz desvele su verdadera identidad, y aún menos en estos convulsos tiempos).

Volviendo al blog de Marisol, pues eso que les digo, dense un salto, coño, la diversión está garantizada.


Vamos con la segunda parte de la entrada, que versa sobre el éxito gastronómico de la temporada, ya vaticinado aquí largamente, que es el nuevo restaurante de Jorge Murillo, casa Jorge. A estas alturas de la película ya debe hacer más de un mes que abrió al público en la calle Malteses, casi esquina con Peregrina.

Digas que por fin Murillo ha dado con un local en el que se encuentra cómodo, y esto a ver como lo interpretan los cuatro atravesados que están esperando para darle la vuelta a lo que digo, porque lo que no digo es que en sus anteriores trabajos (mira, muchos más de los que tú te crees; entre otros, el Nelson, el Macabeo, La Cornisa, el patio del Cuyas, Kano 31) no le dejaran hacer o lo putearan, lo que digo es que ahora sí se le ve a gusto y eso se nota en lo que sirve.

Me gusta más la tasca de la planta baja que el restaurante de la primera, en el que todavía no he comido ni una sola vez, aunque ambos espacios están teniendo el mismo éxito, arriba más fino, y abajo, más bullicioso y divertido. La carta es larga y apetitosa, a ver que me acuerde, así por encima: croquetas de ibérico o de cabrales, chistorra, guacamole picante, steak tartar, gazpacho clásico, salmorejo, gazpacho con remolacha, berenjenas fritas con miel, tortilla de Betanzos, queso frito con mermelada de tomate, carrilleras de ibérico, anchoas con pimientos o presa ibérica, en la carta; Lentejas, falda estofada, fabada, callos y rabo como platos del día entre semana, y, con cierta frecuencia, rodaballo, lubina, cherne, medregal, bacalao o merluza en sus más variadas presentaciones. En temporada, digo yo, traerá setas, materia en la que es un auténtico maestro.

Lo he dicho cien veces, considero a Jorge uno de los mejores cocineros de la isla y hablo muy bien de él porque me da la gana, porque es mi amigo y porque va por la vida alegrándosela a la gente. Lo conocí de cocinero y me encanlidó por el estómago, y no es que fuera amigo mío antes y que le dijera, "venga, métete a cocinero que te voy a dar coba". Es muy bueno con los guisotes, sus lentejas son pura magia, aunque yo me quedo con lo virguero que es haciendo pescado, sobre todo dándole el punto exacto a la plancha, asunto para mí harto complicado. Me dice que lo aprendió en su época en el Nelson de Arinaga. Otra cosa que nos gusta mucho, y aquí usaré el plural mayestático porque Ángeles coincide conmigo, es lo mamaíta que es a la hora de hacer la salsa de tomate y la importancia que le da a las labores sobre licopeno, que tan bien nos vienen a los machos de cierta solera.

Otrosí, yo a Jorge nunca le he oído hablando mal de nadie, más bien todo lo contrario.

Prometo no volver a estar un mes de baja.

Comentario musical: Gustazo que me he dado de recuperar a The Clash. Qué grupo.



Ya lo digo en el vídeo, no soy hombre de repostería, pero de vez en cuando, la verdad es que apetece, y sobre todo si estamos hablando de un arroz con leche después de una fabada de mil pares de cojones, para qué andarnos ahora con mariconadas, que ya nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¿no?

Como diría un amiguete, estoy insultante, chico, entre otras razones porque:

1) Pasado mañana, martes, llevaré tres semanas sin fumar.

2) Consecuencia de lo anterior, mis pulmones están viviendo una segunda juventud (el domingo pasado subí desde San Telmo hasta el recinto ferial por Mata en bicicleta como si tal cosa).

3) He triunfado con la fabada en olla express, con el perdón de los ortodoxos.

4) Hoy cuelgo un nuevo video, que llevaba estancado en el almogrote desde hace ni sé ya cuánto.


Bueno, la receta de arroz con leche que aquí os presento es la original de casa Gerardo, el máximo templo de la cocina asturiana. O eso dice, y yo me lo creo, mi amigo Ignacio Goico, que vive en Gijón, a un puxa de meixo de Prendes, donde funciona el figón desde 1882, ahí es nada. Conocí personalmente a su actual rector cuando estuvo por aquí, Pedro Morán, o sea que no creo que se mosquee porque le publique aquí uno de sus secretillos. Tiene tantos otros que le dará igual.

Bueno, en honor a la verdad, Nacho Goico no me pasó a mi la receta, sino a Carmen Albo, amiga del blog Guisándome la Vida, y yo la pesqué al vuelo. Gracias, pues, a los dos. Como tengo mucha y muy querida familia asturiana, y sé que buena parte de ella me sigue, si la cosa está errada ya se encargarán ellos de leernos la cartilla.

Aquí va el video:


salterius 1.jpgY otra cosa de la que me quería chivar, que no quiero dejarlo pasar más, porque ya hace más de un mes: Se trata del hallazgo, durante una escapada de trabajo a Madrid, de Salterius, un restaurante en Majadahonda que está dando y dará que hablar. Aquí teneis la foto de su frontis en una noche fría de mediados de enero.

Fue un viaje relampaguísmo, sin tiempo para nada, pero los hados se confabularon y en la última noche, tras conocer a mi sobrina-nieta Marta (otro motivo de alegría), me permitieron quedar con un viejo amigo canarión gustosamente exiliado en el Foro -se queja mucho pero es de boquilla, que le encanta Madrid. Llamémosle Melchor- que me llevó a conocer el local que regenta el simpatiquísimo Félix García (en la foto adjunta), con Chema Soler como brillante jefe de cocina.

salterius 2.jpgMe invitó Melchor, al que resarciré cuando se deje ver por este barrio con un homenaje a la altura, pero os puedo decir sin pecar de maleducado, y a efectos puramente informativos, que el menú degustación no llega a los 40 euros, sí, 40 euros en la pedanía más pija de Madrid en la cosa gastronómica, que hay que ver como se está poniendo el tal barrio de sitios bien montados. 40 euros, digo. Eso nos lo meten aquí en cualquier chigre de medio pelo y nos parece hasta normal.


Os canto un poco de lo que recuerdo, todo exquisito: Croqueta de boletus y jamón con tomate caramelizado y teja de parmesano, albóndiga de fideuá negra en salta tinta, langostinos y ajo aceite de miel y módena, turrón de foie (acoxonante) con espuma de almendra frita y compota de higos secos, tiradito de pez mantequilla (llamadme mago o garrulo, pero menudo descubimiento) marinado en soja y aceitunas negras, vieiras braseada en huevo a la flamenca, lubina salvaje confitada al vacío y baja temperatura sobre una cama de tiras de pimientos rojos glsaseados y muselina de chalota y coco, (coged respiración, que no hemos acabado), pechugas de codorniz en crema de chilindrón y tirabeques, sorbete de mojito al estilo de la casa de prespostre y para rematarla, nunca mejor dicho, torrija de crema de Bailey´s bañada en caramelo con helado de queso idiazábal y toffe.

-¿Se le apaetece algo más al señor?

roncito.jpg-U-Ehrps...

-Pues deguste un poquito de Zacapa, que es un ron guatemalteco, 25 años, ya me dirá...

-Superb, oiga.

Y nos volvimos a Madrid en el coche de Melchor escuchando a Aznavour, que es lo que mejor entra después de un ron de 25 años y como música de fondo de la charla de dos viejos amigos.


En fin, macho, que de vez en cuando la vida.... Me parece que lo mojamos todo con una botellita de Priorato, no mucho más, que mi amigo tenía que conducir y para eso es muy mirado. Bueno, el caso es que os lo recomiendo vivamente por lo bueno del género y lo mejor del trato. Hasta otra.

Finalizo la entradita con un divertido video que me mandó precisamente el amigo Melchor hace unos días. Una pantalla de LCD humana...estos orientales son la puñeta en disciplina, ya vereis el día que se mosqueen, que nos pillarán haciendo la siesta....



Se llama, por fin, Casa Jorge, lo que deja bien a las claras que es un proyecto personal, está en el número 11 de la calle Malteses, -ese local de dos plantas que ya fue taberna- y abre el próximo lunes 22 de febrero (ya inaugurará más adelante). ¿De qué Jorge estamos hablando? de Jorge Murillo, por supuesto, chef de referencia de este blog, titular que lo fue del Patio del Cuyás y más recientemente del Kano 31.

(ampliaré información en breve)


casa jorge.jpg

Con cierto retraso en referencia a la anterior entrega, por la que pido disculpas, aquí va el segundo capítulo de mi visita al restaurante escuela de Felo Botello. La cosa va de pastel de cabracho, que aquí Felo hizo con cazón, tanto da, más o menos. A este plato le va la merluza, el antoñito o casi cualquier pescado blanco.

Los habituales del blog recordarán que esto ya lo hice yo y lo grabé en otra ocasión. ¿Por qué repito? Porque me parece que aquí hay variantes que mejoran el plato, entre ellos el salteado de la verdura, la medida exacta de nata o el añadido de pan rallado. De hecho, como se nos echó el tiempo encima y no vimos el plato acabado, a efectos puramente ilustrativos termino el vídeo con el aspecto del pastel que hice en casa para el otro post en abril pasado.

Les diré que al tiempo que cuelgo esto, tengo un pastel (en este caso de auténtico cabracho) en el horno, que nos comeremos en la cena de esta noche, que es nochebuena. Creo que ya lo dije: es un plato que inventó Arzak en 1971 y que ahora está en el "hall of fame" de las grandes recetas patrimonio de la humanidad.


Me parece que con este capítulo finiquito los vídeos de mis andanzas con Felo. Sinceramente, no veo yo que recojan con demasiada precisión lo que allí sucedió. Había mucha gente, pasaban muchas cosas a la vez y la cámara se perdió momentos importantes. Mea culpa.


Para acompañamiento musical, una gratísima sorpresa; mi querida amiga Idaira lleva la voz cantante con Los fabulosos sol y sombra, aquí trabajándose una simpática versión del Por qué te vas que grabó Jeanette para Cría Cuervos. Me encanta ver a Queen Parsimonia pitillo en mano y dándole al cante sentaía como Camarón. Qué buen rollo Idaira y sus amigos, ese puntito ghetto Varsovia de acordeones y violas, a los que mando un fuerte abrazo. Feliz, feliz navidad a todos.

Esencia de setas from antonio f. de la gandara on Vimeo.


Realmente me ha encantado Essencias, en el sentido más literal de la expresión. Me ha parecido un local, pues eso, encantador, puesto con mucho gusto, lleno de detalles y regentado por profesionales que parecen enamorados de su trabajo. Los vinos, los puros, los carros de licores, las luces, los cuadros, el reservado, la cristalería, la carta, los platos especiales (hacen una bullabesa por encargo que no me pienso perder), los siete tipos de panes de elaboración propia, los sorbetes entre platos, lo que me contó su maitre sobre la coctelería, que elaboren el steak tartar ante los ojos del cliente, las galletitas que ofrecen con el café.... coño, eso, que no es un restaurante más, ni mucho menos.


A los suspicaces les diré que no conocía a estos señores de nada, que con Leeb había coincidido hace dos semanas en una tertulia gastronómica a la que asistían otras seis personas en la que nos limitamos a intercambiarnos tarjetas, y que a Hernández lo conocí ayer mismo. Me gustó también, ya me olvidaba, que el sumiller y segundo maitre llevara un aspecto impulto, un corte de pelo perfecto y un aire de gran seriedad. Que la cocina estuviera razonablemente limpia, que en la carta hubiera 20 tipos diferentes de aguas minerales y más de 150 referencias de vinos de todo el mundo (tiene un Tokaji a menos de 20 euros), 30 tipos de ginebras, 50 de rones, 35 de whiskies, que los platos calientes se sirvieran bajo campanas. Y me gustaron también los precios, razonables. Por 60 euros por cabeza, todo incluido te puedes dar el gran homenaje, y ahora durante la semana de las setas, aún más.


Bueno, eso, que volveré y que lo recomiendo.

La frase mas socorrida de los clientes habituales es "Jorge, tráenos lo que tú quieras".

Los lectores de este blog ya le conocen, es el chef Jorge Murillo, que hasta hace pocos meses estaba al frente del Patio del Cuyás, probablemente la mejor terraza de comidas de la ciudad vieja.

Para nuestra desgracia, Jorge no llegó a un acuerdo con el Cabildo a la hora de renovar el contrato. Y para nuestro regocijo, ha tardado bien poco en arreglar su situación. Lo hace poniendo toda la carne en el asador en el antiguo Rincón de Joselito, a muy pocos metros del Cuyás, en la calle Cano. Un señor local, y en una zona perfecta. La idea es que la planta baja funcione como una taberna de pinchos, y el piso superior, como comedor. Este viernes fue la inauguración, y, por supuesto, allí estuvimos y aquí esta el video que da fe. Como se puede ver, estuvo hasta la bandera, y desde luego con muchas más cosas que los tres trozos de tortilla que salen en el video.

Mucha suerte para Jorge y su equipo, que se la merece. Espero que se lo coman todo.

Postscript: Mi amigo Alberto Dotras, editor de un curioso blog que os vuelvo a vincular, me manda un video de los que sabe que me gustan, aquí os lo adjunto: ¡Una tijera para pelar langostinos y gambas!. El original está en la página No me puedo creer que lo hayan inventado, un compendio de gadgets simpáticos. Una mariconadilla, cuando menos, graciosa.



El ciclo "Grandes Chefs" que desarrolla Hoteles Escuela de Canarias (Hecansa) nos trajo el pasado viernes a Montse Estruch, la chef propietaria de el restaurante El Cingle, en Vacarisses, un pueblo a la falda del prodigioso macizo de Montserrat, en la provincia de Barcelona. Se trata de una audaz cocinera, reconocida con una estrella Michelín, que trabaja con flores comestibles. Todo lo que hay en el plato va a la boca. Aquí les cuelgo el resultado de mi encuentro con la artista (y algunas anécdotas que surgieron durante la comida). Espero que les guste, yo creo que la propuesta es muy interesante. Hubo cosas en el menú que me gustaron mucho, y otras, no tanto.


Y, en hablando de flores, habrá que ponerse un poco hippie...


Postscript: Esto de las flores comestibles me recuerda al gran Josechu Curiel, precursor en la materia. Allá por los ochenta, cuando tenía el Charlot (muchos lo recordarán), solía comenzar los almuerzos jalándose el contenido del florero. Curiel, querido, a ver cuándo nos vemos.

También conozco a otros muchos que se beben hasta los floreros, pero eso es otra historia, me parece...

Augusto Álvarez-Borrás Massó, director comercial de las bodegas Terras Gauda, pasó ayer por Las Palmas, de forma moderadamente fugaz, para "despachar" con su representante en Canarias, Roberto Miño. El ilustre Miño lo agasajó, como la persona grande que es, organizándole una fabulosa cacheirada en el restaurante Rias Baixas, que no es poca cosa. Allí estuvimos algunos amigos y aquí está la constancia videográfica de la comilona.

A Augusto lo conocí hace poco más de un año, en una visita a las bodegas que representa. Están en El Rosal, tierra de promisión, grelos, albariño y marisco a un tiro de piedra de La Guardia, casi asomándose a la desembocadura del Miño. El Rosal es un paraíso fronterizo, una tierra generosa donde se cultivan las mejores verduras de Galicia y, para mi gusto, los mejores Albariños. Cuidado ahí: Los pontevedreses más septentrionales me harán el mentís y dirán que no, claro, que los grandes caldos gallegos de las Rías Bajas se crían en el valle del Salnés, ahí por encima de Sansenxo. No sé si será necesario traducir un refrán muy socorrido para estas diatribas: Cada can que se lamba o seu cipote.

Hay muchos albariños muy buenos en las Rías Bajas todas, pero yo particularmente, y sin ánimo de polemizar,porque no soy un gran experto en vinos ni mucho menos, me quedo con tres o cuatro: El Abadía de San Campio, de Terras Gauda, el propio Terras -que no es un Albariño al uso, sino un plurivarietal de uvas Albariño, Loureira y Caiño Blanco-, el Santiago Ruiz y el Fillaboa. Como verán, en el video decimos que más allá del Terras Gauda no hay más que mariconadas, pero evidentemente se trata de una coña, una exageración. Iba a decirles que cada día se hacen mejores albariños, pero ahora que el clima se ha vuelto loco ya no se puede hablar con tanta seguridad del tema. Si esto sigue así, acabaremos produciendo Moscatel en La Guardia y Ribeiro en Helsinki.

Tuve la oportunidad de conocer en la comida -quiero decir departir; conocer ya lo conocía de años atrás, pero siempre superficialmente- a José Bouzón, propietario del Rías Baixas y cocinero cuando le da la gana, que me prometió que un día de estos nos va a hacer una lamprea. Si eso es así, ya les daré cumplida cuenta. Afable, hospitalario y atentísimo, Bouzón -que tiene una casa en La Gándara, miren ustedes- nos maravilló con un cocido con cacheira, que, bueno, no es ni un cocido gallego tradicional ni uno castellano, es una receta customizada que incluye, además del garbanzo y el repollo, cabeza de cerdo (cacheira), chorizo cebollero, costilla, rabo...la cacheira es exquisita, a pesar de que su aspecto puede tirar un poco para atrás, y la carne tiene la ternura de las carrilleras (es que de hecho las incluye, claro). Para mi alegría, Bouzón le incorporó unas cuantas pelotiñas de grelos frescos. ¡Qué delicia!, y sus buenas papas cocidas, sin trocear y en su justo punto.

Vino el cocidiño, por supuesto, con una sopa muy caliente con su punto subido de chorizo, sus buenos fideos y sus garbanzos, caliente pero de quemar, como a mí me gusta, para levantar a un muerto. Antes nos dimos un pequeño homenaje (pequeño, que el cocido es plato único) con algunas ostras y unas cuantas almejitas de Carril, crudas, evidentemente.

Mojamos el marisquito con Terras Gauda y el cocido con Pittacum, que como verán, y para no variar, me refiero a él en primera instancia metiendo la gamba y localizándole el origen en la Ribeira Sacra, cuando es un tinto de uva Mencía que se cría en El Bierzo. Aquí introducimos el amariconado término de "maridaje" para subrayar lo bien que casa este caldo con el contundente condumio que nos despachamos.

Acabó el encantador Bouzón haciéndonos una queimada, que debía de estar de narices. Digo que debía; No pude probarla porque, es lo malo de estos encuentros entre semana, salí pintando para el periódico. Y hala, no me enrollo más.