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Archivos Marzo 2013

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(imagen desde mi habitación)

El Gran Hotel Bahía del Duque Resort (me costó varias tomas de vídeo aprenderlo de corrido, no se vayan a creer) se encuentra en el sur de la isla de Tenerife, en el paseo Marítimo de la Playa del Duque de Costa Adeje. Es un descomunal complejo "cinco estrellas gran lujo" compuesto por dos hoteles, el Gran Hotel Bahía del Duque "propiamente dicho" y el hotel Las Villas.

Se construyó en 1993 y su última reforma data de 2007. Ocupa más de 6.000 metros cuadrados de una antigua plantación de tabaco (de ahí salía la marca de tabaco negro Coronas, muy apreciada en la península) y cuenta con 40 villas, 46 suites y 356 habitaciones (310 dobles) repartidas en siete pisos de edificiaciones coloniales construidas en perfecta armonía con el paisaje y trufadas de jardines botánicos con especies autóctonas. Ha recibido varios premios de sostenibilidad a lo largo de su breve historia.

Aquí no tenemos a un nombraco americano con corbata tejana de respaldo tipo Hilton o Marriot; la propiedad es una empresa 100% canaria que se llama la Compañía de las Islas Occidentales (CIO) ¿fundamentalismo chicharrero, quizás? Nooooo, me apunta, con sabiduría, mi querido amigo José Carlos Marrero, nuestro hombre en la isla vecina: "Es un nombre muuuy antiguo registrado por los abuelos del actual presidente, y se refiere a TODO el archipìélago de las islas Canarias,que por aquellos tiempos y por su ubicación eran las islas occidentales del continente africano".

El actual presidente de la CIO es Francisco Javier Zamorano Sáenz -para los amigos Fachi Zamorano- , que ha creado y desarrollado la cadena hotelera de lujo The Tais Collection. Tampoco este nombre es una extravagancia; el padre de Francisco Javier era un respetado empresario tinerfeño -de esos a los que aún hoy la gente sigue mentando con el don por delante-, Luis Zamorano Tais, y Tais es pues el apellido de la abuela materna del presidente. Dicen fuentes bien uniformadas (de la guardia civil, no, es coña) que Zamorano está actualmente sopesando de forma muy seria la construcción de nuevos hoteles en el Lago Di Como (Italia, ya saben, donde vive George Clooney) las islas Galápagos, Ecuador y Cuba. Ya desde aquí le digo que si necesita que le perite algo para la inauguración, intentaré hacerle un hueco en mi agenda.

La historia de la familia Zamorano y del imperio del tabaco reconvertido con éxito en hotelero es fascinante, más si se sopesa la juventud y audacia de Fachi (si se me disculpa la confianza). Para los interesados, adjunto esta ilustrativa entrevista que hicieron al empresario a principios de la década, donde encontrará datos de primera mano.



Bien, como ya expliqué en la primera entrega de este post, a finales del pasado mes de septiembre tuve el placer de ser invitado por la dirección, a través de su eficaz rrpp Armando Pinedo, a disfrutar de un fin de semana gastronómico en el hotel, conocer el lugar -que es de lo más maravilloso que he visto en mi vida- y dejarme mimar de forma cuasiobscena por el personal y por el chef del restaurante Las Aguas, Braulio Simancas. Muchos son los recuerdos -la tranquilidad, la majestad de los árboles, la paz florentina del spa, las barrigas descomunales de los ex soviets...- , pero para lo que aquí interesa, más prosaico, los desayunos sera algo que le contaré a mis nietos, por ejemplo. O el pámpano a la sal que nos atizamos en un soleado mediodía de sábado con una chica que cantaba canciones de Sade Adu a pocos metros.

Lo apunté un poco en la entrega anterior, pero para los rezagados, repito: al contrario de lo que ha ocurrido en Gran Canaria, donde primero pusimos los hoteles y ahora intentamos llevar la gastronomía, en Tenerife eso de barriguita-llena-corazón-contento se lo tomaron en serio desde un principio, y en Adeje siempre -bueno, un siempre relativo, desde el inicio del boom turístico- se mimó la buena restauración, incluso en la época del duque (porque hubo un duque, claro que lo hubo, aún está su casa presidiendo la playa; dicen que sus cocheras escondían una colección de haigas que hacía palidecer a la que tenía Bogart cuando hacía de magnate en Sabrina- ya había buenos restaurantes.

Total, les decía que a principios de los noventa los Zamorano tuvieron la acertada visión de que del tabaco no iban a vivir muchas generaciones más -clarividencia- y apostaron muy fuerte por crear un hotel al que no pudiera hacerle sombra nada a este lado del mundo, y vaya que si lo hicieron. Afirma la leyenda que hasta Felipe González se contó entre los padrinos del proyecto. Bien, pues con el hotel en marcha, y para no desentonar en tal tradición culinaria, La CIO contrató nada más y nada menos que el laureado chef Salvador Gallego para que dirigiera sus cocinas.

No sé lo que tardó la competencia de las inmediaciones en fichar a otro cocinero estrella, en este caso, el Abama de los Polanco a Martín Berasategui; ¿resultado? pues maravilloso para ambos -que suele ocurrir cuando la competencia sirve para crecer y no para apuñalar- la zona se convirtió en un gran reclamo para los millonarios rusos, que son los últimos que quedan y no se cansan de gastar, y así está ahora el Sur de Tenerife, montándose a base de rusos a los que le importa un carajo cepillarse cinco magnum de Moet por noche a 3.000 euros la unidad y con propinas de esquizofrenia.

Daré mi opinión: salvo honrosas pero escasas excepciones, mientras tanto, en esta isla nuestra, seguimos con hoteles en cuyas cartas, ancladas en los setenta, triunfan las vueltas de carne en salsa española, el cóctel de gambas. los macarrones a la boloñesa, el cachocarne y el lenguado meunier ultracongelado). Cojones, es que te pone de mala leche.

Ahora, el Bahía del Duque ha dado un nuevo paso y ha decidido crear a su propio Salvador Gallego (vuelvo a dar mi opinión; me imagino que el laureado chef no era barato precisamente, y abarcaba tanto que poco podía apretar). Para ello, Zamorano ha echado mano del jovencísimo Braulio Simancas, que ya triunfaba con su restaurante El silbo gomero en Santa Cruz capital, y lo ha puesto al frente del restaurante bandera del hotel, Las Aguas. Allí cenamos como el mismísimo duque el sábado 22 de septiembre, entre otras cosas, lo que puedo mostrar:

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Carpaccio de corvina con granizado de tomate y pequeña ensalada de germinados.

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Lomo de cherne sobre arroz meloso amarillo con emusión de mojo de aguacate y cilantro.

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Canelón de cochino negro, consomé de papas y aroma de trufa.


Además de sorprenderme por su juventud y humildad, Braulio Simancas me cautivó por su compromiso con el producto local, con lo que ahora se viene a llamar la cocina de kilómetro cero (lo puso de moda el Noma de Copenhage, un restaurante que precisamente ahora no está para tirar cohetes como todos ustedes sabrán). Vuelvo a mi perorata: A mí me parece que, si hay una posibilidad de redención frente al turismo, al menos desde la perspectiva gastronómica, tiene que venir por ahí, por ofrecer producto autóctono de calidad. Si nos empeñamos en que coman de franquicia, poco podemos diferenciarnos de otros destinos con más alicientes que el nuestro, que por mucho runrun sigue siendo el sol y mar, verde palmar, gran canaria, frol (sic) galana.

Bueno, y con el vídeo adjunto que pretende completar mi visión de la visita, y agradeciendo de nuevo que la CIO se acordara de mi periódico y de mí, cierro por hoy el chiringo deseándole a todos muy buen apetito como es costumbre, en esta su casa y bla, bla, bla.... cuidarsus majetes.



Casi me olvido del rock and roll, parte incorrupta e indisoluble de mi discurso. Ando estos días alucinando con este chiquito que le ha clonado la voz a Peter Gabriel y que se acompaña del ex batería de don Peter Jerry Marotta. Aquí, un popourri para que se pasmen los que saben de qué hablo. Me lo pasó mi buen amigo Juan Antonio F. Salgueiro, perdido y hallado en una habitación de 32 puertas.